#19 ¿Qué vas a hacer con esas fotos?

El siguiente texto es un cuestionario que se nos asignó en el Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Incluye un ligero boceto de ideas sobre la obra que pienso presentar. Intenté ser concreto con las respuestas.


¿Qué harás?

Una instalación. Posiblemente usando audio y fotografías.

¿Cómo lo harás?

A través de registros fotográficos intervenidos digitalmente. Estas fotos serán de mi familia o utilizaré un archivo de fotografías de una familia americana que compré de segunda mano. El audio, si es que lo uso, consistiría de mi mamá explicando las recetas que mi hermana aún no sabe preparar, historias que aún no conozco sobre ella; que me dijera lo que ella quisiera que aprendiéramos sobre su forma de ser. Algo similar sería con mi hermana y concluiría con mi sobrina, diciendo las cosas que ha aprendido de mamá hasta ahora.

¿Dónde?

En la parte trasera del recibidor del museo, debido al espacio cerrado y la posible sensación de intimidad que puede haber. Solo que no me gusta el cable que tiene esa maquina expendedora. También estaba pensando en utilizar el elevador y colocar las fotografías adentro. Esto es porque buscaría atender a la idea de la decisión, desde la decisión de tomar el elevador, hasta la de quedarse a ver la obra o solo no darle menor importancia.

¿Cuándo? (Contexto histórico)

Atendería al concepto de familia, tradición e ideas transmitidas de una generación a otra. El proceso de transmisión es como el proceso comunicativo en donde existe un emisor, receptor y mensaje. El emisor lo veo como una entidad en donde se incorporan en primera instancia, la sociedad (aquí se incluyen a los familiares) y el espacio-tiempo al que se suscribe esa sociedad. El receptor, quien suele ser menor al emisor, aprende a partir del discurso, y de lo que ve en su entorno. Idealmente, existirá una etapa en donde el receptor deja de ser solamente un receptor y cobra agentividad. Ese es el espacio que quiere abordar: la decisión, duda, incertidumbre y a veces, culpa. Originalmente me interesaba incorporar la idea de un emisor intangible que moldea nuestras conductas desde hace muchos años: los medios de comunicación. Este emisor intangible, visto como medio, no es malo ni bueno, ya que hay miles de agentes emisores detrás de un solo medio, llámese internet o televisión. Ahondado con la idea de tradiciones familiares, ¿Qué tanto de estas tradiciones permanecerán? ¿de qué manera una generación puede prolongar la vida de las tradiciones que se le están siendo transmitidas o que están por desaparecer? Hoy en día el valor de la decisión y la consciencia es importante ¿Qué tanta atención le estamos dando a esas tradiciones familiares? ¿nos interesa perpetuarlas? Si queremos hacer agente de cambio ¿Qué implicaría un recorte o ajuste de esas tradiciones?

¿Por qué lo harás?

Como hijo de una madre soltera que casi no tiene registros fotográficos de su familia ascendente, a veces yo mismo cuestionaba mi identidad, hasta que me di cuenta que tengo la opción de ser un nuevo punto de partida de tradiciones o ideas familiares. No me interesa empezar de cero, quiero las historias fantásticas del pueblo de mi madre, porque hace mucha falta en la actualidad, quisiera creer en la magia y en lo sensorial, tal y como ella lo hace. Mi madre aún tiene una conexión con la tierra que le envidio, un conjunto de recetas que aún no anoto. Tiene cosas muy lindas que no quisiera que se perdieran. Es la decisión que yo quiero tener. Tal vez aquellas personas que tiraron el archivo de fotografías, lo hicieron porque lo escanearon y lo subieron a la nube porque ahora son minimalistas, pero ¿Qué nos asegura que no se pueden perder? Tengo más fotos de unos viejitos extraños que de mis verdaderxs abuelxs. Tal vez no les interesaba guardar esas fotos. Probablemente hay alguien quien quiere dejar atrás todo yugo que tenga con su familia. Lo importante es que debemos entender que tenemos más agencia de lo que parece. Como emisores a veces nos damos cuenta de lo obsoleto que son nuestras formas de pensar, pero algunxs no saben cómo cambiar eso que se les fue transmitido; mientras que otrxs ya no les interesa el cambio, independientemente de las consecuencias. A la par de la circunstancia dilemática del emisor, hay un receptor que tiene probabilidad de hacer eco de aquello que tal vez el emisor ni siquiera desea transmitir.  

#17 Carta a Zineb Sedira

Querida, Zineb

Te escribo para comentar tu obra Mother Tongue (2002). A mi igual me interesa hablar sobre mi familia y la transmisión de ideas a través del convivio, y muy importante: el lenguaje (árabe, francés e inglés). Me ha gustado cómo tocaste el tema del lenguaje a través del registro de las interacciones que hubo de tres generaciones diferentes, representado a través de tu mamá, de ti y tu hija. Sabes, me siento identificado contigo, en el sentido de que me siento como la pieza intermedia. Pero a diferencia de ti, yo no se si tenga descendencia. Soy un joven bisexual de 24 años y hasta ahorita no tengo planes de tener un bebé… aunque la idea no me desagrada, de hecho a rato me imagino con una hija. Pero sabes, Zineb, ¿te has dado cuenta que tal vez tu hija está replicando conductas que no precisamente provienen de ti? Digo, no es la primera generación que cae influenciado por una pantalla, pero ¿te has puesto a pensar sobre la cantidad de enseñanzas que le transmites a tu hija? Ahora, ¿has pensado cuánta información se queda y cuánta es temporal? No lo se, los medios han jugado un papel muy importante y no me mal interpretes, no creo que sea el enemigo. Ciertamente tu hija podría aprender francés para hablar contigo o árabe para hablar con su abuela. Aunque lo dudo porque la globalización está imponiendo un estándar de conducta y hasta una norma en los idiomas. Tu obra me resulta enternecedora pero también me da miedo porque me recuerda a mi historia familiar. Mi mamá nunca aprendió a hablar un derivado del zapoteco que mi abuela sí conocía muy bien. Ella dice que mi abuela no quería que ella lo aprendiera. Yo no tengo esperanzas de aprender ese dialecto, pero hay algo que sí me es más fácil de tomar y es que hasta la fecha, yo no me he aprendido ninguna receta de los platillos típicos de Oaxaca. Esas comidas que prepara y que le quedan tan ricos. Si bien es cierto que no estamos aquí para ser copias del pasado, también debo ser consciente que el mundo día con día, orilla a la desaparición de la diversidad cultural ¿No estoy formando parte del problema si no reconozco que lo medios siembran su ideología en mí? Por ejemplo, yo prefiero apreciar lo físico y la tradición, quiero decidir y hacer una curaduría de mis tradiciones familiares. Quiero sembrar nuevas perspectivas que no sean machistas, por ejemplo. Tal vez no todas las familias tienen una brecha de idiomas, pero todas tienen una brecha temporal/generacional y el tiempo en el que vivimos es primordial. Estamos en un momento importante donde cada vez somos menos solidarios. No lo se, Zineb, por lo menos yo, quiero seguir entendiéndome con las personas, más allá del lenguaje. Quisiera hacer el registro de esos otros medios de transmisión y como mutan de generación en generación, tal vez para bien… o no.

#16 La edad del sol

El sábado intenté trabajar el tema de la soledad, escribir al respecto, dibujarlo, tal vez. Terminé pintando el suelo, quemando una foto, fotografiando y hundiéndome en dudas. Esta dinámica del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo me ha hecho pensar en el proceso de abstracción de las ideas ¿Cómo podrá una idea materializarse de un dibujo a una fotografía o video? Es un proceso divertido y solo se vuelve angustiante cuando intentas controlarlo. El vídeo final de ese experimento lo comparto aquí. No es una idea aterrizada, es un bosquejo, un fragmento perdido, una idea amorfa, una pincelada sin rumbo, una fotografía atrapada en un rollo irrevelable.

¿Qué se ha quedado en el olvido? Esa memoria olvidada representa la soledad

Un punto sobre una hoja en blanco. Un gatito maullando en la noche del 25 de diciembre. El sol en un atardecer de primavera. El eco. El sonido de un grillo y el sonido de veinte. La mosca atorada en la ventana. El sol en el amanecer del 3 de enero. El calor acumulado. La bolsita de té en la taza de la abuela. La agenda de 1998. Las copias de aquella clase enfadosa. La propina del 20%. Los restos de un lápiz aún usable. El control sin baterías. El reloj que en realidad no era de pulso. El cable que no sirvió. El bote de basura. El silencio paterno. Un secreto revelado. El tiempo con dos minutos de adelante. La vela del primer cumpleaños. El correo no entregado. Un viaje interrumpido. Una fotografía borrosa, veinte fotografías borrosas. La pregunta mental. La planta no regada. El vestido una talla más pequeña. No voltear a la cámara. El error de dedo. El cigarro arrebatado y aplastado. La mujer del fondo. La cruz de la habitación. Reintentar. Caer dos veces. La sonrisa ahogada. La mancha en el saco. La fotografía no perfecta. El sol en la tarde invierno. La foto familiar. La santa cena. El lunar en la espalda. La verruga en la mano. La amiga de la primaria. La ocasión especial que no llega. Las manchas del borrador. La pluma sin tinta. El gis hecho polvo. El diente faltante. La almohada sucia. Un tenis roto. La película. La excitación. Las tardes de 1952. La firma. La huella digital. Captcha. 5 mil millones de años. El grito de una señora triste…

¿Serán las cenizas la única memoria de aquello que alguna vez fue? ¿Qué es entonces el encendedor que lo ha quemado?

#12 La indomable acuarela o el domador torpe

La acuarela, desde mi experiencia como alguien que no está familiarizado con este medio, me daba la sensación de estar lideando con el tiempo. La acuarela, si no es movida a través del papel, como que se seca y se adhiere a ella. Es instante y no espera, la acuarela solo actua.

Me fascinaron las estelas que dejaba la pintura a su paso. Soplaba las gotitas de color y estas empezaban a correr. Luego, si en el centro de fuga ponía otra pequeña gota de pintura o agua, y le soplaba de nuevo, estas seguían el trazo previamente labrado por la gota anterior. Me gustó ver cómo yo intentaba darle una dirección pero que la propia composición de la gota, a veces no cedía ante la dirección que quería darle.

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#8 Trasmitir y otros actos de amor (PAAC)

Cuando fui seleccionado para formar parte del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo (PAAC), mi interés era conocer las metodologías que tienen los artistas al momento de crear sus obras, desde una perspectiva de la crítica de arte. Afortunadamente así ha sido, he aprendido mucho de todxs lxs artistas invitadxs. Algo que sí no me esperaba era que nos pusieran a hacer ejercicios que se encaminaban a presentar una obra al final del programa. Esto al principio me asustaba un poco porque yo, a diferencia de la mayoría de mis compañeros, no soy arista plástico. Mi formación está apegada hacia la literatura y mis conocimientos muy básicos de mi interés en la danza contemporánea y recientemente, en las artes plásticas desde la teoría y no la práctica.

Uno de los primeros ejercicios que nos asignaron, fue hacer un video utilizando el concepto que trabajaríamos. El video lo hice pensando en el concepto de herencia, palabra que después lo cambiaría por transmisión/tradición. En este pequeño clip, tuve la suerte de tener a mi madre en casa por ese tiempo y recurrí a ella para que me apoyara. Hacer este video me permite no solo acercarme a mi idea de una nueva manera, sino a las historias que mi madre conserva.

La secuencia intenta hacer un registro simbólico a través del movimiento y de los objetos que incluyo, tales como la planta, las flores marchitas, las conchas de mar, el cuerpo, las plantas secas, el agua, y así hablar sobre la genealogía y la herencia biológica por medio de las características corporales.

En ese momento aún no incorporaba el elemento tecnológico con el que estoy trabajando actualmente. Ha sido muy enriquecedor hacer estos ejercicios, que igual espero seguir haciendo aún y después de concluirse el programa.


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#7 Sobre la transmisión y otras huellas (PAAC 2020)

El siguiente texto surge a partir de las premisas que han sido abordadas con lxs maestrxs en las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Sin duda, ha sido un espacio enriquecedor que nos permite reflexionar acerca de nuestros procesos creativos y del quehacer artísticos, proporcionando nuevos acercamientos al momento de crear una obra.

TV dinner (2020) de @oliviasteenart

Tomando esta oportunidad de hacer un cambio del concepto a trabajar, he decidido cambiar mi concepto por la palabra “transmitir” complementado por la palabra tradición. No se me ha hecho fácil porque la palabra herencia, al leer sus definiciones, resultaban un tanto objetivas. Las definiciones de “herencia” giraban entorno a la biología y al derecho. Aunque la parte biológica me llama la atención, no me terminaba de convencer. Fue en esa insatisfacción cuando me preguntaba sobre los procesos de la herencia, pensé en la palabra “transmisión”, que significa, según la RAE: 

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La experiencia del tiempo a partir de la moda (Notas)

Sin duda que leer el texto ¿Qué es lo contemporáneo? del filósofo italiano, Giorgio Agamben, me ha movido y conmovido mucho. El texto reúne ejemplos de poesía, temáticas de antropología, desde aspectos fisiológicos de la percepción, la lingüística, la astronomía y demás, Me ha hecho pensar en mi tiempo o por lo menos ubicarme “mejor” en ella. Les comparto un fragmento en donde habla acerca de la moda y cómo se experimenta el tiempo a través de ella. Pero antes, les comparto otros fragmentos que he subrayado en el texto.

contemporáneo es aquel que tiene fija la mirada en  su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad. (…).  Contemporáneo es, precisamente, aquel que sabe ver esta oscuridad,  que está en grado de escribir entintando la lapicera en la tiniebla del  presente.

Giorgio Agamben

Agrego esa cita porque más adelante hace un comparación interesante sobre la percepción de nuestro tiempo y realidad, comparándolo con elementos de la neurofisiología.

“Una primera respuesta nos es sugerida por la neurofisiología de la  visión. ¿Qué cosa adviene cuando nos encontramos en un ambiente  privado de luz, o cuando cerramos los ojos? ¿Qué es la oscuridad que  entonces vemos? Los neurofisiólogos nos dicen que la ausencia de luz  desinhibe una serie de células periféricas de la retina, llamadas of-cells,  que entran en actividad y producen esa especie particular de visión que  llamamos oscuridad. La oscuridad no es, por lo tanto, un concepto  privativo, la simple ausencia de la luz, algo así como una no-visión, sino  el resultado de la actividad de las of-cells, un producto de nuestra  retina. Ello significa, si volvemos ahora a nuestra tesis sobre la  oscuridad de la contemporaneidad, que percibir esta oscuridad no es  una forma de inercia o de pasividad, sino que implica una actividad y  una habilidad particular, que, en nuestro caso, equivalen a neutralizar  las luces que vienen de la época para descubrir su tiniebla, su oscuridad  especial, que no es, de todos modos, separable de aquellas luces”.

Fragmento del texto ¿Qué es lo contemporáneo? escrito por Giorgio Agamben

La percepción del tiempo a través de la moda

Un buen ejemplo de esta especial experiencia del tiempo que  llamamos la contemporaneidad es la moda. Aquello que define a la  moda es que ella introduce en el tiempo una peculiar discontinuidad  que lo divide según su actualidad o inactualidad, su ser o su no-ser 

más-a la-moda (a la moda y no simplemente de moda, que se refiere  sólo a las cosas). Esta cesura, por cuanto sutil, es perspicua, en el  sentido de que aquellos que deben percibirla la perciben  indefectiblemente y de este modo atestiguan su estar a la moda; pero si  buscamos objetivarla y fijarla en el tiempo cronológico, ella se revela  inaferrable. Sobre todo la “hora” de la moda, el instante en el cual viene  a ser, no es identificable a través de un cronómetro. ¿Esta “hora” es  quizás el momento en el cual el estilista concibe el rasgo, la nuance que  definirá la nueva forma del vestido? ¿O aquel en el cual le confía al  diseñador y luego a la sastrería que le confecciona el prototipo? ¿O, más  bien, el momento del desfile, en el cual el vestido es llevado por las  únicas personas que están siempre y solamente a la moda, las  mannequins, que, sin embargo, justamente por ello, no lo están nunca  verdaderamente? Porque, en última instancia, el estar a la moda de la  “forma” o del “modo” dependerá del hecho de que las personas de carne  y hueso, distintas de las mannequins —esas víctimas sacrificiales de un  dios sin rostro— lo reconozcan como tal y lo efectúen en la propia ropa. 

“Joven del vestido verde” de Tamara de Lempicka (1931)

El tiempo de la moda es, entonces, constitutivamente anterior a sí  mismo y, justamente por ello, también siempre en retardo, tiene  siempre la forma de un umbral inaferrable entre un “no aun” y un “no  más”. Es probable que, como sugieren los teólogos, ello dependa del  hecho que la moda, al menos en nuestra cultura, es una marca teológica  del vestido, que deriva de la circunstancia en que el primer vestido fue  confeccionado por Adán y Eva después del pecado original, en forma de  un taparrabo entrelazado con hojas de higo. (Por la precisión, los  vestidos que nosotros vestimos derivan no de este taparrabo vegetal,  sino del tunicae pellicae, de los vestidos hechos de pelos de animales  que Dios, según Gen. 3.21, hace vestir, como símbolo tangible del  pecado y de la muerte, a nuestros progenitores en el momento en el  cual los expulsa del paraíso.) En todo caso, cualquiera fuese la razón, el  “ahora”, el kairos de la moda es inaferrable: la frase “yo estoy en este  instante a la moda” es contradictoria, porque en el momento en el cual  el sujeto la pronuncia está ya fuera de la moda. Por ello, el estar a la  moda, como la contemporaneidad, comporta un cierto “desahogo”, un  cierto desfasaje, en el cual su actualidad incluye dentro de sí una pequeña parte de su afuera, un matiz de démodé. De una señora  elegante se decía en París en el Ochocientos, en este sentido: “Elle est  contemporaine de tout le monde”. Pero la temporalidad de la moda tiene otro carácter que la  emparienta a la contemporaneidad. En el gesto mismo en el cual su  presente divide el tiempo según un “no más” y un “no aun”, ella  instituye con estos “otros tiempos” —ciertamente con el pasado y,  quizás, también con el futuro— una relación particular. Ella puede “citar”  y, de este modo, ritualizar cualquier momento del pasado (los años ’20,  los años ’70, pero también la moda imperio o neoclásica). Ella puede  poner en relación aquello que ha inexorablemente dividido, rellamar,  re-evocar y revitalizar incluso aquello que había declarado muerto.


El discurso de Barragán

El siguiente texto es un fragmento de el discurso del arquitecto, Luis Barragán. Si desean leer el discurso completo, favor de dar clic aquí.

Este discurso lo pusieron de ejemplo en una de las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. En este discurso el ganador del premio Pritzker delinea el motivo de su obra y hace un ejercicio de lo que ahora conocemos como “statement”.


© Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán

Luis Ramiro Barragán Morfín

(Guadalajara, 9 de marzo de 1902 – ciudad de México, 22 de noviembre de 1988)

Ceremonia de Premiación del Premio Pritzker, martes 3 de junio de 1980, Dumbarton Oaks, Estados Unidos.

Deseo dejar constancia, además, de mi respeto y admiración por el pueblo norteamericano, gran mecenas de las ciencias y de las artes, y que sin encerrarse dentro de los límites de sus fronteras las trascendió para distinguir de manera tan honrosa y generosa, en este caso, a un hijo de México. Tengo plena conciencia, por tanto, que el premio que se me otorga es un acto de reconocimiento de la universalidad de la cultura y en particular de la cultura de mi patria.Pero como nunca nadie se debe todo a sí mismo, sería mezquino no recordar en este momento la colaboración, la ayuda y el estímulo que he recibido a lo largo de mi vida por parte de colegas, dibujantes, fotógrafos, escritores, periodistas y personales amigos que han tenido la bondad de interesarse en mis trabajos.

Quisiera valerme de esta ocasión para presentar ante ustedes algunos pensamientos, algunos recuerdos e impresiones que, en su conjunto, expresen la ideología que sustenta mi trabajo. Y a este respecto ya se anticipó –aunque con excesiva generosidad– el señor Jay A. Pritzker cuando explicó a la prensa que se me había concedido el Premio por considerar que me he dedicado a la arquitectura “como un acto sublime de la imaginación poética”. En mí se premia entonces, a todo aquél que ha sido tocado por la belleza. En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento y también las de serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretender haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro.

Religión y Mito. ¿Cómo comprender el arte y la gloria de su historia sin la espiritualidad religiosa y sin el trasfondo mítico que nos lleva hasta las raíces mismas del fenómeno artístico? Sin lo uno y lo otro no habría pirámides de Egipto y las nuestras mexicanas; no habría templos griegos ni catedrales góticas ni los asombros que nos dejó el renacimiento y la edad barroca; no las danzas rituales de los mal llamados pueblos primitivos ni el inagotable tesoro artístico de la sensibilidad popular de todas las naciones de la Tierra. Sin el afán de Dios nuestro planeta sería un yermo de fealdad. “En el arte de todos los tiempos y de todos los pueblos impera la lógica irracional del mito”, me dijo un día mi amigo Edmundo O’Gorman, y con o sin su permiso me he apropiado sus palabras.

Belleza. La invencible dificultad que siempre han tenido los filósofos en definir la belleza es muestra inequívoca de su inefable misterio. La belleza habla como un oráculo, y el hombre, desde siempre, le ha rendido culto, ya en el tatuaje, ya en la humilde herramienta, ya en los egregios templos y palacios, ya, en fin, hasta en los productos industriales de la más alta tecnología contemporánea. La vida privada de belleza no merece llamarse humana.

Silencio. En mis jardines, en mis casas, siempre he procurado que prive el plácido murmullo del silencio, y en mis fuentes canta el silencio.

Soledad. Sólo en íntima comunión con la soledad puede el hombre hallarse a sí mismo. Es buena compañera, y mi arquitectura no es para quien la tema y la rehuya.

Serenidad. Es el gran y verdadero antídoto contra la angustia y el temor, y hoy, la habitación del hombre debe propiciarla. En mis proyectos y en mis obras no ha sido otro mi constante afán, pero hay que cuidar que no la ahuyente una indiscriminada paleta de colores. Al arquitecto le toca anunciar en su obra el evangelio de la serenidad.

Alegría. ¡Cómo olvidarla! Pienso que una obra alcanza la perfección cuando no excluye la emoción de la alegría, alegría silenciosa y serena disfrutada en soledad.

La muerte. La certeza de nuestra muerte es fuente de vida, y en religiosidad implícita en la obra de arte triunfa la vida sobre la muerte.

Arquitectura. Mi obra es autobiográfica, como tan certeramente lo señaló Emilio Ambas en el texto del libro que publicó sobre mi arquitectura el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En mi trabajo subyacen los recuerdos del rancho de mi padre donde pasé años de niñez y adolescencia, y en mi obra siempre alienta intento de transponer al mundo contemporáneo la magia de esas lejanas añoranzas tan colmadas de nostalgia. Han sido par a mí motivo de permanente inspiración las lecciones que encierra la arquitectura popular de la provincia mexicana: sus paredes blanqueadas con cal; la tranquilidad de sus patios y huertas; el colorido de sus calles y el humilde señorío de sus plazas rodeadas de sombreados portales. Y como existe un profundo vínculo entre esas enseñanzas y las de los pueblos del norte de África y de Marruecos, también éstos han marcado con su sello mis trabajos.

Católico que soy, he visitado con reverencia y con frecuencia los monumentales conventos que heredamos de la cultura y religiosidad de nuestros abuelos, los hombres de la colonia, y nunca ha dejado de conmoverme el sentimiento de bienestar y paz que se apodera de mi espíritu al recorrer aquellos hoy deshabitados claustros, celdas y solitarios patios. Cómo quisiera que se reconociera en algunas de mis obras la huella de esas experiencias, como traté de hacerlo en la capilla de las monjas capuchinas sacramentarias en Tlalpan, ciudad de México.

El arte de ver. Es esencial al arquitecto saber ver; quiero decir ver de manera que o se sobreponga el análisis puramente racional. Y con este motivo rindo aquí un homenaje a un gran amigo que con su infalible buen gusto estético fue maestro en ese difícil arte de ver con inocencia. Aludo al pintor Jesús (Chucho) Reyes Ferreira a quien tanto me complace traer ahora la oportunidad de reconocerle públicamente la deuda que contraje con él por sus sabias enseñanzas. Y a este propósito no está fuera de lugar traer a la memoria unos versos de otro gran y querido amigo, el poeta mexicano Carlos Pellicer: por la vista el bien y el mal nos llegan. Ojos que nada ven, almas que nada esperan.

La nostalgia. Es conciencia del pasado, pero elevada a potencia poética, y como para el artista su personal pasado es la fuente de donde emanan sus posibilidades creadoras, la nostalgia es el camino para que ese pasado rinda los frutos de que está preñado. El arquitecto no debe, pues, desoír el mandato de las revelaciones nostálgicas, porque sólo con ellas es verdaderamente capaz de llenar con belleza el vacío que le queda a toda obra arquitectónica una vez que ha atendido las exigencias utilitarias del programa. De lo contrario la arquitectura no puede aspirar a seguir contando entre las bellas artes.

Mi socio y amigo el joven arquitecto Raúl Ferrera y el pequeño equipo de nuestro taller comparten conmigo los conceptos que tan rudimentaria e insuficientemente he intentado presentar ante ustedes. Hemos trabajado y seguiremos trabajando animados por la fe en la verdadera estética de esa ideología y con la esperanza de que nuestra labor, dentro de sus muy modestos límites, coopere en la gran tarea de dignificar la vida humana por los senderos de la belleza y contribuya a levantar un dique contra el oleaje de deshumanización y vulgaridad.


Fragmento de mi intervención al leer el discurso:

¿Qué implica ser contemporáneo?

Fragmentos del texto “¿Qué es lo contemporáneo?” de Giorgio Agamben (2008)

El texto explora las percepciones y conceptos de Nietzsche en Consideraciones Intempestivas, en donde habla acerca de la toma de posición a partir del presente en el que estamos situados.

Nietzsche sitúa su pretensión de “actualidad“, su  “contemporaneidad” respecto al presente, en una desconexión y en un  desfasaje. Pertenece verdaderamente a su tiempo, es verdaderamente  contemporáneo aquel que no coincide perfectamente con él ni se  adecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual; pero,  justamente por esta razón, a través de este desvío y este anacronismo,  él es capaz, más que el resto, de percibir y aferrar su tiempo. 

Giorgio Agamben

Más adelante, añade: “Un hombre inteligente puede odiar a su tiempo, pero  entiende en cada caso pertenecerle irrevocablemente, sabe de no poder  escapar a su tiempo”. 

La contemporaneidad es, entonces, una singular relación con el  propio tiempo, que adhiere a él y, a la vez, toma distancia; más  precisamente, es aquella relación con el tiempo que adhiere a el a través  de un desfasaje y un anacronismo. Aquellos que coinciden demasiado  plenamente con la época, que encajan en cada punto perfectamente con  ella, no son contemporáneos porque, justamente por ello, no logran  verla, no pueden tener fija la mirada sobre ella. 

Giorgio Agamben

Este texto lo compartió Diego del Valle Ríos, uno de los instructores que conforman el Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Mis notas de su sesión aún están en proceso.

Las posibilidades de una idea

Salvador Loza es artista multidisciplinario que ha analizado diversas formas de producción a través de plataformas tecnológicas principalmente digitales y el cine.
Explora las distorsiones de la realidad dentro de la tecnología, el comportamiento humano, la arquitectura, política e historia del arte. Su trabajo ha sido expuesto en varias plataformas digitales como el blog cloaque.org y el Museo Digital de Arte Digital (DiMoDa) así como en espacios físicos en países como Canadá, Italia, México, Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Alemania.
Co-fundador de la galería virtual VNGRAVITY, misma en la que ha indagado en las posibilidades del uso del internet como espacio expositivo a través de modelado 3D y realidad virtual.

Notas de la sesión del 08.09.20 con Salvador Loza

“Ya no hay nada original”, este es un comentario que lo escuchaba con frecuencia en la carrera. Mi maestro de literatura solía decir: “Ya todo lo dijeron los malditos griegos”. Salvador Loza propone que la originalidad no ha desaparecido del plano y no cree que al arte contemporáneo se le están acabando los temas. Loza nos recordó que la creatividad debe ser estimulada y que la entrega a nuestras ideas debe ir guiada hacia una búsqueda de la capacidad en crear nuevas ideas y conceptos. Algunos de los recordatorios que se discutieron en esta sesión: 

  • La primera idea no siempre es la mejor
  • Preparación debe ser consciente e inconsciente 
  • La investigación de nuestra línea de trabajo es importante
  • El arte nunca será conservador
  • Escuchar música diferente estimula la creatividad
  • Alejarse del cliché y si se usa, que sea de forma crítica e irónica
  • No dejarse llevar por la tendencia
  • Trabajar con ideas que nos incomodan y de los que nos son ajenos

Además de estas ideas, Loza propone que nuestro arte sea subversivo. Combinado con las sesiones de Helena Braunstajn, el estímulo creativo que he recibido es amplio. El trabajo digital que hace Salvador Loza es una aproximación fresca a partir del uso de las tecnologías. Esto nos puede provocar incursionar en nuevas formas visuales que pueden apoyar nuestro discurso artístico ¿Que tanto nos puede apoyar un filtro de teléfono, un sonido de efecto especial o música experimental libres de derechos de autor?

Revisitando mi idea y la palabra que he elegido trabajar (herencia) pienso en aquella vez en la que visité un tianguis y encontré un archivo de fotografías de una familia. Estas fotos abarcan desde el matrimonio de Bill y Emily, hasta el crecimiento de la familia y la muerte de Bill. Recuerdo que cuando decidí comprar las fotos, no sabía en qué me iban a servir. Las compré porque me conmovía la secuencia de las fotos y porque se me hizo curioso que alguien se haya desechado de un registro familiar, tomando en cuenta que era algo que yo anhelaba conocer. Aunque también pienso que ante el auge de la vida minimalista, probablemente esas fotos están en algún servidor, en la mentada “nube”. Me pregunto si los nietos o tataranietos de Bill y Emily, saben que las fotos de sus familiares pasados, la tiene un joven mexicano que tal vez las usará para crear un producto artístico.  Loza me ha permitido incorporar una posible manipulación fotográfica y también guardar esos registros que he encontrado.

Notas de las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo 2020.