Todo fue rápido muy tarde, no importa, tienes un espacio en mí

Aquí estoy, sentado y buscando en el imaginario algo que describiera lo que ha estado pasando estos últimos años. Personas que llegaban, algunas muy pronto y se instalaban en una pequeña choza en el rincón de mis pensamientos. Los dejaba habitar mi ciudad, ¿qué era lo peor que podía pasar?

Pero hay una característica particular de los pensamientos, y es que no sabemos calcular su esperanza de vida. Supongo que son cuerpos inertes, cosas que llegan a estar tan quietos que se olvida que están ahí, hasta que de manera aleatoria deciden hacer acto de presencia. A veces los rostros en nuestra mente van diluyéndose poco a poco hasta verse sustituido por un huésped nuevo que ha colocado su hogar hecha de hojas de plátanos y barrotes de árbol. Pienso en esas pequeñas chozas, en las personas que han construido casas o en las personas que habitan mansiones en mi imaginario por tanto pensarlas.

He llegado a la conclusión que el proceso de crecimiento de un pensamiento residente se debe a como se desarrolla la relación con la persona pensada. A veces las cosas se dan tan rápido que por un largo período pareciera que solo puedo pensar en esa persona en particular. Y a pesar de que sé que probablemente en algún punto pueda conocer a alguien más, existen pequeño actos o vivencias que aseguran una estancia si no permanente, por lo menos más extensa. Cosas como conocer un lugar juntos por primera vez, ubicar los gustos de esa persona, las canciones que nos intercambiamos, las anécdotas… aveces esa gran mansión termina siendo un terreno baldío, como una casa del siglo XVII que no ofrece más que recuerdos.

Llegarán personas que edifican con esmero a través de sus actos pero que en la ciudad de mis pensamientos probablemente sigan habitando el departamento de un edificio corroído. Otras llegarán y será cuestión de una charla de 20 minutos, un intercambio de miradas y ya… eso bastará para tener asegurado una casa acogedora con jardines abundantes.

En otras ocasiones las cosas se dan tan rápido muy tarde que ya no hay manera de ofrecer más allá de un mesurado afecto hacia la persona. Así pasa, no me agrada pero reflexiono mucho acerca del tipo de ciudad que estoy construyendo con mis memorias, mis pensamientos y decisiones.

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PD: Me pregunto qué personas serían hostales en la ciudad de los pensamientos. La ciudad es catalizador de muchas historias e ideas, espero poder compartirlas con ustedes.

PD II: Estoy en una de la áreas exteriores comunes del hostal en donde me estoy quedando en la Ciudad de México. Resultó ser el único espacio tranquilo en donde no tengo que escuchar el ajetreo de la recepción y la cocina. Les dejo algunas fotitos abajo.

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Que me gustes no significa nada, me han gustado muchas personas

Que me ponga nervioso al verte no significada nada, no te confundas. Es más, ¿sabes qué más me resulta irrelevante? Entre ellas es el temblor de mis manos cuando se acercan a ti, es esa extraña sensación de querer enderezar la espalda y volverme más consciente de mis gestos y movimientos por intentar agradarte. A pesar de que me empeñe en ello, por favor no mal interpretes, realmente no me importa, ya que agradarle al extraño se ha vuelta un ejercicio para mí. En pocas palabras: que me gustes no significa nada, me han gustado muchas personas. He sentido lo mismo anteriormente.

Si te rodeo con mis piernas, es por comodidad. Si te pido un beso es porque me gusta la suavidad de tus labios. Si cuento tus lunares es porque me he cansado de contar estrellas. Si busco tus puntos sensibles es porque siempre estoy buscando algo, no eres nada especial. Si te llamo en la medianoche es porque tu voz es un contrapeso de mi cotidianidad. Si te digo “te quiero” es porque te estoy entregando todo mi cariño sin importarme qué hagas con él, porque a mi tampoco me importa el tuyo. Si te vas, que te vaya bien. Si te quedas, sólo confía que yo confío en ti. Si te arrepientes, dilo, igual y no te pediré explicación. Si te llego a tomar de la mano es sólo para verificar tu decisión. Si te suplico que te quedes, te notifico que lo hago por compromiso.

Empieza a creerme cuando te susurre los “te amo” mientras duermes…

Empieza a creerme si te pido que me cuentes un cuento…

Capturarte en mis palabras será la señal de lo mucho que has llegado a significar, aún y si decides irte, habrás sido mía en cada letra. Muchas personas me han gustado, he escrito de muy pocas. Créeme sólo si llego a escribir de ti, esa será mi prueba máxima de lo mucho que te necesito.

Esto es para ti.

Créeme.


PD: Saludos a la persona que no me importa.

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Carta a ÉL

Querido Iván,

Te escribo esta carta que no es una confesión, no es de amor, no es una petición y no es una queja, aunque podría serlo si lo deseas, puede ser lo que quieras. En ese presunto juego de “el que se enamora, pierde” yo ya no tengo nada que perder, tal vez por eso te escribo. Esto no quiere decir que me haya enamorado, a menos que así lo desees. Voy vagando y puedo ser sedentario, si me prometes un espacio en donde sembrar, en donde poblar estos sentimientos y edificarlos. He construido ciudades a las orillas del mar y siempre terminan hundiéndose, he dejado atrás pueblos fantasma y ciudades mediocres. Caminando en tu bosque me he encontrado con espacios que si bien no terminan de convencerme hay algo que me invita a seguir explorándolos.

Tienes algo que quisiera capturar, algo que me termina capturando a mí. Tienes un aroma que deja huellas, una estela que como camino me es irresistible no seguir. Cuando te encuentro, choco, sólo quiero acercarme y cuando te tengo cerca, alejarme y verte de lejos me resulta igual de satisfactorio. Tienes una mirada que dicta sentencias y parece ser que culpable soy de quemar tus máscaras. Detrás de ese juez te he encontrado, sentado, esperando, mirando un escenario a través de una ventana, volteas a verme y regresas la mirada, sigues esperando no se si a mí o a alguien más… tal vez no esperas a nadie. Al verte pienso en lo perfecto que eres como pieza, lo perfecto que serías al estar preso, preso en una fotografía, preso en una pintura. En esta vida de jaulas, tiendo mi mano para ofrecerte cinco llaves con la esperanza de que alguna te sea útil.

Tienes una voz de río recorriendo rocas, tu voz es un secreto dicho bajo el agua. Me llama pero me ahoga, y alégrate que he aprendido a sólo mojar mis pies en tus orillas. Tienes una esencia dispersa, tómala, cúbrete con ella que yo te acompaño después. Por ahora escucharé como las aves cantan y como los lobos aúllan.

Sólo me queda decirte que puedo edificar y construir a tu lado, si no lo deseas así enséñame a sobrevivir a tu bosque o dime que siga mi camino.

Atentamente,

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PD: Hace unos días puse una encuesta en Instagram preguntando si la carta debería dedicarla a ÉL o a ELLA. Espero hacer dinámicas similares más adelante, de igual manera, tal vez la carta para ELLA salga después. Dejaré enlaces a mis redes sociales, pero los invito a que sigamos la interacción por Instagram, prefiero esta red ya que es donde más activo me encuentro y donde pongo encuestas acerca de a quién dedicarle mi siguiente carta 🙂

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Carta al barista de ojos grandes y labios secos

PD: La primera taza de café es para despertar, la segunda es para terminarla a sorbos eternos sólo si estás ahí. Por favor dime si soy obvio.

Querido Jorge,

Admito que intento tocar tus manos ante la menor oportunidad. Es verdad que esta vez la casualidad me ha puesto una trampa. Reconozco que hubiera deseado que me acompañaras esa tarde, que te sentaras y me hablaras de ti. Recuerdo la disposición con la que atiendes a cada persona que entra al café, tu actitud metódica para preparar hasta el platillo más insignificante, la sutileza de tu atención y la sonrisa infantil que resguarda tu rostro con barba de dos semanas. Me revolvía en la manera con la que de reojo curioseabas buscándome y que al vernos sólo sonreías.

Aun recuerdo las venas que envuelven tu antebrazo como enredaderas que se aferran a las paredes de un antiguo edificio. Tengo presente el café con dos de azúcar de tus ojos. Más abajo: el labio inferior pálido, lo desértico de ambos y como la comisura sugiere amabilidad y una invitación ambigua.

Quiero decirte, Jorge, que encontré en esa cafetería el mejor café de la ciudad y que no me canso de verlos. Admito  que vivo con el deseo de beber la cafeína necesaria para despertar en un lugar donde puedas disfrutar mi presencia sin remordimiento alguno.

Si algún día terminas por fijarte, me dices y te doy la cuenta. Quedaría en deuda pero espero podamos llegar a un acuerdo.

Atentamente,

Tu cliente.


PD: La primera taza de café es para despertar, la segunda es para terminarla a sorbos eternos sólo si estás ahí. Por favor dime si soy obvio.

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Encontré tu voz en ella y tu humildad en él, te encontré fragmentada

He caminado por las calles, he visto tu cabello entre la gente y corro hacia ti sólo para descubrir que no eres tú.

He volteado desesperado cuando escucho tu voz acercarse, sólo para darme cuenta que no eres tú.

He encontrado los “te quiero” que alguna vez me dijiste, pero no venían de tus labio.

Encontré la calidez de un abrazo tuyo pero sin abrazarte a ti.

Encontré el beso que nunca nos dimos.

Encontré tu cariño manifestándose en otra persona.

Encontré tu dulzura en él, tu belleza en ella.

Tu inteligencia en ella, tu orgullo en él.

He susurrado tu nombre.

Te encuentro y te pierdo.

He recreado nuestra historia muchas veces, y cada historia me deja un fragmento tuyo.

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PD: Tal vez sea momento de detener esta búsqueda.
Gracias por leer 💚

Novios de viaje [Parte II]

“Quiero conocerte” me dijo. Yo también lo quería conocer, aunque no estaba seguro. Las palabras del momento, las miradas y risas penosas, ahogaron cualquier duda y de mis labios brotaron sin control algunas palabras, “Me gusta la idea, ¿qué lugar te parece bien?”- Novios de viaje [Parte I]


 

Casi nos decidíamos por Guadalajara, pero a lo último optamos por viajar a la Ciudad de México durante el verano. No recuerdo los motivos, pero fue una decisión unánime. Mientras más planeábamos el viaje, más crecía algo dentro de nosotros además del cariño; a la par había algo que se escondía detrás de ese cariño, luego de unos días me di cuenta que era el miedo. Las dudas no eran más que la materialización de ese miedo ¿estábamos haciendo lo correcto? ¿por qué estamos alimentando un esperanza que no parece tener ninguna base? No lo sabía pero al mismo tiempo no tenía interés en contestar esas preguntas porque también le tenía miedo a las respuestas.

Comentamos acerca de los vuelos, de la estancia, del tiempo y el dinero. Decíamos cosas  con la mente hirviendo, cosas inciertas como los “te amo” prematuros de una relación, cosas frágiles. La imaginación se volvía fuerte y las conversaciones eran pequeños destellos de claridad que nos aseguraban que hacíamos lo correcto. O por lo menos nos daban seguridad de que no hacíamos nada malo. Teníamos trazado algunos métodos de ahorro. Un plan, un viaje donde él podría ser libre y ser quien es y donde yo podía acompañarlo en su libertad.

Hace unos días confesamos nuestros temores. No era sólo yo. Me dijo que no quería ilusionarse, que se molestaba con él mismo por dejar que nuestro plan siguiera adelante y me dijo que no me preocupara porque había probabilidades que nada de lo planeado sucediera, pero que él quería continuar con el plan; admito que su decisión me daba ánimos. “El tiempo dirá”, escribió.
Yo sólo  le dije que tenía miedo a vivir experiencias bonitas en el viaje, que tenía miedo a tatuarme recuerdos que luego extrañaría. Tenía miedo a extrañarlo a él una vez que todo terminara. Le compartí mi incertidumbre y al final ambos nos cobijamos en “El tiempo dirá”. Sonreímos.

Espero estar listo para conversar cuando el tiempo me diga algo.

Tocamos la pantalla y sólo sentíamos una superficie tibia. No era la calidez de la piel, pero ambos esperábamos que algún día lo fuera.

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PD: ¡Muchas gracias por leer! Hasta no ver lo que el tiempo vaya diciendo, no podré escribir más al respecto.

Novios de viaje [Parte I]

Era mi vecino, él de Nuevo León y yo de Coahuila.

Habíamos coincidido en un lugar. Era un lugar de deseo, de palabras efímeras y de miedo constante a la identidad. Un lugar de lobos y cenicientas. Caminaba entre los candidatos, buscaba un acompañante para esa noche solitaria. De pronto, aparece en mi pantalla, alguien quieto, que analiza porque sabe que está siendo analizado. Sólo un gesto de aprobación es el que hace falta para iniciar una conversación. A veces, el hecho de no huir, es señal de aprobación.

En una noche nos conocimos y en la madrugada, teníamos la elección si dejarlo todo en el olvido o guardarlo y acumular recuerdos futuros.

“Quiero conocerte” me dijo. Yo también lo quería conocer, aunque no estaba seguro. Las palabras del momento, las miradas y risas penosas, ahogaron cualquier duda y de mis labios brotaron sin control algunas palabras, “Me gusta la idea, ¿qué lugar te parece bien?”.


 

PD: Me gusta verte, desearía que sólo sea eso lo que me guste de ti. No lo creo.

Una relación es aventarse a un cama destendida de un cuarto frío

¿Notas la cama destendida? Miras las sábanas revolverse en una especie de majestuoso baile en donde los cobertores a veces se vuelven líneas de expresión de recuerdos viejos, sueños estancados y pensamientos retorcidos.

¿Sientes tu piel erizarse? Sientes el frío de la habitación, observas el cuarto en oscuridad e intentas darle forma a los muebles. No sabes si debajo de la cobija duerme un demonio o un ángel; la oscuridad te dice que lo primero es lo más lógico. Pero tú no conoces la lógica, no te interesa ordenar el caos que duerme sobre tu cama. Piensas en los diablos que te envuelven.

No sabes como va a terminar la relación. Sólo tomas la cobija más tibia, la envuelves en tus piernas. Pareciera que tu eres quien envuelve hasta que notas que estás siendo enredado y paralizado.

La noche transcurre lenta y hay una batalla entre cubrirte o destaparte. En decidir si es necesario tomarte la molestia en destender el cobertor. Piensas en los involucrados: el tiempo, el sueño, la compañía, la soledad, en el frío…

Despiertas y sabes que cada noche es diferente: a veces la cobija termina en el suelo, a veces la sábana la usas como almohada, a veces terminas con frío porque tiraste ambas cosas al suelo, a veces el cansancio, a veces la vitalidad, a veces duermes cómodamente, a veces duermes.

Prefieres ya no planear la cama, prefieres tirarte en ella, dejarte llevar por el frío y el deslizamiento de las cobijas y sentir la reacción natural de tu cuerpo. Cubrirte a patadas, acomodarte a jalones y estirones hasta sentir el cobijo de la noche y el abrazo de los cobertores. Unos cuantos giros y el frío se va, un profundo suspiro y sientes la estabilidad de lo que te cubre, los demonios vuelan, las cobijas dejan de ser serpientes, tú pasas a ser una roca pesada que se sumerge en las profundidades de los ríos.

Las líneas de las sábanas pasan a ser venas que transportan culpa, satisfacción, pena, felicidad, miedo, tedio, fantasías, anhelos y susurros que desembocan en las almohadas.

Esta noche, las sábanas pasaron a ser brazos que te estrechan y las líneas ahora son cabellos pincelados.

La ceremonia encarnó en un “Buenos días, amor”…

Oscar Mares

PD: Es tarde y mi ceremonia debe empezar…