Luna llena en piscis y una vaca muerta

Este 20 de septiembre a 3 minutos para que se termine el día, la luna llena en piscis me dice que no deje que el exceso de sentimientos ciegue mi realidad. Medito acerca de esto y pienso en aquella vaca.

Hace ya algunos años mi mamá, mi hermana y mi padrastro, fuimos a visitar a una familia que vivía en un rancho a las afueras de la ciudad. El lugar estaba cerca de la carretera pero a excepción de los caballos y el paisaje que estaba más allá de los límites que me permitían andar, no había otra cosa interesante. Bueno, ahora que lo recuerdo, habían matado a una serpiente cascabel que luego rellenaron con piedras, era pequeño y algo así pudo haber sido “atractivo”, pero no lo fue. Creo que de no haber sido por aquella vaca, la serpiente rellena de piedras habría sido la historia destacada de ese viaje.

Antes de eso, no recuerdo haber visto a la vaca en otra parte. No era una vaca muy grande. Sigo pensando que los adultos involucrados, incluyendo a mi mamá, debieron ser un tanto cuidadosos para revisar que no hubiera niños alrededor. Como nadie lo consideró, pude ver cómo ataron a la vaca de las patas traseras y la manera en la que la elevaron. Se movía desesperada, yo no estaba boca abajo, pero aún recuerdo las pulsiones que sentía en el pecho, los latidos golpeando. Ahora pienso en esa vaquita, cuando le pasaron un enorme cuchillo, los ruidos guturales que emitía, sonidos ahogados de un dragón vencido o el último gemido de un bebé aplastado.

Para mi desgracia, hubo algo que un señor dijo, lo cual amarró mi mente a ese suceso que acababa de presenciar. Tal vez tenía los ojos muy abiertos, tal vez mi tristeza se desbordaba a través de ellos, solo lo escuché decir “Metan al niño porque la vaca no se está muriendo porque él le tiene lástima”. Segundos después sentí las manos de mi mamá, y aún recuerdo haber volteado, y encontré la mirada que se me quedaría grabada hasta la fecha. La vaca tenía los ojos brillosos, seguía gimiendo y girando boca abajo.

Hoy, en esta luna llena en piscis, reconozco todas las vacas colgadas que desangran, que gimen de dolor. Las dejo ir, dejo ir aquellas vaquitas que tienen nombre, que siguen o no en mi vida, las vacas que me mantenían ilusionado… cegado dirían los astrólogos. La vaca que hasta la fecha no se si me quiso, la vaca que quise y que yo mismo degollé, y muchas otras vacas que no son más que gemidos moribundos que escucho cuando más vulnerable me siento.

Las dejo ir porque yo mismo las colgué, yo mismo me juzgaba por haberlas mantenido ahí desangrándose. Hoy las quiero imaginar caminando sobre el campo, porque el espíritu del pez llega nadando… y al final solo NADA.

Vaca amarilla, 1911 Franz Marc

La antigua alegría de vida de la Vaca Amarilla es el primer y probablemente el único caso en la carrera de Marc de un animal alegre. Es totalmente abandonado para jugar. Marc evade el sentimentalismo típicamente humano con el que se ve a los animales. En vez de eso, la vaca se ha rendido a su naturaleza, como es. Demuestra en un lenguaje de señas, como esas poses en Hodler, que también hablan de estados metafísicos. Esta emoción animal evocaba perfectamente el concepto propuesto por Kandinsky llamado “necesidad interna,” la cual significa la esencia del sentimiento de determinación por cualquier circunstancia física y cultural de la que pertenece. Una unidad entre la vaca y la naturaleza está indicada cromáticamente por la repetición del amarillo emitido del animal justo a la derecha de su cabeza, el blanco de sus ubres en el área debajo, y los puntos azules en las montañas más allá. Franz Marc creía que los animales poseían una cierta divinidad que los hombres han perdido desde hace tiempo. “Las personas que carecen de piedad, especialmente los hombres, nunca tocaron mis verdaderos sentimientos,” escribió en 1915. “Pero los animales con su sentido virgen de vida despertaron todo lo que es bueno en mí”.

Vía DailyArt app

Publicado por

Oscar Mares

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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