«mientras lo bueno llega» [Microrrelato]

El siguiente texto forma parte de un proyecto de escritura creativa y compilación en donde abordo la exploración sentimental y sexual de personajes LGBT+, en especial los bisexuales. Más en “Sobre gritos y silencios” y Sweek.


Photo by Sigrid Abalos on Pexels.com

Una vez que conoces tu lugar en el mundo, todo empieza a fluir. Algo así como saber que serás sacrificado en una cruz y que serás salvador de almas. Cuando lo asimilas, todo se vuelve predecible y ya nada te toma por sorpresa, o al menos eso pensaba. Saber amar es bonito, dejar de hacerlo también, uno me arranca sonrisas nerviosas y el otro traza lágrimas sobre mis mejillas.

He visitado varias habitaciones, cuartos, algunos muy bonitos con luces de colores y muebles increíbles. Había ocasiones en las que el espacio no era bello, pero nada de eso importaba, no mientras la cama estuviera cómoda. Porque hasta las camas conocen su propósito en este mundo.

Yo aprendí mi lugar desde hace algún tiempo. Yo soy el desahogo, el mientras lo bueno llega, el deseo cumplido o las ganas satisfechas. Al principio era el coraje de no tener a alguien a mi lado, detestar esta presunta incapacidad de amar. Ahora es escuchar las anécdotas que caen como copos de nieve sobre las sábanas blancas, cuando llegan a ser de ese color. Es generar en unas horas lo que a muchos les toma años, en unos días lo que otros invierten toda una vida. Es una carrera en el tiempo por rayar las hojas blancas del otro, sólo para asegurarme que aun tenía tinta para escribir cartas de amor.

Había acariciado cabelleras largas, cortas y medianas… piel lisa y tosca… voces graves y agudas… había arremetido contra cuerpos que cedían y otros que fueron buenos contendientes. Todas estas personas se llevaban algo mío, un secreto o una máscara.

Una vez clavadas las uñas podía colgar los cuadros y los círculos amorosos. Todo era una danza que se extendía hasta el cansancio. Pero te aseguro que no me la pasaba mal, no en el momento… en el momento nunca te la pasas mal. Es hasta que las botellas están vacías, cuando todo ha sido quemado y el confeti pierde su color; es ahí cuando ansío un mudo abrazo, ahí es cuando pongo en duda mis victorias.

Y tal vez se oiga loco pero suelo tener un buen instinto con las personas, y se que andas por ahí viviendo las mismas cosas que yo, lo puedo ver en tus ojos. Veo que sabes de lo que estoy hablando, y si no me has callado es porque la locura es algo que necesitas también. Y de no estar tan cansado, me hincaría… ahí están, las risas nerviosas, pensé que nunca las oiría salir de mí, no a esta edad. Creí que ya no sentiría esto de nuevo… ¿te casarías conmigo?

Ahí van las lágrimas, ¿ves por qué es tan placentero el querer?


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¿Esa cosa? Pfff, yo no escribí eso *sí lo escribió* [Blog]

El internet y las redes sociales en especial, suelen tener una interacción con características dicotómicas en relación al contenido creativo: por un lado no quieres que nadie vea lo que publicas y por el otro, a veces esperamos pacientes a alguna reacción. Una maestra nos sugirió que aseguráramos una buena aproximación a la escritura, ya que esta representa la primera impresión que la gente tendrá de nosotros. Pero creo que hay mucha presión en esta forma de pensar ¿qué tal si en busca de la «perfección», retraso el momento de sólo salir y exponerme? y si esa primera aproximación no es buena, ¿seré catalogado como un mal escritor de por vida?

Quise iniciar este 2019, escribiendo. A finales de diciembre me encontré un concurso de microrrelato en un comercial de Instagram, por parte de la plataforma de Sweek en colaboración con Milenio. Consistía en «escribir un microrrelato de máximo 500 palabras de tema libre pero en el que incluyas una palabra en portugués o un elemento de Portugal».

Da clic en la imagen para ver más acerca de la convocatoria.

Nunca he confiado mucho en mi escritura creativa. Puedo generar una idea, pero plasmarla es la parte que se me complica. Creo que esto se debe a que simplemente no he hecho lo que se tiene que hacer: leer más y escribir más. Esta vez decidí idear algo, lo que fuera. Me dije «500 palabras no es tanto, es más o menos la extensión promedio que busco en mis posts del blog». Con la idea de «no estará tan difícil», me senté a escribir.

¿Estoy hablándole al vacío o conociéndome mejor?

Hace unos días vi la película de Bo Burnham: Eighth Grade. Esta peli explora la vida de Kayla (Elsie Fisher), en la idea de que encajar es la solución y que formar parte del grupo «cool» es lo mejor. Es una comedia dramática agradable y llega a ser como una ventana a las dinámicas interactivas de las nuevas generaciones. Pero opino que por más pantallas que insertes en esta generación y en las que vengan, los problemas de pertenencia e identidad seguirán siendo exactamente los mismos (o por lo menos lo seguirá siendo por un buen rato).

En la película hay una escena en donde alguien le dice a Kayla que esa persona ve sus vídeos de su canal en Youtube. En estos vídeos ella platica sobre experiencias de vida y da tips para «sobrellevar» las cosas. Cuando se lo mencionan, ella se niega y se avergüenza de ese material. Pero cuando está sola, a pesar de que tenga muy pocas vistas, ella sigue moviéndose entre Instagram, Twitter, Youtube, Snapchat (Facebook ya no porque «eso es para gente vieja»- algo así dice un personaje de la peli), para ingresar a lo que ella cree ser «mejor».

Kayla, una niña de 13 años, tiene que lidiar con las inseguridades y terremotos del inicio de la adolescencia en la última semana de colegio, tras un año desastroso, antes de empezar el instituto. (FILMAFFINITY)

Método Kayla

Al estilo Kayla, les dejo los enlaces (en los títulos e imágenes) de los microrrelatos que escribí para la convocatoria de Sweek y la sinopsis de cada una. Digo «Método Kayla» porque siempre hay un elemento de vergüenza y vulnerabilidad detrás de toda creación artística. Los microrrelatos:

Aláti

Un joven mexicano encuentra una misteriosa criatura en los canales de la ciudad de Aveiro. Duda un poco, no de la criatura misma sino en la propuesta que le sugiere ese ser acuático.

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En el amor no hay secretos

Un chico de alguna ciudad turística de México conoce a Danilo, un joven portugués y con características de alma gemela que un día se va sin previa explicación. Un estuche de guitarra portuguesa, su gatita y el chico; juntos lidearán con esa repentina ausencia.

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El sueño de Coímbra

Luego de haber fallado dos veces en el proceso de ingreso, André aún sueña con ingresar a la Universidad de Coímbra. Una noche, un poco antes de que cerraran la biblioteca de la universidad, André conoce a Hypna, una joven que le propondrá ingresar a un mundo más fascinante que al de una vida universitaria.

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Prueba y error

Dos errores de ortografía y una letra volando, esos fueron los errores en los diseños de las portadas. Equivocaciones que alcancé a detectar justo AHORA que lo estoy compartiendo. No me quiero imaginar los errores en los textos, pero ahí se los dejo. Una vez escuché a alguien decir que «se aprende a escribir, escribiendo» y yo creo que eso aplica para todo.

PD: ¿te acuerdas de eso que no querías compartir o que aún no compartes?


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