Dos clases de ballet y un dolor en las corvas – No. 3

La semana pasada tomé dos clases de ballet ya que mis maestrxs de contemporáneo estaría fuera debido a las presentaciones de la compañía de danza. Fue la primera vez que tomé una clase de ballet y fue genial (?). Mi cuerpo parecía reconocer algunas cosas gracias a las clases de danza contemporánea y aún así era algo completamente desconocido. Ubicaba algunos nombres como el plié, tendu o relevé. Pero había uno que solo conocía como tipo de presentación de un café frío: frappé. Ambos docentes que tuve en cada uno de esos dos días, tenían un carácter fuerte y me daba la impresión de un desespero constante. Tal vez querían encontrar algo o buscaban la manera de mostrarnos cómo encontrar el camino para lograr ejecutar un paso en particular.

Mi elasticidad es algo con lo que estoy trabajando, sobre todo la parte de mis corvas. Cuando uso la bici no suelo calentar ni enfriar, por eso mis corvas están contraídas y tiesas; y lo siento aún más cuando intento estirar. Pero hubo algo interesante en esas clases: sentí una presión estimulante, y no es como que no lo sienta con mis otros instructores, pero aquí fue diferente. Reconocí el largo trayecto que mi cuerpo caminará y que solo con disciplina puedo llegar a acercarme un poco.

Las pequeñas conversaciones con mi cuerpo al momento de estirar, suelen decir: “Muy bien, ya pudiste tocar tus dedos de los pies sin que te duelan tanto las corvas”
“Exhala…y… un… poco… más…adelan-te”
“Ahora, relájate y quédate así”
“Ella ya tiene rato en esto, se paciente contigo”
“A la próxima llega más temprano para que puedas estirar”
“Ándale, ya ves, por no estirar antes de usar la bici”

Intento ser amable conmigo y permitir que el cuerpo me vaya diciendo cómo apoyarlo sin dejar de exigirle un mejoramiento constante.

¿Cuándo podré recostar mi abdomen sobre el suelo al estar estirando?

Definitivamente no será en este Blogtober, pero ojalá sea el título de alguna entrada futura.

Ballet español, 1862, Édouard Manet

Ballet español refleja la fascinación por el arte y la cultura española manifiesta en la obra de Édouard Manet de fines de la década de 1850 y durante toda la de 1860. La exploración por parte del artista de estos estereotipos románticos reflejaba el exótico atractivo de las cosas españolas que resultaron tan populares en Francia hasta la década de 1830. En 1862, Manet quedó cautivado por la compañía de bailarines españoles del Teatro Real de Madrid, encabezada por el veterano bailarín principal Don Mariano Camprubí, que ya había entusiasmado por primera vez al público parisino en 1834, bailando boleros. Durante esta época, Manet consiguió que varios bailarines principales de la compañía posaran para él en el estudio de su amigo Alfred Stevens. Esto dio lugar a la realización de varias pinturas de temas y artistas españoles, incluyendo esta obra que muestra a los principales bailarines del Teatro Real de Madrid en el escenario, como si estuvieran en pleno acto.

DailyArt app

Escribiendo y dibujando (Blogtober e Inktober) No.1

Mi dúo favorito del año, octubre-noviembre, ha llegado. El clima me parece más agradable, mis colores favoritos se vuelven protag´´onicos, la vibra temeraria de las decoraciones del día de brujas inunda las tiendas, y llega también el blogtober y el inktober. He participado en dos ocasiones en el blogtober (¿Qué es el blogtober?), que básicamente es escribir una entrada por cada día del mes de octubre. Entré a mi blog para ver cómo me había ido en los años pasados y hubo mejora, pero nunca he logrado escribir por los treinta días consecutivos. En el 2019 publiqué 13 entradas y en el 2020 subí el número a 27, el más cercano a los 31. Creo que el número del año pasado es mi inspiración para que este año sí concluya una entrada por día. Este año hice una lista de posibles temas que podría abordar, cosas del cotidiano que a veces encapsulo en una historia de Instagram o un tuit.

Si piensas participar, mi recomendación es que si puedes predecir qué días estarás con muchos pendientes, que podrían boicotear tu progreso de escritura, intenta programar tus entradas y así puede tener un margen de apoyo. La plataforma de Medium tiene muchos artículos sobre escritura que me inspiran mucho, recomiendo que lo chequen también.

Inktober

El Inktober es una dinámica más específica hacia el dibujo y en la que solo he participado en una ocasión. Esa vez no me fue muy bien, ya que solo hice cuatro dibujos. Este año es diferente, o me gustaría pensar que lo será, porque a diferencia de los anteriores, hoy soy maestro de artes visuales a nivel secundaria y estuve animando a mis estudiantes que voluntariamente participaran. Les comenté que si ellos participaban, yo también lo haría. Me agradó ver que algunxs sí querían, de hecho un estudiante ya me mandó un mensaje con su dibujo de la palabra del día uno: Cristal. A continuación comparto las instrucciones que se leen en la página oficial de Inktober:


Reglas de Inktober:

1) Haz un dibujo con tinta (puedes hacer un dibujo a lápiz si quieres).

2) Publícalo *

3) Etiquétalo con #inktober y # inktober2021

4) Repite

Nota: puedes hacerlo a diario, o ir a la ruta del medio maratón y publicar cada dos días, o simplemente hacer los 5K y publicar una vez a la semana. Decidas lo que decidas, se constante con ello. Inktober se trata de crecer, mejorar y formar hábitos positivos, por lo que cuanto más consistente sea, mejor.

¡Eso es todo! Ahora ve a hacer algo hermoso.

* Publícalo en cualquier cuenta de redes sociales que desees o simplemente publícalo en tu refrigerador. El punto es compartir tu arte con alguien. :)}

Continúa leyendo Escribiendo y dibujando (Blogtober e Inktober) No.1

Vampiro

Querido Munch,

Hoy mientras observaba tu obra Vampiro (1893), recordé a una vieja amiga. Su nombre era (¿es?) Irania, era alta y muy blanca, de ojos almendrados… pero lo que más recuerdo de ella es su larga, larga cabellera negra. La punta de sus cabellos coquetaban con sus tobillos. Se decían muchas cosas sobre ella, y sobre su gusto por las jóvenes de la ciudad. Se escabullía en los antros, pero una vez adentro, pocos la habían podido encontrar. Una vez creí verla y recuerdo haberme preguntado, cómo es que todos en ese lugar no la rendían tributo, ante las luces de colores y el sonido estridente de las bocinas, parecía una aparición divina. Pero era como si no estuviera ahí, como si ella no se permitiera ser vista. Parecía como si las personas estuvieran en un trance que ella misma ejecutaba y en donde ella elegía quiénes la podían ver. Me sentí afortunado… aunque siempre que cuento esto olvido que ese día iba con mi novia. Fue la primera vez que vi a Irania y la última en la que vi a Mariana.

Continúa leyendo Vampiro

Me iré a respirar un rato #YWABreath

Si así lo deseas, tómate un tiempo para escribir sobre cómo te estás sintiendo (físicamente, mentalmente y emocionalmente) después de haber experimentado los primeros 14 días de los 30 días del viaje Breath

Yoga con Adriene

Esa fue una de las recomendaciones del correo 14 que recibí del “Viaje de yoga” o “challenge” como le dicen algunxs (me gusta que Adriene elija la palabra viaje en lugar de challenge). A continuación haré unas breves notas al respecto.

Este es el tercer año que intento unirme a uno de los viajes que convoca. Cada año el viaje tiene un tema diferente, los que he hecho han sido los de True, Home y el que actualmente esta corriendo, Breath. La primera vez completé el primer mes y quedé encantado con la personalidad de Adriene porque es una instructora muy buena, además de que noté algunos cambios en mi día cotidiano gracias a la práctica recurrente que hacía. Continué practicando una vez concluido el primer viaje, pero tiempo después lo dejé. El segundo año solo llegué a la mitad. Esta tercera vez me estoy tomando un tiempo para volver a conectar con mi voz interior y me di cuenta que a veces para llegar a esa voz, hace falta callar todo el ruido que proviene del exterior y enfocarte un momento en tu propia luz.

Continúa leyendo Me iré a respirar un rato #YWABreath

#22 Cumplir 25

Hoy durante una reunión en Zoom, una compañera que cumple 31 años, dijo “Me quedé en los 22 años… siento que aún tengo 22”. En el 2017 escribí una notas acerca de cumplir 22 años (pongo el enlace como gesto simbólico, porque es un texto muy malo), en donde recuerdo haberme sentido con una típica nostalgia que me da al cumplir un año más de vida. Tengo muy presente cuando cumplí 20, pero más cuando cumplí los 21. Recuerdo que a los 21, solo quería cumplir los 22 para poder hacer las señal de amor y paz con ambas manos. Por ahí debe andar la foto en la que fui a trabajar el día de mi cumpleaños y mis compañerxs del trabajo me sacaron esa foto que estaba esperando. Sin darme cuenta, le habían seguido el 23, 24 y ahora, a punto de entrar el mes de mi cumpleaños… el 25. Suelo usar cada cumpleaños como para hacer una introspección de dónde estoy, cómo ha sido el camino que llevo recorrido y volteo a ver el camino por recorrer. Este proceso me agrada y tal vez no lo comparta aquí, sino en alguna libreta que me auto-regale. Creo que este post, no tiene mayor intención que recordarle a nadie en específico, que el 16 de noviembre cumplo años.

#20 El testimonio y lo imaginario

El testimonio representa el espacio fundante de identidad dentro de las prácticas de la memoria. Como la memoria busca representar la ausencia se encuentra en estrecha relación con una construcción en imágenes en la que se ponen en juego lo irreal -lo fantástico, la utopía- y lo anterior- la ausencia de lo que antes existió- (Ricoeur, 2002) De alguna manera, el pasado se escenifica en imágenes, que corren el riesgo de caer en lo imaginario, lo irreal.

Este texto lo compartió la instructora del taller de cartografías personales. Me parece que la memoria siempre tiene sus ajustes. Convertimos a la memoria en algo narrativo que a veces hiperbolizamos. Hoy más que nunca, le encuentro mucho valor a los registros fotográficos. A veces bailo partiendo de la música pop, tomo fotos solo porque sí… no me doy cuenta que mis registros históricos, lo poquito o mucho que tenga, son un camino dispuesto a ser explorado. Quisiera eso, explorar y dialogar con el pasado y mi presente.

Comparto un par de fotos que tomé de Médium un poemario de un joven poeta yucateco, Daniel Medina, quien creo que ve a la cámara y a la fotografía, como el medio con el que podemos seguir conversando con esas personas que ya no se encuentran con nosotrxs. Ahí es donde me imagino que ocurre la magia, un diálogo interior con las voces construidas a partir de la memoria.

Continúa leyendo #20 El testimonio y lo imaginario

#11 El recuerdo infantil

Los recuerdos no se quedan en el pasado, viven o mueren atendiendo a nuestra memoria. Nos acompañan en el presente, y es desde este tiempo en donde evoco las siguientes imágenes de mi infancia: Nací en una ciudad que su característica más relevante es ser frontera (¡Ah! y una banda de rock and roll, un plan y una carrera de caballos). Sin embargo, mis primeros años de escuela transcurrieron en Nuevo México en una ciudad tranquila. Recuerdo los juegos, las historias espontáneas, los espacios, las sensaciones, que vistas desde el presente, las veo proyectarse en mi cabeza como algo lejano. No tenía interés en crecer, pensaba que la gente nacía en las formas en las que yo los veía. Mi mamá se iba a quedar así, mi hermana y yo siempre iríamos a la primaria. No fue así.

Recuerdo la alfombra, las figuras que adornaban los muebles de la sala: ángeles, payasitos, elefantes, aves, girasoles, ositos… Vivíamos en una casa rodante que nunca vi rodar. Los deseos que tenía en ese entonces eran algo simples: quería tener un árbol grande en frente de la casa y un trampolín en el patio. No tenía interés en conocer el mundo, porque aún me quedaba mucho por descubrir de aquella casa rodante. Era sencilla y gris… pequeña, tal vez. Tenía dos habitaciones y en el cuarto que compartía con mi hermana, había una litera roja, un buró de ropa, un pequeño clóset, una tele y un baño que no me gustaba usar. La casa rodante tenía un ventanal deslizable en la cocina, pero nunca lo vi deslizarse. Había muchas cosas en ese espacio que no cumplían con lo que muchos dirían que eran sus propósitos iniciales.

Vienen a mi mente esos festejos que pensé que seguiría festejando cada año: navidad, pascua, la noche de brujas, san valentín… Recuerdo el horrible disfraz de luchador que me compró mi mamá en una thrift shop del centro. Recuerdo el dinosaurio que me encontré en un basurero. Deseo regresar, hasta que recuerdo que nunca me he ido: sigo habitando los deseos, mi necesidad de crear sigue intacta, pero se que perdí algo, no se si sea algo bueno o malo. A veces no se qué será de esta añoranza, de mi deseo por esa paz caótica de la infancia, de mi capacidad de retorcer el espacio y recordar. Porque solo quisiera poder estar sentado sin saber de horarios, quisiera hablar, bailar, llorar, gritar, reír a carcajadas… quisiera que el “déjalo es un niño” fuera mi refugio de nuevo, o por lo menos para cuando esté creando un recuerdo para mi futuro yo.


Este texto lo escribí para el taller de fotografía “Cartografías personales” impartido por Edith Cota

#10 Los conjuros en prosa

Los artistas eran los antiguos chamanes, y no recuerdo si eso me lo dijo un artista o un chamán ¿Conoces el mal de ojo? ¿Has pensado si existe algo opuesto a ello? Una mirada tan fuerte, que te vean con tal amor, que sana toda enfermedad y herida. Nací en la noche y por eso siempre busco el cobijo del silencio, la melodía de los grillos o el canto de los perros. Te conocí en agosto, te conjuré a principios de octubre y te sujeté a mediados de ese mismo mes. Cuando bebiste ese brebaje, fui torpe e impaciente al besarte al instante. Tropecé con mi hechizo, te besé y absorbí de tus labios la pócima. Fueron mi palabras, mis acentos y sonidos guturales los que barajeaban nuestra suerte. Me doy cuenta que no te he dedicado los poemas suficientes, ni te he tomado las suficientes fotos o videos. Todo está en mi cabeza, cuando sonríes, cuando paras los labios, cuando cierras los ojos, cuando me ves o cuando observas, la serenidad de tu rostro al usar tu teléfono… esta mañana te vi observando al vacío. Lo quise captar y no lo hice. Ni el mismo tarot me advirtió sobre esto. Cada que te vas y me encuentro solo otra vez, suelo pensar dos cosas: lo tranquilo que me resulta tu noche y el coraje de no habernos enredado en un conjuro o de embriagarnos entre hechizos. Por ahora, querido, no hay nada que temer. No te preguntes si soy bruja, hechicero, alquimista, poeta, bailarín o pintor… que al fin y al cabo, no hay diferencia.

#4 El sol en escorpio y otras predicciones

Hace un año tomé las manos de un muchacho y coloqué una conchita de mar entre ellas. Esa noche saldríamos a un cumpleaños con mis amigxs de teatro. Lo vi y entre titubeos logré decirle que esa conchita me devolvería el día que le pidiera que fuera mi novi y que a pesar de que aún no lo seríamos, ese día llevaría ese “título”. Cinco de octubre y un escorpiano dudoso, viendo fijamente a un impaciente ariano quien días después me devolviera la conchita él mismo… se me había adelantado y dije que sí.

A veces me ponía a pensar sobre algunas cosas:

Luego pensaba en otras:

Cuando lo escuchaba hablar con ese tonito singular que hace al pronunciar ciertas palabras, seguía pensando en otras cosas:

Finalmente decidí buscar ayuda. Seguía pensando y pensando…

Como que no terminaba de aceptar que estaba enamorado de ese muchacho, del alto, el del cabello genial, el de carácter fuerte, ese chico guapo e impaciente, el fan de Ru Paul, el que se sabe todos los diálogos de Shrek, el biólogo, el fan de Lady Gaga, al obsesivo compulsivo, el buen conductor, el que no se da cuenta que grita cuando está emocionado, el bebé adulto, al que le irrita la gente lenta, quien tiene pesadillas por las noches y muchos sueños en el día, al consejero que niega consejos… dije: estoy enamorado del ariano con luna en Cáncer…

En una ocasión, una en particular, me preguntaste si te quería… empecé a pensar y buscando ser lo más preciso posible, contesté: Sí, aunque siento que te puedo querer aún más. A pesar de ser consciente de mis temores e inseguridades, te abrí la puerta y te dejé entrar a mi hogar. En ocasiones te corría, solo para salir deprisa a buscarte. A veces eras paciente, te quedabas afuera un momento y tocabas de nuevo a la puerta. Cuando noté que tu estancia se prolongaba, no sabía qué hacer. No pasabas más allá del recibidor de la casa. Luego de un tiempo decidí mostrarte el interior. Te mostré las fotos de la sala, los platos cuarteados de la cocina, los cuadros del pasillo, los cristales rotos de mi taller y mi pequeña biblioteca. Eran espacios que me enorgullecía mostrarte y yo amaba ver tus reacciones ante cada cuarto. Pensaba que sería suficiente con que solo vieras esas habitaciones… no lo fue. Al pasar los días, fuiste viendo los detalles, los aparatos descompuestos, lo descuidado que estaba la pintura del cuarto de dormir, el sarro del baño y la humedad de los techos. Conociste el cuarto de lavar, el sótano, el jardín descuidado y el cuarto del basurero. Me molestaba que lo vieras y decidí esconder ciertos detalles de la descuidada estructura de mi casa. Pero los encontrabas, o tal vez yo no lo escondía tan bien.

Al tiempo me tocó ir a visitarte y para mi sorpresa, el interior de tu casa era un espacio diferente al de la fachada. Resulta que hasta el día de hoy sigo recorriendo tus pasillos, tocando las paredes. Te comento que traje resistol para ayudarte a pegar los figuritas rotas que adornan tu sala. Sentados en tu patio, te tomo de las manos y te digo que entiendo tu preocupación y que a pesar de todo, sigo queriéndote cada vez más.

Te sonrío, te digo que por ahora sigamos regando tus plantas, que hay un predicción en forma de dicho que dice que mi casa es tu casa.

El racista que llevamos dentro

Hoy, durante un descanso de la caminata matutina que a veces hago con mi hermana, veo que mi feed de Instagram está lleno de recuadros negros con el hashtag #BlackLivesMatter o #BlackOutTuesday. El Gay Times escribe al respecto:

Blackout Tuesday es una iniciativa que empezó en la industria de la música para poder darle a sus empleados el día para desconectarse del trabajo y conectarse con sus comunidades a raíz del asesinato de George Floyd.

Así como muchos movimientos de las redes sociales, la simple llamada de acción a compartir un cuadro negro en sus páginas como una marca de solidaridad ha crecido tan rápido que pocas personas entienden el origen de la campaña y sus intenciones. Para hacer las cosas aún peor, la gente que ha publicado su cuadro negro con el hashtag “Black Lives Matter” lo han saturado, borrando así los recursos esenciales, arte y las voces que están siendo compartidas con el hashtag. Si estás formando parte de esto, por favor evita usar ese hashtag y usa el “Black out Tuesday” en su lugar.

-Gay Times

Las circunstancias como estas siempre me orillan a una pausa y a reflexionar sobre qué puedo hacer, cómo le hago y por dónde empiezo. Ha habido ya muchas vías para ayudar, desde donar monetariamente, hasta ver un vídeo de Youtube monetizado que redirige los ingresos a fundaciones y organismos que apoyan a Black Lives Matter. Si bien todas las opciones que se nos están poniendo sobre la mesa son válidos, hay una acción en particular que me llama la atención: educarnos e investigar.

¡OJO! Es importante que al ver el vídeo: 1) Deshabilites los bloqueadores de publicidad del navegador 2) No saltarse la publicidad que aparezca y 3) Si repites el video, hazlo desde la lista de reproducción o dale a regresar y dale clic de nuevo al vídeo.

¡Ay, qué indio soy!

Esa frase de encabezado hace tiempo salía de mi boca para expresar lo torpe que había sido al hacer algo ¿el problema? Fácil: es una expresión racista. No solo eso, también he escuchado de parte de amigxs o familiares y hasta yo mismo lo he dicho: “Ay, estoy todo negro de lo quemado”. El tono a veces sugiere que tener la piel oscura es algo malo. Día a día, las frases racistas son muy comunes, a niveles que se han llegado a normalizar. Les contaré algo de lo que me apena mucho admitir, pero que creo que es pertinente.

Cuando yo asistía a mis primeros años de primaria en EEUU. Lo primero que me ayudaron a hacer fue identificar a los otros niños que venían de una familia hispana: Nayely, Leonel y Stephany. Eramos cuatro en total. Realmente esto no es muy relevante, pero recuerdo las primeras reuniones de padres de familia en donde mi mamá debía presentarse. Era solo ella porque mi papá nos había dejado. Claramente mi familia resultaba diferente por ser madre soltera y mexicana (en ese entonces, no sabía que era algo común). Hasta hoy no me explico por qué me daba pena que fuera a las reuniones. Lo único que puedo pensar es que me incomodaba ser diferente. Cuando regreso a México, la dinámica en el aula era distinta: las clases eran más ruidosas, los alumnos corrían y los maestros se la llevaban gritando. Estando aquí, de nuevo era el diferente y fue un proceso el aprender a adaptarme. A lo que voy es que en muchas ocasiones no sabía por qué siendo tan pequeño, el pensar que mi mamá fuera vista por mis compañerxs resultara ser algo que me quitaba el sueño. Más adelante le pondría nombre a esas sensaciones: discriminación y racismo.

Resulta que si no recibimos la guía correcta, ese orgullo que en origen tiene motivos de empoderamiento y de una búsqueda de identidad, se torna en egoísmo y apatía.

¿Pero alguien me enseñó a pensar de ese modo? Es ahí donde me doy cuenta que el racismo va más allá de un discurso de odio o de un chiste de mal gusto. El racismo es todo un sistema del que formamos parte. Hoy en día me encanta decirle a la gente que mi mamá es de Oaxaca y mi papá de Chiapas. Pero eso fue luego de saber de dónde venía y conocer un poco de la historia familiar. Me doy cuenta que existe un proceso de aprendizaje en sentirnos orgullosos ¿pero qué ocurre después? Resulta que si no recibimos la guía correcta, ese orgullo que en origen tiene motivos de empoderamiento y de una búsqueda de identidad, se torna en egoísmo y apatía. Es por eso que no solamente es importante conocernos a nosotrxs mismxs, sino también conocer, reconocer y respetar al otro.

Durante nuestra etapa infantil no podemos elegir nuestro círculo familiar. Como niñxs que somos, empezamos a mimetizar las acciones de los adultos, sus modos de caminar, de hablar y expresarse. En muchas ocasiones crecemos en un entorno que discrimina, homofóbica, machista y racista. Tal vez no tengamos mucho control sobre esa etapa, pero afortunadamente, transitamos luego por una etapa de elecciones que con suerte, nos permitirá desarrollar un criterio propio para así lograr cuestionar nuestra supuesta normalidad. Este proceso a veces, ojo, a veces va muy de la mano con la educación. Aunque no siempre es así, en mi caso personal, la universidad fue un centro de reaprendizaje, un lugar donde tuve que reconstruir mucho de lo que creía ser yo. Durante mi estancia en la universidad, me di cuenta de mi machismo, de mi homofobia y del racismo que llevaba cargando. Muchas de esas acciones o expresiones ni siquiera las veía como malas, pero fue el acercarme a las marchas, a las charlas, a los libros, a la gente y a la investigación, lo que me hizo darme cuenta de lo que debía cambiar.

Siempre hay una opción

Así es, podemos elegir no ser racistas, pero eso no es suficiente. Necesitamos evaluar nuestras conductas y reconocer que somos parte del problema, que como he leído en internet

No basta con “no ser racista”, debemos ser anti-racistas.

Y es cierto, ¿cuáles son las expresiones que usan nuestrxs amigxs y nuestra familia? Aprovechemos estos momentos críticos para hablar sobre racismo y para ver qué podemos hacer desde donde estamos. Si no sabemos de feminismo, hay que acercarnos a nuestras amigas que asisten a las marchas. Si no sabemos sobre el cambio climático, busquemos información. El no hacer nada y el comportarnos de manera indiferente ante estas situaciones que aquejan a nuestra sociedad, nos vuelve parte del problema. En mi caso, se de racismo e historia queer, pero se que es un conocimiento superficial. Entiendo que debo leer más al respecto y eso hago.

Todos estos movimientos tienen años de historia y es necesario acercarnos a saber sobre ellas. Necesitamos partir del hecho de que al formar parte de un sistema racista, machista, homofóbico, etcétera, habrá una repercusión en nosotrxs, pero que eso no significa que debamos seguir los parámetros de esa supuesta “normalidad” que nos venden. Porque ya no estamos en momentos de mimetizar lo que nos dicen ser “solo un chiste” “un decir” o un “es normal”, estamos para cuestionar, reformular y accionar.

Pero para que no nos pase lo que le está pasando a cientos de celebridades que supuestamente apoyan la causa y surgen evidencias contrarias, es necesario partir desde la sinceridad. Debemos buscar un mejor futuro y para ello debemos quitarle la máscara de “Es que es así/Es normal” a las cosas, ver el problema a la cara, ver al racista (homofóbico y machista) que llevamos dentro y educarle.

Así que aprovechemos este tiempo para cuestionar, dialogar, investigar y crecer.


“Not to be reproduced”, René Magritte, 1937