Kandinsky y las formas

Fragmento del texto: Pintura contemporánea de Julián Gallego

En sus obras, Kandinsky distinguía entre impresiones (formas provocadas por la visión del exterior), improvisaciones (formas en que expresa sus emociones internas) y composiciones (obras definitivas, resultado de estudios y razonamientos). Su intención es siempre espiritualista: “Cada forma tiene un contenido interno. La forma es la manifestación externa de ese contenido…” “Es, pues, evidente que la armonía de las formas debe reposar en el principio del contacto eficaz del alma humana” o “principio de la necesidad interior”. Los colores tienen, para Kandinsky, un contenido: el amarillo es color terrestre; el azul, celeste. Los tonos serán calientes o fríos según tiendan hacia el amarillo o hacia el azul. Los tonos cálidos se acercan al espectador, los fríos se alejan. El blanco es como el símbolo de un mundo elevado y silencioso, una “nada” llena de posibilidades; el negro es como el silencio después de la muerte, una “nada” sin futuro. El rojo, “color sin límites esencialmente cálido, actúa interiormente como un color desbordante de vida ardiente y agitada”, etc. Como las formas son asimismo elocuentes, Kandinsky trata de dar con sus abstracciones la expresión de un sentimiento depurado.

“Balanceo” (1925) de Wassily Kandinsky