[Cuento] El robo

El robo

Luis había salido con aquella anciana ya varias veces, quizás mucho más que “varias veces”. Pero ese día le diría que ya no podía continuar viéndola. Las citas habían sido las suficientes para conseguir lo que necesitaba y salir del país. Luis sentía que todo sería más fácil debido a que la hija de la anciana regresaba de Venezuela, de esta forma él no tendría que lidiar con los reproches o peor aún, con el infarto que le podría dar a la vieja. Aunque él a veces pensaba que un ataque cardíaco sería poco probable, creía que algo así pudo haber sucedido durante los múltiples encuentros sexuales que tuvo con ella. Si no tuvo ningún ataque entonces ¿por qué lo tendría ahora? Una risa burlona se le escapó; a veces sonreía ante su propio cinismo.

Ese día había citado a la anciana en el café donde la conoció. Tenía planeado decirle que se iba a México porque se había ganado una beca en alguna universidad. Él allá empezaría otra vida, había contactado a personas que le aseguraban un buen estatus económico. Se imaginaba las playas, la comida, las fiestas, las noches y mujeres que gracias a dios, serían de su edad. La anciana no era mala en la cama y eso le perturbaba un poco. Pero Luis estaba agradecido por lo fácil que era persuadirla, un susurro en el oído bastaba y una caricia en el cabello blanco despejaba toda duda restante. Sonrió.

Contemplaba su café latte cuando escuchó las campanitas de la puerta del local; al fin llegó. Sabía que era ella porque se oían murmullos de meseros que detienen la puerta. La anciana se apoyaba con la ayuda de un mesero y una joven. Cuando se acercaron a su mesa, Luis se levantó a ayudar y cuando llegaron le dio una moneda a la joven y al mesero. La joven era muy hermosa y lo único en lo que Luis pensó era en la idea de conocer mujeres tan bellas como esa joven gentil. La muchacha sonrió y eso le tomó por sorpresa; a la sonrisa le siguió un destello de risa desmedida, detrás de él la anciana también reía. Luis estaba confundido.

—Luis, ella es Diana, mi nieta.

Luis se mordió el labio del nerviosismo. Por un instante transportaba su mirada de la anciana a la joven y para cortar la incomodidad: sonrió. No ignoraba la belleza de la nieta, se saludaron formalmente y las sonrisas nerviosas por parte de ella era una reacción a la cual él estaba acostumbrado, pero se dio cuenta de un nerviosismo extraño de parte de él que intentaba ocultar. Finalmente se sentaron, Luis no podía evitar dirigirle la mirada a Diana y todo estaba bajo un silencio que la anciana interrumpió

—¿Qué era eso que querías decirme, Luis?— dijo la vieja mientras tomaba a su nieta de la mano.

Luis salió de su trance y se molestó consigo mismo ante su testarudez que al parecer la causaba gracia a la joven. Luis retomó compostura y de forma seria, miró fijamente a la anciana.

—No, no era nada importante. Sólo quería… – volteó a ver a la joven y una sonrisa se dibujó en su rostro-… sólo quería verte y charlar.

pexels-photo-119694
pexel.com


 

Esta fue una dinámica para mi clase de Taller de composición. El maestro número cada letra del abecedario y debíamos sumar las cantidades y en un tablero, cierto número venía con la características de un personaje. El mío: trepador social/ paranoico. Puede que lo primero lo haya logrado plasmar, pero lo segundo, mmmmeeeee.

¡Gracias por leer!

PD: Originalmente Luis estaba tomando un café americano, pero la foto que encontré en Pexel, que es el servicio de imágenes libre de derechos de autor que uso; tenía la imagen de un hombre con un latte, así que lo cambié.

¿Por qué renuncié a mi trabajo?

screenshot_2016-04-18-22-02-10.jpg
En mis horas de descanso y lonche, me subía al techo del edificio. Me gustaba observar los atardeceres, el aire y pensar que sólo yo podía disfrutar la posibilidad de ser sólo yo, dueño de ese techo; de mi vida. 

“Cuando tenía dieciséis años mi padre me dijo que podía ser lo que yo quisiera en la vida, sólo tenía que estar dispuesto a trabajar duro para obtenerla. Es ahí cuando decidí que cuando muera quiero ser recordado por la vida que viví no el dinero que hice”. Inicio del vídeo musical The Nights de Avicii


El viernes pasado mientras en la UNISON se contaban los votos para ver si habría huelga o no (que por cierto no hubo), yo estaba en las oficinas de mi trabajo preguntando con quién tenía que ir para firmar mi renuncia. Fue algo precipitado, digno de un adolescente quien cree que todo es fácil en la vida. Un día antes se llevó a cabo el Floricanto, ese evento literato tradicional que se impregna de danza, pintura, música y en esa ocasión: de una media luna hermosa. Sentado ahí en el pasto me di cuenta cuanto echaba de menos estar en esos lugares, capté lo miserable que era estando en aquel trabajo ahora que tenía algo tan vívido con qué compararlo. La idea era solo faltar un día al trabajo (sólo porque parecía ser lo correcto), ese jueves, pero llegando a casa luego de una noche agradable y después de haber platicado con un amigo acerca del trabajo; sabía que tenía que renunciar.

Mi discurso se basaba en el análisis que le hice a mi zona de confort y de cómo el dinero era el único factor que me hacía recabar fuerzas para  tomar mi bicicleta e ir a trabajar, era el motivo por el que levantaba el teléfono, lo que me hacía repetir esa introducción de contestación una y otra vez. Me percaté que la información que recibía era algo que realmente no podía explotar, además de ser información que quedaba prohibido proporcionar fuera del área de trabajo. Me di cuenta que estoy en busca de algo más acorde a lo que me quiero dedicar en un futuro, no lo sé, algún trabajo que tenga por lo menos un contacto mínimo con algún arte.
El supervisor de los supervisores, quien es un hombre agradable y muy buena gente se acercó a indagar acerca del por qué quería renunciar. Luego de ver que no tenía un trabajo asegurado una vez que renunciara ahí, me dijo que me quedara el tiempo necesario de aquí a que encontrara algo seguro; realmente era una buena oferta, pero la rechacé; sólo quería salir de ese cubículo, de esa zona. Mi supervisora inmediata también intentó retenerme y casi lo logra, pero luego de hablar con una amiga que me brindo su punto de vista, habiendo sido ella supervisora algún tiempo; recobré el valor para cumplir con la misión de renunciar cuanto antes.

no importa lo que ganará mínimo tenía que ser algo que pudiera satisfacer mi consumo económico y que al mismo tiempo me brindará una oportunidad de desarrollo en algún área de mi interés.

Ahora, luego de haber tenido un fin de semana sin trabajo y más días futuros que pintan ser iguales, me doy cuenta que estoy agradecido y preocupado ¿curiosos, no? Quisiera desglosar los motivos que puede que hayan influido en mí decisión.

  • Sentir que estoy en control de mi vida. Era típico esa sensación mecánica de levantarse, comer, prepararse para la escuela, comer, prepararse para el trabajo, comer, prepararse para dormir y repetir el proceso. Lo peor era cuando mis días libres los sentía como con una obligación a tener que divertirme y pasarla bien. Me es sofocante, temo a que la vida adulta sea de esa manera y de que el hecho que intente sacarle la vuelta, sólo sea un vano intento.
  • La cancelación de eventos. El semestre pasado me había acostumbrado a salir a varios eventos, desde obras de teatro hasta exposiciones de pinturas y necesitaba de eso.
  • Periodo académico. A veces me decía que estar en la universidad era algo que no se iba a repetir y me di cuenta que quiero aprovechar al máximo el tiempo que estoy aquí.
  • No compras cosas con dinero, las compras con tiempo. Una amiga me dijo que esto lo dijo el presidente de Uruguay, José Mujica. Tuve que pensarlo y me di cuenta que si iba a estar en un trabajo, no importa lo que ganará mínimo tenía que ser algo que pudiera satisfacer mi consumo económico y que al mismo tiempo me brindará una oportunidad de desarrollo en algún área de mi interés. Fue ahí cuando me di cuenta lo importante que es el tiempo y que si tú no la valoras, va a llegar una empresa que le pondrá precio.
  • A casi nadie le gusta su trabajo. No quería formar parte del grupo que no le gustaba lo que hacía.
  • Quiero saber si realmente vale la pena perseguir mis sueños.

Para muchos el mero gesto de renunciar sea algo reprobable poniendo como argumento la crisis actual del país y la escacez laboral, pero considero que bien o mal, ya soy o estoy por ser un adulto y como tal, debo empezar a ser responsable de mis actos. Mi jefe no sabe si voy a encontrar un trabajo, yo tampoco. Si encuentro uno, excelente; si batallo en conseguir uno, pues adelante, no es el fin del mundo; pero la diferencia radica en que yo sí sabré que hay fuera de las paredes de aquel trabajo y mi jefe no. Creo que le estoy atribuyendo un valor muy grande al tiempo y temo desperdiciarlo en algo que no me gusta hacer. No sé si esta idea la tenga mientras siga siendo joven y luego pase, no lo sé, pero es lo que creo y es una ideología a la que me pienso atar para dirigir mis acciones.


 

Ahora no sé si encuentre eso que busco, los del trabajo no sabían si lo encontraría; yo tampoco. Sólo quiero empezar a tener fe en mí y en la vida. Quiero seguir mi intuición porque quiero tener algo que contar y algo con que fundamentar la idea de “sigue tus sueños”. No sé si la idea sea de tontos o valientes, por lo pronto es mía.

 


 

 

¿Literatura? Ojalá no mueras de hambre

Querido *,
Te contaré  algo, es un tema imposible de evadir cuando estudias la carrera de literatura. Sucedió hace una o dos semanas. Estaba en una fila para inscribirme a un taller de teatro del Olimpo y entre las personas de la fila conocí a una señora que parecía ser amable, fue por eso que decidí entablar conversación con ella. Luego supe que la señora quería inscribirse a una clase de pintura. Nuestra conversación empezó cuando la señora me preguntó:

-¿A qué taller te vas a meter?
-Quiero ver qué onda con el de teatro
-Oh, qué bien ¿estudias?
-Sí (Le sonreí)
-¿Aquí?
-Sí
-Qué bien, ¿y qué estudias?
-La licenciatura en literatura hispánica…

Antes de continuar, debo hacer hincapié en la reacción que le ocasionó mi respuesta. La señora hizo una mueca de lástima, paso de ver a un estudiante a un cachorro perdido. El gesto de la señora me incómodo, pero me causaba risa. Le pregunté:

-¿Por qué?
-¿Y en qué trabajas cuando sales de la carrera?
Hmm, pues… puedes, para empezar, trabajar como docente, puedes, eh… trabajar como promotor cultural en organismos públicos o privados, como editor de texto y estilo en alguna editorial; puedes ser escritor… son varias cosas.

La señora mantuvo la mueca durante toda mi explicación, lo cual dejó de ser gracioso y se volvió molesto. Para variar, la señora paso de tener una cara de “lástima” a una de asco, a la que agregó:

-Pues ojalá que no te mueras de hambre.

No me esperaba ese comentario, menos de alguien que “parece ser amable”, aunque realmente no le di importancia. Supuse que la señora es alguna mujer status medio/alto, económicamente hablando, tal vez con un hijo estudiando medicina o alguna ingeniería.


¿Pasión o formación?

Me veo en la necesidad de escribir acerca del dilema existencial en lo que refiere a la elección de una carrera universitaria. Como experiencia personal tengo la fortuna de estudiar algo que me gusta mucho, algo que fue  elección, no la de otros (tal vez un poco influenciado, pero al final de cuentas, mí decisión). Pero el hecho de estar en donde quiero estar no significa que no tuve mis dudas. Lo interesante es analizar la argumentación que tenía contra la voz que me decía “Estudia la ingeniería en mecatrónica, será una carrera bien pagada”. Luego, de no haber sido por personas que cruzaron mi camino, que me hicieron ver las consecuencias de seguir ideas como esas, hoy estaría quejándome de mi existencia y maldiciendo las matemáticas.

Comentarios como “Si haces bien las cosas, el dinero llega sólo” hace que tengo algo de esperanza. Se debería considerar pasión y formación en un conjunto y una vez que sientas pasión por las materias que te están “formando”, tal vez estés en la carrera correcta.

Opiniones como las de la señora llegan a ser algo periódicas, pero lo importante es estar convencido en los que haces, lo que te gusta y la meta que tienes, el objetivo por el que estás estudiando eso que elegiste.

Aquí les dejo una respuesta más concreta acerca del egresado de literatura, según el Olimpo:

  • Docencia en los niveles medio y superior.
  • Investigación literaria en universidades e instituciones de estudios superiores.
  • Promoción cultural en organismos oficiales o privados.
  • Crítica, difusión y creación literaria en medios masivos de comunicación o en publicaciones especializadas.
  • Corrección de estilo y redacción en organismos oficiales, medios masivos de comunicación o empresas privadas de otro tipo.

No creo ver de nuevo a la señora y se la llegara a ver no recordaría su rostro. En fin, creo que su comentario no fue literal… creo.

Firma

Estudiante de Letras