Reflexiones de corta uñas | Blog personal

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Me comía las uñas, ahora solo me las muerdo. Es un hábito horrible, empiezo a modermelas cuando estoy ansioso, nervioso, feliz, triste, animado, tenso o por nada, realmente no ocupo un motivo. Desde que tengo uso de razón me muerdo las uñas. Es desesperante porque a pesar de que sé lo desagradable que puede resultar, sigo con el hábito. A veces, mientras veo una películas en el cine, cuando estoy en clase o viendo una obra de teatro; luego de morderme la uña, la escupo. A pesar que me molesta hacerlo, a veces me da risa la manera en la que mi uña cae en la persona de enfrente ¡y lo sé! es asqueroso ¡pero me da risa! es un hábito culposo, pero en mi defensa digo que no lo hago a propósito, en realidad no busco tirarle mi uña a nadie.

¿Pero, por qué escribo al respecto? Porque me di cuenta de algo el día de ayer, ¡mis uñas están largas! es extraño verlas largas, pero lo curioso es que no siento esa ansiedad típica de querer mordermelas. Ahora, solo las veo, están chuecas debido a la última ocasión en las que me las haya mordido, que no recuerdo cuándo fue. Tienen mugre en las orillas y creo que ese es el motivo por el que no me las que mordido. Siento que esta es una oportunidad más para abandonar este hábito, así como abandoné las sabritas y sodas.

Ahora me iré a buscar el corta uñas, para aprender a cortarme las uñas de las manos.

Reflexiones de un disco duro asesinado | Blog Personal

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Ahora debo ser más cuidadoso.- Yo luego de hacer una pendejada

El mismo día que decidí eliminar mi cuenta de Facebook pasó otra cosa que me tomó un poquito por sorpresa. Resulta que la unidad donde resguardaba miles de fotos, miles de canciones, muchas películas, un sinfín de documentos escolares y de ocio: mi disco duro, dejó de funcionar. Digo que me sorprendió un poquito porque en realidad ya sentía que en cualquier momento le iba a pasar algo a mi maquina, voluntaria o involuntariamente. La unidad se descompuso de la manera más tonta posible y es frustrante pensar que en realidad no era el disco duro el del problema, pero que yo terminé ocasionándolo. Mi laptop presentaba una falla con el sonido que parecía quitarse al darle golpes en la esquina inferior derecha de la maquina. En una ocasión, un compañero de cuarto me cachó golpeándola y me dijo que ne debería hacerle eso a la computadora y tenía razón, más no sé exactamente por qué decidí no hacerle caso. Continué dándole «golpecitos» a la maquina para que funcionara y en una de esas, como todo, ya no aguantó. La pantalla se congeló, yo me desesperé y la apagué forzosamente, luego la volví a encender; cuando miré una pantalla extraña al intentar encenderla de nuevo, supe que le había dado en la torre a mi bebé, pronuncié un «No me jodas» de manera automática.

El área receptora de golpes que fue muchas veces la solución a los problemas de sonido, era la misma que alojaba el disco duro ¡en tu cara wey! (Me enteré de esto cuando la llevé a arreglar) En verdad merecía que pasara eso. Cuando la llevé a reparar, el muchacho intentó ver si se podía recuperar la información del disco duro; no se pudo. Empecé a contemplar la pérdida y fui notando lo mucho que era, estaba molesto por lo tonto que fui. Algo que me consoló fue pensar que da la casualidad que eso sucedió en el día en el que buscaba desprendimiento y vaya que me desprendí de mucho. Sí, sí me dio coraje por un rato pero se me pasó muy rápido. Son estas las situaciones que me hacen valorar las cosas, ya que ahorita paso de usar un disco duro de 1 TB (1000 GB) a uno de 160 GB, a penas el 20% de lo que solía tener. Pero además reflexioné acerca de otras cosas. Me di cuenta del sinsentido acumulador de música, películas y toda esa basura que a veces se acumula en nuestras maquinas, tal y como lo son nuestras vivencias, rencores, amoríos a medias, el seis en la clase, el arrepentimiento; el pasado en si resulta ser una carga acumulativa que no nos hace bien.

No lo sé, ahora que escribo esto, luego de una semana sin computadora, me doy cuenta de lo que realmente quiero. Quiero mi música, películas, libros, fotos y pues alguna de ellas las puedo tener en línea y aunque sé que no es lo mismo, me evitaría problemas.

Reflexiones de un disco duro muerto

  • Me di cuenta que son en estos momentos en la que ser budista viene muy bien, ya que el apego a las cosas son malas y si evitas atenerte a ellas, evitas sufrir cuando ya no estén. Quiero aprovechar esto para practicar.
  • Me di cuenta que a veces me daba vergüenza compartir algunas de mis fotografías en el blog, pensando que no eran lo suficientemente «buenas», pero con esto, en verdad comenzaré a subir todo… en verdad espero hacerlo.
  • Cada nuevo comienzo es un filtro de «¿realmente necesito esto?», programas que no utilizaba y que solo estorbaban, fueron las cosas que pensé dos veces y busqué un valor más allá del acto de buscar tener. Algo que me llama la atención es que me gustaría aplicar este filtro cada cierto tiempo; creo que es importante hacer este tipo de revaloraciones, en las computadores, celulares y en nuestras vidas.
  • Habrá cosas que podré recuperar y otras que no, pero que no es el fin del mundo. Los recuerdos no se acaban hasta que mí disco deje de funcionar.
  • Puede que no me sea posible desprenderme totalmente de la tecnología, pero sí la puedo regular.
  • Compartir, compartir y compartir que uno nunca sabe cuando pueden pasar cosas como estas.

Creo que cada formateo de maquina es un equivalente a las preguntas, porque son las preguntas, las que tienen la capacidad de borrar un ideal establecido para reemplazarlo por otro. Las preguntas restauran y puede que marquen un inicio, así como el formateo de las maquinas. Como dije, habrá cosas que se puedan recuperar, otras que no y otras más que ni siquiera son necesarias tener de nuevo. Creo que el fallo de mi disco duro me llevó a pensar en estas cosas. Solo espero ya no ocasionar este tipo de «errores voluntarios» y tomar los consejos de las personas.

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Ahora a dejar las cosas atrás y seguir

¿Por qué renuncié a mi trabajo?

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En mis horas de descanso y lonche, me subía al techo del edificio. Me gustaba observar los atardeceres, el aire y pensar que sólo yo podía disfrutar la posibilidad de ser sólo yo, dueño de ese techo; de mi vida. 

«Cuando tenía dieciséis años mi padre me dijo que podía ser lo que yo quisiera en la vida, sólo tenía que estar dispuesto a trabajar duro para obtenerla. Es ahí cuando decidí que cuando muera quiero ser recordado por la vida que viví no el dinero que hice”. Inicio del vídeo musical The Nights de Avicii


El viernes pasado mientras en la UNISON se contaban los votos para ver si habría huelga o no (que por cierto no hubo), yo estaba en las oficinas de mi trabajo preguntando con quién tenía que ir para firmar mi renuncia. Fue algo precipitado, digno de un adolescente quien cree que todo es fácil en la vida. Un día antes se llevó a cabo el Floricanto, ese evento literato tradicional que se impregna de danza, pintura, música y en esa ocasión: de una media luna hermosa. Sentado ahí en el pasto me di cuenta cuanto echaba de menos estar en esos lugares, capté lo miserable que era estando en aquel trabajo ahora que tenía algo tan vívido con qué compararlo. La idea era solo faltar un día al trabajo (sólo porque parecía ser lo correcto), ese jueves, pero llegando a casa luego de una noche agradable y después de haber platicado con un amigo acerca del trabajo; sabía que tenía que renunciar.

Mi discurso se basaba en el análisis que le hice a mi zona de confort y de cómo el dinero era el único factor que me hacía recabar fuerzas para  tomar mi bicicleta e ir a trabajar, era el motivo por el que levantaba el teléfono, lo que me hacía repetir esa introducción de contestación una y otra vez. Me percaté que la información que recibía era algo que realmente no podía explotar, además de ser información que quedaba prohibido proporcionar fuera del área de trabajo. Me di cuenta que estoy en busca de algo más acorde a lo que me quiero dedicar en un futuro, no lo sé, algún trabajo que tenga por lo menos un contacto mínimo con algún arte.
El supervisor de los supervisores, quien es un hombre agradable y muy buena gente se acercó a indagar acerca del por qué quería renunciar. Luego de ver que no tenía un trabajo asegurado una vez que renunciara ahí, me dijo que me quedara el tiempo necesario de aquí a que encontrara algo seguro; realmente era una buena oferta, pero la rechacé; sólo quería salir de ese cubículo, de esa zona. Mi supervisora inmediata también intentó retenerme y casi lo logra, pero luego de hablar con una amiga que me brindo su punto de vista, habiendo sido ella supervisora algún tiempo; recobré el valor para cumplir con la misión de renunciar cuanto antes.

no importa lo que ganará mínimo tenía que ser algo que pudiera satisfacer mi consumo económico y que al mismo tiempo me brindará una oportunidad de desarrollo en algún área de mi interés.

Ahora, luego de haber tenido un fin de semana sin trabajo y más días futuros que pintan ser iguales, me doy cuenta que estoy agradecido y preocupado ¿curiosos, no? Quisiera desglosar los motivos que puede que hayan influido en mí decisión.

  • Sentir que estoy en control de mi vida. Era típico esa sensación mecánica de levantarse, comer, prepararse para la escuela, comer, prepararse para el trabajo, comer, prepararse para dormir y repetir el proceso. Lo peor era cuando mis días libres los sentía como con una obligación a tener que divertirme y pasarla bien. Me es sofocante, temo a que la vida adulta sea de esa manera y de que el hecho que intente sacarle la vuelta, sólo sea un vano intento.
  • La cancelación de eventos. El semestre pasado me había acostumbrado a salir a varios eventos, desde obras de teatro hasta exposiciones de pinturas y necesitaba de eso.
  • Periodo académico. A veces me decía que estar en la universidad era algo que no se iba a repetir y me di cuenta que quiero aprovechar al máximo el tiempo que estoy aquí.
  • No compras cosas con dinero, las compras con tiempo. Una amiga me dijo que esto lo dijo el presidente de Uruguay, José Mujica. Tuve que pensarlo y me di cuenta que si iba a estar en un trabajo, no importa lo que ganará mínimo tenía que ser algo que pudiera satisfacer mi consumo económico y que al mismo tiempo me brindará una oportunidad de desarrollo en algún área de mi interés. Fue ahí cuando me di cuenta lo importante que es el tiempo y que si tú no la valoras, va a llegar una empresa que le pondrá precio.
  • A casi nadie le gusta su trabajo. No quería formar parte del grupo que no le gustaba lo que hacía.
  • Quiero saber si realmente vale la pena perseguir mis sueños.

Para muchos el mero gesto de renunciar sea algo reprobable poniendo como argumento la crisis actual del país y la escacez laboral, pero considero que bien o mal, ya soy o estoy por ser un adulto y como tal, debo empezar a ser responsable de mis actos. Mi jefe no sabe si voy a encontrar un trabajo, yo tampoco. Si encuentro uno, excelente; si batallo en conseguir uno, pues adelante, no es el fin del mundo; pero la diferencia radica en que yo sí sabré que hay fuera de las paredes de aquel trabajo y mi jefe no. Creo que le estoy atribuyendo un valor muy grande al tiempo y temo desperdiciarlo en algo que no me gusta hacer. No sé si esta idea la tenga mientras siga siendo joven y luego pase, no lo sé, pero es lo que creo y es una ideología a la que me pienso atar para dirigir mis acciones.


 

Ahora no sé si encuentre eso que busco, los del trabajo no sabían si lo encontraría; yo tampoco. Sólo quiero empezar a tener fe en mí y en la vida. Quiero seguir mi intuición porque quiero tener algo que contar y algo con que fundamentar la idea de “sigue tus sueños”. No sé si la idea sea de tontos o valientes, por lo pronto es mía.

 


 

 

Reflexiones de mi temporada sin smartphone

Me declaro una persona con dependencia a la tecnología, ya que resguarda muchos de mis pasatiempos favoritos. Ahora mismo escribo en mi laptop además de que me gusta usar diversas aplicaciones en el teléfono. Cuando entré a la escuela todo parecía estar bien, mi celular funcionaba a la perfección, tomaba fotos, escuchaba podcasts, leía blogs, veía vídeos, películas, series, leía libros, manga y hacía muchas cosas más. Luego de unos meses, mi «smartphone» decidió morir. Era un Motorola RAZR de segunda mano, con características aptas para mis exigencias que ahora considero que eran demasiadas, algunas hasta innecesarias. Cuando se averió disponía de quinientos pesos de compensación por un voluntariado. La necesidad de comunicación me llevo a comprar un celular nuevo, apto al presupuesto. Fue ahí cuando conocí a Azumi:

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azumi- El limbo casi perfecto.

Con un costo de aproximadamente trescientos setenta pesos, azumi me incitó a pensar acerca de las cosas que realmente busco en un teléfono. Aunque cabe aclarar que azumi no está del todo obsoleta, con una fachada de Nokia, azumi reproduce música, tiene entrada micro SD, toma fotos de 1MP, graba voz, tiene radio y el jueguito de la viborita. Muchos dirán que no está tan mal y estoy de acuerdo, no lo está. Podría decirse que tiene lo suficiente, en mi caso la música para mí es importante y el hecho que tenga radio sin la necesidad de conectar audífonos, es algo que me gusta mucho de este pequeño celular azul bebé. Pero la música es solo parte de lo que busco en un teléfono.

En el Motorola solía tener aplicaciones que casi no usaba y cada que quería eliminarlas una voz diciendo «Pero que tal si se ofrece» aparecía y hacía que no la borrara. Lo más gracioso era cuando quería desinstalar la aplicación para afinar las cuerdas de una guitarra ¡yo no sé tocar la guitarra! Aunque fue por eso mismo que la descargue, ya que además incluía juegos para aprender a tocar la guitarra. A veces creo que mi ma tenía razón, no debería llenar mi laptop, mi celular de «cochinero» (cosas innecesarias).


 

Reflexiones

  • Un smartphone no es la gran cosa, pero es muy útil
  • Tener un celular sencillo no te distrae tanto que uno con muchas aplicaciones
  •  Al no tener para Whatsapp, es conveniente siempre tener saldo para hacer llamadas o mensajes
  • Tener un smartphone no significa que siempre estarás comunicado… el saldo también es necesario
  • El Wi-Fi te salva de mucho… pero no de todo
  • Probablemente necesites borrar las aplicaciones que no usas o bien buscarte una que realmente sea un apoyo para tu vida cotidiana
  • No es necesario fotografiar todo
  • Si instalas Duolingo, que sea porque realmente serás disciplinado en aprender un nuevo idioma, lo mismo para las apps de cursos como Coursera
  • Así sea smartphone o algo de doscientos pesos, necesitas saldo
  • Puede que se estén instalando más redes abiertas en distintas áreas públicas pero aun así, necesitas saldo. Para las emergencias.
  • Es mejor tener saldo que un smartphone
  • Tener un teléfono sencillo no te hace anticuado
  • Tener un teléfono caro no te hace la gran maravilla
  • No le dejes todo el peso a tu celular, tu apunta los números de teléfono en otras partes también
  • Amaré a Whatsapp hasta que pueda mandar archivos formatos pdf, office y cosas así
  • Si puedes evitar contacto con aplicaciones como Snapchat o Instagram, mejor.
  • Recuerda quién manda a quién en la relación celular-usuario
  • Ah, y no lo llenes de cochinero.

    CONTRIBUCIONES EN COMENTARIOS (Actualizaciones):
    -Es más fácil que te lo devuelvan si lo olvidas en alguna parte

Creo que son todas, pero si recuerdo otra, actualizaré la entrada ¿Agregarías otra cosa a la lista?