Vampiro

Querido Munch,

Hoy mientras observaba tu obra Vampiro (1893), recordé a una vieja amiga. Su nombre era (¿es?) Irania, era alta y muy blanca, de ojos almendrados… pero lo que más recuerdo de ella es su larga, larga cabellera negra. La punta de sus cabellos coquetaban con sus tobillos. Se decían muchas cosas sobre ella, y sobre su gusto por las jóvenes de la ciudad. Se escabullía en los antros, pero una vez adentro, pocos la habían podido encontrar. Una vez creí verla y recuerdo haberme preguntado, cómo es que todos en ese lugar no la rendían tributo, ante las luces de colores y el sonido estridente de las bocinas, parecía una aparición divina. Pero era como si no estuviera ahí, como si ella no se permitiera ser vista. Parecía como si las personas estuvieran en un trance que ella misma ejecutaba y en donde ella elegía quiénes la podían ver. Me sentí afortunado… aunque siempre que cuento esto olvido que ese día iba con mi novia. Fue la primera vez que vi a Irania y la última en la que vi a Mariana.

Pero no puedo sentir tristeza, Munch, es como si Irania y Mariana fueran una sola persona. No recuerdo que Mariana haya tenido una cabellera larga y oscura. Hay días en las que siento que esa divinidad que se movía entre las sombras de los que bailaban en la pista, hizo un intercambió del cual nunca accedí.

He vuelto a llorar porque la memoria de Mariana se esfumó esa noche y solo me queda un cabello largo que recorre todas las venas de mi cuerpo.

Se que tú también la has visto, Munch. Cuídate, por favor.

Atentamente,

O. M.

Vampiro de Edvard Munch 2893

Esta es una de las imágenes más sensacionales e impresionantes del arte europeo. La pintura de Edvard Munch mostrando a un hombre atrapado en el tortuoso abrazo de un vampiro – su cabello pelirrojo fundido cayendo sobre su piel desnuda y suave – ocasionó un clamor instantáneo cuando fue develada un siglo atrás. Cuando se exhibió por primera en el año de 1903 en Berlín, afectó los temores de cambio de siglo sobre la liberación de la mujer. Algunos críticos se escandalizaron debido a su representación perversa y casi sado-masoquista de la pasión. Sin embargo, Munch, siempre insistió en que no era nada más que “una mujer besando a un hombre en el cuello”. Curiosamente, la obra fue pintada dentro de los años en que Bram Stoker publicó su obra enormemente reconocida, Drácula, lo cual pudo ocasionar que la pintura se renombrara efectivamente en la cultura popular.

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