Dos clases de ballet y un dolor en las corvas – No. 3

La semana pasada tomé dos clases de ballet ya que mis maestrxs de contemporáneo estaría fuera debido a las presentaciones de la compañía de danza. Fue la primera vez que tomé una clase de ballet y fue genial (?). Mi cuerpo parecía reconocer algunas cosas gracias a las clases de danza contemporánea y aún así era algo completamente desconocido. Ubicaba algunos nombres como el plié, tendu o relevé. Pero había uno que solo conocía como tipo de presentación de un café frío: frappé. Ambos docentes que tuve en cada uno de esos dos días, tenían un carácter fuerte y me daba la impresión de un desespero constante. Tal vez querían encontrar algo o buscaban la manera de mostrarnos cómo encontrar el camino para lograr ejecutar un paso en particular.

Mi elasticidad es algo con lo que estoy trabajando, sobre todo la parte de mis corvas. Cuando uso la bici no suelo calentar ni enfriar, por eso mis corvas están contraídas y tiesas; y lo siento aún más cuando intento estirar. Pero hubo algo interesante en esas clases: sentí una presión estimulante, y no es como que no lo sienta con mis otros instructores, pero aquí fue diferente. Reconocí el largo trayecto que mi cuerpo caminará y que solo con disciplina puedo llegar a acercarme un poco.

Las pequeñas conversaciones con mi cuerpo al momento de estirar, suelen decir: “Muy bien, ya pudiste tocar tus dedos de los pies sin que te duelan tanto las corvas”
“Exhala…y… un… poco… más…adelan-te”
“Ahora, relájate y quédate así”
“Ella ya tiene rato en esto, se paciente contigo”
“A la próxima llega más temprano para que puedas estirar”
“Ándale, ya ves, por no estirar antes de usar la bici”

Intento ser amable conmigo y permitir que el cuerpo me vaya diciendo cómo apoyarlo sin dejar de exigirle un mejoramiento constante.

¿Cuándo podré recostar mi abdomen sobre el suelo al estar estirando?

Definitivamente no será en este Blogtober, pero ojalá sea el título de alguna entrada futura.

Ballet español, 1862, Édouard Manet

Ballet español refleja la fascinación por el arte y la cultura española manifiesta en la obra de Édouard Manet de fines de la década de 1850 y durante toda la de 1860. La exploración por parte del artista de estos estereotipos románticos reflejaba el exótico atractivo de las cosas españolas que resultaron tan populares en Francia hasta la década de 1830. En 1862, Manet quedó cautivado por la compañía de bailarines españoles del Teatro Real de Madrid, encabezada por el veterano bailarín principal Don Mariano Camprubí, que ya había entusiasmado por primera vez al público parisino en 1834, bailando boleros. Durante esta época, Manet consiguió que varios bailarines principales de la compañía posaran para él en el estudio de su amigo Alfred Stevens. Esto dio lugar a la realización de varias pinturas de temas y artistas españoles, incluyendo esta obra que muestra a los principales bailarines del Teatro Real de Madrid en el escenario, como si estuvieran en pleno acto.

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#21 ¿En qué pensará el maestro Mancillas?

Mi novio me regaló un jabón artesanal de lavanda, fui a mi cuarto y me eché una loción de lavanda que me había regalado mi mamá. Al reconocer el patrón, encendí un incienso de lavanda… de esos que venden en el Wal-Mart y que cuestan como 30 pesos. Pensaba en el aroma, pensaba en las personas que me habían obsequiado aquellos aromas y por un instante, mientras el humo y el aroma a lavanda ascendía y parecía bailar en el aire, me pregunté: ¿en qué pensará el maestro Miguel Mancillas? ¿siempre estará ideando algo nuevo? Una pregunta que de vez en cuando llega a mí. Siento que sus pensamientos tienen una fascinante mezcla de inquietudes que parecieran no inquietarme a mí, pero que siento que deberían. Hoy en particular me siento perdido en mis ideas y me pregunto ¿en qué pensará el maestro Mancillas cuando se siente perdido? ¿cómo llega a encontrar el camino? Tal vez solo lo camina, siempre pensando… ¿pero en qué?, me pregunto. Yo mismo me contesto: No lo se, han de ser muchas cosas. Me digo a mí mismo que tal vez debería invitarle un café, pero ni siquiera sabría qué preguntar. Las veces que lo he escuchado, siempre me pregunto cómo ha sido el proceso para que el maestro piense en la manera que piensa. Al escucharlo, solo asiento con firmeza, todo parece encajar y me lleno de entusiasmo. Las piezas que tengo de su persona, las armo a partir de mi admiración por él y su trabajo, además de los testimonios sobre su persona. Digo, es común que piense sobre qué pensarán otros artistas… pero por alguna razón, siempre me pregunto en qué pensará el maestro Mancillas. Es probable que solo estoy dudando si yo mismo estoy teniendo la mente ocupada en lo que se que me interesa: crear. Ya ni siquiera lleva una etiqueta en específico, ya sea bailar, escribir o tomar fotos… es solo crear. Tal vez me inquieta pensar que como artista, no estoy pensando en lo que debería pensar. Para saber qué piensa, tal vez deba contestarme otras preguntas que ni siquiera se formular. Solo se que tal vez me diría que no la pensara tanto… tal vez ese sea el primera paso para saber qué piensa el maestro Miguel Mancillas.

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Miguel Mancillas

Nacido en Hermosillo, Sonora, México. Maestro, bailarín y coreógrafo.

Se forma dancísticamente en la Ciudad de México con diferentes maestros en técnica clásica y contemporánea entre los que se encuentran Xavier Francis, Isabel Hernández, Ángeles Martínez y Guillermo Maldonado. Su inclinación hacia la plástica lo lleva a incursionar dentro del terreno del diseño, iluminación y maquillaje escénico.

Desarrolla su carrera como ejecutante a la vez que imparte clases de danza y se adentra en la investigación del folclor mexicano.

Se desempeña como bailarín en diferentes grupos y compañías de Hermosillo, Ciudad de México y Montreal, Canadá.

Miembro fundador de Antares.

Sistema de Información Cultural: Artistas

“La danza es un acto de amor”: Notas sobre Antares Danza Contemporánea

El siguiente texto se basa en las cápsulas Fases: La construcción del cuerpo de Antares Danza Contemporánea en el marco de las Fiestas del Pitic 2020 / Edición Virtual. Empezaré haciendo una reflexión sobre mi acercamiento al trabajo de Antares para contextualizar un poco desde dónde escribo. Luego haré algunas notas sobre cada una de las cápsulas de Fases.

Necesidad de movimiento

La primera vez que vi el trabajo de la compañía Antares, fue precisamente en las Fiestas del Pitic en su edición del 2016 o 2017 con Desatados. En ese momento no sabía lo que tenía frente a mí, era mi primer año como estudiante en la universidad y el movimiento artístico de Hermosillo creaba un amplio contraste con Agua Prieta, mi ciudad natal.

Durante mi último año de la carrera de literaturas hispánicas, mi cuerpo me empezó a pedir que lo moviera. Sí lo había hecho, siempre he bailado, pero nunca le había dedicado el tiempo para entrenarlo con el fin de bailar. Por mucho tiempo veía a la danza como mi lugar privado, mi intimidad. Me presentaba en todos los Floricantos (evento artístico de la carrera que se realizaba alrededor de 3 veces por semestre) y otros eventos; en cada presentación mi cuerpo generaba una energía que partía desde la catarsis. Hubo personas que se me acercaban diciéndome que lo que hacía estaba bien pero que me hacía falta entrenamiento para no lastimarme. Con el tiempo me di cuenta que era cierto, no solo me empecé a dar cuenta de las emociones que sentía, sino que fui consciente de el dolor de mis piernas, la brusquedad de mis movimientos, el impacto que tenía sobre mis rodillas al tirarme en el suelo, el dolor ocasional en mis hombros, así como raspones y moretones.

Al pasar el tiempo me di cuenta que debía darle algo de danza a mi cuerpo, así que empecé a asistir a las presentaciones de danza contemporánea de lo estudiantes de escénicas. Las comentaba, a veces aquí mismo en mi blog o con mis compañerxs. Un día, al estar viendo una presentación de danza (no recuerdo exactamente cuál fue) en el Foro de Bellas Artes, sentí que mi cuerpo empezaba a reaccionar ante lo que veía: mis piernas se movían impacientes, mi piel se me erizaba y empecé a sentir una presión en el pecho. Mientras sentía todo eso, pensaba “Yo debería estar allá arriba y no aquí. Mi cuerpo debería estar ahí, moviéndose”. A raíz de esa experiencia, empecé a movilizar todo para ver si ingresaba a la carrera de escénicas, decidí escuchar a mi cuerpo y a hacer un lado la idea egocéntrica de ver a la danza como un supuesto autodidactismo. Vi el programa, hablé con la coordinadora y maestrxs. Todo parecía decidido hasta que asistí a la semana de Letras y Cuerpos del 2018 que organizó Antares. Fue durante una charla de Diego Mur y Mauricio Rico en la que empecé a reflexionar sobre lo que realmente quería. Me di el tiempo de empezar a asistir a más presentaciones de Antares y opté por querer ingresar a la escuela de Núcleo Antares. En el 2019 me apunté al verano del Núcleo y ese fue mi primer acercamiento a un entrenamiento como tal. Me permití dejar a mi cuerpo ser, con todo y mis limitantes.

Un día mientras caminaba en el centro, decidí ir a la escuela de Núcleos. No sabía realmente a qué iba si aún no tenía con que pagar. Pensé “tal vez pueda empezar un tipo de entrenamiento por mi cuenta mientras llegue el momento de entrar”. Estaba nervioso, feliz y con miedo. Al llegar, fui al segundo piso y vi al maestro Isaac Chau, le dije que quería información acerca de la escuela. El maestro le habló a la maestra Ana Paula Ornelas, quien fue una de mis maestras durante el verano, para que me atendiera. Estaba todo sudado por la caminata, empecé hablar rápido y con nervios. La maestra me pidió que primero tomara aire y me tranquilizara. Una vez que me relajé, le empecé a contar una versión aún más sintetizada de lo que estoy escribiendo en este momento. Le pregunté qué podía hacer de aquí a que tuviera la posibilidad de entrar. Ella me dijo que entendía y me explico que la escuela estaría abierta y que si quería, podía empezar al día siguiente. Recuerdo lo feliz que salí luego de conversar con la maestra. A pesar de que tuve que abandonar la escuela en un punto debido a mi carga laboral (esto era ya finales de año)m administré todo y me propuse retomar clases en enero del 2020.

Luego de escribir sobre Las buenas maneras, de asistir estos meses a clases, de entrevistar algunos de lxs maestrxs y de actualmente estar llevando clase por Zoom debido a la situación actual de contingencia por el COVID-19, siento que simplemente no esperaba incorporarme de esta forma en la danza, aunque estoy contento por el recorrido que fui trazando.


I. El entrenamiento y camino hacia la puesta en escena, el detonador

La reflexión a la que llega esta primera cápsula me parece genial. El director Miguel Mancillas junto a los bailarines y maestros de danza Isaac Chau, David Salazar, Diana Salazar y Omar Romero; hacen un ejercicio de reflexión acerca de las percepciones del cuerpo, partiendo del entrenamiento al que se ve sometido. Me llama la atención el hecho que durante la fundación de Antares en 1987, cada integrante que lo conformaba venía de una formación diferente. Los maestros se han ido incorporando en distintos momentos, unos con una preparación distinta al del otro.

La maestra Diana hace hincapié en el conocimiento de nuestros propios límites para así poder trabajar sobre ellos. El maestro Isaac propone el buscar entender cómo va cambiando el cuerpo en el día a día. Los bailarines y los alumnos del Núcleo Antares, somos personas que hemos pasado por una variedad de procesos, edades y orígenes. Para el maestro, en cada clase hay un cuerpo lleno de información. Esto me llevó a pensar acerca de las imágenes que a veces nos dan durante la clase: imanes, el agua sobre nuestra espalda, la suspensión con un hilo, aplastar naranjas con los talones, nadar en una alberca con miel. Cada una de estas referencias será interpretada de una manera distinta en cada uno de los diferentes cuerpos de la clase. Pero los movimientos no cambian, quiénes cambian, comenta el maestro Isaac, somos nosotros. Él dice “La pintura no cambia, nosotros cambiamos y la vemos diferente”. Es por eso que también nos pide abordar la formación desde el humor y la reflexión, la inteligencia y la crítica responsable. Todo esto, al final nos lleva a un proceso de transformación.

En esta misma cápsula el maestro pone sobre la mesa la pregunta sobre la posibilidad de agotar un método. Comenta que las cosas se han desenvuelto de manera que el método no queda obsoleto, al contrario, genera un estímulo circular de parte de quiénes lo asumen.
Aboga por la vulnerabilidad ante lo que se interpreta y de la protección de las emociones durante la interpretación, ya que estas al igual que el cuerpo, también se pueden lastimar. Entonces sabemos que el entrenamiento no es solo físico, sino que incluye un aspecto emocional.
El maestro comenta que existe una búsqueda de empatía y que toda la preparación del cuerpo para la danza, sea antes, durante y después, es un acto de amor. Es este encuentro y reencuentro lo que nos hace recorrer el círculo de un constante reconocimiento de nuestra corporeidad.

Cápsula I:


II. Los espacios alternativos (la cercanía con el espectador)

Los ejemplos que se incluyen en esta cápsula nos muestra la variedad de lugares en la que Antares ha presentado sus obras. Me gusta que el maestro Miguel Mancillas haya comentado sobre su experiencia al usar el espacio exterior en una presentación en el ’86 por motivo del terremoto de 1985. Habla sobre los impactos físicos en los bailarines.
Me quedo con la cuestión de adaptabilidad. La capacidad de adaptarse a los lugares con todo y sus características: si es sobre concreto, una tarima improvisada, bajo la lluvia o con los sonidos que haya en ese momento. Decían sobre cómo cada espacio le va enseñando algo al bailarín.

Creo que el aspecto importante de este tipo de actividades es la posibilidad de acercarse al público, de observar de cerca el cuerpo y la mirada. Este acercamiento me parece que puede llegar a impactar, a levantar preguntas: ¿qué hacen? ¿por qué se mueven así? ¿eso es bailar?
Esto podría representar una creación de públicos.

Cápsula II:


III. El uso del teatro (pruebas escénicas)

Esta cápsula aborda un tema que en ocasiones se pasa por alto: la iluminación. Ivonne Ortiz, quien se encarga de la iluminación y quien ha colaborado con el maestro Miguel Mancillas para las obras de Antares, comparte sus piezas favoritas e historias sobre aspectos técnicos de las obras. Va un poco de la mano con la cápsula anterior sobre la capacidad de adaptarse a las circunstancias. Fue interesante ver cómo Víctor Ledesma trabajó con el hecho de bailar sobre los escalones en Las buenas maneras. Aquí el maestro recalca la importancia de cumplir con la adaptación sin afectar la ejecución. Me llevo lo que comentaban acerca de ensayar usando objetos reales desde el inicio y hacer que las cosas suceden.


Mi obra favorita es la que sigue

Miguel Mancillas

Partiendo de la cita pasada, creo que las lecciones favoritas de parte de Antares Danza Contemporánea son las que me esperan hoy en la tarde, la de mañana, la siguiente. Aprendo algo nuevo de mi cuerpo y de mí en cada clase, en cada corrección que me hacen al hacer los ejercicios y en cada proceso. Así como hay muchos tipos de amor, la danza no tiene un vía exclusiva para llegar a ella. En ese acto de amar se viven altibajos, requiere de decisiones firmes y es un proceso que se reinventa ante cada nuevo descubrimiento que hacemos sobre nostroxs mismxs. Todo afecta a nuestro cuerpo. Lo bueno es que la danza siempre estará ahí, sin prejuicio alguno… amando.

“Lado a lado”, Antares danza Contemporánea. Fotografía: Edith Reyes

Episodio 5- Zaha Santa Cruz (Bailarina)

Mañana es el día de la danza y me alegra que a estas alturas ya haya dos episodios sobre danza, uno en preparación y muchos artistas que se dedican a este arte que nos podrán contar sus experiencias. La maestra Zaha nos cuenta un poco sobre cómo se acercó a la danza.

Descripción del episodio:

Zaha Santa Cruz es bailarina y maestra de danza contemporánea. Actualmente trabaja como docente en la Universidad de Sonora y colabora con artistas escénicos como David Barrón y Manuel Ballesteros. Es directora del laboratorio de movimiento “BiAtch danza lab” y ha impartido el taller de “Moving Space”, en donde explora la posbilidades y desarollo de habilidades corporales. Ha bailado como integrante de la compañía de danza contemporánea “La Lágrima”. En este episodio nos platica un poco sobre su experiencias como bailarina, maestra y artista.
Instagram: @zahasantacruz 
Facebook: @biatchdanzalab

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Episodio 3- Isaac Chau (Bailarín)

Estoy emocionado porque en el archivo tengo listo otros dos episodios. En esta ocasión les comparto la entrevista que tuve con el maestro Isaac Chau. Espero que les guste y por favor, no olviden compartir 🙂
Descripción del episodio:

Issac Chau es bailarín en la compañía independiente de Hermosillo Sonora, Antares Danza Contemporánea, fundada en 1987. 

En este episodio hablamos sobre si incorporación en la compañía, las enseñanzas de sus maestras y maestros, las obras de Antares por las que tiene mayor inclinación, la forma en la que convivió su vida académica y artística, y mucho más.

De verdad es un episodio rico en referencias dancísticas y llena de premisas para reflexionar sobre la danza. Instagram de Isaac Chau: @chau74 Instagram Antares: @antares_danza Facebook Antares: Antares Danza

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[Charla] De la imaginación al movimiento #QuédateEnCasa

El día de hoy el Instituto Sonorense de Cultura subió un vídeo que grabé, en donde exploro mis aproximaciones a la danza. Lo que pueden encontrar es lo siguiente:

De la imaginación al movimiento busca guiar y estimular la exploración de un proceso creativo para la danza a partir de la creación de personajes, argumentos narrativos y abstracción de movimientos comunes.

Dividí el vídeo en 4 partes.

  1. Utilería y espacio
  2. Personajes
  3. Narrativas
  4. Sonido y reacción

Hasta hoy aterricé e hice este ejercicio de reflexión. Espero les sea de utilidad.


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¿Existen las buenas maneras?

Las buenas maneras

El presente texto busca explorar una posibilidad interpretativa de lo que se desarrolla en la pieza dancística Las buenas maneras, partiendo de la premisa que propone su sinopsis: “El espectador completa lo que en escena sucede, crea junto al intérprete”. Las buenas maneras sigue el hilo conductor que define a Antares Danza Contemporánea, en donde propone hacer una (re)visita a la dimensión pasional y animalesca del “alma humana”. La pieza inicia desde que el público ingresa al auditorio: tres bailarines sentados sobre las braceras de las butacas, observan y parecen juzgar. Mientras la audiencia se acomoda, los tres parecen escanear la sala lentamente y en el escenario entran y salen otros bailarines que caminan tan rígidamente que parecen marchar. Llegado el momento, los que se encuentran entre la audiencia, se paran sobre las braceras de los asientos, misma mirada. Cuando los tres que se encuentran debajo suben al escenario, el espectador habrá visto ya una sinopsis de la obra, en donde los juicios del observador expondrá la supuesta moral del mismo. 

Para hacer la lectura de la obra, me apoyo en una referencia que me parece pertinente a la temática que Las buenas maneras explora. Me refiero al prefacio escrito por Oscar Wilde para su libro El retrato de Dorian Gray. Un texto atemporal que en su momento describió una realidad de finales del siglo XIX. Entre las muchas frases citables que tiene el prefacio, elijo el siguiente para conectarlo con la obra que Antares propone: “Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida”. Wilde al escribir sobre el artista, los críticos y el espectador, pone sobre la mesa que la moralidad no habita en la obra en sí, sino en quién lo observa. La vida es diversa y cada sociedad suele establecer lo que para ellos son “buenas maneras”, así como las conductas básicas para la interacción entre los individuos que la conforman. Pero hasta la fecha, la humanidad se sigue dando de golpes al ver que por más avances científicos y tecnológicos que haya conquistado o que esté en proceso de conquistar, aún no logra domar la animalidad intrínseca en sí mismos. 

Los bailarines en un inicio parecen seguir una rutina, un engranaje mecánico que debe seguir y cuando un bailarín tambalea, duda o cae, la estructura social no hará nada para readaptar a ese individuo, sino que el bailarín deberá ser quien por sí sólo se adhiera de nuevo. Esta rigidez no es tan fija como parece, nuevas tendencias y expresiones son adoptadas con el paso del tiempo de la obra, pasando de faldas y tacones a sacos, pantalones y zapatos. El vestuario resulta esencial porque finaliza en una individualización y mezclando las prendas protípicamente femeninos y masculinos, resultando en una serie de híbridos en donde el género pasa a un plano indistinguible. Algo importante de resaltar es que el color rojo que simboliza entre otras cosas, el erotismo y lo sexual, se encuentra en el interior de las faldas y sacos, y en la base de los tacones. El rojo es el instinto sexual que se esconde y se reprime, ya que la sociedad no te permitiría mostrarlo, por no ser un acto de “buenas maneras”. Una de las secuencias que ilustra esta vorágine social es cuando entre varios levantan a una bailarina que parece rehusarse a la transición de atuendo falda-tacones a pantalones-zapatos. Este fragmento de la obra muestra la nostalgia, negación, violencia y adoctrinamiento. La estructura social, a través de la fuerza, obliga a sus integrantes a la adaptación de la mayoría dominante. Las vestiduras de la bailarina son removidas y ante su mirada de angustia y lucha para no ceder, termina formando parte del tumulto.
Además de la represión, un elemento que se repite a lo largo de la obra y que conforma la parte climática de Las buenas maneras, es el instinto, lo carnal y primitivo. A pesar de que las estructuras dancísticas absorben a sus integrantes, había a lo largo de la obra, algún integrante intentando reprimir los movimientos que sugieren el acto sexual o salvajismo. No es hasta en la parte caótica del final en donde parece haber cierta liberación y en donde los atuendos cambian, los pasos militarizados quedan reemplazados por pasos extensos y saltos. Mientras esta hibridación del vestuario sucede en el fondo; en  el primer plano, sobre un área verde con pasto, que no había sido explorada en toda la obra, hay dos personas con sólo ropa interior y tacones. Cuando estos cuerpos ingresan al pasto, ambos quedan en un plano distinto, un espacio en donde las vestiduras no existen, donde las apariencias y las máscaras no están. Ahí en el pasto conviven dos cuerpos, dos animales que retratan lo primitivo del ser humano, que se retuercen, se tocan y exploran. Esta secuencia resulta cruda y crea un fuerte contraste con el inicio de la obra. Es ese el momento en el que se prueban las supuestas verdades y en donde el espectador queda aún más expuesto que los bailarines sobre el pasto, aunque todo desde la seguridad del imaginario propio, donde nadie ve lo que por nuestra mente pasa. Las buenas maneras cuestiona si realmente existen “las buenas maneras”. Una pieza que no concluye al apagarse las luces y cerrarse el telón, sino que sigue en el escenario mental. En un tiempo de censura y represión, a través del arte y el símbolo, Antares propone que el público visite sus propias censuras y represiones. Y ya para concluir, me apoyo una vez más del prefacio de Oscar Wilde para contestar a la pregunta que este texto lleva por título; Wilde anota que “La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar”.

9 preguntas, 9 respuestas en 9 pasos

Hace unos días una amiga publicó una historia en Instagram preguntando si había algún(a) bailarín(a) que le pudiera ayudar a contestar unas preguntas. Le pregunté si era necesario tener una formación dancística, a lo que ella me contestó que no. Me ofrecía a ayudarle. Durante el día de hoy me mandó las preguntas y a penas hace un momento se las mandé de regreso. Se los comparto, ya que hubieron algunas preguntas que me hicieron pensar en el camino que he tenido con la danza.


¿A qué edad iniciaste en el baile?

Desde pequeño, tengo muy claro que a mi mamá le gustaba/daba risa cómo bailaba. En ese entonces me gustaba mucho bailar la de “Más que tu amigo” de Marco Antonio Solís (en ese entonces tendría entre 6 u 8  años), una canción que mi mamá escuchaba mucho. Yo bailaba por gusto. Un día me hizo que bailara esa canción en casa de un tío en donde me vieron mis primas, primos, tía, tíos y no se quién más. También les gustaba/daba risa. Si algo noté desde esa vez, es que siempre buscaba crear una imagen. Esa canción tiene una parte que dice “en esta noche no hay más luna”, recuerdo que con mis brazos y manos, hacia movimientos circulares, aludiendo a la luna. No pensaba en el movimiento, sino en la imagen, lo demás lo resolvía mi cuerpo.

¿Por qué bailas en la actualidad?

Lo sigo haciendo por gusto. Nunca he recibido una educación dancística, pero siempre he bailado. Aquella ocasión que bailé en casa de mis tíos, algunos primos se rieron de mí, yo seguía bailando en mi cuarto y en la casa. No fue hasta en mi primer año de secundaria, entre cuatro y cinco años después de haber bailado en casa de mi tío, que volví a bailar a mi manera (descartando los bailables escolares). En esa ocasión fue para una calificación para mi clase de artes (estaba en otra etapa y escuchaba otra música: en esa clase bailé “Pose” de Daddy Yankee). Sigo bailando porque la danza ha sido un espacio que considero íntimo, es en donde conecto con la variedad de personalidades que fui, soy y busco ser. Actualmente, esta semana ha sido mi primer semana en Núcleo Antares, porque estoy en otro momento y esta vez deseo juntar lo que he hecho desde chico, con algo de técnica para ya no lastimarme al bailar y así prolongar el tiempo de baile a mi cuerpo.Ha sido un proceso de conocer géneros y explorar los movimientos de mi cuerpo.

¿Crees que la danza tiene su propio lenguaje?

Sí, creo que es el movimiento. Su pincel o su pluma, es el cuerpo mismo, porque pues al final de cuentas es a través del cuerpo en donde se genera y proyecta el movimiento.

¿Expresas sentimientos al momento de bailar?

Prefiero decir que son imágenes. La imagen como algo que te provoca a pensar en una secuencia. Como el ver un fotograma o pintura e imaginar el movimiento, la situación y el querer interpretar qué siente la persona o que está sucediendo en la escena ahí retratada. Eventualmente estas imágenes serán catalizadores a ciertos sentimientos, así que yo creo que sí hay algo de expresar sentimientos.

¿Qué sentimientos crees que tienen más protagonismo en la danza?

Los mismos que se proyectan en otras disciplinas artísticas como la literatura, la pintura o el cine: el miedo, el amor, la angustia, la felicidad, el orgullo, el poder y la debilidad, la vida y la muerte.

¿Qué sentimiento te resulta más fácil de expresar al momento de bailar?

El sufrimiento, con la música indicada, ya que es algo tan cotidiano y algo con lo que todos nos podemos conectar. Es un sentimiento indiscriminatorio, algo de lo que nadie puede escapar.

¿Qué tipo de movimientos utilizas para expresar ese sentimiento?

El apretarme y querer arrancar algo de mi piel (o arrancarme la piel), algo que no quiero tener y que se pega a mí, y yo sólo intento quitarmelo. O a veces es el alcanzar algo que se me escapa. No había caído en cuenta que el sufrimiento surge del deseo a algo: deseo de quitarme algo, de alcanzar algo, y esto, al no ser cumplido, provoca sufrimiento. 

Cuando haces esos movimientos ¿piensas en algún color? Si es así ¿cuál es?
No exactamente, pero pienso que el color es un catalizador importante que influye en el movimiento. A veces sí tomo en consideración el color de lo que traigo puesto, porque a veces me apoyo en ello al momento de bailar. Nunca será lo mismo bailar de noche o de día, con una playera blanca que con una camisa negra. Veo al color como  un escalón que me acerca a generar la imagen, pero el color como algo explícito, que está ahí, a diferencia de la imagen, que es algo que yo debo dibujar y que a veces llega al espectador y otras no.


PD: La danza es algo que atesoro y que a través de ella he logrado accesar a ese lugar al que las personas dejan de visitar cuando crecen. Es un espacio en donde soy yo y no soy nadie.

PD II: Esto ha hecho que me den ganas de entrevistar a gente…

[Video] Los motivos de un grito

El semestre pasado en la clase de Teoría Literaria II, le propuse a mi maestro si podía presentar un trabajo audiovisual. En ese momento no sabía qué le presentaría, pero realmente me entusiasmaba crear algo en vídeo. Ahorita mismo, mientras escribo esto en mi habitación, en lugar de estar leyendo Frankenstein para mi clase de literatura inglesa; veo el rompecabeza de El grito de Munch, que me prestó un amigo para el proyecto que le terminé presentando al maestro, junto con una amiga. Seré breve para explicar de qué se trató. Estaba un día en Instagram cuando me topé con un clip que decía que la famosa pieza de El grito, tenía la interpretación de que el grito como tal, no provenía del sujeto, sino del exterior y es el sonido estridente lo que le provoca tal expresión.

Edvard Munch, The Scream, detail of lithograph, 1895. CC BY 4 The Munch Museum.

Tenía mucha curiosidad de abordar los temas de la interpretación que estábamos viendo en clase, pero reproducida a través de distintas áreas artísticas. Dije “Estaría cool, ir a música, para que nos dijeran, qué pieza musical le adjudicarían a El grito y por qué, para luego llevar esa música a los de danza y que ellos hagan su interpretación libre”. Esa fue la idea que llevé a cabo con mi amiga Doriannel. Ambos tuvimos la oportunidad de acercarnos a estas áreas, a los maestros y alumnos.

Queríamos saber los motivos de un grito, por qué elegían esa música, por qué bailaban de esa forma y por qué nuestros maestros de literatura pensaban en ciertos textos cuando veían la obra.

Los motivos de un grito

En el vídeo intentamos que fluyera tanto la parte teórica como la práctica, en un intento de justificar con base a la teoría, la aproximación de cada artista. El vídeo en sí no tiene muy buen sonido y originalmente, quería esperarme a renderizarlo con mejor sonido y pasarles algo bien a los colaboradores (que por cierto no han visto el trabajo final), pero creo que eso ya queda descartado. Sólo espero compartirles este post como un agradecimiento muy tardío. Porque en verdad estamos muy agradecidos por habernos dado parte de su tiempo, de sus palabras y de su arte.

A pesar de que mi maestro creía que no teníamos las bases necesarias para llevar a cabo un trabajo así, le terminó gustando y pues gracias ello, mi amiga y yo tuvimos una buena nota en esa clase.


PD: No. 6 del Blogtober, just in time.

Las posibilidades comunitarias y de diversidad expresiva en el K-pop

Era una noche como cualquier otra, pasé junto al edificio del poder judicial del estado, cuando vi a ese grupo de personas bailando al ritmo de lo que se conoce como K-pop. Cada vez que pasaba y los veía bailar, yo quería bailar también. Un día, las ganas de bailar fueron tan grandes que me acerqué a una de las muchachas que en ese momento descansaba y le pregunté “¿Sabes quién es la encargada del grupo o dueña/dueño de la bocina?”, fue ahí cuando señaló hacia Albeira, una de las integrantes del grupo Soul Dance. No imaginaba que ahí en ese espacio, conocería a personas tan simpáticas, agradables y fiesteras (porque, hago un énfasis especial, a través de ellos he asistido a un par de fiestas en donde me la he pasado genial. Mejor que cualquier fiesta de artes escénicas, que en su momento pensé que solían tener fiestas chidas) que he conocido. Pero más allá de las fiestas, he pensado que mi comodidad alrededor de estos grupos se debe a dos cosas muy importantes: 1) comunidad y 2) la diversidad de expresión.

Así es un domingo de KT (Catedral, porque antes solían bailar más cerca de la Catedral y cuando se reubicaron, mantuvieron el nombre. Aunque esto no es información verificable, me gusta pensar que ese es el motivo)

Aquella noche me prestaron su sonido y bailé una canción. Me sentía muy bien y empecé a visitar a este grupo de manera esporádica. Tiempo después, empecé a hablar más con Albeira. Resulta que habíamos estudiado lo mismo: literaturas hispánicas. Aparte de que sentíamos la misma necesidad de bailar y que muy probablemente, sienten todxs esas personas que se reúnen cada domingo en esa plaza. Fue en una de esas visitas que me habló sobre Soul Dance. Luego de un tiempo, empecé a darme cuenta de la atmósfera interpersonal que se generaba en esos espacios. Las siguientes palabras parten desde mi perspectiva: una persona que ha compartido momentos y escenario con este grupo.

K-pop como generador de comunidad

No se realmente cómo se conocieron, ni cómo empezar, pero cuando pienso en Soul Dance, pienso en comunión. Y tal vez me refiera mucho a este grupo que hace covers de coreografías del K-pop, pero ha sido con el que más contacto he tenido. Si no mal me equivoco, también es de los que más tiempo tiene. Resulta que ya ha habido la conformación de otros grupos y me atrevería a decir que la comunión es el elemento constante en estos grupos. Bailan juntos, conviven y se enfiestan juntos. Estoy seguro que la certeza de saber que perteneces a un grupo que te respalda, ha de ser de las cosas más cool que una persona puede sentir.

Cuando me tocó colaborar con ellxs para bailar “News” de Nine Muses, me la pasé muy bien. Un gran porcentaje de los ensayos se iba en risas. Recuerdo que para sacar la canción, había momentos en los que requería un empoderamiento, y en donde se decían comentarios como “No eres Oscar, eres Oscarina”. Es por eso que reafirmo lo que digo, porque a pesar de no ser un integrante del grupo, me hacían sentir que lo era.

Aunque el evento en donde nos presentamos no me gustó, tengo bonitos recuerdos de los ensayos y la oportunidad de haber compartido el escenario con ellxs.

K-pop como catalizador de la diversidad

Quisiera referirme a diversidad como una cuestión de estilos, personas y sexualidad. Los estilos tal vez se ven apoyados por la estética de los íconos K-poperos y eso es lo que me hace pensar que este género musical provoca una emulación por parte de sus seguidores. No digo que el K-pop como tal, abogue por la diversidad (aunque muy probablemente sí lo haga), sino es a través de la apropiación en donde se descubre lo monótono que es el mundo. Una vez dentro de un vídeo musical de alta producción, como suelen ser los vídeos del K-pop, ¿quién querría regresar a lo aburrido del mundo real? Es por eso que en el entorno, K-popero, los colores y lo “extravagante” es el común. Me parece que esta aceptación se replica en otras áreas, llegando a la sexualidad de los que conforman el grupo, porque el juicio queda “suspendido”, por lo menos en ese espacio. De esta manera, un nuevo integrante, tiene la seguridad de una incorporación orgánica y que con el tiempo, se reafirma gracias a la comunidad que puede llegar a surgir entre la persona y el grupo.

Los covers del K-pop no se quedan en la mera imitación

Si algo aprendí al momento de colaborar con Soul Dance, es el darme cuenta que montar un cover de un vídeo tiene sus complejidades. Cuando los veo bailar en KT, noto como la esencia de cada persona se deposita en la representación que hacen. Cuando la persona que baila se apropia de la melodía, se vuelve creador. Claro que habrá ejemplos de personas que no se permiten crear y que reflejan su “sigue este paso” en la cara, pero suele ocurrir con personas que a penas se están acercando a esto. He visto como algunxs muchachxs pasan de no lucir en el espacio, a volverse una estrella acaparadora del escenario. Siento que este género musical y la dinámica de los covers de baile, tienen un potencial para que las personas reconozcan sus capacidades y adquieran confianza en sí mismos. Creo que si esa confianza escénica se reproduce en el día a día escolar, en casa, en donde sea; el K-pop estaría formando personas que realmente crean que pueden contra todo. No lo se, tal vez como el caso de Andrea, una integrante de Soul Dance quien ahorita está en Ciudad de México en busca de ser artista y que siendo la que produce los vídeo covers, es evidente que su conocimiento en edición y grabación ha evolucionado y seguirá evolucionando.

Vídeo grabado por Andrea

Andrea es un ejemplo de cómo el K-pop, la comunidad y la colaboración, generan material creativo.

Nota final

El primer acercamiento que tuve hacia el K-pop, fue a través de una amiga de la preparatoria, en su momento se me hacía hasta repulsivo, y ahora estoy aquí, abogando por el K-pop y por las posibilidades que ofrece para crear comunidades incluyentes. Tal vez sea cursi, o ni siquiera sea el caso, pero recuerden: perspectiva.


PD: Hace mucho tiempo que quería dedicarle una entrada a estas reflexiones. Tal vez regrese a ellas un día y las desarrolle más. Por lo pronto, me pregunto si Soul Dance pensará en estas cosas que aquí he escrito.

PD II: Estos son algunos clips que tengo por ahí, de las veces que he bailado con los chicxs K-pop. Y aunque no baile K-pop (aunque sí colaboré con ellos en alguna ocasión), igual me gusta ver la entrega y la fuerza con la que bailan.