Una mariposa en la llanta de mi bici – No. 2

El sol de otoño se siente diferente, no es un grito, no es silencio, es más como la voz tímida que canta en el karaoke con las suficientes notas agradables como para decir que canta bien. Eso pensaba mientras sentía el calor a mis espaldas al pedalear rumbo a mi destino. También pienso en lo mucho que disfruto el otoño y el invierno, veo pasar una mariposa color naranja. Había visto varias mariposas últimamente, de varios colores: azules, amarillas, las mariposas monarcas y negras. La mariposa naranja volaba a mi velocidad y altura, con un par de gotas en mi frente, vi cómo se acercó volando a la llanta de mi bici y de repente ya no estaba. Pensé que tal vez la había matado con los giros de la llanta, porque cuando volteé para buscarla, no la podía visualizar. La idea de matar una mariposa con mi bici, sentía que demeritaba las capacidades de estos insectos, luego recordaba que yo no sé nada sobre mariposas. Tampoco se nada de física como para calcular que las dimensiones de una mariposa puedan ser afectadas en comparación con el tamaño y la velocidad de una bicicleta en movimiento. Curiosamente, no es la primera vez que una mariposa vuela a mi lado mientras voy en bici, me acompañan y de repente desaparecen. Solo sigo mi camino, pensando si fueron los giros de mis llantas la que la ahuyentaron o fue en un parpadear, tal vez un descuido en el que la mariposa tomó otro camino.

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