«Cuando los lectores lean mis novelas, quiero que al final sientan _____»

El siguiente ejercicio es la primera actividad del libro Plot and Structure (Trama y estructura) escrito por James Scott Bell de la serie de libros Write Great Fiction. Ya hacía mucho tiempo que deseaba leerlo, pero cuando uno estudia literatura, las cosas llegan a saturarse un poco en cuestión de lecturas. Este libro es mi “guilty pleasure” ya que mis ganas de leerlo es solo una secuela de mi anhelo por querer ser escritor.

En fin, yo no pensaba compartirlo pero dije “Tal vez y a alguien le interese hacer estos ejercicios también”. Así que he decidido poner estas entradas en la categoría de “Ejercicios de escritura”, ahí podrán leer las demás actividades que comparta. Tal vez en algunas entradas escriba sobre en qué consiste el ejercicio y lo que yo escribí y en otras sólo pondré la descripción de la actividad para que ustedes la puedan hacer. En el primer capítulo de Scott, se escribe acerca de lo que es la trama y los elementos básicos que lo constituyen. Luego de hacer explicaciones generalizadas y sencillas sobre el tipo de trama, el autor Scott Bell nos invita a una reflexión sobre el tipo de texto (más que nada enfocado en el género de la novela) que queremos escribir. Para dicho ejercicio que les comparto a continuación, el autor recomienda unos diez minutos que sean exclusivos para esta actividad.

Ejercicio

La dinámica consiste en llenar los espacios en blanco. Es importante desbloquearse y ser sinceros. Escribe, escribe y escribe, deja que las palabras salgan y rompe las delimitaciones de tu mente e imagínate como el tipo de autor que quieres ser y el tipo de libros que deseas escribir.

Cuando los lectores lean mis novelas, quiero que al final sientan ________. Eso es porque, para mí, las novelas son _______.

¡Te veo en 10 minutos!

Mi respuesta

Cuando los lectores lean mis novelas, quiero que al final sientan lo que sintieron mis personajes, quiero que se enamoren, que sientan envidia y deseos de matar, de amar, odiar y que el cuerpo de mis lectores reaccionen ante estas emociones (causar escalofríos, inquietud, piel de gallina, latidos fuertes, tensión de labios y mandíbula, calor, etcétera). Eso es porque, para mí, las novelas son puertas que no solo son para que los lectores aterricen e interactúen en los mundos que creé sino un acceso mutuo en donde mis personajes tengan voces propias y sean ellos también los que se asomen y habiten el imaginario de mis lectores.

Por lo pronto, los veo hasta el próximo ejercicio. Estén atentos porque planeo compartirles uno de mis podcasts favoritos sobre escritura creativa aquí en el blog 🙂

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PD: Estaría genial que escribieran en un comentario lo que contestaron #JustSayin 🙂

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¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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[Cuento] Caperucita noche

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─ ¡¿Quién te manda a andar de lambiscona?! Ser la favorita no tiene tantos beneficios, mija”

Bere estaba celosa, sabía bien que los beneficios son muchos. Carlota no me entregaba a cualquier hombre; constantemente recibo obsequios de su parte y hasta me involucraba en el proceso de selección de las chicas nuevas. Esa noche Carlota tenía una migraña horrible; pensó que había perdido el portafolio con los archivos de las niñas nuevas y de la preocupación, la cabeza le empezó a doler de manera incontrolable.

─Quiere que vayas tú. Ten─ me dijo Bere mientras me pasaba el portafolio─ tápate y vete con cuidado.

Por más celos que me tenga, por más molesta que esté conmigo, admito que Bere siempre se ha preocupado mucho por mí. Tomé mi chaqueta negra de piel, mínimo iría un poco abrigada en la parte de arriba porque el vestido corto que traía puesto no sería de ayuda. La casona no estaba tan lejos, entiendo que a Carlota se le haya hecho fácil pedir que le llevara los archivos. Deseaba poder camuflajearme con la noche, al fin y al cabo iba toda de negro. Luego noté mi pinche vestido lleno de lentejuelas brillantes que pedían a destellos que alguien llegara a violarme en la noche. Intente tranquilizarme y retomar la compostura. Venía pensando en los charcos por los que saltaba y en lo buena que soy para usar tacones, pensaba en las luces de los semáforos con gotas de pos lluvia en sus reflectores, pensaba en los ladridos y en los animales sin casa que dormían en las banquetas. Pensaba en casa cuando sentí como un auto empezaba a seguirme. El motor me gruñía, ese gruñido inigualable; era el pinche Sergio en su Lobo. Intenté acelerar el paso pero resultaron intentos vanos; Sergio me alcanzó y sin detener el auto continuó siguiendo el ritmo de mis pasos. Bajó el vidrio del auto.

─ ¿A dónde la llevas, lindura?

Qué hombre tan chocante. No sé por qué lo hice pero le explique sobre las fotos de las chicas nuevas que Carlota seleccionaría. Pensé que tal vez eso haría que me dejara en paz. No fue así.

─ ¡Si ya le dije a la pinche vieja esa que te quiero a ti chingados!─ me sonrió, desafortunadamente lo pendejo no le quitaba lo guapo─ ¿por qué se complica, eh?

Lo ignoré y eso no le gustaba, pero él insistía. En otro universo si el Sergio fuera menos lo que intenta creerse, tal vez sí me iría con él.

─ ¡Dianita, súbete, yo te llevo!─ Seguí ignorándolo. Así continuó por largo rato. Pensé que nunca se cansaría.

─ Pinche puta difícil ─ evite reaccionar ante el comentario─ a ver a qué hora llegas ¡Eres mía, Diana!

El sonido ensordecedor del motor de su lobo me hizo dar un pequeño salto y un grito ahogado. Vi como aceleró y daba vuelta hacia la calle de la casona. Tal vez iría a quejarse con Carlota.
Sergio siempre había tenido un interés por mí, pero lo corrompieron de la manera en la que solo el dinero sabe hacerlo. Dice que lo había hecho por mí. Si acaso llegue a sentir algo por él, ahora era imposible encontrar siquiera el interés en platicar con él.

Yo llegué a la casa y el alivio llegó a mí. Con las uñas que Carlota me mandó hacer, toque el altavoz y el timbre. Amaba la casa de Carlota.

─ Señora Carlota, soy Diana. Le traigo los papeles que me pidió.

─Adelante, Diana…─ Enseguida se escuchó cómo el seguro se quitaba de la puerta y se dejaba oír un zumbido. No pude evitar notar algo extraño en el tono de Carlota.

Cuando entré a la casa, todo parecía estar en orden. Llamé a Carlota pero no hubo respuesta. Luego oí a Carlota diciéndome que fuera a su habitación. La migraña de seguro la estaba matando. Lo bueno que ya le había traído lo que necesitaba; consideré quedarme para atenderla y ver en qué podía ser de ayuda. Caminé por el pasillo, algunos de los cuadros estaban en el suelo; los coloque de nuevo en su lugar. Escuché un zumbido. Llegué a la habitación y entré.

─Acércate, Diana. Acércate, por favor Diana… Acércate, Diana.

─Carlota ya no se preocupe, aquí le traigo lo que me pidió─ dije mientras colocaba el portafolio en una mesita de centro─ ¿cómo sigue?

Me había quedado parada, Carlota estaba recostada en esa gran cama. Sonreí y me acerqué.

─Acércate, Diana. Acércate, por favor Diana… Acércate, Diana.

─No se preocupe Carlota─ me senté en la cama─ sabe qué, le traeré un té.

Iba a hacerlo pero Carlota insistía en que me acercara. Caminé hacia la cabecera de la cama y la vi. De inmediato me quedé helada. Carlota seguía insistiendo que me acercara, pero sus labios no se movían. Comencé a temblar y de forma instintiva, descubrí su cuerpo. La cama estaba empapada de sangre y justo a un lado de ella había un celular reproduciendo una grabación que insistía que me acercara. Quería gritar pero no podía. Me arrodillé en la cama y empecé a llorar. Me estaba quitando la chaqueta pero me detuve de inmediato, sentí algo en la nuca. Sabía lo que era, no había sido la primera vez que me ponían un arma en la cabeza.

─No te la quites, la vas a necesitar─ era Sergio, pero su tono de voz era un tono que jamás había escuchado venir de él; Sergio lloraba─ perdón, Diana.

*******

─Así pasó, es lo que recuerdo. No, no quiero hablar de lo demás.

─Tenemos que escuchar su testimonio, señorita. Tenemos que saberlo todo.

─ ¡Si ya lo saben! ¡No veíamos películas, no hablábamos de amor, no hacíamos el amor! ¡El pendejo me violó no sé cuántas veces! ¡El hijo de su puta madre se lo merece!─ me jalo los cabellos y volteo a ver a todos; detengo la mirada en uno de los oficiales, nunca olvidaría su rostro─ Sólo me muero del puto coraje que no haya sido yo quien lo mató.

O. M.


Este ejercicio lo hice en clase de composición. El maestro hizo que exploráramos el cuento de Caperucita Roja, pensáramos en otro color y elaboráramos otra historia con base en ese color pero manteniendo la premisa original ¡Muchas gracias por leer!