El acto creativo tiene que ver con su contexto (#1 PAAC 2021)

Hoy inició el Programa de Actualización de Arte Contemporáneo y las preguntas junto con las reflexiones, no se hicieron esperar. Entre los propósitos de este espacio está el complejizar el pensamiento crítico para poder explicar el propósito de nuestro trabajo. Coordinados por Octavio Avendaño Trujillo, curador y crítico de arte, se asentaron las primeras preguntas:

  1. ¿Por qué te consideras artista?
  2. ¿Por qué no generas otra cosa o por qué no te dedicas a otra cosa?
  3. ¿Se puede pensar el arte como una forma de filosofía?
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La experiencia del tiempo a partir de la moda (Notas)

Sin duda que leer el texto ¿Qué es lo contemporáneo? del filósofo italiano, Giorgio Agamben, me ha movido y conmovido mucho. El texto reúne ejemplos de poesía, temáticas de antropología, desde aspectos fisiológicos de la percepción, la lingüística, la astronomía y demás, Me ha hecho pensar en mi tiempo o por lo menos ubicarme “mejor” en ella. Les comparto un fragmento en donde habla acerca de la moda y cómo se experimenta el tiempo a través de ella. Pero antes, les comparto otros fragmentos que he subrayado en el texto.

contemporáneo es aquel que tiene fija la mirada en  su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad. (…).  Contemporáneo es, precisamente, aquel que sabe ver esta oscuridad,  que está en grado de escribir entintando la lapicera en la tiniebla del  presente.

Giorgio Agamben

Agrego esa cita porque más adelante hace un comparación interesante sobre la percepción de nuestro tiempo y realidad, comparándolo con elementos de la neurofisiología.

“Una primera respuesta nos es sugerida por la neurofisiología de la  visión. ¿Qué cosa adviene cuando nos encontramos en un ambiente  privado de luz, o cuando cerramos los ojos? ¿Qué es la oscuridad que  entonces vemos? Los neurofisiólogos nos dicen que la ausencia de luz  desinhibe una serie de células periféricas de la retina, llamadas of-cells,  que entran en actividad y producen esa especie particular de visión que  llamamos oscuridad. La oscuridad no es, por lo tanto, un concepto  privativo, la simple ausencia de la luz, algo así como una no-visión, sino  el resultado de la actividad de las of-cells, un producto de nuestra  retina. Ello significa, si volvemos ahora a nuestra tesis sobre la  oscuridad de la contemporaneidad, que percibir esta oscuridad no es  una forma de inercia o de pasividad, sino que implica una actividad y  una habilidad particular, que, en nuestro caso, equivalen a neutralizar  las luces que vienen de la época para descubrir su tiniebla, su oscuridad  especial, que no es, de todos modos, separable de aquellas luces”.

Fragmento del texto ¿Qué es lo contemporáneo? escrito por Giorgio Agamben

La percepción del tiempo a través de la moda

Un buen ejemplo de esta especial experiencia del tiempo que  llamamos la contemporaneidad es la moda. Aquello que define a la  moda es que ella introduce en el tiempo una peculiar discontinuidad  que lo divide según su actualidad o inactualidad, su ser o su no-ser 

más-a la-moda (a la moda y no simplemente de moda, que se refiere  sólo a las cosas). Esta cesura, por cuanto sutil, es perspicua, en el  sentido de que aquellos que deben percibirla la perciben  indefectiblemente y de este modo atestiguan su estar a la moda; pero si  buscamos objetivarla y fijarla en el tiempo cronológico, ella se revela  inaferrable. Sobre todo la “hora” de la moda, el instante en el cual viene  a ser, no es identificable a través de un cronómetro. ¿Esta “hora” es  quizás el momento en el cual el estilista concibe el rasgo, la nuance que  definirá la nueva forma del vestido? ¿O aquel en el cual le confía al  diseñador y luego a la sastrería que le confecciona el prototipo? ¿O, más  bien, el momento del desfile, en el cual el vestido es llevado por las  únicas personas que están siempre y solamente a la moda, las  mannequins, que, sin embargo, justamente por ello, no lo están nunca  verdaderamente? Porque, en última instancia, el estar a la moda de la  “forma” o del “modo” dependerá del hecho de que las personas de carne  y hueso, distintas de las mannequins —esas víctimas sacrificiales de un  dios sin rostro— lo reconozcan como tal y lo efectúen en la propia ropa. 

“Joven del vestido verde” de Tamara de Lempicka (1931)

El tiempo de la moda es, entonces, constitutivamente anterior a sí  mismo y, justamente por ello, también siempre en retardo, tiene  siempre la forma de un umbral inaferrable entre un “no aun” y un “no  más”. Es probable que, como sugieren los teólogos, ello dependa del  hecho que la moda, al menos en nuestra cultura, es una marca teológica  del vestido, que deriva de la circunstancia en que el primer vestido fue  confeccionado por Adán y Eva después del pecado original, en forma de  un taparrabo entrelazado con hojas de higo. (Por la precisión, los  vestidos que nosotros vestimos derivan no de este taparrabo vegetal,  sino del tunicae pellicae, de los vestidos hechos de pelos de animales  que Dios, según Gen. 3.21, hace vestir, como símbolo tangible del  pecado y de la muerte, a nuestros progenitores en el momento en el  cual los expulsa del paraíso.) En todo caso, cualquiera fuese la razón, el  “ahora”, el kairos de la moda es inaferrable: la frase “yo estoy en este  instante a la moda” es contradictoria, porque en el momento en el cual  el sujeto la pronuncia está ya fuera de la moda. Por ello, el estar a la  moda, como la contemporaneidad, comporta un cierto “desahogo”, un  cierto desfasaje, en el cual su actualidad incluye dentro de sí una pequeña parte de su afuera, un matiz de démodé. De una señora  elegante se decía en París en el Ochocientos, en este sentido: “Elle est  contemporaine de tout le monde”. Pero la temporalidad de la moda tiene otro carácter que la  emparienta a la contemporaneidad. En el gesto mismo en el cual su  presente divide el tiempo según un “no más” y un “no aun”, ella  instituye con estos “otros tiempos” —ciertamente con el pasado y,  quizás, también con el futuro— una relación particular. Ella puede “citar”  y, de este modo, ritualizar cualquier momento del pasado (los años ’20,  los años ’70, pero también la moda imperio o neoclásica). Ella puede  poner en relación aquello que ha inexorablemente dividido, rellamar,  re-evocar y revitalizar incluso aquello que había declarado muerto.


¿Qué implica ser contemporáneo?

Fragmentos del texto “¿Qué es lo contemporáneo?” de Giorgio Agamben (2008)

El texto explora las percepciones y conceptos de Nietzsche en Consideraciones Intempestivas, en donde habla acerca de la toma de posición a partir del presente en el que estamos situados.

Nietzsche sitúa su pretensión de “actualidad“, su  “contemporaneidad” respecto al presente, en una desconexión y en un  desfasaje. Pertenece verdaderamente a su tiempo, es verdaderamente  contemporáneo aquel que no coincide perfectamente con él ni se  adecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual; pero,  justamente por esta razón, a través de este desvío y este anacronismo,  él es capaz, más que el resto, de percibir y aferrar su tiempo. 

Giorgio Agamben

Más adelante, añade: “Un hombre inteligente puede odiar a su tiempo, pero  entiende en cada caso pertenecerle irrevocablemente, sabe de no poder  escapar a su tiempo”. 

La contemporaneidad es, entonces, una singular relación con el  propio tiempo, que adhiere a él y, a la vez, toma distancia; más  precisamente, es aquella relación con el tiempo que adhiere a el a través  de un desfasaje y un anacronismo. Aquellos que coinciden demasiado  plenamente con la época, que encajan en cada punto perfectamente con  ella, no son contemporáneos porque, justamente por ello, no logran  verla, no pueden tener fija la mirada sobre ella. 

Giorgio Agamben

Este texto lo compartió Diego del Valle Ríos, uno de los instructores que conforman el Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Mis notas de su sesión aún están en proceso.