La estela de «Art of movement» – Un Desierto para la Danza 2022

La estela es un rastro que deja una cosa o suceso, como los trazos de las aviones al desplazarse por el cielo, con esas rayas de nubes falsas que se descomponen y se esparcen con lentitud. Es probable que Art of movement haya sido alguna aeronave que sobrevoló el desierto ¿Qué premisas se vislumbran en su estela?

Art of Movement es una obra de danza coreografiada por Billy Cowie incorporando bailarines en vivo con virtuales en 3D y aquí se presenta en un formato puramente virtual. Fue comisionada por Kyoto Experiment de Japón con apoyo de Arts Council England y la Universidad de Brighton.

Descripción publicada por el Festival DNA

Utilizando la obra visual de la artista alemana Silke Mansholt; el paisaje, en continuo cambio, informa y complementa la coreografía. Las intérpretes cuentan con la restricción de un espacio escénico limitado en el cual se mueven acompañadas de la música creada por el propio coreógrafo.

Fragmento de la descripción publicada en Boletia

La separación

El primer guiño de los elementos visuales de la pieza se otorgan en la entrada en forma de gafas anaglíficas. Estos tipos de lentes rojo/azul que logran el efecto tridimensional a través de filtros para separar imágenes y generar la sensación de profundidad, estos son premonición de Art of movement que también se compone de separaciones. Entre lo virtual y lo presencial, entre el registro capturado en lo digital y la escenificación presente, las bailarinas Daniela Urías y Mariana García, comparten el escenario con las bailarinas invocadas a través de dispositivos tecnológicos.

El didactismo que compone la obra, seccionada por las intervenciones de la profesora Kazuko Hohki, aparece como preludio informativo que ubica al espectador sobre un camino donde propone qué observar y cómo nombrar lo que se observa. El entretejido del audio ya producido y los cosquilleos que aluden a una especie de ASMR que captura los sonidos del cuerpo desplazándose por un espacio delimitado.

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Kinestésick

Estaba parado y recuerdo cómo por tercera, tal vez cuarta ocasión, mi maestra número dos venía a sentarme, atendiendo las órdenes de la maestra uno. Por algún motivo, se me complicaba mucho recortar y estar sentado a la vez. Después descubrí que el hecho de no saber que era zurdo, complicaba un poco las cosas. Fui muy distraído, me gustaban los labios delgados de Nayeli, el elefante que veía en la letra E, los ojos grises de la maestra uno, el cabello de honguito de mi amigo Leonel, las colitas de colores que le hacían a Stephany y los cachetes de mi maestra dos. Ahí descubrí cierta inclinación hacia un tipo de aprendizaje visual-kinestésico, bueno, no ahí tal cual, ustedes me entienden.

Fue evidente que el aprendizaje del tipo auditivo no era mi fuerte, a menos que se tratara de un ruido constante y definido: como alguna gota cayendo en el lavamanos, el martilleo, el sonido de los autos, mi roommie teniendo sexo o Gabs diciendo que le gustaba… todas esas cosas me causaban náuseas, era como un síntoma obsesivo compulsivo de elementos que no toleraba escuchar.

Hasta la fecha siguen habiendo cosas que no puedo hacer simultáneamente, como ver a Cris a los ojos mientras le confesaba mi infidelidad por tercera vez, echarle crema batida a un frappe mientras hablo con mi compañera de trabajo o coquetear con algún cliente y mantener una cara firme de seguridad personal.

He intentado imaginarme todo como una especie de bloquecillos que puedo ensamblar, como Legos o el Tetris. Prefiero los Legos en cuestión kinestésica y el Tetris como orden visual. Desde pequeño sentía que lograba traducir ciertas necesidades a través de estos juegos. Nunca habría sospechado que durante mis 20s estaría usando Tetris y Legos para ensamblar, acomodar y jugar. Estas piezas eran de diferentes colores y tamaños: Carlos, Miriam, Daniel, Héctor, Ernesto, Julia, Julio, Sebastián… pronto me di cuenta que era mejor acomodarlos por categoría: Libra II, Cáncer VI, Virgo III, Piscis X, Escorpio II, Aries IV…

Ahora se que no valía la pena acomodar, recortar o ensamblar… porque siempre existirá el Game Over, el aburrimiento o el «Gerardo, creo que debemos terminar».

Sobre crayones y esmalte para uñas

Sergio pasaba la tarde pensando en por qué la forma de hablar de Joel le resultaba tan intolerable. Joel nunca había sido grosero con él, al contrario, siempre mantenía cierta atención y cordialidad. Sergio creía fervientemente que Joel lloraba en rincones inesperados y que por algún motivo había dominado el arte de limpiarse las lágrimas sin dejar rastros posteriores al llanto; y amaestrado la confección de sonrisas, todo en cuestión de segundos.

Pero tal vez era por cómo Joel pronunciaba su nombre, y en general toda palabra que contuviera la letra «S»… con esa pronunciación arrastrada. Escuchar esas palabras le resultaba tortuoso, era como ver cientos de serpientes siendo vaciadas sobre la cuna de un bebé durmiendo.

Sus ojos hacían juego con su sonrisa falsa… estos parecían verte con cierta compasión, al mismo tiempo que emitían juicios de asco y repulsión. Le recordaba a los ojos vacíos de los peces muertos en el área de un supermercado en bancarrota.

Un día, mientras Sergio leía un libro durante su hora de descanso, Joel le señaló que sus uñas pintadas, se veían «lindasss». Sergio solo agradeció y le sostuvo la mirada hasta que Joel se retiró.

Joel pasó la tarde pensando en la forma de hablar de Sergio, siempre tan espontáneo, tan seguro, como gotas de lluvia fría sobre una suculenta moribunda… como una lluvia sin temor a ser diluvio. Pensó en las uñas que se le hacían bellas no por el color, sino por lo mal pintadas que estaban. La forma parecía torpe y brusca, como si la impaciencia de Sergio lo hubiera llevado a jugar con barro antes que la pintura se secara. Por algún motivo, esto no le resultaba ajeno a la naturaleza de su colega. Algunas uñas tenían grumos gruesos de esmalte y varias zonas de sus dedos también habían sido manchadas. Estaban terriblemente pintadas, y aún así le parecían bellas.

Joel recordaba sus días en el preescolar y lo frustrante que le era «pintar dentro de la raya». Tal vez Sergio era esa mancha fuera de ese límite y eso le traía paz o esperanza, no lo sabía. Aunque ssssiempre se preguntaba por qué no parecía serle de agrado a Sergio.

Si esto fuera Oz

Esa noche pensé en las luces de esa cantina: rojas, azules, verdes, lilas y también pensé en una que no supe distinguir. Adentro del torbellino, donde el alcohol se revuelve con el sudor colectivo y la saliva del otro es ocasional; igual que Dorothy, tú también caíste en tierra desconocida. No sabía si eras mago o bruja, pero tu aura extranjera resultaba particular.

Caminaste sobre nuestro camino dorado. Te acompañé, nos acompañamos. Pero ni yo soy muy listo ni tu eres valiente, tal vez por eso fue fácil que te perdieras y que yo dejara que así fuera. Durante las tardes, cuando pensaba que giraría solo, aparecías tal vez del este o del oeste… pero recordaba que salías del norte. Ahí las brujas y magos se guardan la magia. Ahí el camino de ladrillos de oro, tiene baches.

Al final, aunque nos acerquemos lo suficiente para reafirmar que sí tenemos corazones, aunque nos besemos para asegurar que somos valientes y nos reconozcamos para sabernos inteligentes… esto no es Oz, es la Chila en un viernes por la noche en Hermosillo.

Aquí somos Dorothy, donde al final, cada quien regresa al sepia.

Suspiros salados

Luz subió una foto, el fin de semana fue a la playa con sus amigos para celebrar el año nuevo.

Hace tiempo que no voy al mar, la última vez que fui fue hace dos años, en invierno.

Siempre he pensado que el mar combinado con la brisa fría me pone nostálgico, un estado en el que disfruto estar; me parece romántico.

La arena del mar durante el invierno, no es pegajosa y hostil, sino que se convierte en granitos desinteresados y dóciles. Deja de ser un abrazo bochornoso, para volverse tacto vacilante.

Me gusta caminar a las orillas de un mar frío, me permite caminar con shorts y suéter, tal vez con un gorrito negro para proteger mis orejas de la brisa, esa que deja de ser jadeo apresurado como lo es en el verano, y se siente más como un suspiro ansioso.

El mar en invierno deja de ser Cáncer con colocaciones en Aries y Leo… No, el mar fresco se torna en un Escorpión con colocaciones en Libra y Acuario. Este mar no se entrega, solo te observa, el calor deja de emanar del sol y surge desde el deseo de nuestras miradas.

Hoy deseo estar en el mar, el de aguijón amenazador, el que suspira y me envuelve en sal, ese mar que se levanta y me acompaña para decirme que Luz nunca entenderá lo que significa ir a la playa en invierno.

*guiño, guiño* – No. 11

Admiro a las personas por las habilidades particulares que llegan a tener, y en muchas ocasiones me he enamorado de quienes suelen tener un atributo que deseo tener para mí. Es posible que siga confundiendo admiración y amor, pero creo que hay un terreno pequeño o grande, no sabría decirlo, en donde estos dos aspectos habitan. Hay un gesto que si bien no he analizado a profundidad, me parece una acción de la cual no cualquiera puede autodenominarse «bueno» o «buena» al hacerlo. Me refiero al guiño, ese pequeño pero poderoso gesto que puede invitar a la complicidad, la picardía o al coqueteo.

Puedo recordar a diferentes personas de las que admiré por la agilidad de sus guiños: la mamá de una amiga, una mentora, mi maestro de química, el maestro de español, la vecina y la señora que empacaba el jamón en la tienda departamental. Tal vez estas personas no piensen en el impacto de un guiño, es más, no creo que piensen que aquel chico al que le guiñaban, está escribiendo sobre ello en un pequeño espacio del internet.

Pienso en mis reacciones al ver ese minúsculo movimiento facial: sonrisa nerviosa, la idea de caerle bien a esa persona e inmediatamente pensar que yo no podría hacer algo así. Algunos años después, hoy considero que sí lo podría hacer. La intención de esto no tendría otra más que la idea de haber logrado dominar un pequeño gesto que me parecía divertido e inalcanzable.

Este gesto me hacía sentir que trataba con alguien de gran carisma, que en la mayoría de los casos, era cierto. Eran personas donde la sonrisa, era una constante.

La práctica de este gesto me hace pensar si mis ojos un tanto rasgados por mi ascendencia asiática, ayuden a hacer notorio este gesto ¿Debería añadir un ligero movimiento de cabeza? ¿No estaré cerrando mucho el ojo contrario? ¿Debería aprender a cerrar tanto el ojo derecho como el izquierdo? ¿En qué momentos sería indicado hacer este gesto? ¿Estoy listo para sentirme incómodo?

Tal vez el guiño tan espontáneo que admiré de estas personas, no me salga igual. También creo, justo ahorita mientras escribo esto: es probable que me tope con nuevos hilos narrativos. Espero que sean anécdotas agradables, supongo que el tiempo dirá:

Notas sobre la exploración de materiales en el arte – No. 10

Hoy tuve una sesión del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo (PAAC) en donde el artista invitado, Irak Morales, nos platicó acerca de sus procesos creativos. Esta entrada recopila notas dispersas de la charla. Algo que resalto de esta reunión fue la manera en la que se discutió el material que decide usar el artista al momento de crear su obra. Una compañera comentó sobre la posible transición a las artes digitales, a lo que Morales le respondió que aun en ese tipo de circunstancias, los minerales necesarios para un dispositivo electrónico, siguen extrayéndose de una mina y no puede haber una «mina digital». Básicamente es aceptar que todxs estamos suscritos a un modelo de producción y que lo más sensato es ver cómo navegamos en él, y cuestionarnos el por qué elegimos ciertos medios y materiales.

Para relacionar la diversidad de medios en cuanto a la elección representativa de una idea, les dejo este video de una de residencia del artista Irak Morales.

Resultados de la primera edición de residencias L.I.C, en colaboración con irak morales, se muestra la exposición ELECTROLOC*S en donde hubo piezas, instalaciones, collage, diseño sonoro, performance y más.

Ver una obra creada con materiales con los que el artista está relacionado, me hace pensar sobre su visión de lo cotidiano. «Donde vivo, trabajo», comenta Morales, y me parece que tener la cotidianidad de cerca te orilla a encontrar diversas asociaciones y discursos. El mismo artista dice que a él le funciona tener libretas pequeñas de 10 pesos que pueda tener en distintos puntos y con la facilidad de traerlas consigo. Gracias a esto surge la pregunta ¿De qué manera generamos nuestra producción artística?». Algo que me llama la atención de la exposición ELECTROLOC*S, son los medios que Morales elige: hay collage, escultura, piezas sonoras, performance. El es consciente que las características de sus exposiciones «no se prestan para un museo», pero tampoco niega que el artista entra a la dinámica de producción: me pagas-produzco (o viceversa). Creo que estas piezas terminan por generar un diálogo sobre la experiencia estética del arte y es ahí donde surgen las posibilidades del cuestionamiento.

Irak Morales tocó el tema de tener la libertad de explorar cualquier cosa, refiriéndose a materiales y medios. Considera que el arte genera demagogia sobre la misma idea de «lo artístico». Propone explorar las diferentes salidas de la práctica artística, considerando cómo resolvemos nuestras obras desde aspectos como la edad, estatus socioeconómico y lugar de producción. Es como repensar la poesía más allá de las letras.

Cuestionamientos

Escuchar a Irak Morales fue como un movimiento oscilatorio entre la visión en la que a veces pienso y que él mencionó: la especialización. Desde mi bagaje actual, opino que sería genial aprender una técnica y especializarme, pero de manera que esto no implique un cierre explorativo de otros medios. No estoy seguro de qué tan pertinente es contrastar las ideas de Avelina Lesper con Irak Morales, pero es interesante cómo chocan en mi cabeza, porque si lo llevo más lejos, me parece que son ideas diferentes sobre el quehacer artístico (?). Desde hace unos meses estoy considerando el entrar a la escuela de artes plásticas, pero pienso en la nula producción visual que tengo, y las charlas como las de hoy me hacen repensar una postura artística a través de la exploración de materiales.

Avelina dice que el arte es inútil, Morales comenta sobre la idea de que el material de sus obras pasen a ser basura (que la pieza quedará luego de un registro de video o foto). Pienso en la pieza del año pasado que me da miedo enfrentar, que por ese motivo ni siquiera fui a recoger del museo. Eso me lleva a hacer la pregunta del cómo generé esa obra y como pienso generar obra en el futuro.

Otras preguntas:

¿He explorado suficientes medios para lo que quiero decir?

¿En qué me aportarían esas exploraciones? ¿Deben aportarme algo?

¿Estoy creando asociaciones entre mi realidad y mi obra? ¿Estoy siendo obvio con esas asociaciones?

¿En qué medida estoy condicionándome en pensar mi obra como algo adaptable para un espacio de museo? ¿Debe ser así? ¿Por qué?

Mi propuesta discursiva era mostrar ciertos oficios que suelen ser de “emergencia”, por ejemplo, mientras vendo mi pieza, pues también vendo jugos o tatúo en mi caso” comentó Irak.
Nota en zonadocsmx

Cartas y caminos – No. 9

Fue en mi cumpleaños 25, era una caja pequeña de la cual ya intuía lo que había dentro: Un juego de cartas, mi primer tarot. El diseño era algo anticuado y la impresión era muy austera, di las gracias. Las observé y leí el «manual» que venía con las cartas. El librito empieza con su primer apartado introductorio «¿Qué es el Tarot?»:

El tarot es una baraja de 78 cartas, que se emplea para la adivinación, para la meditación en la practica de la magia ritual, y además como poderoso agente psicoterapéutico en el análisis y consejos psicológicos.

Hay algo magnético y fascinador en el Tarot, No hay dos personas que reaccionan del mismo modo frente a estas extrañas cartas, pero lo que no cabe duda es que nadie olvida la primera vez que las ve, o que se sientan como consultante a la mesa de un intérprete experimentado. Sirven para analizar la mente, el espíritu. Sacan del subconsciente temores y angustias.

Me acerqué a las cartas por un mero juego. Alguna vez estaba sintiéndome como un payaso, así que tomé las cartas de la baraja española e hice como si le fuera a «leer» las cartas a mi mamá. Al terminar, ella pensó que mi lectura había sido acertada. Ahora que lo pienso, creo que es algo de esperarse, considerando que es mi mamá y que la conozco de cerca. El caso es que mi mensaje resonó en ella. A esto le siguieron otras ocasiones esporádicas de lectura, luego serían lecturas con mi hermana también. Entre juego y juego, en ese cumpleaños me regalaron mi primer tarot.

Quise escribir sobre esto porque ayer hice una lectura de cartas en donde posiblemente tenga una retribución económica. Algo que no planeaba que pasara. Antes de esto, había hecho lecturas por mera diversión, a mis familiares y amigxs. Recuerdo haberle hecho una lectura a mi ex. Una vez hasta leí las cartas en una cita.

No se si mi interés por las cartas de Yu-Gi-Oh sean un antecedente a la manera en la que me llama la atención el Tarot. Ni siquiera he pensado si habrá un recorrido de aprendizaje. Tal vez solo deba seguir adelante, para ver hasta dónde llega este caminito.

Ilustración: @glaciars

¿Qué estarían pensando mis maestrxs de secundaria? – No. 8

El mes pasado, los grupos a los que les doy clase participaron en un concurso de dibujo «infantil y juvenil», y si no mal recuerdo, el rango de edades era de 8-24 años. La idea de que el año pasado aún tenía la posibilidad de participar en una convocatoria de ese tipo, me emocionó y lo compartí con mis estudiantes. Fue extraño porque de inmediato recordé cuando yo iba en la secundaria. Por eso días pensé si la edad en las que yo les veía realmente se acercaba a la realidad. Recordé lo bonitas que me parecían mis maestras de matemáticas e inglés, el maestro de biología y lo mal que me caía el de geografía ¿Habrán tenido más o menos mi edad? ¿Estarían en sus treintas? Claro que había cosas que en su momento no entendía y que ahora tienen más sentido, como por ejemplo, el hecho de que la mayoría de los docentes venían de Ciudad Obregón o Navojoa… mi ciudad está lejos de donde ellos eran. Hoy se que así es el sistema para el trabajo en escuelas públicas, a veces tú no tienes total libertad de elegir en dónde impartir clase.

Hace un par de días discutía el tema de las generaciones con dos amigxs. Hablamos de cómo el contenido que consumen las nuevas generaciones, se nos empezará a hacer más y más ajeno, a menos que convivamos de cerca con ellos.

Pensé en la vez que una persona me decía que le gustaban las películas clásicas, y que al preguntarle cuáles, contestó: «¿Y dónde están las rubias?», la película del 2004. No me esperaba esa respuesta.

Hoy se me acercan estudiantes para mostrarme sus dibujos, y empiezo a hablar como un lunático que viene del futuro para advertirles «¡Eres muy buenx! No lo dejes de hacer. Yo tenía la costumbre de dibujar en las orillas de mis libros y en mis notas, hasta que un maestro me dijo que lo dejara de hacer. Tú no lo dejes, ¡sigue!». Lo digo con desespero, y a veces siento que lo digo hacia mis adentros, con una pasión tan grande que desearía que mi voz dejara escapar un hilo audible de mi grito para que el Oscar que dibujaba en sus clases de Historia Universal en la secundaria, nunca lo deje de hacer.

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Resiliencia – No. 7

El abuelo

Visité a mi abuelo en el 2018, casi pierde su capacidad de escuchar y la vista ya la perdió desde hace un tiempo. Su piel es delicada como el pétalo que cuelga de una flor a la que no han regado en 17 días durante el verano. Aún así, no deja de tener una enorme sonrisa en su rostro, que a veces acompaña con una voz fuerte, grave y acogedora diciendo «Mírame, yo estoy bien, y de seguro también tú lo estás». Me sentía tan fuerte y joven a su lado, pero emocionalmente, sabía que él era más sabio y grandioso. Una vez lo vi llorar, pero ya nadie sabe el motivo de su llanto. Admiro cómo no se rinde, siempre buscando estar limpio, pidiendo que le pongan perfume y su camisa favorita… «Es todo un coqueto ese don Juan», decía mi tía mientras lo aseaba. Por el otro lado, también estoy en contacto con mi sobrino de cuatro años que sigue creciendo, y me resulta fascinante ver como aprende a sobrellevar sus miedos. Hay veces en la que yo puedo ser testigo de momentos de ese tipo, comparando las cosas a las que le temía y ahora no, o las palabras que no podía pronunciar. Supongo que a veces necesitamos de un pequeño empujón, un comentario, o alguien que crea en nosotros y que nos diga «Todo estará bien». Mientras esa persona o situación llegue, deseo seguir creciendo, seguir cayendo, como lo hace mi sobrino, intentar sonreír en cada caída, tal y como lo hace mi abuelo.

Esbozo de varias figuras, flores y animal, 1887 Paul Gauguin

Descontentos con lo que consideraban que era el estilo de vida decadente de París, Paul Gauguin (1848 – 1903) and Charles Laval (1861 – 1894) viajaron a la isla francesa de Martinica. En el corto tiempo que permanecieron en la “exótica” isla caribeña, realizaron una serie de exquisitas obras de arte. El viaje tuvo un enorme impacto en sus posteriores desarrollos artísticos.

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