#7 Sobre la transmisión y otras huellas (PAAC 2020)

El siguiente texto surge a partir de las premisas que han sido abordadas con lxs maestrxs en las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Sin duda, ha sido un espacio enriquecedor que nos permite reflexionar acerca de nuestros procesos creativos y del quehacer artísticos, proporcionando nuevos acercamientos al momento de crear una obra.

TV dinner (2020) de @oliviasteenart

Tomando esta oportunidad de hacer un cambio del concepto a trabajar, he decidido cambiar mi concepto por la palabra “transmitir” complementado por la palabra tradición. No se me ha hecho fácil porque la palabra herencia, al leer sus definiciones, resultaban un tanto objetivas. Las definiciones de “herencia” giraban entorno a la biología y al derecho. Aunque la parte biológica me llama la atención, no me terminaba de convencer. Fue en esa insatisfacción cuando me preguntaba sobre los procesos de la herencia, pensé en la palabra “transmisión”, que significa, según la RAE: 

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Taller: Arte con pincel y pluma

Hola, es probable que si estás leyendo esto es porque te dio curiosidad el taller y la neta eso me da mucho gusto, te invito a que sigas leyendo. Mira, el asunto está así: hice este taller para que inventemos historias basadas en obras de arte, facilito ¡No dejes que la palabra écfrasis te asuste! Mi error de incluir esa palabrita, pero aquí te la epxlicao a grandes rasgos, no te preocupes. Dejando eso claro, te invito que te acerques a la sesión cuando quieras, sin importar si ya no pudiste entrar a la sesión de romanticismo o a la de surrealismo, tú súbete al barco sin importar qué tan cerca o lejos estemos a la conclusión del taller. Siempre hay algo nuevo que aprender cuando se trata de arte y en esta ocasión te invito a que aprendamos juntos.

En esta página encontrarás toda la información sobre el taller, pero las importantes:

Grupo 1: Viernes de 4pm – 6pm (GMT-7) Liga a Meet: https://meet.google.com/dfg-sixb-ztc

Grupo 2: Sábado de 10 am – 12pm (GMT-7) Liga a Meet: https://meet.google.com/zmh-qvup-zxb


El correo al que puedes mandar tu info: taller.club.arte@gmail.com

El siguiente documento condensa la información de esta página en un documento pdf. En él puedes encontrar los enlaces a las sesiones y al grupo de Whatsapp:

Recuerda seguir la página de Instagram del taller y del club de lectura: @club.dearte

El resto de la información del taller lo encuentras aquí:

Instrucciones para entender tres pinturas famosas (Julio Cortázar)

El amor sagrado y el amor profano por TIZIANO

Esta detestable pintura representa un velorio a orillas del Jordán. Pocas veces la
torpeza de un pintor pudo aludir con más abyección a las esperanzas del mundo
en un Mesías que brilla por su ausencia; ausente del cuadro que es el mundo,
brilla horriblemente en el obsceno bostezo del sarcófago de mármol, mientras el
ángel encargado de proclamar la resurrección de su carne patibularia espera
inobjetable que se cumplan los signos. No será necesario explicar que el ángel es
la figura desnuda, prostituyéndose en su gordura maravillosa, y que se ha
disfrazado de Magdalena, irrisión de irrisiones a la hora en que la verdadera
Magdalena avanza por el camino (donde en cambio crece la venenosa blasfemia
de dos conejos). El niño que mete la mano en el sarcófago es Lutero, o sea, el
Diablo. De la figura vestida se ha dicho que representa la Gloria en el momento de
anunciar que todas las ambiciones humanas caben en una jofaina; pero está mal
pintada y mueve a pensar en un artificio de jazmines o un relámpago de sémola.

La dama del unicornio por RAFAEL

Saint-Simon creyó ver en este retrato una confesión herética. El unicornio, el
narval, la obscena perla del medallón que pretende ser una pera, y la mirada de
Maddalena Strozzi fija terriblemente en un punto donde habría fustigamientos o
posturas lascivas: Rafael Sanzio mintió aquí su más terrible verdad.
El intenso color verde de la cara del personaje se atribuyó mucho tiempo a
la gangrena o al solsticio de primavera. El unicornio, animal fálico, la habría
contaminado: en su cuerpo duermen los pecados del mundo. Después se vio que
bastaba levantar las falsas capas de pintura puestas por los tres enconados
enemigos de Rafael: Carlos Hog, Vincent Grosjean, llamado «Mármol», y Rubens
el Viejo. La primera capa era verde, la segunda verde, la tercera blanca. No es
difícil atisbar aquí el triple símbolo de la falena letal, que a su cuerpo cadavérico
une las alas que la confunden con las hojas de la rosa. Cuántas veces Maddalena
Strozzi cortó una rosa blanca y la sintió gemir entre sus dedos, retorcerse y gemir
débilmente como una pequeña mandrágora o uno de esos lagartos que cantan
como las liras cuando se les muestra un espejo. Y ya era tarde y la falena la
habría picado: Rafael lo supo y la sintió morirse. Para pintarla con verdad agregó
el unicornio, símbolo de castidad, cordero y narval a la vez, que bebe de la mano
de una virgen. Pero pintaba a la falena en su imagen, y este unicornio mata a su
dueña, penetra en su seno majestuoso con el cuerno labrado de impudicia, repite
la operación de todos los principios. Lo que esta mujer sostiene en sus manos es
la copa misteriosa de la que hemos bebido sin saber, la sed que hemos calmado
por otras bocas, el vino rojo y lechoso de donde salen las estrellas, los gusanos y
las estaciones ferroviarias.

Retrato de Enrique VIII de Inglaterra por HOLBEIN

Se ha querido ver en este cuadro una cacería de elefantes, un mapa de Rusia, la
constelación de la Lira, el retrato de un papa disfrazado de Enrique VIII, una
tormenta en el mar de los Sargazos, o ese pólipo dorado que crece en las latitudes
de Java y que bajo la influencia del limón estornuda levemente y sucumbe con un
pequeño soplido.
Cada una de estas interpretaciones es exacta atendiendo a la configuración
general de la pintura, tanto si se la mira en el orden en que está colgada como
cabeza abajo o de costado. Las diferencias son reductibles a detalles; queda el
centro que es ORO, el número SIETE, la OSTRA observable en las partes
sombrero-cordón, con la PERLA-cabeza (centro irradiante de las perlas del traje o
país central) y el GRITO general absolutamente verde que brota del conjunto.
Hágase la sencilla experiencia de ir a Roma y apoyar la mano sobre el
corazón del rey, y se comprenderá la génesis del mar. Menos difícil aún es
acercarle una vela encendida a la altura de los ojos; entonces se verá que eso no
es una cara y que la luna, enceguecida de simultaneidad, corre por un fondo de
ruedecillas y cojinetes transparentes, decapitada en, el recuerdo de las
hagiografías. No yerra aquél que ve en esta petrificación tempestuosa un combate
de leopardos. Pero también hay lentas dagas de marfil, pajes que se consumen de
tedio en largas galerías, y un diálogo sinuoso entre la lepra y las alabardas. El
reino del hombre es una página de historial, pero él no lo sabe y juega displicente
con guantes y cervatillos. Este hombre que te mira vuelve del infierno; aléjate del
cuadro y lo verás sonreír poco a poco, porque está hueco, está relleno de aire,
atrás lo sostienen unas manos secas, como una figura de barajas cuando se
empieza a levantar el castillo y todo tiembla. Y su moraleja es así: «No hay tercera
dimensión, la tierra es plana, el hombre repta. ¡Aleluya!». Quizá sea el diablo
quien dice estas cosas, y quizá tú las crees porque te las dice un rey.

Escribir sobre arte (Taller de lectoescritura)

Comparto esta imagen aquí porque me alegra saber que esas tardes que le dediqué a delinear la idea, haya valido la pena y que la propuesta haya sido seleccionada. Si bien este interés por el arte lo rastreo desde la mini presentación de la psicología de los colores en la película de Mad Max: Fury Road para la clase de estética, nunca pensé que llegaría al grado de llevar clubs de lectura y escritura. Pero me alegra saber que fue así y la verdad no me queda más que seguir leyendo y preparándome porque el mundo del arte es algo abrumante. Por eso para este taller decidí dejarlo en el área del arte moderno. Les comparto algunas imágenes sobre el taller:

El taller va dirigido a un sector joven pero la verdad cualquier persona interesada en el tema es más que bienvenida. Honestamente estoy algo nervioso porque me interesa mucho proporcionar un taller de calidad y como reconozco que soy una persona en proceso de aprendizaje en estos temas; se que la investigación y la lectura serán mis mejores aliadas. Esta dinámica autodidacta a la vez, me ha puesto a pensar sobre la vasta cantidad de información a la que tenemos acceso sobre el arte y eso me hace feliz.

Finalmente, les comunico que la imagen oficial del taller estará fijo en el blog en la parte derecha de las páginas. Si le dan clic en la imagen, los enviará a que manden un correo a taller.club.arte@gmail.com y así yo les haga llegar toda la información de inscripción.

La experiencia del tiempo a partir de la moda (Notas)

Sin duda que leer el texto ¿Qué es lo contemporáneo? del filósofo italiano, Giorgio Agamben, me ha movido y conmovido mucho. El texto reúne ejemplos de poesía, temáticas de antropología, desde aspectos fisiológicos de la percepción, la lingüística, la astronomía y demás, Me ha hecho pensar en mi tiempo o por lo menos ubicarme “mejor” en ella. Les comparto un fragmento en donde habla acerca de la moda y cómo se experimenta el tiempo a través de ella. Pero antes, les comparto otros fragmentos que he subrayado en el texto.

contemporáneo es aquel que tiene fija la mirada en  su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad. (…).  Contemporáneo es, precisamente, aquel que sabe ver esta oscuridad,  que está en grado de escribir entintando la lapicera en la tiniebla del  presente.

Giorgio Agamben

Agrego esa cita porque más adelante hace un comparación interesante sobre la percepción de nuestro tiempo y realidad, comparándolo con elementos de la neurofisiología.

“Una primera respuesta nos es sugerida por la neurofisiología de la  visión. ¿Qué cosa adviene cuando nos encontramos en un ambiente  privado de luz, o cuando cerramos los ojos? ¿Qué es la oscuridad que  entonces vemos? Los neurofisiólogos nos dicen que la ausencia de luz  desinhibe una serie de células periféricas de la retina, llamadas of-cells,  que entran en actividad y producen esa especie particular de visión que  llamamos oscuridad. La oscuridad no es, por lo tanto, un concepto  privativo, la simple ausencia de la luz, algo así como una no-visión, sino  el resultado de la actividad de las of-cells, un producto de nuestra  retina. Ello significa, si volvemos ahora a nuestra tesis sobre la  oscuridad de la contemporaneidad, que percibir esta oscuridad no es  una forma de inercia o de pasividad, sino que implica una actividad y  una habilidad particular, que, en nuestro caso, equivalen a neutralizar  las luces que vienen de la época para descubrir su tiniebla, su oscuridad  especial, que no es, de todos modos, separable de aquellas luces”.

Fragmento del texto ¿Qué es lo contemporáneo? escrito por Giorgio Agamben

La percepción del tiempo a través de la moda

Un buen ejemplo de esta especial experiencia del tiempo que  llamamos la contemporaneidad es la moda. Aquello que define a la  moda es que ella introduce en el tiempo una peculiar discontinuidad  que lo divide según su actualidad o inactualidad, su ser o su no-ser 

más-a la-moda (a la moda y no simplemente de moda, que se refiere  sólo a las cosas). Esta cesura, por cuanto sutil, es perspicua, en el  sentido de que aquellos que deben percibirla la perciben  indefectiblemente y de este modo atestiguan su estar a la moda; pero si  buscamos objetivarla y fijarla en el tiempo cronológico, ella se revela  inaferrable. Sobre todo la “hora” de la moda, el instante en el cual viene  a ser, no es identificable a través de un cronómetro. ¿Esta “hora” es  quizás el momento en el cual el estilista concibe el rasgo, la nuance que  definirá la nueva forma del vestido? ¿O aquel en el cual le confía al  diseñador y luego a la sastrería que le confecciona el prototipo? ¿O, más  bien, el momento del desfile, en el cual el vestido es llevado por las  únicas personas que están siempre y solamente a la moda, las  mannequins, que, sin embargo, justamente por ello, no lo están nunca  verdaderamente? Porque, en última instancia, el estar a la moda de la  “forma” o del “modo” dependerá del hecho de que las personas de carne  y hueso, distintas de las mannequins —esas víctimas sacrificiales de un  dios sin rostro— lo reconozcan como tal y lo efectúen en la propia ropa. 

“Joven del vestido verde” de Tamara de Lempicka (1931)

El tiempo de la moda es, entonces, constitutivamente anterior a sí  mismo y, justamente por ello, también siempre en retardo, tiene  siempre la forma de un umbral inaferrable entre un “no aun” y un “no  más”. Es probable que, como sugieren los teólogos, ello dependa del  hecho que la moda, al menos en nuestra cultura, es una marca teológica  del vestido, que deriva de la circunstancia en que el primer vestido fue  confeccionado por Adán y Eva después del pecado original, en forma de  un taparrabo entrelazado con hojas de higo. (Por la precisión, los  vestidos que nosotros vestimos derivan no de este taparrabo vegetal,  sino del tunicae pellicae, de los vestidos hechos de pelos de animales  que Dios, según Gen. 3.21, hace vestir, como símbolo tangible del  pecado y de la muerte, a nuestros progenitores en el momento en el  cual los expulsa del paraíso.) En todo caso, cualquiera fuese la razón, el  “ahora”, el kairos de la moda es inaferrable: la frase “yo estoy en este  instante a la moda” es contradictoria, porque en el momento en el cual  el sujeto la pronuncia está ya fuera de la moda. Por ello, el estar a la  moda, como la contemporaneidad, comporta un cierto “desahogo”, un  cierto desfasaje, en el cual su actualidad incluye dentro de sí una pequeña parte de su afuera, un matiz de démodé. De una señora  elegante se decía en París en el Ochocientos, en este sentido: “Elle est  contemporaine de tout le monde”. Pero la temporalidad de la moda tiene otro carácter que la  emparienta a la contemporaneidad. En el gesto mismo en el cual su  presente divide el tiempo según un “no más” y un “no aun”, ella  instituye con estos “otros tiempos” —ciertamente con el pasado y,  quizás, también con el futuro— una relación particular. Ella puede “citar”  y, de este modo, ritualizar cualquier momento del pasado (los años ’20,  los años ’70, pero también la moda imperio o neoclásica). Ella puede  poner en relación aquello que ha inexorablemente dividido, rellamar,  re-evocar y revitalizar incluso aquello que había declarado muerto.


El discurso de Barragán

El siguiente texto es un fragmento de el discurso del arquitecto, Luis Barragán. Si desean leer el discurso completo, favor de dar clic aquí.

Este discurso lo pusieron de ejemplo en una de las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. En este discurso el ganador del premio Pritzker delinea el motivo de su obra y hace un ejercicio de lo que ahora conocemos como “statement”.


© Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán

Luis Ramiro Barragán Morfín

(Guadalajara, 9 de marzo de 1902 – ciudad de México, 22 de noviembre de 1988)

Ceremonia de Premiación del Premio Pritzker, martes 3 de junio de 1980, Dumbarton Oaks, Estados Unidos.

Deseo dejar constancia, además, de mi respeto y admiración por el pueblo norteamericano, gran mecenas de las ciencias y de las artes, y que sin encerrarse dentro de los límites de sus fronteras las trascendió para distinguir de manera tan honrosa y generosa, en este caso, a un hijo de México. Tengo plena conciencia, por tanto, que el premio que se me otorga es un acto de reconocimiento de la universalidad de la cultura y en particular de la cultura de mi patria.Pero como nunca nadie se debe todo a sí mismo, sería mezquino no recordar en este momento la colaboración, la ayuda y el estímulo que he recibido a lo largo de mi vida por parte de colegas, dibujantes, fotógrafos, escritores, periodistas y personales amigos que han tenido la bondad de interesarse en mis trabajos.

Quisiera valerme de esta ocasión para presentar ante ustedes algunos pensamientos, algunos recuerdos e impresiones que, en su conjunto, expresen la ideología que sustenta mi trabajo. Y a este respecto ya se anticipó –aunque con excesiva generosidad– el señor Jay A. Pritzker cuando explicó a la prensa que se me había concedido el Premio por considerar que me he dedicado a la arquitectura “como un acto sublime de la imaginación poética”. En mí se premia entonces, a todo aquél que ha sido tocado por la belleza. En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento y también las de serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretender haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro.

Religión y Mito. ¿Cómo comprender el arte y la gloria de su historia sin la espiritualidad religiosa y sin el trasfondo mítico que nos lleva hasta las raíces mismas del fenómeno artístico? Sin lo uno y lo otro no habría pirámides de Egipto y las nuestras mexicanas; no habría templos griegos ni catedrales góticas ni los asombros que nos dejó el renacimiento y la edad barroca; no las danzas rituales de los mal llamados pueblos primitivos ni el inagotable tesoro artístico de la sensibilidad popular de todas las naciones de la Tierra. Sin el afán de Dios nuestro planeta sería un yermo de fealdad. “En el arte de todos los tiempos y de todos los pueblos impera la lógica irracional del mito”, me dijo un día mi amigo Edmundo O’Gorman, y con o sin su permiso me he apropiado sus palabras.

Belleza. La invencible dificultad que siempre han tenido los filósofos en definir la belleza es muestra inequívoca de su inefable misterio. La belleza habla como un oráculo, y el hombre, desde siempre, le ha rendido culto, ya en el tatuaje, ya en la humilde herramienta, ya en los egregios templos y palacios, ya, en fin, hasta en los productos industriales de la más alta tecnología contemporánea. La vida privada de belleza no merece llamarse humana.

Silencio. En mis jardines, en mis casas, siempre he procurado que prive el plácido murmullo del silencio, y en mis fuentes canta el silencio.

Soledad. Sólo en íntima comunión con la soledad puede el hombre hallarse a sí mismo. Es buena compañera, y mi arquitectura no es para quien la tema y la rehuya.

Serenidad. Es el gran y verdadero antídoto contra la angustia y el temor, y hoy, la habitación del hombre debe propiciarla. En mis proyectos y en mis obras no ha sido otro mi constante afán, pero hay que cuidar que no la ahuyente una indiscriminada paleta de colores. Al arquitecto le toca anunciar en su obra el evangelio de la serenidad.

Alegría. ¡Cómo olvidarla! Pienso que una obra alcanza la perfección cuando no excluye la emoción de la alegría, alegría silenciosa y serena disfrutada en soledad.

La muerte. La certeza de nuestra muerte es fuente de vida, y en religiosidad implícita en la obra de arte triunfa la vida sobre la muerte.

Arquitectura. Mi obra es autobiográfica, como tan certeramente lo señaló Emilio Ambas en el texto del libro que publicó sobre mi arquitectura el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En mi trabajo subyacen los recuerdos del rancho de mi padre donde pasé años de niñez y adolescencia, y en mi obra siempre alienta intento de transponer al mundo contemporáneo la magia de esas lejanas añoranzas tan colmadas de nostalgia. Han sido par a mí motivo de permanente inspiración las lecciones que encierra la arquitectura popular de la provincia mexicana: sus paredes blanqueadas con cal; la tranquilidad de sus patios y huertas; el colorido de sus calles y el humilde señorío de sus plazas rodeadas de sombreados portales. Y como existe un profundo vínculo entre esas enseñanzas y las de los pueblos del norte de África y de Marruecos, también éstos han marcado con su sello mis trabajos.

Católico que soy, he visitado con reverencia y con frecuencia los monumentales conventos que heredamos de la cultura y religiosidad de nuestros abuelos, los hombres de la colonia, y nunca ha dejado de conmoverme el sentimiento de bienestar y paz que se apodera de mi espíritu al recorrer aquellos hoy deshabitados claustros, celdas y solitarios patios. Cómo quisiera que se reconociera en algunas de mis obras la huella de esas experiencias, como traté de hacerlo en la capilla de las monjas capuchinas sacramentarias en Tlalpan, ciudad de México.

El arte de ver. Es esencial al arquitecto saber ver; quiero decir ver de manera que o se sobreponga el análisis puramente racional. Y con este motivo rindo aquí un homenaje a un gran amigo que con su infalible buen gusto estético fue maestro en ese difícil arte de ver con inocencia. Aludo al pintor Jesús (Chucho) Reyes Ferreira a quien tanto me complace traer ahora la oportunidad de reconocerle públicamente la deuda que contraje con él por sus sabias enseñanzas. Y a este propósito no está fuera de lugar traer a la memoria unos versos de otro gran y querido amigo, el poeta mexicano Carlos Pellicer: por la vista el bien y el mal nos llegan. Ojos que nada ven, almas que nada esperan.

La nostalgia. Es conciencia del pasado, pero elevada a potencia poética, y como para el artista su personal pasado es la fuente de donde emanan sus posibilidades creadoras, la nostalgia es el camino para que ese pasado rinda los frutos de que está preñado. El arquitecto no debe, pues, desoír el mandato de las revelaciones nostálgicas, porque sólo con ellas es verdaderamente capaz de llenar con belleza el vacío que le queda a toda obra arquitectónica una vez que ha atendido las exigencias utilitarias del programa. De lo contrario la arquitectura no puede aspirar a seguir contando entre las bellas artes.

Mi socio y amigo el joven arquitecto Raúl Ferrera y el pequeño equipo de nuestro taller comparten conmigo los conceptos que tan rudimentaria e insuficientemente he intentado presentar ante ustedes. Hemos trabajado y seguiremos trabajando animados por la fe en la verdadera estética de esa ideología y con la esperanza de que nuestra labor, dentro de sus muy modestos límites, coopere en la gran tarea de dignificar la vida humana por los senderos de la belleza y contribuya a levantar un dique contra el oleaje de deshumanización y vulgaridad.


Fragmento de mi intervención al leer el discurso:

El placer estético de una obra… falsa

Recibí el correo con dos pdfs, uno de ellos se titula “¿Cómo te quedas ante esa pintura de 10 millones de dólares cuyo valor cae al descubrirse que es una falsificación?”. El maestro nos invita a hacer ejercicios de reflexión sobre las lecturas que nos estará mandando y relacionarlo con algo que hayamos escuchado o visto. Empezaré por algo tal vez muy burdo: Hace un tiempo me estuve topando con una serie de videos de Tik Tok en donde ponían la foto de algún cachorrito del cual pensaban era de una cierta raza; doberman, pitbull o french poodle. En estos videos se burlaban de las expectativas porque en cada caso resultaba que el cachorro no era de la raza que creían. Creo que todos podríamos familiarizarnos con eso. Recuerdo cuando pasó en la casa. Se trataba de un cachorro que se supone que sería un pastor alemán, pero que al crecer no tenía muchas de las características físicas de esa raza. Pero igual era bravo, un excelente guardián de la casa (que era lo que mi mamá buscaba), juguetón y obediente. Mi mamá no pagó por él pero de haber sido así, supongo que se habría molestado, ¿no? Pero eso no quita el hecho de que ese perrito ha sido uno de los que más ha querido ¿pero qué tiene que ver esto con el arte? Creo que precisamente sobre las cosas que damos por hecho y el valor que le damos a las obras. El artículo comenta las concepciones de arte de Platón, Aristóteles, Derrida y Searle. 

Platón dice que el arte es una representación tosca de algo que de por sí no es más que una imitación defectuosa de la perfección que solo existe en el reino de las ideas. Es probable que esto hayan sentido todo esos dueños de aquellos perros. Para Platón, el arte no tiene más fin que su propia perfección. Pero imagínate la cantidad de decepciones que habría si fuéramos por el mundo basándonos en el reino de las ideas y la perfección de ellas. Paso. 

Aristóteles plantea que una obra de arte se crea para estimular las emociones y el intelecto ¿pero acaso una obra falsa no logra precisamente eso hasta que demuestren lo contrario a su estatus de originalidad? Hay una implicación del placer estético y si nos vamos por ese lado, pues habrá muchas obras que generan esa sensación. Aquí más bien vamos a culpar a quiénes nos venden esa obra (o cachorro), porque nos sentimos estafados. Esa ausencia del atributo de “original”, expone nuestra respuesta a ello como algo menos genuino ¿pero por qué? El artículo dice que el falsificador tal vez no se proponía a excitar nuestras emociones y nosotros pensábamos que sí ¿eso no te hace sentir mal? 

¿Habrá sucedido eso cuando se ponía/pone en duda la autenticidad del Salvator Mundi?, obra que se la atribuyen a Leonardo Da Vinci. Jacques Derrida rechazaba la idea de que el autor (en este caso, el artista, porque Derriba era crítico literario) y sus intenciones tuvieran alguna relación con el significado de la obra de arte o en cómo tenían que considerarse sus méritos. Sugería que a pesar de que una obra de arte tiene que juzgarse por sus méritos, el contexto lo es todo. Searle lo viene a tachar de falso. 

A pesar de este diálogo entre estas posturas, el artículo propone que la obra falsificada pudiera interpretarse de otras formas. Un ejemplo sería verla como una obra conceptual (como declaración sobre la autenticidad o como crítica al sistema capitalista por ceder valores monetarios de manera arbitraria).

Creo que hay casos como la supuesta obra de Da Vinci, que expone al mundo del arte y su sistema de valoración ¿quien propuso que los dueños antiguos de la obra es un factor que eleva el precio? No digo que esté bien o mal, pero ¿qué sentido tiene? En fin, el placer estético a nadie se lo quita, al igual que nadie le quitará el cariño que mi mamá tuvo por aquel cachorro que pensaba que sería un pastor alemán. 

¿Aquí hay un club sobre arte?

Estaba editando la presentación para la sesión 21 de mi club sobre temas de arte y dije “Voy a compartir en Twitter unas imágenes de mi presentación pasada”. Mientras descargaba las diapositivas en imágenes jpg, caí en cuenta que tal vez comentar lo sucedido durante las sesiones, aún y cuando sean comentarios a grandes rasgos, podría ser un buen pretexto para compartir algo aquí en mi blog. Pero antes quiero compartirles más o menos cómo va la dinámica de cada sesión.

Imagen de la introducción inicio de la sesión 20

Dinámica

Las sesiones virtuales del club sobre temas de arte, parte desde las sesiones de un club de lectura que se llevaba a cabo de manera presencial antes que iniciara la etapa de contingencia en México. Al principio dudé si lxs integrantes iban a querer continuar de manera virtual, luego de que se los propuse (lo contemplé como opción luego de ver a otro club de lectura que llevó una sesión virtual), pero cuando se los comenté, aceptaron. Las sesiones seguían un formato similar al presencial, pero conforme pasó el tiempo, empezaba a tener interés en incluir un espacio de noticias actuales sobre arte, hablar no solo de corrientes artísticas, sino debatir acerca del papel del arte en la sociedad actual. Las 12 sesiones que originalmente se tenían contempladas para la biblioteca y para liberar mi servicio social, ya llevaba quince. Pregunté si deseaban seguir y dijeron que sí. A veces había tres personas, o siete como máximo, pero siempre me la pasaba bien, más cuando había un tema polémico para discutir (que normalmente era cuando se tocaba un tema social en donde el arte se veía involucrado).

Algunas de las actividades que hoy hago, es gracias a Cucky Moncada, periodista cultural y amiga, que en alguna ocasión estuvo de invitada en el club. Ella me sugirió algunas dinámicas que hasta hoy las sigo haciendo. Entre ellas están las siguientes (las sesiones suelen llevar este orden).

  • Bienvenida
  • Comentarios generales sobre la sesión anterior (esto por si alguien faltó)
  • La presentación de una obra de arte para analizar (cada integrante se turna y nos trae alguna obra plástica y más recientemente: algún texto o cortometraje)
  • Cinco minutos para observar y anotar impresiones y lecturas de la obra presentada
  • Comentarios sobre la obra presentada
  • Noticias en el mundo del arte
  • Presentación de puntos de debate o presentación de alguna corriente artística (esto suele presentarlo algún integrante del club)
  • Debate y comentarios
  • Cierre
  • Foto grupal

Esta dinámica se fue dando conforme pasó el tiempo. Lo que me emociona es que en la última sesión, una integrante se propuso para compartir el contenido de un curso sobre arte que está llevando. Yo este club lo empecé porque el arte me llama la atención y me gusta. Aunque no sea un experto, me gusta leer sobre el tema y compartir lo que leo para comentarlo con los del club.


Sesión 20

Con un fragmento de Guernica (1937), doy inicio a la sesión luego de saludar a lxs integrantes. Y empiezo con un cuadro de Mondrian: Broadyway Boogie Woogie (1942).

Diapositiva de la sesión 20

Algunas notas que saqué de la app DailyArt:

Broadway Boogie-Woogie es la última pintura que Mondrian completó. El artista que había escapado a Nueva York desde Europa después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, se deleitó con la arquitectura de la ciudad. También le fascinó el jazz estadounidense, particularmente el boogie-woogie, al encontrar su ritmo sincopado, su enfoque irreverente de la melodía y su estética improvisada similar a lo que llamó, en su propio trabajo, la “destrucción de la apariencia natural” y la construcción a través de la oposición continua de medios puros: ritmo dinámico “. En esta pintura, su penúltimo, Mondrian reemplazó la cuadrícula negra que había gobernado durante mucho tiempo sus lienzos con líneas predominantemente amarillas que se cruzan en puntos marcados por cuadrados de azul y rojo. Estas bandas atomizadas de pulsos cromáticos tartamudeados, interrumpidos por un gris claro, crean caminos a través del lienzo que sugieren la cuadrícula de la ciudad, el movimiento del tráfico y las luces eléctricas parpadeantes, así como los ritmos del jazz.

Comentamos acerca de los colores, las líneas y sus intersecciones y hablamos un poco acerca del contexto histórico y cómo la ciudad impactó al artista.

Debates y discusiones

Entre los comentarios que se hicieron estuvieron: la reapertura de espacios como museos y centros de atracciones ¿merece el riesgo abrir de nuevo las puertas de estos espacios? ¿qué tan preparados estaban estos lugares culturales para condicionar una alternativa digital? y el debate sobre el artista y su obra ¿qué hacer cuando el artista apoya causas homofóbicas, racistas o transfóbicas? ¿cómo se debe tratar a la obra de un artista quien ha sido expuesto como abusador de mujeres? ¿es diferente cuando el artista está vivo a cuando está muerto? ¿qué rol juegan las casa productoras y editoriales? ¿cómo hacerle para conocer la obra sin apoyar al artista?

Lectura conjunta

Antes de proponer esta lectura, anteriormente estábamos viendo las corrientes artísticas basadas en la siguiente imagen:

Las que están remarcadas son las que hemos visto hasta ahora

El texto de Will Gompertz lo estaremos leyendo y leeremos un capítulo entre cada sesión. Les dejo el enlace a la carpeta de Drive por si quieren ir viendo cómo lo voy subiendo por capítulos. Empezaremos leyendo desde el prólogo hasta el capítulo uno (este ya está en Drive).

Les dejo más información del texto.

Me pareció un texto que podría abarcar algunas de las corrientes artísticas que nos hacen falta. Si lees esto y te interesa unirte, estás totalmente invitadx. Igual y si no puedes, aquí estarán estas minutas breves de lo que sucede en cada sesión o bien, puedes ser un lector a distancia aunque no estés en las sesiones del club 🙂
Recuerda: Todos los domingos a partir de las 4pm (GMT-7) accesando a la siguiente liga: AQUÍ y listo, ya estás dentro.

Todos los domingos 4pm (GMT-7)

Me desesperas

DESESPERACIÓN
1. Pérdida total de la esperanza.
2. Pérdida de la paciencia o de la tranquilidad de ánimo, causada generalmente por la consideración de un mal irreparable o por la impotencia de lograr éxito.


Estoy sentado, tranquilo, pero con los hombros tensos. Sonrío y canto, pero me desespera.

Me desespera terminar y sentir que las cosas siguen. Me desespera pensar que sigues caminando en mi mente, en mis pensamientos y en los momentos vacíos, mientras espero que se enfríe un poco el café o mientras espero que se levante la cuarentena. Pero sobre todo, me desespera tu voz, tu cara, tus gustos, tu forma de enojarte, tu sonrisa, tus problemas, tus éxitos, tus altibajos, tu familia, tu gata, tus tres perros, más los dos que acaban de llegar. Me desesperan tus gustos musicales, tus temas de conversación, la forma en la que hablas y de lo que hablas. Me desespera pensar en las historias de nuestro joven pasado y nuestro inexistente futuro. Me desespera tener que recordar el momento en el que doblé las predicciones para que encajaras. Me desespera que ni borrando tus fotos pueda sacarte. Me desespera que no haya borrado todas. Y entre la desesperación, odio las voces que me sugieren marcarte e ir hacia ti, de la misma manera que odio las voces que me dicen que fue para bien y que así estoy, estás y estaremos mejor. Me desespera pensar, me desespera que pienses que no te quise o que no te quiero. Porque me desespera saber y admitir que te extraño. Me desespera tener que pararme y encerrarme en el baño para que no me vieran llorar mientras escribía. Me desespera creer que estoy mejor cuando claramente quisiera que estuvieras aquí. Me desespera haber tenido ese sueño que tanto esperaba, justo ahora que ya no estás. Me desespera que mi hermana me muestre tus fotos, me desespera no tener la voluntad suficiente para rechazar su oferta de verte. Me desespera pensar que tal vez sí estás mejor así y pensar que no quisiera arruinarlo al mandarte un mensaje. Me desespera que al regresar a casa, tus fotografías estén ahí y que las plantas que me regalaste, hagan ese paralelismo performativo de que ellas también ya no están, no como antes.

Me desesperan tus lunares, tus pies, tus manos y la cara que pones al dormir. Me desespera tu forma de abrazar y la forma en la que pronuncias ciertas palabras. Me desespera que no admitas que roncas, que no haya funcionado el videojuego que llevaste aquella noche. Me desespera que te guste Lady Gaga, me desespera que digas que “todo va a estar bien” y la manera en la que me hacías creer en ti y en lo que teníamos. Me desespera que el arroz te quede pegajoso, que me digas “provecho” cuando ya tengo la comida en la boca. Me desespera que quieras ver vídeos mientras comemos, que te sepas los diálogos de Shrek y que siempre quieras ver películas tontas. Me desespera que le hayas dicho a tu familia sobre lo nuestro, me desespera habértelo pedido. Me desespera la idea de que quieras tener tantas mascotas, me desespera no saber cómo ayudarte, me desespera no saber cómo ayudarme. Me desespera tu copete que siempre cae perfectamente sobre tu rostro, me desespera que tengas asma, que seas alérgico al aguacate y al plátano. Me desespera que hayamos empezado The Walking Dead y no poder terminarla juntos. Me desespera que no te haya llamado la atención The Office. Me desesperan tus brazos largos, esos que me envolvían cuando lloraba luego de un reconciliamiento. Me desespera que creas que tus labios son el mejor atributo en tu rostro, cuando claramente son tus orejas pequeñas las que resultan enternecedoras. Me desespera tu impaciencia. Me desespera saber que muchas discusiones pudieron haberse evitado. Me desespera que uno de los mejores momentos que recuerdo contigo sean la vez que me ayudaste a acomodar mis horarios y cuando bajo la lluvia íbas por mi en tu carro y yo iba a donde estabas tú, en mi bici para evitarte la molestia. Recuerdo cuando reímos juntos una vez que entré al carro y me desespera.

Me desespera que no hayamos leído Call Me by Your Name juntos, que no me compartas tus celos, que tengas la razón y que me ganes jugando al Uno. Me desespera esa botella de tequila que terminé tirando. Me desesperan tus post its, tus “recuerda que te amo” cuando iba a una fiesta sin ti. Me desespera tu risa de cuando me veías molesto. Me desespera que creas que mis “te amo” fueron en vano…

En fin, son muchas las cosas que me desesperan… pero sobre todo, me desespera seguir pensándote, deseando solo haberte dicho lo mucho que te quiero y de lo mucho que me desespera seguir queriéndote.

Sólo me queda seguir respirando hasta que mis hombros se destensen.


“Portrait of an artist (Pool with Two Figures)”, David Hockney, 1972

Cuarentena [Poema]

Soneto

Composición poética formada por catorce versos de arte mayor, generalmente endecasílabos, y rima consonante, que se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos.

CUARENTENA

El timbre suena y anuncia tu llamada,
contesto y oigo la brisa del respiro,
cierro los ojos y finjo que miro
aquella primera vez que esperaba.

Hoy la espera se vuelve hacer presente,
los días pasan y soy prisionero
en pantallas, recuerdos y en mi mente;
ruego por ti, exhalo tristes “te quieros”.

Llegará el momento cuando volvamos,
sin restricciones de distancia o reglas,
Correr sin las riendas que nos atamos.

Porque cuando estemos juntos otra vez,
tendremos una historia que contar
en las tardes al llegar la vejez.