Carta a ÉL

Querido Iván,

Te escribo esta carta que no es una confesión, no es de amor, no es una petición y no es una queja, aunque podría serlo si lo deseas, puede ser lo que quieras. En ese presunto juego de “el que se enamora, pierde” yo ya no tengo nada que perder, tal vez por eso te escribo. Esto no quiere decir que me haya enamorado, a menos que así lo desees. Voy vagando y puedo ser sedentario, si me prometes un espacio en donde sembrar, en donde poblar estos sentimientos y edificarlos. He construido ciudades a las orillas del mar y siempre terminan hundiéndose, he dejado atrás pueblos fantasma y ciudades mediocres. Caminando en tu bosque me he encontrado con espacios que si bien no terminan de convencerme hay algo que me invita a seguir explorándolos.

Tienes algo que quisiera capturar, algo que me termina capturando a mí. Tienes un aroma que deja huellas, una estela que como camino me es irresistible no seguir. Cuando te encuentro, choco, sólo quiero acercarme y cuando te tengo cerca, alejarme y verte de lejos me resulta igual de satisfactorio. Tienes una mirada que dicta sentencias y parece ser que culpable soy de quemar tus máscaras. Detrás de ese juez te he encontrado, sentado, esperando, mirando un escenario a través de una ventana, volteas a verme y regresas la mirada, sigues esperando no se si a mí o a alguien más… tal vez no esperas a nadie. Al verte pienso en lo perfecto que eres como pieza, lo perfecto que serías al estar preso, preso en una fotografía, preso en una pintura. En esta vida de jaulas, tiendo mi mano para ofrecerte cinco llaves con la esperanza de que alguna te sea útil.

Tienes una voz de río recorriendo rocas, tu voz es un secreto dicho bajo el agua. Me llama pero me ahoga, y alégrate que he aprendido a sólo mojar mis pies en tus orillas. Tienes una esencia dispersa, tómala, cúbrete con ella que yo te acompaño después. Por ahora escucharé como las aves cantan y como los lobos aúllan.

Sólo me queda decirte que puedo edificar y construir a tu lado, si no lo deseas así enséñame a sobrevivir a tu bosque o dime que siga mi camino.

Atentamente,

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PD: Hace unos días puse una encuesta en Instagram preguntando si la carta debería dedicarla a ÉL o a ELLA. Espero hacer dinámicas similares más adelante, de igual manera, tal vez la carta para ELLA salga después. Dejaré enlaces a mis redes sociales, pero los invito a que sigamos la interacción por Instagram, prefiero esta red ya que es donde más activo me encuentro y donde pongo encuestas acerca de a quién dedicarle mi siguiente carta 🙂

Instagram: Soy Oscar Cartero
Twitter: Oscar sin acento

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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Carta a Instagram

Querido IG,

Desde este lado de una pantalla de laptop, te escribo para informarte sobre mi retorno a tu ciudad. Recuerdo que hace un tiempo me fui. Me había abrumado tu progreso, las nuevas dinámicas que tu plataforma había implementado.

Desde mi partida he seguido de cerca tus cambios. Pero olvidé cómo caminar entre tus calles, cómo era tu gente, cómo eran los espacios y cómo era yo.

Me di cuenta de lo que eras mientras no estaba ahí. Desde lejos pude ver la mecánica y el engranaje de tu funcionamiento. Lo bello que es construir y lo contraproducente que esa construcción puede resultar. Sí, no todo es felicidad. Sí un filtro parece mejorarlo todo. Sí, sí a todo eso. Sí, sí y sí. Acepte seguir esa vía y perdí mi sueño, el sueño de aprender y mejorar alguna técnica fotográfica. Ahora regreso a la ciudad con una vista un poco más objetiva según lo percibo.

Recuerdo que mis impulsos por encontrar una tema, una edición uniforme es de las cosas que más se me han complicado, pero trabajaré sobre ello. Cada quien hace lo que quiere en la ciudad que quiera. Por lo pronto el regreso, me hace sentir bien.

Te veo pronto.

Atentamente,

El usuario obsesivo compulsivo que eliminó su cuenta por no tener un tema determinado y que se estresaba si los cuadritos de abajo no equivalían a tres espacios llenos.


PD: Prometo subir fotos que sean de tu agrado, Instagram… seré buen chico.

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Instagram: Soy Oscar Cartero

Twtter: Oscar sin acento

Carta a la señora que abrazó a su hijo

Señora,

Esta carta se la escribo porque hizo lo que todo padre, familiar y amigo debe hacer: apoyar a la persona que quiere ¿Cómo lo hizo? Para empezar, fue a ver a su hijo a la obra de teatro a la que fue invitada, bueno eso es fácil, pero no sólo eso, al terminar fue y le dio un fuerte abrazo, yo fui testigo de ese gesto; pero no sólo observé la ternura con la que lo abrazó sino que al salir del teatro pasé lo suficientemente cerca para escuchar lo que le dijo en voz baja: “Naciste para esto” le dijo, eso es de las cosas más bonitas que le pudo haber dicho a alguien que a leguas se nota que ama lo que hace.

Fue esa unión de presencia, caricia y palabras de sinceridad lo que alientan a su hijo a seguir y luchar por lo que quiere lograr. Quiero agradecerle esas palabras.

Espero que se encuentre bien.

Atentamente,

El expectador de una obra de teatro y el expectador de su cálido gesto materno.


PD: La calidad de la obra es innegable pero curiosamente recuerdo más los abrazos y los “Felicidades” de las personas que se acercaban a los actores al finalizar la obra.

 

Carta al barista de ojos grandes y labios secos

PD: La primera taza de café es para despertar, la segunda es para terminarla a sorbos eternos sólo si estás ahí. Por favor dime si soy obvio.

Querido Jorge,

Admito que intento tocar tus manos ante la menor oportunidad. Es verdad que esta vez la casualidad me ha puesto una trampa. Reconozco que hubiera deseado que me acompañaras esa tarde, que te sentaras y me hablaras de ti. Recuerdo la disposición con la que atiendes a cada persona que entra al café, tu actitud metódica para preparar hasta el platillo más insignificante, la sutileza de tu atención y la sonrisa infantil que resguarda tu rostro con barba de dos semanas. Me revolvía en la manera con la que de reojo curioseabas buscándome y que al vernos sólo sonreías.

Aun recuerdo las venas que envuelven tu antebrazo como enredaderas que se aferran a las paredes de un antiguo edificio. Tengo presente el café con dos de azúcar de tus ojos. Más abajo: el labio inferior pálido, lo desértico de ambos y como la comisura sugiere amabilidad y una invitación ambigua.

Quiero decirte, Jorge, que encontré en esa cafetería el mejor café de la ciudad y que no me canso de verlos. Admito  que vivo con el deseo de beber la cafeína necesaria para despertar en un lugar donde puedas disfrutar mi presencia sin remordimiento alguno.

Si algún día terminas por fijarte, me dices y te doy la cuenta. Quedaría en deuda pero espero podamos llegar a un acuerdo.

Atentamente,

Tu cliente.


PD: La primera taza de café es para despertar, la segunda es para terminarla a sorbos eternos sólo si estás ahí. Por favor dime si soy obvio.

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El amor de mi vida es un híbrido imaginario

Has llegado al punto donde los encantos de tus amantes se han tomado de la mano. Juegan a la rueda de San Miguel para luego tener una orgía de fusión. El amor platónico ha sido paganizado ante las miradas furtivas que le envías a esas personas extrañas que consideras bellas. Le dedicas tu llanto a este monstruo hermoso, de cabellos largos, senos erguidos, brazos fuertes, barba sin dos semanas de corte, de lentes oscuro y claro con una graduación de esfera siete. Detrás hay ojos color café, miel, verdes y en las pupilas miles de historias. Cuando el híbrido dice que te ama, escuchas muchas voces: agudas y graves.

La gentileza de esa creación oscila entre la ternura de un “tú también me gustas” y la blasfemia de un “pero por favor no le digas a nadie”. Has encendido tantas velas, que todas se han derretido en el molde del desprecio y la falsedad. Ya no sabes en quién pensar, ya no sabes a quién dedicarle tus pensamientos, a quién dedicarle tus poemas, a quién dedicarle tus tuits, a quién querer; peor aún: no sabes a quién amar. Has encendido tantas velas que te rodeaste de un pequeño infierno de relaciones que sólo te queman.

Sigues siendo creador de nuevas llamas, reciclando palabras, reutilizando sentimientos. Has perdido el motivo por el que deseas amar, por el que deseas ser amado. Te encuentras tejiendo el odio como si fuera amor, la felicidad como si eso fuera amor, el miedo como si fuera amor, el dolor como si eso fuera amor. Eres Víctor más que victorioso y lo que haz creado es más Frankenstein que amor verdadero. Por eso has llevado esa verdad a la chica que te sonrió y al chico que sostuvo tu mano en esa peda.

Te has enamorado tanto que tejiste los atributos de cada uno, tejiste la amabilidad de ella, la seguridad de él, la valentía de ella, la dulzura de él, los ojos de ella, los labios de él en un caótico mosaico de profecías de inminente fracaso. Has colocado piezas a la fuerza, las has humedecido con alcohol y promesas falsas. Las has desfigurado para que así encajen en tu fantasía idílica.

El explosivo movimiento de caderas de ella, junto a la pasividad incógnita de él. Todas esas personas han tenido el punto de reunión en un rincón de tus pensamientos depresivos. Tu platónico parece tan distante, parece juzgarte por tus acciones infames, por tu infidelidad. Buscabas construirla, buscarla en los demás y que en esa búsqueda te has perdido. Ahora observas a ese híbrido imaginario encadenado que te observa con esos ojos tornasol de lujuria y deseo; tú sólo le devuelves un mirada de amor, o lo que intentas hacerte creer que es amor. Le enciendes una nueva vela.

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PD: De nuevo un intento por esclarecer lo borroso y pausar por un momento la devaluación del amor ¡Muchas gracias por leer! 

 

[Cartas a Diana] Carta VII

quince de junio del 2017

Espero que estés bien, Diana. Hace rato que no te escribo. Han sucedido muchas cosas. Tiene tiempo que deseo escribir esta carta, lo que pasa es que me sumerjo en las actividades diarias y olvido todo; son solo las canciones, las personas en la calle o tu nombre lo que me hace recordarte de vez en vez. Te pienso y disfruto hacerlo, luego te dejo ir. Dejo que te vayas tal y como lo he hecho siempre, dejo que tu imagen reviva sentimientos, dejo que me quemen y luego sigo caminando, pedaleando, mirando, escuchando y regreso a la realidad donde no estás tú. Estoy tan acostumbrado a soltarte que por más que odie lo que voy a escribir, es una verdad que detesto: se que si la oportunidad se diera de tenerte, te contemplaría, te abrazaría y buscaría perderme en ti, porque he encontrado la felicidad en mi cobardía, porque me he rendido a la idea de no saber quererte; de no ser suficiente.

Hoy por hoy, ya he sido un esposo,he sido Antonio, político, papá, Ángel y posadero. Todos ellos son personas más reales que yo, más valientes y puros que yo. Son personas que viven en el escenario, que hacen reír y odiar. El teatro me ha dado la oportunidad de conocer los intereses de otras personas, dejando de lado lo que yo quiero. Quisiera dejar de lado a este yo enamorado para seguir, pero me cuesta y es más, no deseo deshacerme de esto: lo más sincero que he sentido hasta ahora. Dime exagerado, dime ridículo porque lo soy; soy eso y más.

Por más que intento olvidarte, siempre habrá algo que me remita a ti. Tu recuerdo es un Fénix. Siento cuando te extingues, siento que mueres y que pierdo el interes; pero es la luna, tu nombre, las canciones, los momentos, las historias reales y ficticias que guardo, todo esto hace que surjas de las cenizas y tu recuerdo vuelve más fuerte. Pero no lo digo con disgusto, al contrario, creo que he aprendido a vivir con ello. Vivo esperando al destino y lo que será de tí y de mí. A veces me pregunto si de no tenerte a mi lado, ¿podré yo olvidarte algún día? Mi amiga dice que te amo en soledad, que solo cuando no pienso en nada; te pienso, y solo cuando no amo a nada; te amo. Eso me da esperanzas.

Es terrible vivir en el hubiera. Toqué a sus puertas hace casi seis años, desde que evité quererte, vivo en el hubiera desde que adopté la idea de no estar a tu altura. No me siento mal, bueno, no tanto como antes. El refugio del hubiera me llevó a crear las más bellas circunstancias. Pensaba en leerte historias con tu cabeza recostada en mis piernas, imaginaba cómo pedirías que me callara o de cómo mencionarías lo triste que es la historia que elegí contarte. Yo te vería y quitaría los cabellos de tu frente. Porque aprovecharía toda ocasión para verte, me entregaría a la contemplación de ti. En tus ratos libres me ayudarías a repasar mis líneas de teatro y serías la pareja; a veces pedirías ser el hombre y querrás que yo lea a la mujer.Imaginaba que reíamos. Vería cómo llenas tu boca de agua e inflas los cachetes para luego hacer esa extraña figura con tus labios cuando saboreas el agua. Intentaría desinflarlo y te molestarías. Correríamos alrededor del cuarto y entre risas caeríamos y ya acostados, te estrecharía entre mis abrazos. Esta utopía habita en el yo que no teme decirte lo mucho que te quiere, es del yo que levanta el teléfono para desearte buenas noches, es el yo que llega de sorpresa con una rosa, el yo que te prepara un chocomilk mientras estudias para tu examen, el yo que te invita a bailar y que te hace reír; es un yo que te hace sentir apreciada, querida y protegida. Es un yo que escucha tus secretos y sueños. Un yo que no le teme a la belleza de tu mirada, un yo que es fuerte y enfrenta sin miedo la proximidad de tu cuerpo. Es un yo que se adueña y que sirve. Un yo que habita la casa del hubiera. En ese hubiera que no existe. Pero para mí sí es real, porque ahí es donde soy feliz porque tu lo estas.

Recuerdo que te decía que le dieras una oportunidad a aquel caballero, lo único que quería era ver cómo ya no podrías ser mía y que al fin tendrías al romántico que te llevara serenata, que te regalara rosas y fuera un mejor guerrero en el amor. Siempre sentía un extraño odio y felicidad cuando contemplaba esas posibilidades. Me pregunto a veces quién ocupa tus pensamientos y me doy cuenta de lo tonto que soy. A veces le pregunto a la Diana que construí en mi utopía que si debería salir con alguna dama; ella me contesta que haga lo que quiera, que al fin y al cabo el imaginario no es real. Las aprendo a querer pero siempre pienso: es bella, pero no es Diana.

Soy un aprendiz y siempre intento no repetir el esquema de manera tan ingenua y patética de actuar que tuve hace años contigo. Me disculpo si te incomodo de alguna forma, si te hago sentir mal porque ese no es el motivo por el que te escribo. Y aunque no se si hay motivo, lo hago para sentir que dentro de todo este imaginario, hay algo que sí es real.Te mando un cálido abrazo y un beso.

Te quiere siempre,

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PD: No se si leas mis cartas aun, pero entendería si no lo haces.

[Cartas a Diana] Carta VI

primero de abril del 2017

Diana, todo está de locos. Han sucedido tantas cosas. Mi único compañero de teatro se salió y me dejó la responsabilidad de todos los personajes masculinos a mí. Al principio me dio mucho gusto; ahora me doy cuenta que me costará mucha dedicación aprenderme todos los personajes. Aunque son sketches, creo que cada personajes es único. Diana, ¿alguna vez te has sentido ajena a todo? ¿Cómo que nada vale ya la pena, que da igual quedarte a escribir o tomar el avión próxima hacia cualquier parte del mundo? No hablo de suicidios, sino de escapes de realidad. Créeme que este fin de semana parecía ser algo totalmente diferente en mi mente.

No sé qué decir. Todo lo que ha sucedido es demasiado rutinario. No quiero aburrirte. Espero tener algo más qué decir en mi próxima carta.

Te quiere siempre,

firmaCAD

[Cartas a Diana] Carta V

diecinueve de marzo del 2017

¡Felicidades, Diana! Ayer fue tu cumpleaños y de verdad deseo que hayas pasado un momento agradable. Se que para muchos eres una persona especial y no dudo que te han de haber hecho alguna sorpresa u organizado alguna velada o fiesta. Preferí no marcarte, siento que mi llamada no sería de mucho. Aunque creo que por esa misma forma de pensar suceden cosas de las que no me entero, cómo tu viaje a otra ciudad. En fin, prefiero felicitarte hoy, al día siguiente, cuando las cosas ya están más tranquilas y cuando la euforia de los “¡Feliz cumpleaños!” y cuando los posts de Facebook ya se hayan mitigado. Fíjate que hoy cumple años Esmeralda, una de mis sobrinas y sólo pienso en lo mucho que ha crecido. Leer más “[Cartas a Diana] Carta V”