[Cartas a Diana] Carta VII

quince de junio del 2017

Espero que estés bien, Diana. Hace rato que no te escribo. Han sucedido muchas cosas. Tiene tiempo que deseo escribir esta carta, lo que pasa es que me sumerjo en las actividades diarias y olvido todo; son solo las canciones, las personas en la calle o tu nombre lo que me hace recordarte de vez en vez. Te pienso y disfruto hacerlo, luego te dejo ir. Dejo que te vayas tal y como lo he hecho siempre, dejo que tu imagen reviva sentimientos, dejo que me quemen y luego sigo caminando, pedaleando, mirando, escuchando y regreso a la realidad donde no estás tú. Estoy tan acostumbrado a soltarte que por más que odie lo que voy a escribir, es una verdad que detesto: se que si la oportunidad se diera de tenerte, te contemplaría, te abrazaría y buscaría perderme en ti, porque he encontrado la felicidad en mi cobardía, porque me he rendido a la idea de no saber quererte; de no ser suficiente.

Hoy por hoy, ya he sido un esposo,he sido Antonio, político, papá, Ángel y posadero. Todos ellos son personas más reales que yo, más valientes y puros que yo. Son personas que viven en el escenario, que hacen reír y odiar. El teatro me ha dado la oportunidad de conocer los intereses de otras personas, dejando de lado lo que yo quiero. Quisiera dejar de lado a este yo enamorado para seguir, pero me cuesta y es más, no deseo deshacerme de esto: lo más sincero que he sentido hasta ahora. Dime exagerado, dime ridículo porque lo soy; soy eso y más.

Por más que intento olvidarte, siempre habrá algo que me remita a ti. Tu recuerdo es un Fénix. Siento cuando te extingues, siento que mueres y que pierdo el interes; pero es la luna, tu nombre, las canciones, los momentos, las historias reales y ficticias que guardo, todo esto hace que surjas de las cenizas y tu recuerdo vuelve más fuerte. Pero no lo digo con disgusto, al contrario, creo que he aprendido a vivir con ello. Vivo esperando al destino y lo que será de tí y de mí. A veces me pregunto si de no tenerte a mi lado, ¿podré yo olvidarte algún día? Mi amiga dice que te amo en soledad, que solo cuando no pienso en nada; te pienso, y solo cuando no amo a nada; te amo. Eso me da esperanzas.

Es terrible vivir en el hubiera. Toqué a sus puertas hace casi seis años, desde que evité quererte, vivo en el hubiera desde que adopté la idea de no estar a tu altura. No me siento mal, bueno, no tanto como antes. El refugio del hubiera me llevó a crear las más bellas circunstancias. Pensaba en leerte historias con tu cabeza recostada en mis piernas, imaginaba cómo pedirías que me callara o de cómo mencionarías lo triste que es la historia que elegí contarte. Yo te vería y quitaría los cabellos de tu frente. Porque aprovecharía toda ocasión para verte, me entregaría a la contemplación de ti. En tus ratos libres me ayudarías a repasar mis líneas de teatro y serías la pareja; a veces pedirías ser el hombre y querrás que yo lea a la mujer.Imaginaba que reíamos. Vería cómo llenas tu boca de agua e inflas los cachetes para luego hacer esa extraña figura con tus labios cuando saboreas el agua. Intentaría desinflarlo y te molestarías. Correríamos alrededor del cuarto y entre risas caeríamos y ya acostados, te estrecharía entre mis abrazos. Esta utopía habita en el yo que no teme decirte lo mucho que te quiere, es del yo que levanta el teléfono para desearte buenas noches, es el yo que llega de sorpresa con una rosa, el yo que te prepara un chocomilk mientras estudias para tu examen, el yo que te invita a bailar y que te hace reír; es un yo que te hace sentir apreciada, querida y protegida. Es un yo que escucha tus secretos y sueños. Un yo que no le teme a la belleza de tu mirada, un yo que es fuerte y enfrenta sin miedo la proximidad de tu cuerpo. Es un yo que se adueña y que sirve. Un yo que habita la casa del hubiera. En ese hubiera que no existe. Pero para mí sí es real, porque ahí es donde soy feliz porque tu lo estas.

Recuerdo que te decía que le dieras una oportunidad a aquel caballero, lo único que quería era ver cómo ya no podrías ser mía y que al fin tendrías al romántico que te llevara serenata, que te regalara rosas y fuera un mejor guerrero en el amor. Siempre sentía un extraño odio y felicidad cuando contemplaba esas posibilidades. Me pregunto a veces quién ocupa tus pensamientos y me doy cuenta de lo tonto que soy. A veces le pregunto a la Diana que construí en mi utopía que si debería salir con alguna dama; ella me contesta que haga lo que quiera, que al fin y al cabo el imaginario no es real. Las aprendo a querer pero siempre pienso: es bella, pero no es Diana.

Soy un aprendiz y siempre intento no repetir el esquema de manera tan ingenua y patética de actuar que tuve hace años contigo. Me disculpo si te incomodo de alguna forma, si te hago sentir mal porque ese no es el motivo por el que te escribo. Y aunque no se si hay motivo, lo hago para sentir que dentro de todo este imaginario, hay algo que sí es real.Te mando un cálido abrazo y un beso.

Te quiere siempre,

firmaCAD

PD: No se si leas mis cartas aun, pero entendería si no lo haces.

[Cartas a Diana] Carta VI

primero de abril del 2017

Diana, todo está de locos. Han sucedido tantas cosas. Mi único compañero de teatro se salió y me dejó la responsabilidad de todos los personajes masculinos a mí. Al principio me dio mucho gusto; ahora me doy cuenta que me costará mucha dedicación aprenderme todos los personajes. Aunque son sketches, creo que cada personajes es único. Diana, ¿alguna vez te has sentido ajena a todo? ¿Cómo que nada vale ya la pena, que da igual quedarte a escribir o tomar el avión próxima hacia cualquier parte del mundo? No hablo de suicidios, sino de escapes de realidad. Créeme que este fin de semana parecía ser algo totalmente diferente en mi mente.

No sé qué decir. Todo lo que ha sucedido es demasiado rutinario. No quiero aburrirte. Espero tener algo más qué decir en mi próxima carta.

Te quiere siempre,

firmaCAD

[Cartas a Diana] Carta V

diecinueve de marzo del 2017

¡Felicidades, Diana! Ayer fue tu cumpleaños y de verdad deseo que hayas pasado un momento agradable. Se que para muchos eres una persona especial y no dudo que te han de haber hecho alguna sorpresa u organizado alguna velada o fiesta. Preferí no marcarte, siento que mi llamada no sería de mucho. Aunque creo que por esa misma forma de pensar suceden cosas de las que no me entero, cómo tu viaje a otra ciudad. En fin, prefiero felicitarte hoy, al día siguiente, cuando las cosas ya están más tranquilas y cuando la euforia de los “¡Feliz cumpleaños!” y cuando los posts de Facebook ya se hayan mitigado. Fíjate que hoy cumple años Esmeralda, una de mis sobrinas y sólo pienso en lo mucho que ha crecido. Leer más “[Cartas a Diana] Carta V”

[Cartas a Diana] Carta IV

Diez de marzo del 2017

Antes creía que el tiempo solo podía suspenderse cuando estás con la persona que amas y debo decirte Diana que no es así; esto puede suceder en otros momentos también. Lo digo porque he experimentado el teatro. Es increíble como algo que ensayas una y otra vez, de repente se esfuma ahí mismo, frente a los ojos de muchos espectadores. No se trata de la presentación final, sino más bien de todo el trasfondo que hubo en su elaboración. Solo que el recuerdo del proceso de elaboración es solo una sensación del ejecutante y para construir un círculo completo de exaltación, este debe provocar esa catarsis al espectador también. De esa manera todos pasan por esa faceta de disfrute. Leer más “[Cartas a Diana] Carta IV”

[Cartas a Diana] Carta III

Seis de marzo del 2017

Querida Diana,

No la entiendo. No entiendo nada. Hoy me llevó al techo de mi escuela, nunca había subido y esas cosas hacen que recuerdes a una persona por mucho tiempo. El hacer algo nuevo con alguien te remitirá a esa persona muchas veces en el futuro (tal como te recuerdo a ti cada vez que voy a ese lugar de bakes y ensaladas). En fin, creo que fui muy tonto porque siento que me aproveché de la situación. Confundí las cosas. Le dije que probablemente era mejor no intentar nada porque temía no cumplir las expectativas que ella tenía. Yo no puedo ser otro Ramón, yo no puedo seguirla a todos lados; tengo otras responsabilidades. Odio por un momento mi trabajo y las clases de teatro, me odio a mí mismo por no saber si se trata de orgullo o miedo, o los dos. Me dijo que lo extrañaba, me di cuenta que todos tenemos a alguien a quien extrañar.

Me contó cómo él siempre la llevaba a todas partes y siempre la acompañaba al cine. Ella no había ido al cine desde hace mucho tiempo hasta hace poco que fui con ella, cuando bese su mano y la enlace con la mía ¡No entiendo su enojo! ¿Se habrá enojado por qué yo, a diferencia de su novio anterior, no me quedé a su lado hasta los créditos? ¿por qué íbamos con más gente? ¡por eso quería salir con ella a solas! Me sentí mal por ella al ver como las lágrimas caían por su rostro, como si le doliera abrirse y dejar al descubierto sus sentimientos. Me pidió perdón, después se inclinó hacia mí buscando un abrazo; la abracé. Ella me dijo que no quería que dejara de ser su amigo, yo le dije que no se preocupara que desafortunadamente (o afortunadamente, no lo sé) soy un mejor amigo que acompañante. Le mencioné que yo estaría ahí cuando necesitara un abrazo que sólo tenía que pedirmelo, tal como yo se lo pedí aquella noche. Esa noche en la que acudí a ella y lloré mientras la abrazaba fuerte, diciéndole que por favor no hablara y que sólo respondiera a mi abrazo. “No suelo decir pedir abrazos”, me dijo y me sentí el peor de los amigos. Como amigo tal vez es mi responsabilidad tener esa pequeña intuición de cuándo un amigo me necesita.

Ella me quiere y la quiero, pero no sabemos de qué forma. En un punto la volví a abrazar por largo rato, hasta que nos levantamos porque el sol nos quemaba. Buscamos la manera de llegar a la sombra de un árbol ahí mismo en el techo y nos sentamos lado a lado en silencio. Así estuvimos por un rato, tal vez reflexionando si el no haber entrado a la clase haya sido la mejor opción. Recostó su cabeza sobre mis piernas. Comencé a explorar su rostro: un par de lunares en el cuello, un granito que tenía sobre su nariz y un lunar pequeño justo arribita de su labio superior; observé su blancura y lo pequeña que es. Moví los mechones de cabello que tenía sobre su rostro y los hice a un lado, nunca sabré qué pensaba ella en ese momento. Empecé a recorrer su oreja y su cabello ondulado con mis dedos. De repente me tomó la mano y la guió detrás de su oreja, tiene un articulación (o hueso, tal vez) que se mueve, sonreímos un rato ante la peculiaridad de su fisionomía. Luego se reincorporó y me acerqué a ella, la abracé. Sigue un acto estúpido de mi parte. Me acerqué a su cuello, podría decirse que intentaba ubicar ese par de lunares, pero no; en ese momento deseaba besarla. Presioné mis labios ligeramente sobre la piel de su cuello, en un largo intervalo, repetí el gesto. Lo hice lento, tímido y con miedo, el intervalo se hizo más breve hasta que eventualmente se movió bruscamente. Seguíamos abrazados. Ahí mismo, con ella entre mis brazos le pedí disculpas. En cuestión de segundos me quitó los brazos de encima y se dirigió corriendo hacia las escaleras para bajar del techo. Corrí y la alcance, le pregunté si se encontraba bien. Y es que los hombres somos unos idiotas, sentí que me había aprovechado del momento ¡y por qué hacerlo si le acababa de decir que entre nosotros no podía haber nada! La comprendí perfectamente. Sólo la vi alejarse y yo me quedé en el techo, dudoso en bajar. Me di unos golpes en la cabeza como si así pudiera remediar el posible error que había cometido. Habíamos estado peleados y el haber subido a un lugar donde no seríamos interrumpidos por nadie, era para remediar las cosas. Logré que ese intento resultara vano, no nos hablamos después. Yo no podía ni verla de la vergüenza. Se que eventualmente volveremos a hablar al respecto. La tenía catalogada como infantil, pero el que haya tenido la iniciativa de arreglar las cosas, dice mucho de ella. En cambio yo iba seguir aferrado a mi orgullo, me pregunto ¿quién es el infantil?

 

Recuerdo haberle dicho que disfrutaba del sentimiento de querer y ser querido, que nunca me cansaría de experimentarlo y que atesoro las historias por más fugaz que estas sean. A veces me cuestiono acerca de la pureza de mis sentimientos ¿qué proporción es amor verdadero? ¿qué otra es pasión y deseo? Deseaba besarla, la quiero más no la amo. Para ser sinceros, debo admitir que lo que me dijo mi amiga Elvis, es cierto: “Sólo hay deseo y atracción, nada más”.

 

Tenía planeado hablarte del valor que ha obtenido el nombre de Diana para mí, pero esto pasó hoy y quería contártelo. Agradezco tu tiempo.

 

Te quiere siempre,

firmaCAD

[Cartas a Diana] Carta II

Seis de marzo del 2017

Querida Diana,
Deseo que te encuentres bien. Me he puesto a pensar si el ajetreo cotidiano de la ciudad donde ahora estas sea la misma que la ciudad donde me encuentro yo ¿las cosas son diferentes pero iguales, tal vez? Aquí, como sabes, los naranjos están floreciendo. Las pequeñas flores blancas de azahar perfuman las calles; encuentro el aroma de estas flores entre las esencias más exquisitas y agradables dentro de mi paradigma de aromas. He pensado en arrancar unas cuantas y guardarlas en un frasco, pero se que eventualmente su aroma se convertirá en algo putrefacto. Pero no importa, lo haré. Las tardes en las que el sol está en su punto, es cuando los árboles desprenden con mayor potencia el aroma de sus flores. Lo digo por las veces cuando voy camino al trabajo en mi bicicleta y paso junto a los naranjos. Huelen delicioso.

Cambiando de tema, hoy una amiga me dijo que esto de las cartas es una mala idea, dice que debo superarte. No sé de qué habla, ¿cómo superas a alguien? digo, si encapsulo las flores de azahar; llegará un punto que las recordaré por la esencia que alguna vez tuvieron. Será inevitable olvidarlas, a menos que corten todos los naranjos de la ciudad, que la primavera nunca llegue o que me vaya lejos donde esos árboles no existan. Es por eso que le digo que no se preocupe, que esto no omite mi sentido del olfato para otros aromas, aunque el azahar sea siempre mi favorito. Supongo que más que superar, prefiero el recuerdo.

With shortness of breath, I’ll explain the infinite
How rare and beautiful it truly is that we exist.

Lo anterior es parte de la letra de una canción que he estado escuchando recientemente. Forma parte de un álbum llamado Space. Te dejo el enlace a la canción por si gustas checarlo. El álbum tiene una canción para cada planeta. Saturno es mi favorito.
Tal vez sea egoísta pensar que el universo solo existe para que pueda ser visto por mí, pero es una idea que me tranquiliza aún cuando pienso que ya estoy tranquilo.

Perdón por la poca profundización de los temas. Espero que las siguientes cartas sigan el hilo de algo en particular.

Espero que te encuentres bien. Te envío un cálido abrazo.

Te quiere,
firmaCAD

PD: Gracias por tomarte el tiempo de leer mis palabras.

[Cartas a Diana] Carta I

Cinco de marzo del 2017

Querida Diana,
Espero que te encuentres bien. Agradezco infinitamente el que hayas aceptado ser lectora de mis palabras. Esta será la primera de lo que ojalá sean muchas cartas por venir. Espero y deseo muchas cosas en relación a esta práctica epistolar. Espero que no te cause repulsión el tono presuntuoso de mis palabras y mis frases. Espero que durante estas cartas puedas suspender tu juicio del bien y del mal. Espero que consideres que el lenguaje escrito es una construcción que a veces es acondicionado para simular una apariencia más bella. Espero que consideres también, que las palabras son gratuitas pero sus consecuencias pueden resultar de extremo valor. Espero de igual forma, no hacerte sentir mal y si en algún momento te es incomoda la lectura de alguna de las cartas; no te sientas con la obligación de leerlas, simplemente dime cuando así suceda. He dicho lo que yo espero, ahora te diré lo que por tu parte puedes esperar: vagas reflexiones del presente, viajes al pasado, excursiones al futuro y todo lo implica vivir (haber vivido) en cada etapa. Disculpa si todo parece tomar un tono distinto a lo que probablemente tenías en mente. Te ruego recuerdes mi humanidad.
Por el momento es todo lo que tengo que decir, espera mi siguiente carta muy pronto. Ojalá que mi gratitud no se vea devaluado ante la cantidad de veces que lo he mencionado, pero en verdad, gracias.

Te quiere,

firmaCAD