Estudio literatura y no leo tanto como creen

—¿Y qué estudias?

Oscar podía sentir hacia donde desembocaba esa conversación, pero aun así contestó.

—Literaturas hispánicas— dijo mientras esbozaba una sonrisa.

Tres.

Dos.

Un…

—¡Ah, qué padre! ¿te gusta leer mucho, entonces?

Oscar sigue sonriendo, lo bueno es que ya ha vivido varios momentos como estos.


Confesión de un literato

La conversación anterior suele ser común y se entiende que la gente dé por sentado o reitere lo que a veces parece ser obvio. Pero también entiendo que habrá quien se pregunte «¿literatura? ¿qué es eso?» como un interés genuino por saber al respecto o curiosidad. Seguido de eso se preguntarán «¿por qué alguien estudiaría algo así?» y aquí ya todo es más subjetivo. Entré a la carrera con intenciones de escribir, (des)afortunadamente las cosas se dejan claras desde un principio y nos dicen que la universidad tiene un enfoque a la do-cen-cia. Y no es que me moleste eso, en realidad me gusta mucho, ademas de que hay otras especialidades muy interesante: investigación, crítica, promoción cultural, edición y corrección de estilo.

Aunque es curioso que a pesar de que el perfil del aspirante a la carrera debe incluir un gusto por la lectura, el perfil de egreso de varios es de no tener el mismo ahínco por la lectura como solían tener. Comentaba con una amiga que muchos de los egresados de la carrera no leen tanto y no hablan de literatura. Claro, esto es desde un aspecto generalizado y que tal vez se deba a que varios de los egresados no se dedican a áreas de especialización con las que salen de la universidad.

Anteriormente escribí acerca de esto en ¿Cómo llegué al quinto semestre de la licenciatura en literatura hispanoamericana sin haber leído a Juan Rulfo? y me doy cuenta que la lectura es un aspecto que funciona tanto como maestro y escritor. Gracias a la lectura, las ideas surgen; se estimula un aspecto creativo en el imaginario mientras leemos, tanto en la construcción abstracta del mundo que se construye en la narración o el poema y el imaginario propio que parte del mismo espacio-tiempo del texto. En ¿Qué deberían leer nuestros próximos alumnos? se hace un listado de cuentos que pueden ser un buen inicio para acercar a los estudiantes a la literatura. Y es aquí donde la lectura, el aumento del acervo literario y las referencias cumplen con un papel importante en cualquier área a la que se desea dedicar un estudiante de literatura. Pero hasta ahora solo he mencionado lo que estaría bien leer y lo que se debería hacer como docente y escritor: leer.

Decir es una cosa, hacer es otra

No leo tanto. A veces no leo más de una hora al día, a veces no leo más que artículos en Medium o mensajes de Whatsapp (o alguna otra cosa «banal»). Pero si alguien me pregunta si me gusta leer, no lo dudaría ni un segundo y le diría que sí. Las novelas del romanticismo han sido mis favoritas en la carrera y no se me dificulta nada, leer novelas de ese género. Entonces quiero pensar que aun conservo el toque para ser ese aspirante eterno de ser un literato.

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PD: Perdón por escribir esta entrada que fue como confesión y palabras de incertidumbre ante la duda de haber perdido mi lado lector.

[Diario] El mejor consejo que un escritor podrá recibir

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Hace unos días saqué algunos libros sobre escritura creativa de la biblioteca de mi departamento. Lo hice porque siento estas ansias por querer empezar a escribir, pero al mismo tiempo quiero conocer más a mis personajes  y a la historia que quiero contar para no tirarme al vacío así nomás. Los libros que saqué:

  • Revision and Self-Editing for Publication de James Scott Bell (Revisión y auto-edición para publicar)
  • Dialogue de Gloria Kempton (Diálogo) y
  • Characters, Emotion & Viewpoint de Nancy Kress (Personajes, Emoción y Puntos de vista).

El libro que he estado leyendo más es el primero. Me pasó que antes de leerlo y de toparme con algunas dinámicas que el libro propone; yo pensaba que ya conocía la historia que quería contar y sus personajes. No pude estar más equivocado. Creo que estos libros son herramientas útiles para conocer mejor lo que queremos escribir. Entonces como escribir más es uno de mis propósitos para este 2017 (y para toda la vida); siento que necesito un estímulo constante que me recuerde esa meta. Creo que hoy he encontrado la frase perfecta para ayudarme y ayudar a otros escritores.

El consejo:

Traducción: «Sigue trabajando. No esperes la inspiración. El trabajo inspira a la inspiración. Sigue trabajando.» – Michael Crichton

Es bueno el consejo, ¿verdad? Lo quise compartir porque es algo que no solamente me ha de suceder a mí. Cuántas veces pasa que la «falta de inspiración» es la frase procrastinadora de preferencia.
Empieza a escribir porque puede que la inspiración no llegué o no en las cantidades que deseas. Mejor se un generador de inspiración, que yo intentaré hacer lo mismo. Busca conocer a fondo algún personaje que tengas para tu historia. Establece un diálogo con el mundo que construyas y verás que la inspiración llega sola.

Los siguientes dos consejos son un plus que les serán de utilidad.

Usa todo lo que esté a tu alcance

Ademas de escribir; tengo otras metas para este año: salir a correr a la milla, ir al gimnasio y practicar la guitarra. Para mantener un rastreo a mi progreso; creé unas carpetas en mi unidad de Drive de Google para concentrar mis avances ahí. Por ejemplo, en las visitas a la milla; subiré screen shots del temporizador para capturar el tiempo que me toma recorrer la milla, en las visitas al gimnasio; tengo ideado tomarme fotos de manera quincenal para hacer un registro de los posibles avances y para la guitarra; subiré grabaciones de voz de mis sesiones de práctica cada cierto tiempo. De esta manera, una carpeta con el contenido de tu historia puede ayudarte como recordatorio para que escribas eso que habita en tu cabeza.

Tiene poco que hice las carpetas, pero cada una ya tiene mínimo una imagen o grabación para el registro

El libro que estoy leyendo de Scott Bell propone crear perfiles para los personajes de una historia y eso es lo que planeo hacer. Por ahora solo estoy trabajando con una historia.

Este último tip puede que no sea cómodo para algunos, pero es algo que personalmente me funciona. Y ya para terminar, otro consejillo hacker: Pon muchos, muchos recordatorios. Mientras más exposición tengas de tu meta; más difícil te resultará olvidarte de él u omitirlo.

Así que en resumen: 

  • Escribe, escribe y escribe; que la inspiración se inspira del trabajo.
  • Organiza y registra tus avances (por más pequeño que sea).
  • Rodéate de recordatorios. Pon notificaciones en tu celular, usa alguna aplicación de hábitos, escribe notas en post-its y pégalas en áreas visibles. 

Espero que estos consejos te sean útiles.

Muchas gracias por leer 🙂
Hasta luego.

PD: Mientras escribía acerca de la inspiración, pensé que la inspiración se asemeja a cuando perdemos alguno objeto: llaves, tarjetas o algo así. Y que a veces nomás no aparece mientras lo buscas y que al contrario: lo encuentras cuando menos te lo esperas.

[Diario de un estudiante de letras] Cuando el autor cree que sus lectores son idiotas

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Todas las materias que llevaré este semestre se ven muy prometedoras, pero hay una clase en especial en donde tengo puestas expectativas muy altas. Esta clase: Taller de composición. La dinámica de esta clase, al ser un taller; consistirá en la escritura de textos, la edición individual y grupal en donde se buscará el ejercicio de la crítica de nuestras obras. El día de ayer, el maestro aclaro que los viernes (donde la única clase que tenemos es la de él) se dedicarán al análisis de nuestros textos para identificar los puntos débiles y fuertes para así trabajar sobre ello.

A veces en la carrera se crea un conflicto cuando se pregunta ¿qué es literatura?. Los debates simplemente no se dejan esperar. Pero hoy el caso fue distinto; mi punto de reflexión parte cuando mi profesor del taller de composición mencionó que hay autores que escriben pensando que los lectores son idiotas. Esto me hizo pensar. Mi profesor hace referencia a obras donde todo se explica y se le da al lector en la boca. Dijo que usualmente estos son los libros que más venden;porque son obras donde el lector no necesita pensar más allá de lo que se le está diciendo. Compara esta dinámica pasiva con ver la televisón, donde la construcción del mundo corre por cuenta de alguien más y no del imaginario del receptor (en este caso: el lector).Llegamos a esto mientras comentabamos el texto de un compañero en donde escribía una prosa poética donde construía un mundo. 

El maestro no menosprecia la escritura de ficción comercial, sino todo lo contrario, porque dice que lograr un dinamismo semejante también conlleva una práctica particular. La diferencia es que a veces los fines de estas obras es sólo vender.

Algo que sí no pude evitar recordar mientras el maestro hablaba al respecto: Cazadores de Sombras. La saga de Cassandra Clare es una que apenas empecé el año pasado. Recuerdo que al leer el primer o segundo capítulo del primer libro; me sentí un poco abrumado. Los personajes explicaban todo el funcionamiento de las cosas a un personaje intruso. Entonces cuando el maestro hablaba sobre evitar decirlo todo y explicar como si el autor pensara que su lector es un idiota; pensé en esas páginas del primer libro. Aunque entiendo que en el mercado y como gancho, estas técnicas funcionen muy bien. Y yo no tengo nada en contra de ello porque al menos alguien logró expresarse y publicar su obra. Además de ser entretenida y de lectura accesible; muchos de estos libros nos introducen a mundos fantásticos que de otra manera nunca hubieran salido a la luz. 

¿Qué opinan al respecto?

Muchas gracias por leer 🙂
PD: Hoy en la mañana diseñé una portada para mi historia en Wattpad y se la mostré a una amiga. Dice que le gustó pero que la imagen es bonita y que por eso no leería el libro. Dice que parece la portada de un libro como Juego de Tronos o algo por el estilo. Aclara que con frecuencia, los libros de los grandes autores suelen ser de portadas feas y que algo bonito suele ser de una obra fea. Puede que sea un comentario generalizador; pero creo que tiene algo de verdad porque a veces, por más que no queramos; es inevitable juzgar un libro por su portada.

Cazadores de Sombras- Ciudad de Hueso

¿Por qué renuncié a mi trabajo?

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En mis horas de descanso y lonche, me subía al techo del edificio. Me gustaba observar los atardeceres, el aire y pensar que sólo yo podía disfrutar la posibilidad de ser sólo yo, dueño de ese techo; de mi vida. 

«Cuando tenía dieciséis años mi padre me dijo que podía ser lo que yo quisiera en la vida, sólo tenía que estar dispuesto a trabajar duro para obtenerla. Es ahí cuando decidí que cuando muera quiero ser recordado por la vida que viví no el dinero que hice”. Inicio del vídeo musical The Nights de Avicii


El viernes pasado mientras en la UNISON se contaban los votos para ver si habría huelga o no (que por cierto no hubo), yo estaba en las oficinas de mi trabajo preguntando con quién tenía que ir para firmar mi renuncia. Fue algo precipitado, digno de un adolescente quien cree que todo es fácil en la vida. Un día antes se llevó a cabo el Floricanto, ese evento literato tradicional que se impregna de danza, pintura, música y en esa ocasión: de una media luna hermosa. Sentado ahí en el pasto me di cuenta cuanto echaba de menos estar en esos lugares, capté lo miserable que era estando en aquel trabajo ahora que tenía algo tan vívido con qué compararlo. La idea era solo faltar un día al trabajo (sólo porque parecía ser lo correcto), ese jueves, pero llegando a casa luego de una noche agradable y después de haber platicado con un amigo acerca del trabajo; sabía que tenía que renunciar.

Mi discurso se basaba en el análisis que le hice a mi zona de confort y de cómo el dinero era el único factor que me hacía recabar fuerzas para  tomar mi bicicleta e ir a trabajar, era el motivo por el que levantaba el teléfono, lo que me hacía repetir esa introducción de contestación una y otra vez. Me percaté que la información que recibía era algo que realmente no podía explotar, además de ser información que quedaba prohibido proporcionar fuera del área de trabajo. Me di cuenta que estoy en busca de algo más acorde a lo que me quiero dedicar en un futuro, no lo sé, algún trabajo que tenga por lo menos un contacto mínimo con algún arte.
El supervisor de los supervisores, quien es un hombre agradable y muy buena gente se acercó a indagar acerca del por qué quería renunciar. Luego de ver que no tenía un trabajo asegurado una vez que renunciara ahí, me dijo que me quedara el tiempo necesario de aquí a que encontrara algo seguro; realmente era una buena oferta, pero la rechacé; sólo quería salir de ese cubículo, de esa zona. Mi supervisora inmediata también intentó retenerme y casi lo logra, pero luego de hablar con una amiga que me brindo su punto de vista, habiendo sido ella supervisora algún tiempo; recobré el valor para cumplir con la misión de renunciar cuanto antes.

no importa lo que ganará mínimo tenía que ser algo que pudiera satisfacer mi consumo económico y que al mismo tiempo me brindará una oportunidad de desarrollo en algún área de mi interés.

Ahora, luego de haber tenido un fin de semana sin trabajo y más días futuros que pintan ser iguales, me doy cuenta que estoy agradecido y preocupado ¿curiosos, no? Quisiera desglosar los motivos que puede que hayan influido en mí decisión.

  • Sentir que estoy en control de mi vida. Era típico esa sensación mecánica de levantarse, comer, prepararse para la escuela, comer, prepararse para el trabajo, comer, prepararse para dormir y repetir el proceso. Lo peor era cuando mis días libres los sentía como con una obligación a tener que divertirme y pasarla bien. Me es sofocante, temo a que la vida adulta sea de esa manera y de que el hecho que intente sacarle la vuelta, sólo sea un vano intento.
  • La cancelación de eventos. El semestre pasado me había acostumbrado a salir a varios eventos, desde obras de teatro hasta exposiciones de pinturas y necesitaba de eso.
  • Periodo académico. A veces me decía que estar en la universidad era algo que no se iba a repetir y me di cuenta que quiero aprovechar al máximo el tiempo que estoy aquí.
  • No compras cosas con dinero, las compras con tiempo. Una amiga me dijo que esto lo dijo el presidente de Uruguay, José Mujica. Tuve que pensarlo y me di cuenta que si iba a estar en un trabajo, no importa lo que ganará mínimo tenía que ser algo que pudiera satisfacer mi consumo económico y que al mismo tiempo me brindará una oportunidad de desarrollo en algún área de mi interés. Fue ahí cuando me di cuenta lo importante que es el tiempo y que si tú no la valoras, va a llegar una empresa que le pondrá precio.
  • A casi nadie le gusta su trabajo. No quería formar parte del grupo que no le gustaba lo que hacía.
  • Quiero saber si realmente vale la pena perseguir mis sueños.

Para muchos el mero gesto de renunciar sea algo reprobable poniendo como argumento la crisis actual del país y la escacez laboral, pero considero que bien o mal, ya soy o estoy por ser un adulto y como tal, debo empezar a ser responsable de mis actos. Mi jefe no sabe si voy a encontrar un trabajo, yo tampoco. Si encuentro uno, excelente; si batallo en conseguir uno, pues adelante, no es el fin del mundo; pero la diferencia radica en que yo sí sabré que hay fuera de las paredes de aquel trabajo y mi jefe no. Creo que le estoy atribuyendo un valor muy grande al tiempo y temo desperdiciarlo en algo que no me gusta hacer. No sé si esta idea la tenga mientras siga siendo joven y luego pase, no lo sé, pero es lo que creo y es una ideología a la que me pienso atar para dirigir mis acciones.


 

Ahora no sé si encuentre eso que busco, los del trabajo no sabían si lo encontraría; yo tampoco. Sólo quiero empezar a tener fe en mí y en la vida. Quiero seguir mi intuición porque quiero tener algo que contar y algo con que fundamentar la idea de “sigue tus sueños”. No sé si la idea sea de tontos o valientes, por lo pronto es mía.

 


 

 

Recomiéndame un libro

 

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«la lectura no debería ser una obligación, algo impuesto. Debería, a mi parecer, ser una actividad consciente, elegida; por ende: disfrutable».

Por Elvia Isabel Castro Cruz

Siempre que menciono que estudio literaturas hispánicas, automáticamente se abre una puerta al mundo de los libros en el oyente. La parte incómoda es cuando dan por sentado que conozco todo el mundo literario: géneros, autores, premios, etc. La plática se dirige a una especie de entrevista que debo sortear lo mejor que puedo. Una de las preguntas que me causa más desasosiego es: ¿puedes recomendarme un libro? Juro que no sé la respuesta. Mi cabeza da vueltas unos segundos intentando adivinar qué tipo de lectura puedo recomendar, trato, a menudo, que sea contemporánea. Quisiera poder ayudar, desmitificar que la lectura es aburrida, pero sin tener conocimiento previo de los gustos de la persona, es arriesgado.  Y por si esto no fuera lo suficientemente molesto, el receptor inicia un diálogo de reciprocidad recomendándome libros; sin yo pedírselo, sin conocer mis gustos. Sé que podría resultar en una charla agradable, pero la mayoría de las veces no es así.

Admiro a los promotores del fomento a la lectura, a los que hacen posible la siembra de libros, a los que crean clubes de lectura, a los que les leen a otros, a los que traducen libros a otras lenguas para hacerlos accesibles a todos, a los que organizan ventas de viejo. No admiro a los que crean programas para leer 20 minutos al día, como si la lectura pudiera contabilizarse como una vil mercancía, a los que creen y comparten la idea de que leer te hace un ser superior, a los que van por la vida comprándose libros para adornar su biblioteca. A ésos, no.

Me he dado a la tarea de investigar, y superar el trago amargo de la sentencia: Recomiéndame un libro. Ha sido una bella sorpresa encontrar la página web http://unlibrocadadia.es/ (hoy en desuso); la sección de libros de la revista Letras libres y, algunas más por ahí.

En conclusión, la lectura no debería ser una obligación, algo impuesto. Debería, a mi parecer, ser una actividad consciente, elegida; por ende: disfrutable.

 

¡Que vergüenza que te lean!

Querido *,

Hoy en el Olimpo 15.9 nos reunimos yo y algunos compañeros de una revista literaria perteneciente al departamento de letras. Te escribo para que seas testigo de la vergüenza y angustia que sentí, como todo un escritor novato.

Llegue casi al medio día a la escuela, estuve dando vueltas por el Olimpo hasta que me encontré con el compañero que, podría decirse, coordina la revista y gracias a él pude dar con el lugar donde estaban los demás. Habíamos quedado en reunirnos para escoger los textos que pasarían a ser publicados en la XX edición de la revista, había cuentos, ensayos, poemas, poemas y más poemas por revisar. Pero el problema era que dentro de la pila de hojas había un trabajo mío que realmente ya no quería que estuviera ahí ¿Por qué?

Aproximadamente 10 días antes

Tengo ideas muy vagas acerca de la poesía, es un género que no he explorado mucho, pero que me agrada. Admito que he intentado escribir poesía, aquí mismo en el blog le dedico un espacio, pero me suele ser un poco difícil compartir mis escritos, porque en cierta forma considero que el acto de escribir puede llegar a delatar a las personas.
Pero ni mi propia ideología me detuvo en mandar uno de mis poemas a la revista, en ese momento pensé «Eh, pues… hmmm, no está tan mal, creo», entonces, antes de considerar lo contrario, di clic en Enviar y mi mensaje había despegado al correo que recibía los textos para la revista, pensé «Listo», todo parecía estar bien.

Tiempo después hubo un evento en la escuela donde conocí con más profundidad a la poesía, al arte poético, a la acción de pulir la palabra, moldearla, conocí su musicalidad, aprecié el arte de colocar cada palabra en su lugar para dar como resultado un poema capaz de abatir al lector. Fue durante esa reflexión en donde menosprecie mi creación enviada, me di cuenta que un poema es más que el primer instinto de escribir. Llegue a la conclusión de que tal vez se trata de reflexión, delicadeza, angustia, reproche, sentimiento filtrado, algo más que reacción instintiva.


Hoy

Yo no me había tomado tiempo en escribir lo que había enviado, empecé a asegurar de que mi poema no estaba a la altura como para ser publicado, de que tal vez podría ser mejor (estaba paranoico).

Cuando llegamos al cubículo donde estaba el resto del equipo, el coordinador sacó de su maletín muchas hojas blancas.

-¿Imprimiste todo?- preguntó una de las muchachas.
-Sí
-¡¿Todo los correos recibidos?!
-Todos.

Recordé mi poema y me dio ansiedad. Mi texto estaba en esa pila de hojas, quería encontrarlo… necesitaba recuperar mi «poema», ¿pero cómo?

Quise persuadirme diciéndome que todos necesitan recibir críticas, dije «Ni modo, que lo lean», pero sabía que en el fondo no quería que lo hicieran. Tomé unas hojas, no había probabilidad de tomar el mío. Empecé a leer los primeros poemas, todos con ideas muy buenas, pero la idea de que mi poema estaba por ahí no me dejaba en paz y por un momento volteé a ver a mis compañeros. Me preguntaba quién podría ser el que leyera el mío y diga algo como «No manches güey, checa esto», no exactamente en el tono de admiración sobre genialidad. Miré las hojas que tenía, empecé a hojear cada uno en busca de una posibilidad… luego observé la familiaridad de palabras, ahí estaba ¡había encontrado mi texto! Rápidamente lo separé de los demás, nadie iba a leerlo.
Mi problema no terminaba ahí, ¿cómo lo tomo sin que se den cuenta? ¿cómo lo guardo sin levantar sospecha?

Saqué un carpeta de mi mochila, la coloque debajo de todos los textos para poder «detener los trabajos», luego, cuando nadie volteaba, cuando todos estaban concentrados en alguna de las lecturas ¡zas! meto mi poema a la carpeta, ufff. Como sea ya dentro de la carpeta ya queda fuera del juego. Así fue.

Sentí un tipo de remordimiento pero lo considere necesario, no creo estar listo, además, el escrito era muy cursi.
Gracias al conjunto de experiencias ahora veo a la poesía con más seriedad, supongo que la magia misma pueda que se esconda en el moldeado del escrito.

Es curioso como suelo animar a las personas a que manden sus textos, siendo que yo a la hora de la hora me hecho para atrás. Ahora mi meta será leer más poesía y crear poseía con más seriedad (ojo, seriedad no es sinónimo de aburrido).


Algún día tendré que hacer público lo que escriba y puede resultar contradictorio ya que ahora mismo estoy escribiendo, pero esto es distinto ¿no? bueno tal vez no lo sea, entonces pueda que ya esté dando un paso hacia adelante.

Creo que la poesía necesita su propio poema.

Atentamente,

Firma

Estudiante de Letras.