Soy un gerundio

Querido *,

Creo que nunca te conté aquella historia en donde logré evitar una vergüenza muy grande en la clase de español superior. Aunque debo aclarar unas cosas que tal vez podrían interpretarse como “justificar mi ignorancia” (aunque admito que hay algo de eso):

  • No soy muy bueno en gramática (ni español, ni en inglés).
  • Hasta en el momento de ese acontecimiento, no solía tener el prúrito/curiosidad de resolver mis dudas gramaticales.
  • En el trancusro del bachillerato técnológico, mi cercánía a la gramática y a la lectura, era escaza.

Un día, mi roommie estaba contando una anécdota en donde su mamá había tenido una discusión con su vecino. El pleito tomó vuelo y pronto empezaron a salir los insultos y una de las cosas que le gritó su mamá al vecino fue “¡Gerundio!”. Mi roommie también utiliza la palabra gerundio con frecuencia para referirse a las personas vagas o a los indigentes. El caso es que empecé a relacionar la palabra gerundio al aspecto descuidado o personas vagas, y pronto empezaba a utilizar la palabra con esa connotación.

Tiempo después, en la clase de español, los comentarios se dirigieron hacia “el gerundio”. “Porque estarán hablando sobre indigentes”, pensé “De seguro, la palabra gerundio tiene otro significado”. Luché un poco por no preguntar qué era un gerundio enfrente de la clase, y hasta preferí ni siquiera preguntárselo al maestro, porque al escuchar a mis compañeros, obvio que era un término con el que yo ya debería haber estado familiarizado. Me esperé y en cuanto llegué a casa, busqué la definición. No aparecieron fotos de indigentes o jóvenes vagos. Pero sí habían definiciones similares a esta

El Gerundio es una forma no personal del verbo (como el Infinitivo o el Participio) que indica que una acción está en desarrollo.

En español el gerundio se forma añadiendo al lexema del verbo los siguientes sufijos:
-ando: caminando, cantando, jugando,…
-iendo: corriendo, entreteniendo, riendo,…
-yendo: oyendo, proveyendo,…

Fuente: Gramaticas.net

Fui prudente en no preguntar, igual y no hubiera pasado nada, ni se hubieran burlado de mí, eso nunca lo sabré. Hasta la fecha, suelo contar esta historia entre risas. Te la he contado a ti porque siento que ya tenemos la confianza suficiente para contarnos estas cosas. Espero que estes bien.

Atentamente,

El gerundio.


Me voy a graduar… ayuda

Hace aproximadamente cuatro años, en una noche templada, en la barra de una cafetería, mientras escuchaba los poemas de unos amigos; conocí a tres adultos mayores con los que tuve la suerte de coincidir cuando yo me encontraba en un momento de muchas dudas. El Oscar de aquel entonces estaba por graduarse de la preparatoria y preparándose mentalmente para visitar una comunidad rural a las afueras de su ciudad. Estaría ejerciendo un servicio comunitario para obtener un apoyo económico para seguir estudiando. Pero Oscar tenía dudas sobre qué iba a hacer una vez que terminara ese servicio. Ahí es donde entran en acción estas tres personas.


La importancia de un mentor

Quise escribir esta entrada para hacer énfasis en la importancia de tener un mentor o guía. En mi caso estas tres personas me ayudaron a aclarar muchas dudas a través de sus palabras, sus perspectivas más amplias y enriquecidas de experiencia. Sentía que veían en mí algo que yo no lograba distinguir. Sus anécdotas me dieron ánimos y hacían que los obstáculos se vieran pequeños.

Hace unos días visité a uno de ellos y a pesar de que la plática fue muy agradable, me quedé con dudas acerca de qué debía hacer. Estas cuestiones que merodean desde hace ya unos meses en mi cabeza, tiene que ver con el hecho de que ya estoy por graduarme de la universidad y quiero tener alternativas de lo que podría hacer después. Me preguntaba si debía regresar a mi ciudad natal o si debía seguir preparándome o seguir trabajando en esa otra ciudad que ya pasó a ser como otro hogar. Mis pensamientos, viendo cada vez más cerca el final de la licenciatura, divagaban en cosas relacionadas al trabajo, rentas, hobbies, sueños, lo que deseo hacer y “lo que debo hacer”. Ante tantas interrogantes, pensé en ellos, “Si me ayudaron hace cuatro años cuando salí de la prepa, tal vez puedan ayudarme ahora”. Si uno de ellos no logró disipar todas mis dudas, aún podía ir con las otras dos personas, la pareja que me motivó a irme a estudiar lo que quería. Lo que me agradaba de conversar con esta pareja, es que ambos comparten la característica de una mirada atenta al escuchar al interlocutor, y una forma de hablar que oscila entre la comprensión, intelecto y lo provocador. Una voz interior me pedía a gritos que los buscara, necesitaba escucharlos.

Una tarde, decidí mandarle un mensaje a la señora, me contestó, agendamos día, llegó ese día, toqué el timbre y de pronto ya estaba en la sala de estas dos personas, intentando responder a la pregunta “¿Cómo has estado?”. Decido no profundizar y espero el momento indicado para decirles “Quería platicar con ustedes porque los veo como mis mentores y esperaba que al escucharlos podría aclarar un poco mis dudas”. Les compartí mis inquietudes sobre querer explorar la danza, mi interés por el sector cultural de mi ciudad natal, sobre mis temas de tesis y lo importante que es para mí el decidir por lo mejor (tanto profesionalmente como a nivel personal). Pasaron las dos horas que pensé que tardaría mi visita y pasaron otras dos más y la plática pudo haber seguido. Pero luego del café y la comida que me invitaron y más que nada, luego de esas palabras que tal vez para ellos resultaba irrelevante o como un consejo más para un joven, para mí eran joyas que iluminaban un poco la oscuridad de la duda.

Salí revitalizado, con una motivación desempolvada y una sonrisa. A ratos pienso que parte de lo que ellos me aconsejaban, son palabras en mi interior que yo ignoro por temor a cometer un error, pero al escucharlo desde otra voz, me hace sentir que todo saldrá bien. Ver que ellos creen en mí, me hace reconocer que tiendo a menospreciar mis capacidades. Ahí con ellos, las barreras pasan a ser oportunidades para ser un mejor profesionista y mejor persona.

Me di cuenta que regresar a mi ciudad natal, era eso, un retroceso y que lo había considerado por ser “práctico” (mediocre, pues). De pronto, la idea de incorporarme a una academia de danza no parecía errado, el querer seguir con la maestría, hacer tesis, aplicar para un posgrado en el extranjero, de pronto todas y cada una de esas opciones están al alcance de mi mano. Solo debo ser sincero conmigo mismo, hacer una introspección y analizar qué es lo queyo quiero.

Finalmente, me agrada saber que a pesar de todo, mi realidad sigue ahí y la contemplo como un medio, no como obstáculo. La finalidad de esta entrada es compartirles a muy grandes rasgos la experiencia que me llevo cuando tengo contacto con gente tan sabia, moral e intelectualmente. Ellos mismos me dijeron que no viera sus comentarios y consejos como algo que debía hacer, sino que tomara lo que me sirviera cuando tuviera que elegir un camino. Eso es un mentor, alguien que te aconseja, guía, que te hace ver tus fortalezas y que te impulsa a ser mejor. Puede que ese mentor sea un familiar, un amigo, un maestro o alguien que conozcas en un café durante la lectura de poesía de tus amigos.


PD: Tal vez para algunos, el relacionarse con adultos mayores, lo vean como algo "anticuado", pero en mi experiencia, yo he recibido los mejores consejos de parte de ellos.


¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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Estudio literatura y no leo tanto como creen

—¿Y qué estudias?

Oscar podía sentir hacia donde desembocaba esa conversación, pero aun así contestó.

—Literaturas hispánicas— dijo mientras esbozaba una sonrisa.

Tres.

Dos.

Un…

—¡Ah, qué padre! ¿te gusta leer mucho, entonces?

Oscar sigue sonriendo, lo bueno es que ya ha vivido varios momentos como estos.


Confesión de un literato

La conversación anterior suele ser común y se entiende que la gente dé por sentado o reitere lo que a veces parece ser obvio. Pero también entiendo que habrá quien se pregunte “¿literatura? ¿qué es eso?” como un interés genuino por saber al respecto o curiosidad. Seguido de eso se preguntarán “¿por qué alguien estudiaría algo así?” y aquí ya todo es más subjetivo. Entré a la carrera con intenciones de escribir, (des)afortunadamente las cosas se dejan claras desde un principio y nos dicen que la universidad tiene un enfoque a la do-cen-cia. Y no es que me moleste eso, en realidad me gusta mucho, ademas de que hay otras especialidades muy interesante: investigación, crítica, promoción cultural, edición y corrección de estilo.

Aunque es curioso que a pesar de que el perfil del aspirante a la carrera debe incluir un gusto por la lectura, el perfil de egreso de varios es de no tener el mismo ahínco por la lectura como solían tener. Comentaba con una amiga que muchos de los egresados de la carrera no leen tanto y no hablan de literatura. Claro, esto es desde un aspecto generalizado y que tal vez se deba a que varios de los egresados no se dedican a áreas de especialización con las que salen de la universidad.

Anteriormente escribí acerca de esto en ¿Cómo llegué al quinto semestre de la licenciatura en literatura hispanoamericana sin haber leído a Juan Rulfo? y me doy cuenta que la lectura es un aspecto que funciona tanto como maestro y escritor. Gracias a la lectura, las ideas surgen; se estimula un aspecto creativo en el imaginario mientras leemos, tanto en la construcción abstracta del mundo que se construye en la narración o el poema y el imaginario propio que parte del mismo espacio-tiempo del texto. En ¿Qué deberían leer nuestros próximos alumnos? se hace un listado de cuentos que pueden ser un buen inicio para acercar a los estudiantes a la literatura. Y es aquí donde la lectura, el aumento del acervo literario y las referencias cumplen con un papel importante en cualquier área a la que se desea dedicar un estudiante de literatura. Pero hasta ahora solo he mencionado lo que estaría bien leer y lo que se debería hacer como docente y escritor: leer.

Decir es una cosa, hacer es otra

No leo tanto. A veces no leo más de una hora al día, a veces no leo más que artículos en Medium o mensajes de Whatsapp (o alguna otra cosa “banal”). Pero si alguien me pregunta si me gusta leer, no lo dudaría ni un segundo y le diría que sí. Las novelas del romanticismo han sido mis favoritas en la carrera y no se me dificulta nada, leer novelas de ese género. Entonces quiero pensar que aun conservo el toque para ser ese aspirante eterno de ser un literato.

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Imagen: Pexels

PD: Perdón por escribir esta entrada que fue como confesión y palabras de incertidumbre ante la duda de haber perdido mi lado lector.

Querido sexto semestre

Querido sexto semestre,

Quisiera empezar por hablarte de mi relación anterior con el quinto semestre. Las cosas no estuvieron muy bien, aunque quedamos en buenos términos. Cuando empezamos a salir, todo parecía indicar una exitosa relación. Platicábamos, salíamos al siglo XVIII, fuimos a Perú, nos decíamos miles de cosas románticas, le escribía cartas y leía las suyas, íbamos al cine, me tomaba de la mano y me pedía que leyera; que le leyera “Lee, lee”, me decía. Hubo un momento en la que caí a sus pies llorando, hubo otros en los que pensaba en el suicidio, pero eso era demasiado romántico, más tarde descubrí que ella intentaría arrojarse a las vías del tren. Viajamos al Siglo de Oro, le recité los más hermoso poemas y me di cuenta de que la femme fatale estaba en todas partes. Me fue infiel múltiples veces. Al final, a pesar de que sentía que todo iba a nuestro favor, al culminar nuestra relación me di cuenta que fue la relación más baja y vil que había tenido en la universidad.

Te escribo esto para que entiendas mi fatiga, pero a pesar de eso, me gustaría que viajemos a otro siglo, llévame a conocer otras letras, otras páginas, nuevas historias y mundos que me apoyen en el descubrimiento del nuestro. Llévame a Cuba, Argentina, Uruguay, viaja conmigo a México, a su siglo XIX y descubre conmigo los secretos aun por descubrir. Pasemos por el romanticismo y así otorgarle una nueva oportunidad. Vayamos a Rusia, a Japón, Francia donde nadie conozca de nosotros. Querido sexto semestre disfrutaré de ti porque siento que hay más por venir.

Te odio 💚

Atentamente,

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Diario de un estudiante de letras | De cuando repruebo

Querido *,

El fin de semana está por terminar y sólo faltan tres días para entregar los trabajos de Dionisio ¿recuerdas que te dije que estaba batallando un poco? Pues, ahora ya no sé qué pasa. Es muy probable que haya cedido a la idea de no poder formular nada para un análisis decente. Entonces sustituí los intentos de análisis para hacer una evaluación e intentar ver  qué diablos pasa por mi cabeza cuando decido no hacer un trabajo que sé que si no entrego, me hará reprobar.
Bueno, empecé por una recapitulación académica; recordando el número de veces que haya reprobado una materia. Me di cuenta que en realidad, así de “reprobar”, pues no, nunca. Sí hubo calificaciones que rosaban demasiado con el cinco, pero de ahí en fuera, no. La única explicación que encuentro es que, como ha sucedido en casos anteriores, me abrumo por la cantidad de trabajo y en lugar de terminarlos, no mas no lo hago.

Dionisio impartió su clase, yo asistí, participé y en verdad disfruté de los poemas que se analizaron en clase. Creo que el problema fue que terminé estrellándome con la pared abstracta de la poesía, de su consistencia semántica y el caótico mundo de interpretaciones. No logré sentar ideas concretas. Como digo, no es que no me haya gustado la materia; todo lo contrario, creo que ha sido una base fundamental para explorar a fondo el material bibliográfico de la materia y conocer más de lo que es la poesía. No sé si repruebe en sí, pero será algo muy similar… creo. Sólo sé que esta incertidumbre terminará junto con el semestre, y para eso aun faltan unos cuantos días.

¿Recuerdas los viajes interpretativos con Dionisio?

… me pregunto si no me embriague de poesía.

No lo sé, ahí luego te digo.

Hasta pronto, *, espero que esté bien. Saludos.

Atentamente,

Firma

Estudiante de Letras

 

Hoy vi a los literatos saltar

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Querido *,

Hoy los literatos saltaron la cuerda. La verdad siempre me resulta atrayente y agradable ver a mis colegas hacer uso del jardín. Me es reconfortante verlos correr por el pasto; como cuando llovió. El día de hoy no fue la excepción aunque no haya sido mucho el tiempo el que estuvieron saltando, el hecho de verlos ahí, corriendo, me hacía sentir bien… me sacan un momento de la realidad. Veamos, les escribiré algo. Espero te guste.


 

Al ritmo de un son, tal vez del compás
Cada salto, cada sonrisa,
Me remite a esa infancia que quedó atrás.

Veo la cuerda de un extremo a otro,
Entre gritos y risas,
Esos pasillos callados caían en un alboroto.

Tanto fue la felicidad de ver a los literatos saltar,
Que hoy querido *
Agrego estos versos que espero algún día me puedas recitar.

Atentamente,

Firma

Estudiante de Letras

 

 

Recomiéndame un libro

 

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“la lectura no debería ser una obligación, algo impuesto. Debería, a mi parecer, ser una actividad consciente, elegida; por ende: disfrutable”.

Por Elvia Isabel Castro Cruz

Siempre que menciono que estudio literaturas hispánicas, automáticamente se abre una puerta al mundo de los libros en el oyente. La parte incómoda es cuando dan por sentado que conozco todo el mundo literario: géneros, autores, premios, etc. La plática se dirige a una especie de entrevista que debo sortear lo mejor que puedo. Una de las preguntas que me causa más desasosiego es: ¿puedes recomendarme un libro? Juro que no sé la respuesta. Mi cabeza da vueltas unos segundos intentando adivinar qué tipo de lectura puedo recomendar, trato, a menudo, que sea contemporánea. Quisiera poder ayudar, desmitificar que la lectura es aburrida, pero sin tener conocimiento previo de los gustos de la persona, es arriesgado.  Y por si esto no fuera lo suficientemente molesto, el receptor inicia un diálogo de reciprocidad recomendándome libros; sin yo pedírselo, sin conocer mis gustos. Sé que podría resultar en una charla agradable, pero la mayoría de las veces no es así.

Admiro a los promotores del fomento a la lectura, a los que hacen posible la siembra de libros, a los que crean clubes de lectura, a los que les leen a otros, a los que traducen libros a otras lenguas para hacerlos accesibles a todos, a los que organizan ventas de viejo. No admiro a los que crean programas para leer 20 minutos al día, como si la lectura pudiera contabilizarse como una vil mercancía, a los que creen y comparten la idea de que leer te hace un ser superior, a los que van por la vida comprándose libros para adornar su biblioteca. A ésos, no.

Me he dado a la tarea de investigar, y superar el trago amargo de la sentencia: Recomiéndame un libro. Ha sido una bella sorpresa encontrar la página web http://unlibrocadadia.es/ (hoy en desuso); la sección de libros de la revista Letras libres y, algunas más por ahí.

En conclusión, la lectura no debería ser una obligación, algo impuesto. Debería, a mi parecer, ser una actividad consciente, elegida; por ende: disfrutable.

 

Primer día de clase II

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Y la puerta se abre para un nuevo semestre.

Luego de aproximadamente un mes de vacaciones, regreso al aula 104 del Olimpo 15.9. Dejando a un lado los alias, escribiré acerca de este primer día de clase, no porque tenga algún tema en especial qué abordar, sino que solo sera eso: una narración de cómo fue este primer día. Dejando a un lado la inundación de imágenes de David Bowie, cantante súper famoso (creo que lo fue), que no conocía, hoy recordaré el día de inicio de clases como el día en el que una amiga me presentó a dicho cantante… será “El día en el que conocí a David Bowie… y entré a mi segundo semestre de la carrera”. Este semestre contiene, aparte, muchos dos, la materia de grecolatina II, español II, introducción a los estudios literarios II y taller de redacción II, la neta, siento que voy subiendo de nivel.


 

La madrugada oscura y el tercer piso

Es raro que yo le gane a mi alarma, pero hoy fue uno de esos días. Los motivos de mi temprano despertar pudo haber sido una acumulación de emoción y miedo, una ansiedad de querer ver a amigos, maestros y compañeros. Así que hoy experimenté más a fondo mi rutina, me levanté, desayuné y me bañe (normalmente primero me baño, pero estaba ocupado por unos de mis roommates). A pesar de la emoción, ese no fue el motivo por el que estuve saltando durante la ducha, era el agua, que siempre causa ese escalofrío 3D al tocar mi espalda. Por un momento pensé que nunca había salido de vacaciones, que siempre había sido rutina, igual que siempre, pero sabía que no lo era, eso me hizo sonreír mientras me lavaba los dientes.

Otra cosa que me sorprendió fue el sol, eran casi las siete ¡y aún no salía! Aun se veían las estrellas. Mi primera clase la tenía arriba de un edificio, en el departamento de arquitectura. La vista no era muy sorprendente, ya que el sol seguía sin salir. Uno a uno, empecé a ver a mis compañeros de clase, sí, no era la rutina. Platicamos y lo único que me molestó, no fue el hecho de que el profesor no haya llegado, sino el no haber tomado una foto a una gran parvada de aves que salían en la mañana a no sé, ¿divagar? ¿trabajar? no lo sé, era muchísimos. En Hermosillo, en el atardecer, se pueden observar esas aves volar (no sé cómo se llamen) y es un verdadero espectáculo, pero estoy seguro que no veré una parvada igual.

Al salir, le tomé una foto a un amigo que se puso a explorar el tercer piso de arquitectura. Más tarde nos venimos a enterar que esta clase la estaban impartiendo ¡en nuestro salón, a la misma hora!

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Estoy considerando pedir un cambio para llevar la materia en mi propio salón, pero les aseguro que son dos cosas las que me detienen: 1) Quisiera ver un amanecer desde allí 2) No me molestaría ver más parvadas matutinas de aves. Pero ese motivo puede o no cambiar, pero por el momento, no creo que lo haga. Allí en esa área hay ilustraciones, hasta en el suelo. Aquí una:

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Amigos, compañero y maestros

No sabía que extrañaba ese extraño aroma del pasillo, acompañar a mis amigos a la tienda, las voces de algunos compañeros, las bromas del maestro de introducción literaria, y el análisis de oraciones hasta que estaba enfrente de ellos o escuchándolos. Agradable fue, tener a las personas que estimo, cerca. A pesar de sentirme extranjero, me sentí parte de ello. Ese sentimiento de pertenencia terminó ahogando al extranjero que se había quedado en las vacaciones, ya me había caído el veinte, hasta en ese momento, al estar escuchando la primera clase, sabía que era el primer día de clase.

Rumbo a la tienda, estaba esto:

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Rodeada de flores.


 

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Fuera de que me regalaron un chocolate Ferrero Rocher durante la primera clase, de que me darán la clase de latín, de que tengo las clases de un profesor libres toda esta primera semana y de que vamos a hacer una encuesta acerca de cuántas personas han leído el Quijote, no hay otra cosa qué decir.

Probablemente esta entrada no la hubiera escrito de no ser por qué mi decisión de entrar a trabajar me haga apreciar más el tiempo con mis amigos y las clases. Además de las salidas a eventos culturales.

Unos minutos antes de llegar a casa, más o menos a la hora en la que las aves vuelan por el atardecer, me encontré a unos compas verdes por los árboles del departamento de letras y lingüística:

DSC07739 ¿Ya entraste a la escuela? ¿Cómo te sentiste? ¿Fue normal o había algo especial?

 

 

 

Entonces mi análisis ¿está bien o mal?

Querido *,
Hoy Ares nos puso a prueba, de tal forma que su examen abarcó la clase de Artemisa, ya que eran muchas cosas; aunque a decir verdad, el contenido del examen no eran cosas complicadas. Algo que me preocupa más que el examen de Ares y mis reslutados, es el examen del dios certero, Apolo. Pero no es lo que te quiero decir, ya que lo que realmente deseo que conozcas es mi actual afligimiento, lo cual involucra las clases de Dionisio.

Me resulta algo bloqueador intentar hacer el análisis que nos solicita sobre un cuento llamado “¡Diles que no me maten!” de Juan Rulfo, ¿por qué bloqueador? ahora mismo justifico eso, siento que lo que escriba no va a estar “correcto”, a pesar de lo que dijo hoy, que “las interpretaciones que hagan, no están mal, sino que deben ser pertinentes”. He llegado a la conclusión que el “bloqueo” por pensar que lo que escriba esté mal, no tiene nada que ver con la metodología que Dionisio ejerce durante su clase, sino que es algo personal, algo interno.

Suelo pensar que la extensión  de un texto es importante, pero hoy, Dionisio dijo algo que me llamó mucho la atención, algo sencillo, pero cierto en cuanto a al hecho de pensar que mientras más extenso el texto, es mejor.

¿Para qué meter tanta paja si cualquier cerillo lo incendia?

Tiene razón, no sirve de nada elaborar un texto largo y con fundamentos poco contundentes. En fin, iré a ver cómo me va.

Hasta pronto,

Firma

Estudiante de letras.

Dionisio y los estudios literarios

Querido *,
Quiero presentarte a Dionisio, mi maestro de estudios literarios. Dionisio asegura tener demencia senil, la verdad, desconocía la forma en la que la palabra “senil” moldeaba a “demencia”, una palabra de la que sí tenía una idea más o menos clara de lo que quería decir. Es por eso que a continuación cito la definición de la demencia senil:

La noción de demencia senil hace referencia al trastorno de la mente que aparece en la ancianidad. Se trata de un síndrome orgánico que se caracteriza por el deterioro de la memoria, trastornos del juicio y del pensamiento abstracto y alteraciones de la personalidad. Definición.de

Puede que exista una alta probabilidad de veracidad, a veces no sé si lo dice de juego o realmente es un demente senil. Pero bueno, el caso es que Dionisio es de los dioses más carismáticos y apreciables del Olimpo 15.9

rAYA

Los libros son las uvas de Dionisio, de ellos extrae el vino, lo que conlleva a las lágrimas, al enojo, al miedo, dependiendo de la cosecha del libro y la cantidad que tomes. Así que era importante que el proceso de introducción al vino fuera imparcial en el impacto. El dios nos proporcionó un pergamino y entre los párrafos, había uno que leía:

Propósito:
Introducir a los alumnos en el manejo de una nomenclatura básica de la disciplina llamada literatura, con el fin de que reconozcan las diferentes instancias y fenómenos que constituyen un texto literario narrativo, y así puedan realizar un análisis de la obra literario en términos técnicos y metodológicos de lo que ocurre en el proceso de la lectura.

En el proceso de introducción, hubo días en las que la clase se embriagaba tanto con el texto, que muchos llegaban a perderse, otros filosofaban y otros tantos caían en somatización. La embriaguez corría por nuestra cuenta, ya que Dionisio nos trajo el vino y nos mostró una nueva manera de beber. Generábamos más interpretaciones que un oráculo, sentíamos fiestas divinas cuando lográbamos conexiones a la vid de la literatura.

CC Nicolas Garay
CC Nicolas Garay

*, ¡si te dijera la emoción que siento en la clase! una verdadera embriaguez. Había días que mi corazón se aceleraba tanto que me alegraba infinitamente de estar en el Olimpo 15.9
Deseo con tanto fervor que los demás mortales sientan el mismo éxtasis que siento cuando me sumerjo en el vino de un texto.

Esta por demás decir que la clase de Dionisio es de mis clases preferidas, sin ofender las clases de Hefesto, Artemisa, Atenea, Apolo, Ares y Morfeo. Sabes *, Dionisio resultó ser además, mi tutor; algunos, tuvieron que viajar a tierras lejanas a conocer a sus tutores, yo no, ahí mismo en el Olimpo 15.9 está. Conocí su cultivo de vides y selección de vinos, es bastante interesante su repertorio.

rAYA

Hace bastante que no escribía, espero ser más frecuente. Hasta pronto *

Atentamente,

Firma

Estudiante de Letras