#23 ¿Qué quieres que sientan?

El siguiente texto es una tarea del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo, en donde nos pedían que escribiéramos cómo nos gustaría que se sintiera el espectador al ver nuestra. La primera parte es una narración de ficción en donde me imagino lo que posiblemente se interprete. La segunda parte ya es más directo y anoto lo que quisiera que el espectador sintiera.


Hace tiempo no me echaba una vuelta por el museo. Me invitó una amiga, creo que ya se la acabaron las ideas de lugares a donde salir “sanamente”. Como si le importara. Supe que no iba a venir desde que me envió el sticker de gatito sorprendido. Ya habían pasado quince minutos así que decidí entrar. Me presento y me dicen que el primer grupo ya está avanzado y que si gusto esperarme al segundo grupo de las dos de la tarde. Pregunté si podía comprar un agua y me dijeron que sí. Fui directamente a la máquina expendedora, se supone que mi amiga me iba a traer algo de tomar. Empiezo a beber agua porque no había tomado más que café en la mañana. Cuando volteo, veo lo que parece ser una obra de la exposición… Busco la ficha y ahorita realmente no recuerdo ni cómo se llamaba. La obra consistía en seis cuadritos enmarcados y un bote de basura en la parte inferior. Me acerqué al bote y se veían unas fotos y unas figurillas. Ya de cerca, noté que las fotos estaban editadas, y había lo que parecían textos escritos por encima. En las primeras dos fotos había un texto sobre recetas, encimadas a unas fotos. Las otras dos tenían otro tipo de textos y las últimas dos eran de una letra infantil, como si hubieran sido escritas por un niño. La letra y las fotos me hicieron pensar en el tiempo. Creo que intentaba hablar sobre la evolución de uno como persona. Noté que me estaba enfocando mucho en las fotos colgadas y me quise asomar un poco más a lo que había en el bote de basura. La removí tantito, al parecer eran más fotos que formaban parte de las de arriba. Pero me hacía mucho ruido que las fotos parecían de personas extranjeras y lo que parecía haberse escrito sobre las fotos, simplemente no encajaba. Algo no resultaba congruente. Tal vez esa era la intención. Me empecé a preguntar por qué algunas fotos estaban en la basura y las otras estaban colgadas. Me recordó a lo que a veces quisiera que vieran de mí y lo que no. Probablemente quiso hablar sobre ese proceso selectivo para armar una identidad… quién sabe, igual solo son fotos. Salgo de ahí y espero al siguiente grupo. Al salir alcanzo a ver algunas obras, se ven muy interesantes. Decido irme al parque de al lado para esperar. Decido mandarle un mensaje a mi mamá: 

“YA ESTOY EN EL MUSEO” 


Quisiera que mi obra conectara con el espectador para que tuviera un segundo para repensar su historia personal desde un lente familiar, en un proceso de reconocimiento de su espacio y el tiempo que no se detiene. El ensamblaje que narro en este pequeño texto no es definitivo y sin duda, el escribir sobre ello me ha dejado un poco más claro cómo podría presentar la obra.  

#22 Cumplir 25

Hoy durante una reunión en Zoom, una compañera que cumple 31 años, dijo “Me quedé en los 22 años… siento que aún tengo 22”. En el 2017 escribí una notas acerca de cumplir 22 años (pongo el enlace como gesto simbólico, porque es un texto muy malo), en donde recuerdo haberme sentido con una típica nostalgia que me da al cumplir un año más de vida. Tengo muy presente cuando cumplí 20, pero más cuando cumplí los 21. Recuerdo que a los 21, solo quería cumplir los 22 para poder hacer las señal de amor y paz con ambas manos. Por ahí debe andar la foto en la que fui a trabajar el día de mi cumpleaños y mis compañerxs del trabajo me sacaron esa foto que estaba esperando. Sin darme cuenta, le habían seguido el 23, 24 y ahora, a punto de entrar el mes de mi cumpleaños… el 25. Suelo usar cada cumpleaños como para hacer una introspección de dónde estoy, cómo ha sido el camino que llevo recorrido y volteo a ver el camino por recorrer. Este proceso me agrada y tal vez no lo comparta aquí, sino en alguna libreta que me auto-regale. Creo que este post, no tiene mayor intención que recordarle a nadie en específico, que el 16 de noviembre cumplo años.

#21 ¿En qué pensará el maestro Mancillas?

Mi novio me regaló un jabón artesanal de lavanda, fui a mi cuarto y me eché una loción de lavanda que me había regalado mi mamá. Al reconocer el patrón, encendí un incienso de lavanda… de esos que venden en el Wal-Mart y que cuestan como 30 pesos. Pensaba en el aroma, pensaba en las personas que me habían obsequiado aquellos aromas y por un instante, mientras el humo y el aroma a lavanda ascendía y parecía bailar en el aire, me pregunté: ¿en qué pensará el maestro Miguel Mancillas? ¿siempre estará ideando algo nuevo? Una pregunta que de vez en cuando llega a mí. Siento que sus pensamientos tienen una fascinante mezcla de inquietudes que parecieran no inquietarme a mí, pero que siento que deberían. Hoy en particular me siento perdido en mis ideas y me pregunto ¿en qué pensará el maestro Mancillas cuando se siente perdido? ¿cómo llega a encontrar el camino? Tal vez solo lo camina, siempre pensando… ¿pero en qué?, me pregunto. Yo mismo me contesto: No lo se, han de ser muchas cosas. Me digo a mí mismo que tal vez debería invitarle un café, pero ni siquiera sabría qué preguntar. Las veces que lo he escuchado, siempre me pregunto cómo ha sido el proceso para que el maestro piense en la manera que piensa. Al escucharlo, solo asiento con firmeza, todo parece encajar y me lleno de entusiasmo. Las piezas que tengo de su persona, las armo a partir de mi admiración por él y su trabajo, además de los testimonios sobre su persona. Digo, es común que piense sobre qué pensarán otros artistas… pero por alguna razón, siempre me pregunto en qué pensará el maestro Mancillas. Es probable que solo estoy dudando si yo mismo estoy teniendo la mente ocupada en lo que se que me interesa: crear. Ya ni siquiera lleva una etiqueta en específico, ya sea bailar, escribir o tomar fotos… es solo crear. Tal vez me inquieta pensar que como artista, no estoy pensando en lo que debería pensar. Para saber qué piensa, tal vez deba contestarme otras preguntas que ni siquiera se formular. Solo se que tal vez me diría que no la pensara tanto… tal vez ese sea el primera paso para saber qué piensa el maestro Miguel Mancillas.

Photo by Tomu00e1u0161 Malu00edk on Pexels.com

Miguel Mancillas

Nacido en Hermosillo, Sonora, México. Maestro, bailarín y coreógrafo.

Se forma dancísticamente en la Ciudad de México con diferentes maestros en técnica clásica y contemporánea entre los que se encuentran Xavier Francis, Isabel Hernández, Ángeles Martínez y Guillermo Maldonado. Su inclinación hacia la plástica lo lleva a incursionar dentro del terreno del diseño, iluminación y maquillaje escénico.

Desarrolla su carrera como ejecutante a la vez que imparte clases de danza y se adentra en la investigación del folclor mexicano.

Se desempeña como bailarín en diferentes grupos y compañías de Hermosillo, Ciudad de México y Montreal, Canadá.

Miembro fundador de Antares.

Sistema de Información Cultural: Artistas

#20 El testimonio y lo imaginario

El testimonio representa el espacio fundante de identidad dentro de las prácticas de la memoria. Como la memoria busca representar la ausencia se encuentra en estrecha relación con una construcción en imágenes en la que se ponen en juego lo irreal -lo fantástico, la utopía- y lo anterior- la ausencia de lo que antes existió- (Ricoeur, 2002) De alguna manera, el pasado se escenifica en imágenes, que corren el riesgo de caer en lo imaginario, lo irreal.

Este texto lo compartió la instructora del taller de cartografías personales. Me parece que la memoria siempre tiene sus ajustes. Convertimos a la memoria en algo narrativo que a veces hiperbolizamos. Hoy más que nunca, le encuentro mucho valor a los registros fotográficos. A veces bailo partiendo de la música pop, tomo fotos solo porque sí… no me doy cuenta que mis registros históricos, lo poquito o mucho que tenga, son un camino dispuesto a ser explorado. Quisiera eso, explorar y dialogar con el pasado y mi presente.

Comparto un par de fotos que tomé de Médium un poemario de un joven poeta yucateco, Daniel Medina, quien creo que ve a la cámara y a la fotografía, como el medio con el que podemos seguir conversando con esas personas que ya no se encuentran con nosotrxs. Ahí es donde me imagino que ocurre la magia, un diálogo interior con las voces construidas a partir de la memoria.

Continúa leyendo #20 El testimonio y lo imaginario

#19 ¿Qué vas a hacer con esas fotos?

El siguiente texto es un cuestionario que se nos asignó en el Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Incluye un ligero boceto de ideas sobre la obra que pienso presentar. Intenté ser concreto con las respuestas.


¿Qué harás?

Una instalación. Posiblemente usando audio y fotografías.

¿Cómo lo harás?

A través de registros fotográficos intervenidos digitalmente. Estas fotos serán de mi familia o utilizaré un archivo de fotografías de una familia americana que compré de segunda mano. El audio, si es que lo uso, consistiría de mi mamá explicando las recetas que mi hermana aún no sabe preparar, historias que aún no conozco sobre ella; que me dijera lo que ella quisiera que aprendiéramos sobre su forma de ser. Algo similar sería con mi hermana y concluiría con mi sobrina, diciendo las cosas que ha aprendido de mamá hasta ahora.

¿Dónde?

En la parte trasera del recibidor del museo, debido al espacio cerrado y la posible sensación de intimidad que puede haber. Solo que no me gusta el cable que tiene esa maquina expendedora. También estaba pensando en utilizar el elevador y colocar las fotografías adentro. Esto es porque buscaría atender a la idea de la decisión, desde la decisión de tomar el elevador, hasta la de quedarse a ver la obra o solo no darle menor importancia.

¿Cuándo? (Contexto histórico)

Atendería al concepto de familia, tradición e ideas transmitidas de una generación a otra. El proceso de transmisión es como el proceso comunicativo en donde existe un emisor, receptor y mensaje. El emisor lo veo como una entidad en donde se incorporan en primera instancia, la sociedad (aquí se incluyen a los familiares) y el espacio-tiempo al que se suscribe esa sociedad. El receptor, quien suele ser menor al emisor, aprende a partir del discurso, y de lo que ve en su entorno. Idealmente, existirá una etapa en donde el receptor deja de ser solamente un receptor y cobra agentividad. Ese es el espacio que quiere abordar: la decisión, duda, incertidumbre y a veces, culpa. Originalmente me interesaba incorporar la idea de un emisor intangible que moldea nuestras conductas desde hace muchos años: los medios de comunicación. Este emisor intangible, visto como medio, no es malo ni bueno, ya que hay miles de agentes emisores detrás de un solo medio, llámese internet o televisión. Ahondado con la idea de tradiciones familiares, ¿Qué tanto de estas tradiciones permanecerán? ¿de qué manera una generación puede prolongar la vida de las tradiciones que se le están siendo transmitidas o que están por desaparecer? Hoy en día el valor de la decisión y la consciencia es importante ¿Qué tanta atención le estamos dando a esas tradiciones familiares? ¿nos interesa perpetuarlas? Si queremos hacer agente de cambio ¿Qué implicaría un recorte o ajuste de esas tradiciones?

¿Por qué lo harás?

Como hijo de una madre soltera que casi no tiene registros fotográficos de su familia ascendente, a veces yo mismo cuestionaba mi identidad, hasta que me di cuenta que tengo la opción de ser un nuevo punto de partida de tradiciones o ideas familiares. No me interesa empezar de cero, quiero las historias fantásticas del pueblo de mi madre, porque hace mucha falta en la actualidad, quisiera creer en la magia y en lo sensorial, tal y como ella lo hace. Mi madre aún tiene una conexión con la tierra que le envidio, un conjunto de recetas que aún no anoto. Tiene cosas muy lindas que no quisiera que se perdieran. Es la decisión que yo quiero tener. Tal vez aquellas personas que tiraron el archivo de fotografías, lo hicieron porque lo escanearon y lo subieron a la nube porque ahora son minimalistas, pero ¿Qué nos asegura que no se pueden perder? Tengo más fotos de unos viejitos extraños que de mis verdaderxs abuelxs. Tal vez no les interesaba guardar esas fotos. Probablemente hay alguien quien quiere dejar atrás todo yugo que tenga con su familia. Lo importante es que debemos entender que tenemos más agencia de lo que parece. Como emisores a veces nos damos cuenta de lo obsoleto que son nuestras formas de pensar, pero algunxs no saben cómo cambiar eso que se les fue transmitido; mientras que otrxs ya no les interesa el cambio, independientemente de las consecuencias. A la par de la circunstancia dilemática del emisor, hay un receptor que tiene probabilidad de hacer eco de aquello que tal vez el emisor ni siquiera desea transmitir.  

#18 Cuaderno de bosquejos

La red social que más uso es Instagram. Para mí, es un lugar donde sigo a museos, artistas, amigxs, familiares, en fin, lo que sueles seguir en una red “social”. A ratos tengo ciertas ideas preconcebidas sobre el uso de Instagram, pero que realmente desconozco el por qué creo que son ciertas. Algunas de estas ideas:

  • No debo subir fotos que no encajen (?)
  • No debería hacer muchas historias
  • No debería hacer un live porque no tengo mucha audiencia
  • Si quiero subir algo debo pensarlo dos veces
  • Edita la foto antes de subirla

Bueno, ahorita son algunas que se me ocurren, pero estoy seguro que hay más. Creo que a raíz de ciertas pláticas del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo, me ha tocado ver cómo estas plataformas sirven como un registro de procesos creativos. Decidí ver a Instagram de ese modo, como un espacio que sirva para hacer eco de mis ideas, que al final solo son bosquejos. Según esto, un bosquejo es un…

  1. Diseño o proyecto de una obra artística, hecho de manera provisoria, solamente con los elementos esenciales.
  2. Exposición de una idea o plan en sus líneas generales.

Aunque la Real Academia Española tiene una definición que me gusta y que se apega más a lo que tengo en mente: “Idea vaga o preliminar de algo”. No lo había pensado de ese modo y ahora quiero que mi cuenta de Instagram sea como un cuaderno de notas rápidos, sin orden aparente, de esas libretas en donde a veces anotas una receta, un recordatorio o pegas alguna calcomanía aleatoria. Un cuaderno seccionado que muestre caminos más no un inicio ni final.

Había dudado si subir esta foto a Instagram… la subiré mañana 🙂

#17 Carta a Zineb Sedira

Querida, Zineb

Te escribo para comentar tu obra Mother Tongue (2002). A mi igual me interesa hablar sobre mi familia y la transmisión de ideas a través del convivio, y muy importante: el lenguaje (árabe, francés e inglés). Me ha gustado cómo tocaste el tema del lenguaje a través del registro de las interacciones que hubo de tres generaciones diferentes, representado a través de tu mamá, de ti y tu hija. Sabes, me siento identificado contigo, en el sentido de que me siento como la pieza intermedia. Pero a diferencia de ti, yo no se si tenga descendencia. Soy un joven bisexual de 24 años y hasta ahorita no tengo planes de tener un bebé… aunque la idea no me desagrada, de hecho a rato me imagino con una hija. Pero sabes, Zineb, ¿te has dado cuenta que tal vez tu hija está replicando conductas que no precisamente provienen de ti? Digo, no es la primera generación que cae influenciado por una pantalla, pero ¿te has puesto a pensar sobre la cantidad de enseñanzas que le transmites a tu hija? Ahora, ¿has pensado cuánta información se queda y cuánta es temporal? No lo se, los medios han jugado un papel muy importante y no me mal interpretes, no creo que sea el enemigo. Ciertamente tu hija podría aprender francés para hablar contigo o árabe para hablar con su abuela. Aunque lo dudo porque la globalización está imponiendo un estándar de conducta y hasta una norma en los idiomas. Tu obra me resulta enternecedora pero también me da miedo porque me recuerda a mi historia familiar. Mi mamá nunca aprendió a hablar un derivado del zapoteco que mi abuela sí conocía muy bien. Ella dice que mi abuela no quería que ella lo aprendiera. Yo no tengo esperanzas de aprender ese dialecto, pero hay algo que sí me es más fácil de tomar y es que hasta la fecha, yo no me he aprendido ninguna receta de los platillos típicos de Oaxaca. Esas comidas que prepara y que le quedan tan ricos. Si bien es cierto que no estamos aquí para ser copias del pasado, también debo ser consciente que el mundo día con día, orilla a la desaparición de la diversidad cultural ¿No estoy formando parte del problema si no reconozco que lo medios siembran su ideología en mí? Por ejemplo, yo prefiero apreciar lo físico y la tradición, quiero decidir y hacer una curaduría de mis tradiciones familiares. Quiero sembrar nuevas perspectivas que no sean machistas, por ejemplo. Tal vez no todas las familias tienen una brecha de idiomas, pero todas tienen una brecha temporal/generacional y el tiempo en el que vivimos es primordial. Estamos en un momento importante donde cada vez somos menos solidarios. No lo se, Zineb, por lo menos yo, quiero seguir entendiéndome con las personas, más allá del lenguaje. Quisiera hacer el registro de esos otros medios de transmisión y como mutan de generación en generación, tal vez para bien… o no.

#16 La edad del sol

El sábado intenté trabajar el tema de la soledad, escribir al respecto, dibujarlo, tal vez. Terminé pintando el suelo, quemando una foto, fotografiando y hundiéndome en dudas. Esta dinámica del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo me ha hecho pensar en el proceso de abstracción de las ideas ¿Cómo podrá una idea materializarse de un dibujo a una fotografía o video? Es un proceso divertido y solo se vuelve angustiante cuando intentas controlarlo. El vídeo final de ese experimento lo comparto aquí. No es una idea aterrizada, es un bosquejo, un fragmento perdido, una idea amorfa, una pincelada sin rumbo, una fotografía atrapada en un rollo irrevelable.

¿Qué se ha quedado en el olvido? Esa memoria olvidada representa la soledad

Un punto sobre una hoja en blanco. Un gatito maullando en la noche del 25 de diciembre. El sol en un atardecer de primavera. El eco. El sonido de un grillo y el sonido de veinte. La mosca atorada en la ventana. El sol en el amanecer del 3 de enero. El calor acumulado. La bolsita de té en la taza de la abuela. La agenda de 1998. Las copias de aquella clase enfadosa. La propina del 20%. Los restos de un lápiz aún usable. El control sin baterías. El reloj que en realidad no era de pulso. El cable que no sirvió. El bote de basura. El silencio paterno. Un secreto revelado. El tiempo con dos minutos de adelante. La vela del primer cumpleaños. El correo no entregado. Un viaje interrumpido. Una fotografía borrosa, veinte fotografías borrosas. La pregunta mental. La planta no regada. El vestido una talla más pequeña. No voltear a la cámara. El error de dedo. El cigarro arrebatado y aplastado. La mujer del fondo. La cruz de la habitación. Reintentar. Caer dos veces. La sonrisa ahogada. La mancha en el saco. La fotografía no perfecta. El sol en la tarde invierno. La foto familiar. La santa cena. El lunar en la espalda. La verruga en la mano. La amiga de la primaria. La ocasión especial que no llega. Las manchas del borrador. La pluma sin tinta. El gis hecho polvo. El diente faltante. La almohada sucia. Un tenis roto. La película. La excitación. Las tardes de 1952. La firma. La huella digital. Captcha. 5 mil millones de años. El grito de una señora triste…

¿Serán las cenizas la única memoria de aquello que alguna vez fue? ¿Qué es entonces el encendedor que lo ha quemado?

#15 “El día” de Efraín Huerta

Cuando empecé a salir con mi actual pareja, hubo un día que quise dedicarle un poema. No de mis propias palabras, sino tomarlas prestadas de algún poeta. Consulté mis poemas favoritos y todos eran de desamor. Me gustaban mucho porque me movían más que los que trataban de “amor”. Hace unos días, estaba ojeando Permiso para el amor de Efraín Huerta. En ese libro encontré uno poema que reunía algunas sensaciones que quería compartirle a mi novio. Sigo buscando ese poema que resuene más, pero por lo pronto, este me agradó.


El día

El día ha llegado a mis ojos.
El día que muere es una lluvia dorada.
El día es tierno como el agua. Como el amor que nace.
El días es delgado y dulce. El día es el amor.
El día es una espada. Una rosa caliente.
El día me dijo: Buenos días. Y amé al día.
El día estaba en tus ojos de fino oriente.
El día eran tus ojos oscuros. Tu clara sonrisa.
El día quiso decirme Adiós. Y no me dijo nada.
El día y tú habían llegado a mis ojos.
El día eras tú. Tú eras el Buenos días. Y el Adiós.
El día. Siempre el día. Es decir, siempre tú.


Efraín Huerta le dedicó este poema a Rosarito Ferré, yo se lo dedico a mi día, al niño que le gusta el color amarillo, quien revive plantas y quien también tiene ojos oscuros y una clara sonrisa.

#14 Carta al “Buenos días”

Querido “Buenos días”,

Te escribo para disculparme. Ayer pasé junto a una señora mayor y me quedé en silencio. Antes solía sonreírle a la gente. Te he encerrado. Mi amiga dice que las personas que son de fuera, son más amables. Yo no soy de aquí y no se por qué no he dicho “Buenos días”, antes solía hacerlo. De verdad les sonreía con amabilidad. Ahora llevo una máscara en mi cara y no se si se escuchará mi voz cuando digo tu nombre. A veces sonrío debajo de la máscara, pero nadie lo ve. Debo empezar a decir tu nombre con más frecuencia, creo que resulta hasta curativo. No había pensado en lo bien que puedo hacer sentir a las personas, o lo bien que me hace sentir la respuesta de alguien pronunciándome tu nombre: “Buenos días”. Aunque sabes, no se si te has enterado, pero parece que hablarte ya es más un acto de fe, realmente los días no han sido muy buenos. Pero tú no tienes la culpa y por eso te escribo, para decirte que creo en ti y en el futuro buen día. Prometo invocarte más seguido, como si estuviera lanzando un hechizo al pronunciar tu nombre y tu apellido (ya sea en plural o singular). Espero que estés bien, me saludas al “Buenas tardes” y al “Buenas noches”.

Abrazos,

O. M.