#12 La indomable acuarela o el domador torpe

La acuarela, desde mi experiencia como alguien que no está familiarizado con este medio, me daba la sensación de estar lideando con el tiempo. La acuarela, si no es movida a través del papel, como que se seca y se adhiere a ella. Es instante y no espera, la acuarela solo actua.

Me fascinaron las estelas que dejaba la pintura a su paso. Soplaba las gotitas de color y estas empezaban a correr. Luego, si en el centro de fuga ponía otra pequeña gota de pintura o agua, y le soplaba de nuevo, estas seguían el trazo previamente labrado por la gota anterior. Me gustó ver cómo yo intentaba darle una dirección pero que la propia composición de la gota, a veces no cedía ante la dirección que quería darle.

Además fue un ejercicio que me permitió un acercamiento alternativo con mi mamá. Ella intervino al escribir, al contarme historias y a complementar esas travesías de la pintura, dándole así, el significado de conexión que buscaba.

Previo a esto hicimos un ejercicio de captura audiovisual y en él hice otro ejercicio de movimiento, todo con miras a conectar y una vez creado ese puente: trasmitir, dialogar y escuchar.

Uno de los instructores nos invita a explorar nuestras ideas a través de la variedad de medios. Estas exploraciones pueden dotar de nuevas significaciones a lo que estamos haciendo. Incluso hay ocasiones en las que encontramos, sin tener en mente algo en particular… de repente surgen ideas, se asoman y nos miran fijamente. Y ahí me pregunto ¿qué hago?

La imagen superior contiene, por un lado, el cabello de mi mamá y por el otro, un cabello mío. Pensar en las tradiciones que me fueron transmitidas y que se encuentran en constante lucha con las “life styles” de las redes sociales, me hacen pensar sobre el destino de esas costumbres. A partir de ese pensamiento surge la siguiente imagen.

Crear a partir de un medio desconocido me resultó divertido y retador. Me encantó la sensación de poder pintar con acuarela. Definitivamente me lanzaría a aprender a pintar o dibujar. Por ahora tengo estas piezas que surgen de una invitación, y culminan en un agradable encuentro creativo.

Este ejercicio, además resultó en una introspección por parte de mi madre, ya que ella a pesar de que estuvo rodeada en torno a una variante de la lengua indígena zapoteca, nunca lo aprendió. Mi abuela sabía hablarlo, más nunca le quiso enseñar. Esto me habla de la capacidad consciente, a veces inconsciente, de obstruir las vías de transmisión, ya sean recetas, idiomas, palabras, fotografías, tradiciones y demás. “Batsas lu”, que según mi madre, cree que significa algo así como “¿Dónde vas?” es una obra que pinté con la intención de ilustrar que a veces, hay cosas que son inevitables de no transferir. Cada quien ve esa característica transmitida como quiere: como un acompañante, un recuerdo, una carga, un tedio, como un orgullo o vergüenza.

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