No pusimos Tusa en la cena de Navidad y otras reflexiones sobre el concepto de familia

Tusa rompiendo record con +1 Millón de streams diarios en Spotify México

Recuerdo cuando mi novio empezó a reproducir una canción nueva que quería que escuchara. Se trataba de unos violines, una Karol G sugiriendo el empoderamiento a través de la rumba, la misma Karol G deprimiéndose por un hombre que recuerda, una Minaj tirando un verso en español y Minaj revitalizando el empoderamiento para luego volver al verso “pero si le ponen la canción, le da una depresión tonta”. Me pareció una canción ridícula, pero como suele suceder, me terminó gustando a tal grado que sentía la necesidad de bailarla en algún antro o fiesta. No pensé que la vida de la canción se extendiera hasta estas fechas navideñas, o por lo menos no con ese éxito. Tiempo después salieron los memes sobre pedir Tusa una y otra vez, y con la ola de memes llegó también la Navidad.

Escuchaba y leía sobre cómo la gente pondría Tusa con su familia. Fue ahí en donde pensé en mi familia. Sabía que no la pondría, porque ya tenía una expectativa de lo que sería la cena: en casa de mi tío, con mis tías, y primxs; comeríamos y hasta llegar a un punto en donde habría una extraña mezcla entre hablar mal sobre algún familiar, la exaltación de los logros de los hijos, la competencia y si la cosa salía bien, no habría ninguna discusión. Mi expectativa fue cierta, no puse Tusa, nadie puso Tusa y había motivos.

Ahora soy una chica mala, sin primxs rumberos

Ya no me quedan muchos primxs fiesteros que les guste el reggaeton o que tengan intereses a fines a los míos. Muchxs de esxs primxs están ya casadxs, tienen hijos o simplemente no tenemos los mismos gustos musicales ni el mismo concepto de “fiesta”. Mi reflexión habría quedado hasta ahí, pero caí en cuenta de otra cosa. Recordé la última vez que sí bailé con mis familiares y en donde estaban presentes la mayoría de mis primxs y tíxs. Esa noche le dieron un balazo en el pie a un tío. Probablemente pedir una comunión familiar no era la mejor idea. En este caso, no había terrenos por el qué discutir (bueno sí, aunque para una discusión ferviente), pero sí rencores enterrados.

Tal vez sería mucho pedir que la noche navideña fuera armoniosa o mínimo tolerable para la mayoría ¿Pero cómo lograr eso cuando hay integrantes que constantemente hablan a espaldas de otros para que sus hijos queden bien posicionados? ¿O que levantan acusaciones sin fundamento? Realmente no me explico si hablar mal de la familia les resulta entretenido, o si se sienten mejores personas luego de menospreciar a alguien. Creo que no, pero es interesante preguntarse qué se siente y cuál es la meta que tienen al hablar mal de alguien.

Ah, y no olvidemos lo otro: mi bisexualidad. Mi sexualidad es algo con lo que he estado trabajando para lograr expresarme con mayor libertad. Hace un par de meses empecé un noviazgo con un chico y honestamente, siento que he cantado más veces el rap de Nicki Minaj en Tusa que decir “Él es mi novio” (tal vez exagero un poco, pero espero haber explicado mi punto). No es fácil, y así como no tuve el valor de poner Tusa yo mismo, tampoco tuve el valor de hablar sobre mi noviazgo, mis actividades, mis ideas, etcétera. No me iba a molestar si el tema surgía, no surgió, así que yo tampoco me moleste en hablar sobre ello. A veces pienso si la distancia o el ir en la universidad en una carrera de bellas artes, haya fracturado la relación. Aunque tal vez se escuche algo ridículo porque Hermosillo no es la gran urbe liberal, sino todo lo contrario. No es que ahora no disfrute estar con mi familia, solo es distinto. Hasta cierto punto, me resulta menos agobiante que antes porque ya ni siquiera me esfuerzo en aparentar interés a menos que realmente me interese. Mi atención aterriza cuando hablan acerca de viejas historias en donde los adultos narran sus aventuras de cuando eran jóvenes, y así como atrapan mi atención, me suelo desconectar cuando empiezan a hablar mal de alguien.

La otra familia y la depresión tonta

¿Qué es “familia”? Según las dos primeras definiciones que arroja Google:

  1. Grupo de personas formado por una pareja (normalmente unida por lazos legales o religiosos), que convive y tiene un proyecto de vida en común, y sus hijos, cuando los tienen.
  2. Conjunto de ascendientes, descendientes y demás personas relacionadas entre sí por parentesco de sangre o legal.

El año pasado pasé la Navidad en Hermosillo con una amiga muy querida. La noche fue inesperada: no encontrábamos dónde comer y terminamos comiendo hot dogs en la universidad, pasamos por cerveza y vino barato, llegamos a la casa y vimos películas hasta que la Navidad llegó, luego estuvimos mandando vídeos y mensajes de afecto a familiares y amigos. Fue una noche muy agradable, y aunque si echaba de menos a mi familia, no dejaba de sentirme en casa y feliz. Para esta amiga yo soy como su hermano. Uno no elige a su familia, pero deberíamos tener esa libertad. Se me hace triste ver cómo mi madre anhela una convivencia con sus sobrinos y hermanxs. No tendría porqué ser así, he visto que sin vínculo sanguíneo o legal, se puede lograr armar un familia. Un claro ejemplo de ello se explora en la película Shoplifters (2018) o Un asunto de familia. Esta película japonesa la pueden encontrar en Netflix y de verdad la recomiendo mucho. Más allá de lo conmovedora que resulta, es una película que narra la composición de una familia a través de personas que no lo son (si es que nos sujetamos a las definiciones de “familia”).

Un asunto de familia (2018) del director Hirokazu Koreeda

Casi molesto le dije a mi mamá que uno no debe mendigar el cariño ni la atención de nadie. Le propuse pasar la próxima Navidad en Hermosillo, solo mis sobrinxs, mi hermana, ella y yo. No había necesidad de más. La idea es buena porque se ahorraría enojos de “es que ella no puso nada”, “viste como le jalo el cabello a X”, “notaste como dijo esto”, y bla bla bla. El querer tener la familia perfecta o semi-perfecta se vuelve una obsesión y me parece que es una tarea compleja y lenta, en donde se involucran valores como el respeto y la solidaridad. Claramente no es algo que se logre de la noche a la mañana y puede que tome algunas generaciones en repararse.

Algo que rescato de la cena fue la plática que tuve con un tío. Nos decía a mí y a mi hermana que él apuesta por nosotrxs y en resumidas cuentas nos regalo palabras de apoyo. Fue un papá durante esos minutos, así como me encontrado al padre en los consejos de mis mentores. Me doy cuenta que hice todo este llanto por nada y que la familia es un concepto más rico de lo que creí.



¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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PD: Por lo pronto sigan poniendo Tusa y cultivando sus relaciones familiares las de vínculo sanguíneo y religioso, también las que son a través de la palabra.

Año nuevo, ideologías viejas

Estaba debatiendo si pasar a saludar a mis primos y darles el abrazo de año nuevo o no. Me dirigía a casa de mi tío que está justo al frente de la casa del primo que quería saludar. Ahora que lo pienso, el debate en realidad era algo tonto. En mi familia, como la ha de pasar en muchas otras familias, hay una constante disputa que resulta en peleas y en una ocasión, hasta en disparos. Por eso y por otros motivos más es por el que algunos familiares estaban en casa de mi tío y otros en casa de mi primo. A veces siento como que debo serle fiel a las discusiones pasadas y no hablarles a los familiares que han discutido por X o Y razón con mi mamá ¿lo ven? algo medio tonto.

Suelo ir acompañado con mi mamá cuando hago visitas familiares, porque digamos que siento que cuando se trata de mi familia, aun no me siento con el derecho de lidiar con “los grandes”, con los “adultos”. Pero en ese momento pensé ya no como el familiar en constante discusión, sino como el adulto que razona y deja ir de las cosas malas del pasado, me dije “Al diablo, es año nuevo. Debo empezar el año con buenas acciones”. Me dirigí a la puerta de la casa y entré. Declaro que esa fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. Empecé el 2018 con el pie derecho.

Saludos y abrazos, uno a uno, primos, sobrinos y mi tía me recibieron con calidez. Curioso que al saludarlos, no tenía más referente que los constantes rumores que oía sobre cada uno. Decidí suspender esas ideas y disfrutar de las sonrisas y el cariño que recibía de ellos, mi familia. Comí, comenté y reí a lado de los “adultos”,  hasta escuché el primer “tío” de parte de algunos de mis sobrinos y descubrí que mi tía tiene catorce nietos. Era increíble que justo enfrente de la casa de mi primo, había más familiares y que el motivo de esta separación no era una calle, sino los rumores, falta de comunicación y el orgullo.

Iban a dar las tres de la mañana cuando me retiré. Intercambié números de teléfono con mi prima, miré lo rápido que han crecido mis sobrinos y conviví con familiares sin la presencia de mi madre. Hasta cierto punto, sentía que había desbloqueado un nivel de vida. A la puerta me despidió un primo que me dijo que no creyera en los rumores y que el no le guarda rencor a nadie (haciendo referencia a mi tío, que era a donde me dirigía). Le dije que sólo deseaba que las cosas cambiaran y que ojalá en las  próximas fiestas de diciembre, la familia estuviera unificada, como alguna vez lo estuvo.

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Ideologías viejas

Algo que debo incluir en esta entrada fueron los comentarios machistas y sexistas que creo que han de ser costumbre en algunas familias. Tal vez esto no lo pondría bajo la lupa si no fuera por mis sobrinos porque como dicen: “uno como sea, ¡pero las criaturas!”. Pensé también en mi bisexualidad y el evidente asombro que ocasiona el tópico cuando llega a surgir. Comentarios como “los hombres no comen ensaladas, los hombres no saben hacer el mandado, los hombres son muy secos (emocionalmente), los hombres no saben regalar, los hombres…” ¿por qué? ¿cuál es la necesidad de construir y moldear a un “hombre”? ¿qué ideas se están creando los niños de los que es ser hombre y mujer? Crítica a las formas de hablar, caminar, bailar ¡por Dios, cada quien baila como quiera! Son restricciones desde temprana edad que llevan a un eminente cierre de confianza entre familiares. Pensé en la incomodidad que siento al no tener una plena libertad de expresión cuando hablo de ” mis pretendientes” y luego pensé en mis sobrinos y como desde pequeños se les está obligando a creer que algo es como según les parece a sus padres. Ideologías hereditarias que pueden lastimar.

No quería quedar como el que sólo critica y me puse a pensar acerca del qué podría hacer yo, un elemento familiar más y el cómo dejar de ser uno más. Creo que compartir nuevas perspectivas eran sólo palabras y por más que crea en el poder de las palabras, soy devoto de las acciones y el ejemplo (aunque a veces no lo haga). Pienso que es momento de sacar las conversaciones familiares fuera de su zona de confort, creo que deben saber que no soy uno más y que esa distinción no reside en que sea de los pocos que están estudiando la universidad, sino que soy distinto porque propongo, por lo menos en mi círculo familiar inmediato, una nueva forma de ver las relaciones familiares. Es posible imaginar una vida familiar basada en la confianza y el estímulo por medio del cariño y la construcción de una sana autoestima que puede resultar en una mejor comunicación familiar.

Creo que es hora de decirles que sí hay hombres que comen ensaladas, hombres que hacen yoga, que saben hacer compras y que ser hombre no es sinónimo de insensibilidad emocional. Y el primer paso empieza con el ejemplo y ese ejemplo no avanzará hasta que pueda hablar libremente de mi sexualidad e ir construyendo un entorno familiar en donde mis 14+ sobrinos puedan tener esa misma confianza. Un entorno donde mi sobrina pueda practicar el deporte que le plazca, jugar con quien quiera, jugar los juguetes que ella quiera sin importar si “es de niño” o “es de niña” y en su momento, tener la pareja que ella quiera.

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¿A ustedes qué tal les fue en las cenas familiares?


 

PD: ¡Muchas gracias por leer! Sé que no todas las familias son  iguales, pero creo que nunca es tarde para ver si las cosas pueden cambiar. Como futuro literato y promotor cultural, qué mejor entorno para empezar a promover nuevas ideologías que mi propia familia.
Espero que la hayan pasado muy bien y de mi parte les deseo un EXCELENTE 2018 lleno de éxitos y nuevas experiencias. Muchas gracias por leerme en el 2017 y los invito a que me sigan acompañando en este año nuevo. De verdad agradezco cada lectura que hacen en mi blog y tengan por seguro que administrar este espacio y acercarme más a ustedes está incluido en mis metas para este 2018. Abrazos 🙂

Twitter: Oscar_SinAcento

3 motivos por el que me animé a empezar a escribir un blog y por qué tú deberías escribir uno también.

Siempre he pensado que las únicas personas que pueden escribir un blog son aquellas que tienen  una vida extraordinaria, poco común, solo para artistas o bien, personas que tengan una educación profesional que usen este medio para compartir su conocimiento al mundo. Da la casualidad que yo no soy ninguno de los anteriores, o al menos así lo consideraba.
A pesar de eso tuve contacto pasajero escribiendo blogs, desde Tumblr a Blogger, pero ambos con un mismo final: el abandono. Después de analizar los motivos de aquellos fracasos y junto con una reciente investigación en internet encontré tres razones por lo que deberías empezar a teclear o seguir tecleando y alimentando tu blog.

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