#7 Sobre la transmisión y otras huellas (PAAC 2020)

El siguiente texto surge a partir de las premisas que han sido abordadas con lxs maestrxs en las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo. Sin duda, ha sido un espacio enriquecedor que nos permite reflexionar acerca de nuestros procesos creativos y del quehacer artísticos, proporcionando nuevos acercamientos al momento de crear una obra.

TV dinner (2020) de @oliviasteenart

Tomando esta oportunidad de hacer un cambio del concepto a trabajar, he decidido cambiar mi concepto por la palabra “transmitir” complementado por la palabra tradición. No se me ha hecho fácil porque la palabra herencia, al leer sus definiciones, resultaban un tanto objetivas. Las definiciones de “herencia” giraban entorno a la biología y al derecho. Aunque la parte biológica me llama la atención, no me terminaba de convencer. Fue en esa insatisfacción cuando me preguntaba sobre los procesos de la herencia, pensé en la palabra “transmisión”, que significa, según la RAE: 

1. f. Acción y efecto de transmitir.

2. f. Mec. En un automóvil, conjunto de mecanismos que transmiten a las ruedas motrices el movimiento y la potencia del motor.

A partir de la primera definición, me fui a consultar exactamente qué quiere decir el verbo “transmitir”. Esta palabra se me hizo más rica en significados:

1. tr. Trasladar, transferir.

2. tr. Dicho de una emisora de radio o de televisión: Difundir noticias, programas de música, espectáculos, etc. U. t. c. intr.

3. tr. Hacer llegar a alguien mensajes o noticias.

4. tr. Comunicar a otras personas enfermedades o estados de ánimo.

5. tr. Conducir o ser el medio a través del cual se pasan las vibraciones o radiaciones.

6. tr. En una máquina, comunicar el movimiento de una pieza a otra. U. t. c. prnl.

7. tr. Der. Enajenar, ceder o dejar a alguien un derecho u otra cosa.

Entonces, de manera entretejida con la palabra “tradición” intento aterrizarlo a mi realidad y a la realidad. La definición de “tradición”

1. f. Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.

2. f. Noticia de un hecho antiguo transmitida por tradición.

3. f. Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos.

4. f. En varias religiones, cada una de las enseñanzas o doctrinas transmitidas oralmente o por escrito desde los tiempos antiguos, o el conjunto de ellas.

5. f. Conjunto de rasgos propios de unos géneros o unas formas literarias o artísticas que han perdurado a lo largo de los años. 

6. f. Elaboración literaria de narraciones orales, fiestas o costumbres propias de un pueblo.

Estas palabras me han hecho pensar en las enseñanzas de mi madre, pero también me cuestionan sobre el por qué quiero saber de mi familia. Llego a la conclusión que es por varios motivos. Entre ellos está el ego, la incapacidad de armar una supuesta identidad con base a un historial. Como si el desconocimiento de mi ascendencia me volviera un ente más efímero. 

Estos últimos días mi mamá ha estado en casa conmigo porque vino de visita. Quiero saber cosas: cómo prepara el mole, registrar todas las historias fantásticas que mi mente a veces se niega a creer como reales (pero que al final cede), saber de dónde vienen sus costumbres, ¿quién le dijo que descansar era malo? o que levantarse después de las nueve es indigno. A través del acto de transmitir,  estas ideologías son plantadas en nuestra cabeza y que con el paso del tiempo germinan. Aunque cada vez que me acerco a la información de mi familia, entro en conflicto. No me siento totalmente identificado con estas ideas. Soy consciente que solo a ratos me descubro como agente activo de la propagación de las ideas con las que ni siquiera me logro identificar del todo. A veces juzgo a mi novio por levantarse tarde. Pero no es lo único que me conmueve. Me descubro deseoso por hacer de la magia mi realidad, por hacer a un lado la lógica y creerle aquella historia a mi madre de cuando la aparición de una bella mujer vestida con un huipil hermosamente confeccionado y portadora de muchas cadenas de oro, la tomó de la mano y la hizo caminar por un largo tramo de un cafetal… 

La tradición de mi familia me fue transmitida a través de mi madre. Eso sin contar ciertas creencias o dichos, porque a pesar de que todos se rijan bajo una cuestión estandarizada de formas de pensar, existen matices a lo largo y ancho de los múltiples espacios que existen en un estado o país. 

Al tiempo que fui incorporándome a mi formación superior, fue evidente que muchas de las ideas que me fueron transmitidas, no se alineaban a mí (o al yo que se estaba formando a partir de nuevas perspectivas del mundo) y eso me hacia sentir mal. Pero esa sensación de no pertenencia me llevó a buscar los puntos de encuentro. Buscaba y deseaba que a pesar de la ruptura ideológica, el poder encajar en ciertos rincones de la tradición familiar. Había un efecto de culpa al ritmo de un vaivén. Cuando Octavio nos invitó a ser honestos con nuestro trabajo (viéndolo este como uno de los catalizadores de reflexión más reciente), me enfrenté a una realidad: debo elegir las tradiciones que deseo preservar. Soy consciente que al igual como mi mamá solo se sabe un puño de palabras en un derivado del zapoteco, una de las muchas lenguas indígenas que corren el riesgo de desaparecer, yo también llegaré a olvidar o dejar atrás ciertas ideas. Por sí sola, mi mamá representó la ruptura en su momento, al nunca ceder a la violencia de un hombre, aspecto que la diferenciaba de sus demás hermanas, por ejemplo. 

Esta parece ser la forma tradicional de una transmisión de ideas a través de la tradición, pero actualmente hay una nueva figura materna/paterna que emite y transmite sus propias ideas: los medios de comunicación. Las ideologías transmitidas a través de los medios de comunicación están jugando un rol importante y lo digo desde la experiencia. Mi madre es colectora de cosas “por si”… por si se descompone la licuadora, por si hace falta un tornillo, por si llegamos a ir de vacaciones, por si ampliamos la casa, etcétera. Hasta la fecha no puedo decir que yo no sea así, pero ubico un punto importante en donde la ideología transmitida por mi madre entra en discusión con la ideología de The Minimalist podcast y de Marie Kondo. Tampoco he logrado llevar una vida en donde me haya podido deshacer de cosas que claramente solo sirven para acaparar el espacio de mi habitación. Hay un diálogo que choca en mí, un discurso que fue emitido por un ser querido y otro en donde me dicen que la costumbre de recolectar puede ser algo pesada. Y este es solo un ejemplo. 

Es probable que el modelo globalizador establezca las nuevas tradiciones, la nueva norma, pero aquí el alcance puede llegar a ser mucho mayor al de la abuela. Aunque no crea que está del todo mal, desde donde estoy parado, estas ideologías sobre género, por ejemplo, permitirán sanar muchas de las ideas erróneas que nos han sido transmitidas y por mucho tiempo han entorpecido el desarrollo emocional de las personas. Simultáneamente debemos vigilar qué dejamos atrás: las anécdotas mágicas, las recetas, el historial, las fotografías y las conexiones. Más allá de un “OK, boomer” o un “¡generación de cristal!”, deberíamos ver a ese otro que ocupa nuestro espacio íntimo. El dispositivo como una extremidad, como la incorporación inconsciente de un nuevo familiar ¿Qué tanta atención le presto? Claramente, el discurso binario en el que ha sido configurado debe tener un problema también. Tal vez como comenta Diego del Valle acerca del cosmograma del Bokongo y la cuestión cíclica ¿dónde queda el espacio de la magia y las recetas, remedios y pociones? ¿o cuáles serán los nuevos remedios? ¿la magia es la realidad virtual? Si como artista debo crear para el futuro, primero me gustaría plantear esas preguntas. 

Aquella aparición conocida como “La mala mujer”, hizo que mi mamá avanzara tres cuadras en la que sintió estar en un trance, que una vez fuera de ella, solo sentía la perturbación de no saber dónde estaba.  Si todo es cíclico ¿a dónde ha ido esa mujer? puede que la tengamos enfrente. Tal vez eso sea algo a lo que ya no le tenemos miedo ¿por qué? La mala mujer es sutil, no sabemos que estamos siendo llevados por ella, nos atrae su belleza, sus trenzas, sus cadenas y anillos… y mientras no despertemos, andamos sin rumbo. La magia de esa historia sigue ahí, es probable que ahora se llame algoritmo, cookies o dirección I.P. 

El acto de transmitir en un contexto de tradición tiene un efecto de perpetuación. Es probable que la moral ahora se llame censura. Asimilar a los medios de comunicación como parte del árbol genealógico, nos dará el espacio de cuestionarlo, dialogar o discutir con esas ideas para tal vez salir corriendo a la habitación para azotar la puerta de lo molestos que estemos. La única diferencia es que ante la difuminación del imperio de estado-nación, ¿a quién le echamos la culpa? ¿quién es el o la abuela de este nuevo familiar? No lo se, pero como integrante familiar que podría ser, debemos poner en disputa eso que nos busca transmitir.

-Oscar Mares

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