«La danza es un acto de amor»: Notas sobre Antares Danza Contemporánea

El siguiente texto se basa en las cápsulas Fases: La construcción del cuerpo de Antares Danza Contemporánea en el marco de las Fiestas del Pitic 2020 / Edición Virtual. Empezaré haciendo una reflexión sobre mi acercamiento al trabajo de Antares para contextualizar un poco desde dónde escribo. Luego haré algunas notas sobre cada una de las cápsulas de Fases.

Necesidad de movimiento

La primera vez que vi el trabajo de la compañía Antares, fue precisamente en las Fiestas del Pitic en su edición del 2016 o 2017 con Desatados. En ese momento no sabía lo que tenía frente a mí, era mi primer año como estudiante en la universidad y el movimiento artístico de Hermosillo creaba un amplio contraste con Agua Prieta, mi ciudad natal.

Durante mi último año de la carrera de literaturas hispánicas, mi cuerpo me empezó a pedir que lo moviera. Sí lo había hecho, siempre he bailado, pero nunca le había dedicado el tiempo para entrenarlo con el fin de bailar. Por mucho tiempo veía a la danza como mi lugar privado, mi intimidad. Me presentaba en todos los Floricantos (evento artístico de la carrera que se realizaba alrededor de 3 veces por semestre) y otros eventos; en cada presentación mi cuerpo generaba una energía que partía desde la catarsis. Hubo personas que se me acercaban diciéndome que lo que hacía estaba bien pero que me hacía falta entrenamiento para no lastimarme. Con el tiempo me di cuenta que era cierto, no solo me empecé a dar cuenta de las emociones que sentía, sino que fui consciente de el dolor de mis piernas, la brusquedad de mis movimientos, el impacto que tenía sobre mis rodillas al tirarme en el suelo, el dolor ocasional en mis hombros, así como raspones y moretones.

Al pasar el tiempo me di cuenta que debía darle algo de danza a mi cuerpo, así que empecé a asistir a las presentaciones de danza contemporánea de lo estudiantes de escénicas. Las comentaba, a veces aquí mismo en mi blog o con mis compañerxs. Un día, al estar viendo una presentación de danza (no recuerdo exactamente cuál fue) en el Foro de Bellas Artes, sentí que mi cuerpo empezaba a reaccionar ante lo que veía: mis piernas se movían impacientes, mi piel se me erizaba y empecé a sentir una presión en el pecho. Mientras sentía todo eso, pensaba «Yo debería estar allá arriba y no aquí. Mi cuerpo debería estar ahí, moviéndose». A raíz de esa experiencia, empecé a movilizar todo para ver si ingresaba a la carrera de escénicas, decidí escuchar a mi cuerpo y a hacer un lado la idea egocéntrica de ver a la danza como un supuesto autodidactismo. Vi el programa, hablé con la coordinadora y maestrxs. Todo parecía decidido hasta que asistí a la semana de Letras y Cuerpos del 2018 que organizó Antares. Fue durante una charla de Diego Mur y Mauricio Rico en la que empecé a reflexionar sobre lo que realmente quería. Me di el tiempo de empezar a asistir a más presentaciones de Antares y opté por querer ingresar a la escuela de Núcleo Antares. En el 2019 me apunté al verano del Núcleo y ese fue mi primer acercamiento a un entrenamiento como tal. Me permití dejar a mi cuerpo ser, con todo y mis limitantes.

Un día mientras caminaba en el centro, decidí ir a la escuela de Núcleos. No sabía realmente a qué iba si aún no tenía con que pagar. Pensé «tal vez pueda empezar un tipo de entrenamiento por mi cuenta mientras llegue el momento de entrar». Estaba nervioso, feliz y con miedo. Al llegar, fui al segundo piso y vi al maestro Isaac Chau, le dije que quería información acerca de la escuela. El maestro le habló a la maestra Ana Paula Ornelas, quien fue una de mis maestras durante el verano, para que me atendiera. Estaba todo sudado por la caminata, empecé hablar rápido y con nervios. La maestra me pidió que primero tomara aire y me tranquilizara. Una vez que me relajé, le empecé a contar una versión aún más sintetizada de lo que estoy escribiendo en este momento. Le pregunté qué podía hacer de aquí a que tuviera la posibilidad de entrar. Ella me dijo que entendía y me explico que la escuela estaría abierta y que si quería, podía empezar al día siguiente. Recuerdo lo feliz que salí luego de conversar con la maestra. A pesar de que tuve que abandonar la escuela en un punto debido a mi carga laboral (esto era ya finales de año)m administré todo y me propuse retomar clases en enero del 2020.

Luego de escribir sobre Las buenas maneras, de asistir estos meses a clases, de entrevistar algunos de lxs maestrxs y de actualmente estar llevando clase por Zoom debido a la situación actual de contingencia por el COVID-19, siento que simplemente no esperaba incorporarme de esta forma en la danza, aunque estoy contento por el recorrido que fui trazando.


I. El entrenamiento y camino hacia la puesta en escena, el detonador

La reflexión a la que llega esta primera cápsula me parece genial. El director Miguel Mancillas junto a los bailarines y maestros de danza Isaac Chau, David Salazar, Diana Salazar y Omar Romero; hacen un ejercicio de reflexión acerca de las percepciones del cuerpo, partiendo del entrenamiento al que se ve sometido. Me llama la atención el hecho que durante la fundación de Antares en 1987, cada integrante que lo conformaba venía de una formación diferente. Los maestros se han ido incorporando en distintos momentos, unos con una preparación distinta al del otro.

La maestra Diana hace hincapié en el conocimiento de nuestros propios límites para así poder trabajar sobre ellos. El maestro Isaac propone el buscar entender cómo va cambiando el cuerpo en el día a día. Los bailarines y los alumnos del Núcleo Antares, somos personas que hemos pasado por una variedad de procesos, edades y orígenes. Para el maestro, en cada clase hay un cuerpo lleno de información. Esto me llevó a pensar acerca de las imágenes que a veces nos dan durante la clase: imanes, el agua sobre nuestra espalda, la suspensión con un hilo, aplastar naranjas con los talones, nadar en una alberca con miel. Cada una de estas referencias será interpretada de una manera distinta en cada uno de los diferentes cuerpos de la clase. Pero los movimientos no cambian, quiénes cambian, comenta el maestro Isaac, somos nosotros. Él dice «La pintura no cambia, nosotros cambiamos y la vemos diferente». Es por eso que también nos pide abordar la formación desde el humor y la reflexión, la inteligencia y la crítica responsable. Todo esto, al final nos lleva a un proceso de transformación.

En esta misma cápsula el maestro pone sobre la mesa la pregunta sobre la posibilidad de agotar un método. Comenta que las cosas se han desenvuelto de manera que el método no queda obsoleto, al contrario, genera un estímulo circular de parte de quiénes lo asumen.
Aboga por la vulnerabilidad ante lo que se interpreta y de la protección de las emociones durante la interpretación, ya que estas al igual que el cuerpo, también se pueden lastimar. Entonces sabemos que el entrenamiento no es solo físico, sino que incluye un aspecto emocional.
El maestro comenta que existe una búsqueda de empatía y que toda la preparación del cuerpo para la danza, sea antes, durante y después, es un acto de amor. Es este encuentro y reencuentro lo que nos hace recorrer el círculo de un constante reconocimiento de nuestra corporeidad.

Cápsula I:


II. Los espacios alternativos (la cercanía con el espectador)

Los ejemplos que se incluyen en esta cápsula nos muestra la variedad de lugares en la que Antares ha presentado sus obras. Me gusta que el maestro Miguel Mancillas haya comentado sobre su experiencia al usar el espacio exterior en una presentación en el ’86 por motivo del terremoto de 1985. Habla sobre los impactos físicos en los bailarines.
Me quedo con la cuestión de adaptabilidad. La capacidad de adaptarse a los lugares con todo y sus características: si es sobre concreto, una tarima improvisada, bajo la lluvia o con los sonidos que haya en ese momento. Decían sobre cómo cada espacio le va enseñando algo al bailarín.

Creo que el aspecto importante de este tipo de actividades es la posibilidad de acercarse al público, de observar de cerca el cuerpo y la mirada. Este acercamiento me parece que puede llegar a impactar, a levantar preguntas: ¿qué hacen? ¿por qué se mueven así? ¿eso es bailar?
Esto podría representar una creación de públicos.

Cápsula II:


III. El uso del teatro (pruebas escénicas)

Esta cápsula aborda un tema que en ocasiones se pasa por alto: la iluminación. Ivonne Ortiz, quien se encarga de la iluminación y quien ha colaborado con el maestro Miguel Mancillas para las obras de Antares, comparte sus piezas favoritas e historias sobre aspectos técnicos de las obras. Va un poco de la mano con la cápsula anterior sobre la capacidad de adaptarse a las circunstancias. Fue interesante ver cómo Víctor Ledesma trabajó con el hecho de bailar sobre los escalones en Las buenas maneras. Aquí el maestro recalca la importancia de cumplir con la adaptación sin afectar la ejecución. Me llevo lo que comentaban acerca de ensayar usando objetos reales desde el inicio y hacer que las cosas suceden.


Mi obra favorita es la que sigue

Miguel Mancillas

Partiendo de la cita pasada, creo que las lecciones favoritas de parte de Antares Danza Contemporánea son las que me esperan hoy en la tarde, la de mañana, la siguiente. Aprendo algo nuevo de mi cuerpo y de mí en cada clase, en cada corrección que me hacen al hacer los ejercicios y en cada proceso. Así como hay muchos tipos de amor, la danza no tiene un vía exclusiva para llegar a ella. En ese acto de amar se viven altibajos, requiere de decisiones firmes y es un proceso que se reinventa ante cada nuevo descubrimiento que hacemos sobre nostroxs mismxs. Todo afecta a nuestro cuerpo. Lo bueno es que la danza siempre estará ahí, sin prejuicio alguno… amando.

«Lado a lado», Antares danza Contemporánea. Fotografía: Edith Reyes

Episodio 3- Isaac Chau (Bailarín)

Estoy emocionado porque en el archivo tengo listo otros dos episodios. En esta ocasión les comparto la entrevista que tuve con el maestro Isaac Chau. Espero que les guste y por favor, no olviden compartir 🙂
Descripción del episodio:

Issac Chau es bailarín en la compañía independiente de Hermosillo Sonora, Antares Danza Contemporánea, fundada en 1987. 

En este episodio hablamos sobre si incorporación en la compañía, las enseñanzas de sus maestras y maestros, las obras de Antares por las que tiene mayor inclinación, la forma en la que convivió su vida académica y artística, y mucho más.

De verdad es un episodio rico en referencias dancísticas y llena de premisas para reflexionar sobre la danza. Instagram de Isaac Chau: @chau74 Instagram Antares: @antares_danza Facebook Antares: Antares Danza

¡Nos vemos en el próximo episodio!

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¿Existen las buenas maneras?

Las buenas maneras

El presente texto busca explorar una posibilidad interpretativa de lo que se desarrolla en la pieza dancística Las buenas maneras, partiendo de la premisa que propone su sinopsis: “El espectador completa lo que en escena sucede, crea junto al intérprete”. Las buenas maneras sigue el hilo conductor que define a Antares Danza Contemporánea, en donde propone hacer una (re)visita a la dimensión pasional y animalesca del “alma humana”. La pieza inicia desde que el público ingresa al auditorio: tres bailarines sentados sobre las braceras de las butacas, observan y parecen juzgar. Mientras la audiencia se acomoda, los tres parecen escanear la sala lentamente y en el escenario entran y salen otros bailarines que caminan tan rígidamente que parecen marchar. Llegado el momento, los que se encuentran entre la audiencia, se paran sobre las braceras de los asientos, misma mirada. Cuando los tres que se encuentran debajo suben al escenario, el espectador habrá visto ya una sinopsis de la obra, en donde los juicios del observador expondrá la supuesta moral del mismo. 

Para hacer la lectura de la obra, me apoyo en una referencia que me parece pertinente a la temática que Las buenas maneras explora. Me refiero al prefacio escrito por Oscar Wilde para su libro El retrato de Dorian Gray. Un texto atemporal que en su momento describió una realidad de finales del siglo XIX. Entre las muchas frases citables que tiene el prefacio, elijo el siguiente para conectarlo con la obra que Antares propone: “Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida”. Wilde al escribir sobre el artista, los críticos y el espectador, pone sobre la mesa que la moralidad no habita en la obra en sí, sino en quién lo observa. La vida es diversa y cada sociedad suele establecer lo que para ellos son “buenas maneras”, así como las conductas básicas para la interacción entre los individuos que la conforman. Pero hasta la fecha, la humanidad se sigue dando de golpes al ver que por más avances científicos y tecnológicos que haya conquistado o que esté en proceso de conquistar, aún no logra domar la animalidad intrínseca en sí mismos. 

Los bailarines en un inicio parecen seguir una rutina, un engranaje mecánico que debe seguir y cuando un bailarín tambalea, duda o cae, la estructura social no hará nada para readaptar a ese individuo, sino que el bailarín deberá ser quien por sí sólo se adhiera de nuevo. Esta rigidez no es tan fija como parece, nuevas tendencias y expresiones son adoptadas con el paso del tiempo de la obra, pasando de faldas y tacones a sacos, pantalones y zapatos. El vestuario resulta esencial porque finaliza en una individualización y mezclando las prendas protípicamente femeninos y masculinos, resultando en una serie de híbridos en donde el género pasa a un plano indistinguible. Algo importante de resaltar es que el color rojo que simboliza entre otras cosas, el erotismo y lo sexual, se encuentra en el interior de las faldas y sacos, y en la base de los tacones. El rojo es el instinto sexual que se esconde y se reprime, ya que la sociedad no te permitiría mostrarlo, por no ser un acto de “buenas maneras”. Una de las secuencias que ilustra esta vorágine social es cuando entre varios levantan a una bailarina que parece rehusarse a la transición de atuendo falda-tacones a pantalones-zapatos. Este fragmento de la obra muestra la nostalgia, negación, violencia y adoctrinamiento. La estructura social, a través de la fuerza, obliga a sus integrantes a la adaptación de la mayoría dominante. Las vestiduras de la bailarina son removidas y ante su mirada de angustia y lucha para no ceder, termina formando parte del tumulto.
Además de la represión, un elemento que se repite a lo largo de la obra y que conforma la parte climática de Las buenas maneras, es el instinto, lo carnal y primitivo. A pesar de que las estructuras dancísticas absorben a sus integrantes, había a lo largo de la obra, algún integrante intentando reprimir los movimientos que sugieren el acto sexual o salvajismo. No es hasta en la parte caótica del final en donde parece haber cierta liberación y en donde los atuendos cambian, los pasos militarizados quedan reemplazados por pasos extensos y saltos. Mientras esta hibridación del vestuario sucede en el fondo; en  el primer plano, sobre un área verde con pasto, que no había sido explorada en toda la obra, hay dos personas con sólo ropa interior y tacones. Cuando estos cuerpos ingresan al pasto, ambos quedan en un plano distinto, un espacio en donde las vestiduras no existen, donde las apariencias y las máscaras no están. Ahí en el pasto conviven dos cuerpos, dos animales que retratan lo primitivo del ser humano, que se retuercen, se tocan y exploran. Esta secuencia resulta cruda y crea un fuerte contraste con el inicio de la obra. Es ese el momento en el que se prueban las supuestas verdades y en donde el espectador queda aún más expuesto que los bailarines sobre el pasto, aunque todo desde la seguridad del imaginario propio, donde nadie ve lo que por nuestra mente pasa. Las buenas maneras cuestiona si realmente existen “las buenas maneras”. Una pieza que no concluye al apagarse las luces y cerrarse el telón, sino que sigue en el escenario mental. En un tiempo de censura y represión, a través del arte y el símbolo, Antares propone que el público visite sus propias censuras y represiones. Y ya para concluir, me apoyo una vez más del prefacio de Oscar Wilde para contestar a la pregunta que este texto lleva por título; Wilde anota que “La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar”.