#10 Los conjuros en prosa

Los artistas eran los antiguos chamanes, y no recuerdo si eso me lo dijo un artista o un chamán ¿Conoces el mal de ojo? ¿Has pensado si existe algo opuesto a ello? Una mirada tan fuerte, que te vean con tal amor, que sana toda enfermedad y herida. Nací en la noche y por eso siempre busco el cobijo del silencio, la melodía de los grillos o el canto de los perros. Te conocí en agosto, te conjuré a principios de octubre y te sujeté a mediados de ese mismo mes. Cuando bebiste ese brebaje, fui torpe e impaciente al besarte al instante. Tropecé con mi hechizo, te besé y absorbí de tus labios la pócima. Fueron mi palabras, mis acentos y sonidos guturales los que barajeaban nuestra suerte. Me doy cuenta que no te he dedicado los poemas suficientes, ni te he tomado las suficientes fotos o videos. Todo está en mi cabeza, cuando sonríes, cuando paras los labios, cuando cierras los ojos, cuando me ves o cuando observas, la serenidad de tu rostro al usar tu teléfono… esta mañana te vi observando al vacío. Lo quise captar y no lo hice. Ni el mismo tarot me advirtió sobre esto. Cada que te vas y me encuentro solo otra vez, suelo pensar dos cosas: lo tranquilo que me resulta tu noche y el coraje de no habernos enredado en un conjuro o de embriagarnos entre hechizos. Por ahora, querido, no hay nada que temer. No te preguntes si soy bruja, hechicero, alquimista, poeta, bailarín o pintor… que al fin y al cabo, no hay diferencia.

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