Una mariposa en la llanta de mi bici – No. 2

El sol de otoño se siente diferente, no es un grito, no es silencio, es más como la voz tímida que canta en el karaoke con las suficientes notas agradables como para decir que canta bien. Eso pensaba mientras sentía el calor a mis espaldas al pedalear rumbo a mi destino. También pienso en lo mucho que disfruto el otoño y el invierno, veo pasar una mariposa color naranja. Había visto varias mariposas últimamente, de varios colores: azules, amarillas, las mariposas monarcas y negras. La mariposa naranja volaba a mi velocidad y altura, con un par de gotas en mi frente, vi cómo se acercó volando a la llanta de mi bici y de repente ya no estaba. Pensé que tal vez la había matado con los giros de la llanta, porque cuando volteé para buscarla, no la podía visualizar. La idea de matar una mariposa con mi bici, sentía que demeritaba las capacidades de estos insectos, luego recordaba que yo no sé nada sobre mariposas. Tampoco se nada de física como para calcular que las dimensiones de una mariposa puedan ser afectadas en comparación con el tamaño y la velocidad de una bicicleta en movimiento. Curiosamente, no es la primera vez que una mariposa vuela a mi lado mientras voy en bici, me acompañan y de repente desaparecen. Solo sigo mi camino, pensando si fueron los giros de mis llantas la que la ahuyentaron o fue en un parpadear, tal vez un descuido en el que la mariposa tomó otro camino.

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Luna llena en piscis y una vaca muerta

Este 20 de septiembre a 3 minutos para que se termine el día, la luna llena en piscis me dice que no deje que el exceso de sentimientos ciegue mi realidad. Medito acerca de esto y pienso en aquella vaca.

Hace ya algunos años mi mamá, mi hermana y mi padrastro, fuimos a visitar a una familia que vivía en un rancho a las afueras de la ciudad. El lugar estaba cerca de la carretera pero a excepción de los caballos y el paisaje que estaba más allá de los límites que me permitían andar, no había otra cosa interesante. Bueno, ahora que lo recuerdo, habían matado a una serpiente cascabel que luego rellenaron con piedras, era pequeño y algo así pudo haber sido “atractivo”, pero no lo fue. Creo que de no haber sido por aquella vaca, la serpiente rellena de piedras habría sido la historia destacada de ese viaje.

Antes de eso, no recuerdo haber visto a la vaca en otra parte. No era una vaca muy grande. Sigo pensando que los adultos involucrados, incluyendo a mi mamá, debieron ser un tanto cuidadosos para revisar que no hubiera niños alrededor. Como nadie lo consideró, pude ver cómo ataron a la vaca de las patas traseras y la manera en la que la elevaron. Se movía desesperada, yo no estaba boca abajo, pero aún recuerdo las pulsiones que sentía en el pecho, los latidos golpeando. Ahora pienso en esa vaquita, cuando le pasaron un enorme cuchillo, los ruidos guturales que emitía, sonidos ahogados de un dragón vencido o el último gemido de un bebé aplastado.

Para mi desgracia, hubo algo que un señor dijo, lo cual amarró mi mente a ese suceso que acababa de presenciar. Tal vez tenía los ojos muy abiertos, tal vez mi tristeza se desbordaba a través de ellos, solo lo escuché decir “Metan al niño porque la vaca no se está muriendo porque él le tiene lástima”. Segundos después sentí las manos de mi mamá, y aún recuerdo haber volteado, y encontré la mirada que se me quedaría grabada hasta la fecha. La vaca tenía los ojos brillosos, seguía gimiendo y girando boca abajo.

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