Literatura LGBT+: Los estigmas en un club de lectura

Como todos los miércoles, desde hace un mes, tomé el autobús a la escuela para llegar a las nueve de la mañana a la biblioteca de artes en mi universidad. Impartiría lo que vendría siendo la tercera sesión de mi club de lectura con temática LGBT+. La sesión de hoy fue peculiar, ya que a veces uno no viene preparado con pronunciar groserías a pesar de que al hablar fluyan naturalmente. El texto con el que nos enfrentamos hoy fue el cuento de Eduardo Antonio Parra “Nomás no me quiten lo poquito que traigo”, un texto crudo, en donde narra el momento en el que Estrella, una prostituta/un hombre trans, se enfrenta a unos policías y que a través de ese encuentro su sexualidad queda sujeta al reconocimiento, más allá de una operación, la identidad queda atada, en este caso, a la carnalidad y la lujuría como una supuesta forma de vivir la feminidad. Además de eso, hablamos acerca del género no-binario, y sobre el caso de Sam Smith al solicitar que se refieran a su persona con los pronombres they/them (los cuales se usan en el inglés para hacer referencia al género no-binario). Hablar de estos temas de sexualidad, identidad y género, me mueve mucho. A pesar de no ser experto en el área, gracias a este club, he podido acercarme a una variedad de artículos y textos queer. Pero lo que me interesa compartirles hoy, son otras cosas, no para problematizar o evidenciar, sino más bien para provocar la reflexión.

Este es el cartel que diseñé para mi club…

¿Quieres empezar un club de lectura?

Elvis (mi amiga, quien ahorita es becaria en la biblioteca que coordina los clubs de lectura) me preguntó eso y yo contesté con poco entusiasmo: “Estaría cool”. Sí, muy cool y todo ¿pero de qué lo haría? En verdad no tenía mucha idea de qué temática elegir. Estaba pensando cuando Elvis me ganó “Hazlo de literatura gays”, si no mal recuerdo, algo así dijo. Mi “¿sí?”, pasó a ser un “sí” y luego un “¡SEEEEE!”. No sabía que quería un club de literatura LGBT+, hasta que me lo propusieron. Al poco tiempo empecé a darme cuenta de la responsabilidad que eso implicaba.

Deseo poder hacer bien las cosas, poder moderar bien las charlas, elegir bien los textos, sacarle jugo a los poemas y cuentos que vemos. Ansío debatir, ṕrovocar y hacer pensar acerca de lo que se ha recorrido, reconocer en dónde estamos y lo que falta por recorrer en el camino de la diversidad. Curiosamente, no tardaría tanto en darme cuenta que nos falta un buen tramo por andar.

Llevemos este club de lectura a la Biblioteca de Bellas Artes porque allá son más “abiertos”

Eso se había comentado. Mi club de lectura era el único que no se impartía en el espacio en donde se daban los demás porque imagínate “¿qué iba a pensar la gente? ¿tanta labor echada a la basura?”. Como les digo, esto no se trata de buscar quién lo dijo, sino ver lo que se está diciendo, porque no es solamente una persona la que piensa así, son muchas. No me quiero ni imaginar la cara que hubiera puesto la persona que me reubico, si hubiera escuchado la lectura que tuve en mi club el día de hoy.

A ratos pensaba que debía abrir un club en la tarde ya que en la mañana sólo tenía a cuatro personas y en realidad, hay mucha gente interesada, pero que por cuestiones de horarios, no pueden asistir en la mañana. Ayer me di cuenta que no sería posible, porque mis horarios no lo permitirían. Preferí relajarme y aprovechar lo que ya tengo. Pensé en la historia de uno de los integrantes del club, el cual un día se me acercó y me dijo “Hola, sólo quería decirte que tal vez no pueda asistir a todas las sesiones. De hecho, yo tengo clase a esta hora, pero platiqué con mi maestra y acordamos en que me dejaría venir un miércoles sí y uno no”. No lo se, pero ese comentario me motivó mucho. Se siente bonito.

Un caso también que me gusta es el del integrante que se emociona y explícitamente comparte que él desconocía la variedad de debates y de diversidad que había en el mundo. Hoy sólo le sonreí y le dije que yo tampoco sabía. Eso es lo genial de la literatura, el ver cómo uno puede ir provocando la relfexión.

La dinámica de lectura del club

La sesión suele empezar con la lectura de un par de artículos recientes de relevancia en el mundo queer. Elaboro preguntas para provocar el diálogo, partiendo desde los artículos que les presento. Una vez dialogado el tema, busco abrirle camino al texto literario que veremos. Intento hacer que los artículos y el texto se relacionen de algún modo, pero no siempre es así. Una vez leído el cuento o poema, los comentamos y buscamos casos que tal vez conozcamos de cerca o que ubiquemos en nuestra realidad próxima.

Hasta ahora, sólo hemos leído poesía y cuento. Desde el inicio quedamos que leeríamos una novela y el día de hoy les pregunté: ¿prefieren que votemos por una novela y que todos leamos lo mismo o que cada quién elija su lectura y que comente en la sesión lo que haya leído durante la semana? Les dije un poco de los pros y contras, y al final decidieron que cada uno elegiría qué leer. Yo por lo pronto, quedé en mandarles opciones para que puedan guiarse. Estoy emocionado por saber qué van a elegir.

A ver qué me dicen

Este semestre, la coordinadora se enfrentó a una variedad de propuestas nuevas y frescas para los clubs de lectura. Junto con otras amigas, en esta ocasión sugieron clubs con hilos temáticos como mujeres cuentistas y literatura erótica (este ha sido otro club muy comentado). Pero se siente bien saber que tenemos espacios en donde podamos compartir la otra literatura no tan popular y que muchas veces sólo rondan en pasilloso de universidad. Me parece que en la uni he visto muchísimas historias que de no haber entrado a la carrera de literaturas hispánicas, dudo mucho que hubiera leído o conocido. Cuando la coordinadora dijo “A ver qué me dicen”, pensé que lo único que deberían decir respecto a las propuestas de estos clubs y temas, es “Muy bien, ya era hora”.

Lecturas

Ya es tarde y antes de dormir quiero compartirles, a las personas interesadas, el enlace a la carpeta de Drive que comparto con mi club para que puedan ver los textos que vemos en las sesiones.

Para entrar, sólo hagan clic aquí.

Espero que disfruten de los artículos y de algunos de los textos que se encuentran ahí. En esta semana tal vez vaya haber más libros debido a las posibles recomendaciones que les haga a los integrantes del club.


PD: Estaría cool que me compartieran un libro queer que les guste mucho para proponerlo en el club. Por lo pronto, sigan haciendo lo que tengan que hacer para alcanzar lo que quieren, así sea escribir antes de la medianoche para alcanzar a publicar el día dos del Blogtober.

Con las piernas abiertas

Hace poco me encontré con una fotografía en la que aparecemos una amiga y yo, sentados en el sofá de la casa de un compañero durante una fiesta de halloween. En la foto se ve como mi amiga está sentada con las piernas cerradas y a un lado estoy yo, abarcando un espacio mayor con mis piernas abiertas. Esto me llevó a una reflexión a raíz de que esta semana utilicé por primera vez una falda. Creo que lo más cercano a una falda que he usado, es la toalla que me amarro al salir de bañarme. Porque supongo que fue el uso de esta prenda la que eventualmente evitó que mi amiga se sentara de tal manera.

Llegué a pensar que hay cosas que atienden a la comodida. Como integrante de una sociedad que juzga los conductas que se salen de lo tradicional, a veces me sorprendía siendo un juez, juzgando a diestra y siniestra. Me parece que esos es lo más interesante de un proceso de cambio en lo que respecta a las ideas, sorprenderse siendo eso que uno quiere cambiar. Establecía un diálogo entre “es que no se ve bien que se siente así” y el “pero ¿por qué?, si ella se siente cómoda, adelante”.

Estos debates se han vuelto más frecuentes en mi cabeza acerca de muchos temas sobre género, la comunidad lgbt, cuidado de medio ambiente, etcétera. Creo que sentarse con las piernas abiertas es opcional sin importar el género. Tal vez para evitar discusiones, lo que necesitamos es ser más empáticos y abiertos pero de mente. Tal vez, si no aceptar, mínimo, entender. Dialogar, dudar, reformular y reconstruir o como suelen decir: deconstruir.


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“el abdomen de cristo” [Cuento]

El siguiente texto forma parte de un proyecto de escritura creativa y compilación en donde abordo la exploración sentimental y sexual de personajes LGBT+, en especial los bisexuales. Más en “Sobre gritos y silencios” y Sweek.


El abdomen de Cristo

Cuando Ignacio cumplió doce años pidió que le regalaran una Biblia.

— ¡Pero si hay tres aquí en la casa, hijo! ¡Pide otra cosa, anda! ¿Qué quieres?

Tal vez su padre quería que su hijo pidiera algo más común, algún obsequió más acorde a los niños de su edad. Prefería no ver esa extraña petición como una de esas “señales” de las que decía su compadre acerca de los niños jotos. «No, Ignacio no es joto… », pensó. Sonreía nervioso, parecía que el futuro de su hijo dependiera de esa respuesta, pero el pequeño no decía nada. 

— ¿Qué te parece si te traigo otra cosa? Es más, no te voy a decir qué es, para que sea una sorpresa, ¿va?— dijo con un tono que buscaba aprobación.

Ignacio asintió y sonrió, pensó que este gesto tranquilizaría a su papá. Y así fue, la sonrisa del pequeño hizo que los hombros del padre se relajaran y dejó de sentir que estaba obligando a su hijo a hacer algo que no quería. Luego de un breve intercambio de miradas, el niño dio la media vuelta y se dirigió al patio.

Ignacio sabía que lo que hubiera en esa caja, le serviría para cumplir el deseo que tenía en mente cuando apagó la llama de las doce velas de su pastel. Era una caja cuadrada de tamaño medio, desgarró el papel con una violencia descontrolada. Cuando al fin descubrió el regalo que le había hecho su padre, sólo le tomó un microsegundo construir la emoción.

—Te acompañaré los primeros días, y ya luego tú irás al campo para practicar solito.

Esa tarde recibió más de un balón, contando el de su padre, fueron siete pelotas obsequiadas: cuatro de futbol, dos de beisbol y una de basquetbol.

El primer mes fue todos los días al campo, al inicio lo acompañó su padre, luego empezó a ir con un compañero de su escuela. Hubo un par de ocasiones en donde Ignacio participó en partidos amistosos. Era inevitable ver el nato potencial del niño al jugar. Parecía disfrutar mucho del futbol, de hecho, en alguna ocasión recibió un elogio de parte de su padrino.

— ¡Si te viera tu mami, Ignacio! ¡Se sorprendería del buen artillero que te puedes convertir! Ve nomás como se lleva la pelota y se burla a todos, compadre— gritó entre risas mientras cabalgaba junto al papá de Ignacio y los demás rancheros.

Un par de meses más habían transcurrido e Ignacio aún recordaba el deseo de su cumpleaños, pero tenía miedo.

Había mucha oscuridad y hoy sí sería el día. Se sentía culpable y solo, las palabras resonaban con fuerza en su cabeza. Algo no lo dejaba en paz. Sentía un hormigueo en las manos, cosquillas debajo del ombligo y ganas de orinar a pesar de que acababa de ir al baño. Simplemente le era imposible dormir. El corazón le latía con fuerza, recordaba la misa de ese domingo. Reprimía ciertas imágenes, como siempre lo había hecho, porque sabía que estaba mal pensar en eso. Ante este remolino de inquietudes mentales y físicas, corrió al gabinete y sacó la Biblia, pensó que eso funcionaría.
Encendió su lámpara de noche y empezó a leer, pero Ignacio estaba interesado en una página particular. Mientras pasaba las páginas, leía de reojo los versículos de inagotable amor, de incomparable cólera y compasión, del padre y del hijo. Pensaba en el hombre con la corona de espinas, siguió pasando las páginas hasta que se detuvo: una ilustración a color de Jesús crucificado. Veía esa delgada complexión muscular, era extraño; veía caer la sangre, era hermoso. Endureció los labios y tragó saliva, era un pecado. 

Colocó el libro sobre su cama, se arrodilló en el suelo y juntó sus manos. Temblaba. Rezaba para sí mismo. Luego de un largo rato, en el hueco y silencio del pequeño cuarto se escuchaba un casi inaudible:

—Amén…

Abrió los ojos y separó las manos, una la colocó sobre la imagen de su salvador y la otra la dirigió sobre su pantalón en la extraña tensión que sentía en su miembro. Recorrió desde el clavo y la palma sangrienta izquierda, hacia el brazo, lento y más lento porque simultáneamente hacía movimientos sutiles sobre su pantalón. Cuando su mano pasó por el abdomen de Cristo sintió un golpe en el centro del cuerpo, un frío estremecimiento y volvió a tener miedo. Rapidamente cerró el libro y se refugió en las cobijas, sólo se escuchó la Biblia caer en el suelo y sus jadeos entrecortados.

Eso fue lo más cercano por consumar aquel deseo de cumpleaños.



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“el cliché” [Sobre gritos y silencios]

El siguiente texto forma parte de un proyecto de escritura creativa y compilación en donde abordo la exploración sentimental y sexual de personajes LGBT+, en especial los bisexuales. Más en “Sobre gritos y silencios” y Sweek.

Photo by Oleg Magni on Pexels.com

El cliché

—¿Te gustó?

Su brazo te envuelve, sabes que hace frío pero sólo lo ignoras, su voz absorbe tu atención.

—Ese silencio me dice que no…

—No, no, sí me gustó, creo. Bueno, no es cierto, sabes ¿has notado el cliché trágico de las historias gay que hemos estado viendo?

—Hmmm, más o menos…

—¿Y qué opinas?

—Que son tristes, ¿por?

—Bueno, eso ya lo sé. Me refiero a qué opinas de la tragedia, ¿crees que estamos predestinados a eso?

—Para nada. Yo no me siento así.

Se acerca y te besa, se besan, te observa, nota que no hubo satisfacción ante su respuesta y continúa.

—Pues mira, te seré honesto. Yo no creo que todo termine en rupturas dramáticas, en represión o violencia ¡Sólo míranos!

—Tienes razón…

—¿No quieres ir a la recámara?

—¿Y si vemos otra peli?

—Ya me mandaron mensaje y debo regresar a casa en un momento.

La ironía, lo inútil que es reprochar y eventualmente tener que aceptar.

—Entiendo, pero hoy prefiero ver películas.

Contracción inconsciente en su expresión, también ha notado la ironía y eventualmente acepta.

—De acuerdo, pero me tendré que ir en una media hora.

—Ya se—sonríes, te alegra poder haberlo hecho.





Los créditos finales, imposible ignorar el frío. El frío que siempre estuvo pero que va y viene.



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Soy LGBT+, ¿dónde te lo anoto?

Hace algunas semanas me adherí a un taller de escritura creativa. Durante la segunda sesión, la instructora nos pidió que eligiéramos el género que trabajaríamos: cuento o novela. Yo me inclinaba al cuento por miedo a enfrentarme a la novela. Ella me sugirió que mejor me fuera directo a la novela, le hice caso Pero me llegué a preguntar ¿qué hay de las demás voces y personajes que quieren ser narrados? Así nace Sobre gritos y silencios, una compilación episódica de voces en relatos y cuentos independientes que tratan de temas de exploración sexual y sentimental.

Estos textos los estaré publicando en la categoría “Sobre gritos y silencios”. Pienso explorar personajes a que se encuentran a lo largo de las siglas LGBT+, pero haciendo un énfasis especial sobre la B, los bisexuales.

La plataforma alterna en la que estaré publicando es en Sweek, aunque la mayoría estarán por aquí en mi blog también. En caso de que decida dejar de repostearlos aquí, yo lo notificaré, pero por lo pronto, todo lo que aparezca en Sweek, aparecerá aquí también. De momento, los textos serán breves, rayando el microrrelato.

Cuando publique esta entrada, la primera historia ya habrá sido publicada. Ojalá me puedan seguir en mi Instagram todo bisexual y letroso, lleno de reggaeton, gifs, música y vídeos.


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Carta a un joven bisexual

Recibí tu carta y esta respuesta no busca ser ninguna guía definitiva, aunque, a decir verdad, siento que si alguien se hubiera acercado a mí y me hubiera dicho algunas de las cosas que te voy a compartir, me habría ahorrado muchos desvelos. Te cuento.

Cosa de chicas

Hay personas que aseguran haber sabido su orientación sexual desde pequeños, alguien me dijo que sabía que era homosexual desde el kínder. Me decía que no recordaba a ninguna delas niñas del preescolar, pero que sí recordaba muy bien a los niños. Qué curioso, ¿no? Ese comentario me llevó a pensar acerca de lo que el Oscar peque pensaba cuando aun tenía siete u ocho años. Un “Me gusta” de ese tiempo es difícil de rastrear. La única exposición a una relación de pareja eran las telenovelas que a veces me sentaba a ver en las noches con mi mamá antes de que me dijera que me fuera a dormir.  Y aun así, pensaba que esos besos que salían en la pantalla eran efectos especiales. De mis primeros años de primaria recuerdo a Kalie, una niña que junto con Jazmin, me exigieron que eligiera quien era más bonita. Ambas eran lindas, pero Kalie, a pesar de que tenía chuecos los dientes, me gustaba más. Me llamaba la atención cómo me tomaba de la mano, cuando jugábamos sólos bajo el árbol que se traspasaba por la reja del campo de gol que había a un lado de la escuela; cuando nos trepábamos al domo de barras y quedábamos boca abajo riéndonos y tomándonos de las manos. Pero de todas esas cosas que hizo ella por mí, recuerdo un accidente. Me había sangrado la nariz, en el salón había un lavamanos así que fui a limpiarme y a dejar que la sangre cayera en el lavabo. Ella se paró y estuvo a mi lado, me pasó papel y recuerdo haberla sentido cerca. Kalie no se sentó hasta que regresé a mi mesabanco. Puedo decirte, que fue ella mi primer crush, desde esa vez, no quería separarme de ella y me molestaba que Cody, otro niño del salón se acercara a ella. Ese fue mi primer crush. Luego ella se fue y seguía pensando en chicas, Nayely, Stephanie, Ciara, hasta que…

Cosa de chicos

A lo que iba con la anécdota anterior es sobre las posibilidades de llegar a definir tu sexualidad. Puede que no te hayan gustado los chicos desde pequeño, puede que sí, todos tenemos una manera diferente de aterrizar nuestra identidad y preferencias. Ahora te cuento cómo llegué al punto en el que estoy ahora, en donde chicos y chicas me resultan atractivas. Lo pensé mucho antes de contestarte y decidí dejarlo todo para este día, el día internacional de la bisexualidad, una mamada porque pues te tuve con el suspenso todo este tiempo, per ahí va. Todo empezó por “admiración”, luego caí en cuenta que más que admiración, en realidad empezaba por algo más acertado que la palabra “admirar”. Mi gusto por los chicos parte más bien de la envidia. Cuando mi familia se mudó a México, y entré al aula de cuarto B, noté una gran diferencia al ambiente de la escuela de donde venía. Aquí las cosas solían salirse de control y los alumnos gritaban desde sus espacios para comunicarse, me sorprendí y quedé abrumado. Todo ese año transcurrió de manera rápida, al parecer en México era un alumno de diez, porque yo siempre fui de sietes y ochos. Llevar el título de alumno destacado es agobiante, pero esa es otra historia. Cuando entré a quinto empecé a querer “encajar” mejor en el grupo. En ese tiempo me empezó a gustar una niña que se llamaba Liliana. Pero además de ella, había un chico que me resultaba atractivo. Me atraía porque así era él, lograba que la gente quisiera estar a su lado, era alto y creo que era mayor uno o dos años que los demás. Se llamaba Oscar, igual que yo. Curioso porque yo quería ser igual a él. Solía estar junto a un grupo de chicas a su alrededor y con sus amigos que siempre lo seguían. Era alguien que me caía mal pero que admiraba, me decía “Si tan sólo se fuera del aula y pudiera sustituirlo”. Cabe aclarar que esos pensamientos eran resultado de la inconformidad que sentía hacía mi persona. Espero nunca caigas en esta clase de seguridades, para no dejar la historia así, te cuento que fue hasta en la Universidad donde pude ya moldear un yo con el que me siento más cómodo.

El primer chico que me llegó a gustar fue en segundo de secundaria. Y fue horrible, no por él sino por el conflicto interno por el que uno pasa. Lo primero que pensé fue “Soy gay (?)” en su momento no me agradaba pensar en esa posibilidad pero de alguna forma me decía “Bueno, ni qué hacer”. Pero había chicas que me seguían llamando la atención. Poco después me encontré con la palabra que vendría a resolver y sanar mi angustia: Bisexualidad. Leía la definición una y otra vez, me alegraba por fin tener un término que podía definir lo que estaba sintiendo. Este chico llegó a tener novias, más nunca sentí celos, como que me daba igual. No era algo posesivo, sólo quería verlo de cerca, tocarlo sin que eso resultara raro. Él tenía algo en su forma de sonreír que me agradaba. Decía cosas con las miradas, pero yo no sabía leer. Tal vez, nunca lo sabré, le resultaba divertido tener un admirador discreto en el salón.

Cosa de bisexuales

Se que tu historia es diferente, pero espero te pueda hacer de ayuda. Algunas de las cosas que dejo sobre la mesa son detalles que se resumen en haz lo que tú creas necesario hacer, analiza, observa y acciona (a veces estás cosas ni son necesarias para hacer y las cosas suceden cuando todo parece estar tranquilo), quizá no le quieras decir a nadie y está bien o probablemente sea lo contrario, no hay problema.

  • Si sales con un chico, eres bisexual. Si sales con una chica, sigues siendo bisexual.
  • Puede haber atracción sexual,
  • Puede que haya atracción sentimental y la valoración entre ambas es subjetiva.
  • Si un/a chica/o te deja por haber compartido tus preferencias sexuales, no pasa nada. Tú sexualidad es parte de lo que eres y de nada vale estar con alguien que no te aprecia.
  • Si sales con un chico que te gusta y no tuviste una erección, habrá una punzada en tu pecho que te presionará y probablemente entres en pánico. Sólo relájate, si las cosas no se dan, probablemente se de después. Lo mismo si esto sucede con alguna chica.
  • La erección o las cosas que te excitan no son buenas guías para formar ideas sobre tu sexualidad. Pueden ser tramposas.
  • Recuerda la dimensión afectiva, que no tengas una erección con un chico/a que te gusta, no significa que no quieras estar con esa persona.
  • No hay nada mejor que el autoconocimiento y ser sincero con uno mismo. Conocerte te evitará muchos problemas.
  • La sexualidad no se basa en porcentajes.
  • Aduéñate de tu homosexualidad y heterosexualidad. Vívelas si así lo quieres.
  • Tú eliges si decides seguir el cliché de bisexual que se tiene y no pasa nada. Puedes elegir no seguirlo también.
  • Tú eliges si le eres infiel a tu pareja.
  • Si te invitan a un trío, tienes derecho a arrepentirte y ya no querer participar. De nuevo: no pasa nada.
  • Mientras más claro tengas tu carácter, menos riesgos corres a ser moldeado por tu alrededor.
  • Importante: La bisexualidad no es una fase, si luego decides salir con chicos o chicas, tú decides si seguir llamándote bisexual o no. Es cuestión de ser sincero contigo mismo.
  • Las categorías pueden no ser necesarios, ah pero cómo ayudan a veces.
  • Ve el porno que quieras, pero recuerda que “Dat shit ain´t real life”
  • La bisexualidad no es exclusiva de las mujeres.
  • Prepárate porque los heteros no te bajarán de gay… los gays probablemente hagan lo mismo.
  • Créeme que toparte con otros bisexuales es algo chido.
  • La familia puede ser complicada, lleva las cosas al ritmo que mejor se ajuste a ti.
  • No importa si has salido más con mujeres que con hombres: #StillBisexual
  • Bisexualidad no es sinónimo de infidelidad y finalmente,
  • Bienvenido a la comunidad +LGBTQ

Yo tenía pensado ir por primera vez al antro gay más popular de la ciudad para celebrar este día, pero luego pensé que podía pasarme el tiempo contestándote. Hubo momentos en los que quería hacer los dos: ir a la fiesta y escribir. Pero aquí estoy contestándote y no creas, a mi me falta mucho por ver y personas con las que salir, todo recae en las decisiones.

Algo con lo que me gusta pensar es con quién iré a terminar, ¿una mujer un hombre… solo? Supongo que “el tiempo lo dirá”. Por lo pronto, feliz día, chico.

mi post data


PD: No te fíes si de repente escuchaste un tono de seguridad. No siempre fue así, por más resuelto que lo tengas, el salir y presentarte como bisexual nunca termina por eso creo que vivirlo es más importante que decirlo. Eso es algo en lo que aún sigo trabajando.

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Ser y aceptar una letra del LGBTario

El Mes del Orgullo Gay, Bisexual, Lésbico y Transgénero (Mes del Orgullo LGBT) se celebra cada año en el mes de junio para honrar los disturbios de 1969 en Stonewall en Manhattan. Los disturbios de Stonewall fueron un punto importante para el Movimiento de Liberación Gay en los Estados Unidos. En los Estados Unidos, el último domingo de junio se celebró inicialmente como el “Día del Orgullo Gay”, pero el día real fue flexible. En las principales ciudades de la nación, el “día” pronto creció hasta abarcar una serie de eventos de un mes de duración. Hoy, las celebraciones incluyen desfiles de orgullo, picnics, fiestas, talleres, simposios y conciertos, y los eventos del Mes de Orgullo LGBT atraen a millones de participantes en todo el mundo. Los memoriales se llevan a cabo durante este mes para los miembros de la comunidad que se han perdido por crímenes de odio o VIH / SIDA”- Library of Congress

La información anterior lo acabo de googlear justo antes de empezar a escribir esta entrada. Conocer este tipo de información una vez que te identificas con alguna otra orientación sexual que no sea el hetero, no es obligatoria y queda a elección de la persona qué tanto desea conocer al respecto. El año pasado fue un momento decisivo para la exploración de mi sexualidad y más allá de “explorar”, ha sido un proceso de conocer y aceptar. Continúa leyendo Ser y aceptar una letra del LGBTario