¿Qué estarían pensando mis maestrxs de secundaria? – No. 8

El mes pasado, los grupos a los que les doy clase participaron en un concurso de dibujo “infantil y juvenil”, y si no mal recuerdo, el rango de edades era de 8-24 años. La idea de que el año pasado aún tenía la posibilidad de participar en una convocatoria de ese tipo, me emocionó y lo compartí con mis estudiantes. Fue extraño porque de inmediato recordé cuando yo iba en la secundaria. Por eso días pensé si la edad en las que yo les veía realmente se acercaba a la realidad. Recordé lo bonitas que me parecían mis maestras de matemáticas e inglés, el maestro de biología y lo mal que me caía el de geografía ¿Habrán tenido más o menos mi edad? ¿Estarían en sus treintas? Claro que había cosas que en su momento no entendía y que ahora tienen más sentido, como por ejemplo, el hecho de que la mayoría de los docentes venían de Ciudad Obregón o Navojoa… mi ciudad está lejos de donde ellos eran. Hoy se que así es el sistema para el trabajo en escuelas públicas, a veces tú no tienes total libertad de elegir en dónde impartir clase.

Hace un par de días discutía el tema de las generaciones con dos amigxs. Hablamos de cómo el contenido que consumen las nuevas generaciones, se nos empezará a hacer más y más ajeno, a menos que convivamos de cerca con ellos.

Pensé en la vez que una persona me decía que le gustaban las películas clásicas, y que al preguntarle cuáles, contestó: “¿Y dónde están las rubias?”, la película del 2004. No me esperaba esa respuesta.

Hoy se me acercan estudiantes para mostrarme sus dibujos, y empiezo a hablar como un lunático que viene del futuro para advertirles “¡Eres muy buenx! No lo dejes de hacer. Yo tenía la costumbre de dibujar en las orillas de mis libros y en mis notas, hasta que un maestro me dijo que lo dejara de hacer. Tú no lo dejes, ¡sigue!”. Lo digo con desespero, y a veces siento que lo digo hacia mis adentros, con una pasión tan grande que desearía que mi voz dejara escapar un hilo audible de mi grito para que el Oscar que dibujaba en sus clases de Historia Universal en la secundaria, nunca lo deje de hacer.

Recuerdo los rumores de los pasillos respecto a cada maestra y maestro. Parecían ser personas que no podrían relacionarse conmigo, con nosotrxs, alumnos que sobrevivían en apariencias y un autodescubrimiento ruidoso. Ahora que lo pienso, la dimensión de esos rumores, hoy ya no me parecen tan descabellados y se me haría completamente normal si fueran ciertos.

Existe el meme de cómo los estudiantes ponen más atención cuando el docente se toma el tiempo de compartir cosas de su vida personal que cuando imparte temas de su materia. No sabría proponer el límite, pero siento que es sano, ¿no creen? Digo, a veces siento cierta culpa por decirle a mi grupo lo agotado que estoy, o por pedirles sus opiniones sobre algún estudiante en particular con el que tuve un momento difícil en clase.

¿Qué estarían pensando mis maestrxs de secundaria? ¿Cómo estarían sobrellevando su vida adulta junto a tantos estudiantes hormonales que deseaban hacer un número de stand-up en cada momento posible? ¿Qué será de la maestra de inglés y su tan rumorada relación lésbica con la maestra de química? ¿Qué habrá sido del maestro de biología y sus ojos verde carisma?

Me pregunto si en el futuro algún estudiante se pregunte sobre mí.

Newton, 1795-c. 1805, William Blake

El poeta, escritor, artista, místico y precursor del Romanticismo inglés William Blake presentó a Isaac Newton de una manera bastante inusual. Este definitivamente no es el retrato clásico que podríamos esperar de un genio científico que descubrió la ley de la gravitación universal.

Newton se representa como un dios griego. Musculoso, hermoso, desnudo; está mirando un diagrama que dibuja con la ayuda de una brújula. Esto puede parecer una especie de apoteosis, pero se sabe que Blake criticó la ceguera de Newton respecto a la naturaleza. De hecho, Newton, completamente concentrado en la brújula, ignora la belleza de las rocas de colores y el mar que lo rodea. La naturaleza no le importa. De hecho, el mundo entero que lo rodea no es importante para él. Quizás Blake, que vivió en la era de la revolución industrial galopante, sintió que la ceguera de un hombre hacia la ciencia y la fe acrítica en sus habilidades podrían hacer que el hombre se alejara de la naturaleza y el medio ambiente.

Mientras tanto, la ciencia de hoy también nos advierte sobre las consecuencias de tal pensamiento. Afortunadamente, una mejor y más profunda comprensión de los mecanismos del mundo natural permite protegerlo y combatir las actividades humanas que son dañinas para el medio ambiente.

Paradójicamente, Newton, con mentalidad científica, y Blake, amante de la naturaleza, podrían estar más cerca el uno del otro de lo que parece a primera vista. Después de todo, la ciencia se basa en observar la naturaleza y admirarla. E incluso si la ciencia desmitifica a la naturaleza y la despoja de su romance, tanto la ciencia como la poesía pueden usarse de manera similar: para comprender la belleza del mundo.

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Publicado por

Oscar Mares

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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