Sobre la resistencia y la deconstrucción

Notas de la sesión del 01.09.20 con Helena Braunstajn

El término “deconstrucción” o el acto deconstructivo, es algo que se escucha con recurrencia en la actualidad. La deconstrucción implica reinterpretar la interpretación, y ver al pensamiento como una posibilidad de repensarnos. Partiendo de esa premisa, es importante conocer las bases estructurales de nuestras ideologías y reconocer los pilares que sostienen los discursos que manifestamos en nuestro día a día. La deconstrucción va más allá que destruir y reconstruir, se trata de una estrategia en donde cambiamos estructuras para así  ampliar el rango de posibilidades. 

Durante la charla con Helena Braunstajn, la presentación del filósofo francés Gilles Deleuze estimuló un efecto de choque a partir de las cuestiones que Braunstajn ponía sobre la mesa. Desde la reflexión acerca del arte, hasta el reconocimiento de nuestra sociedad disciplinaria a partir de las teorías de Michel Foucault. Comentamos que según Deleuze el arte es un acto de resistencia debido a que en su sistema de pensamiento: la obra de arte no comunica porque esta no tiene información. La obra de arte no comunica pero resiste. Me pregunto ¿a qué se resiste el arte? Malraux diría que se resiste a la muerte. Pero el arte resiste en múltiples dimensiones, como la política, ética, estética o social. 

A partir de estos conceptos y definiciones, me toca reflexionar y cuestionar las bases en las que se fundamentan mis ideales. Cuando nos dieron elegir una palabra para definir el trabajo que realizaríamos, elegí el de herencia. Busqué sus definiciones:

  1. Derecho a heredar que tiene una persona por ley o por testamento.
  2. Conjunto de bienes, derechos y obligaciones que se heredan de una persona tras su muerte.
  3. La herencia genética es el proceso por el cual las características de los progenitores se transmiten a sus descendientes, ya sean características fisiológicas, morfológicas o bioquímicas de los seres vivos bajo diferentes medios de ambiente.​

Cuando elegí esa palabra, yo no iba hacia lo que se refieren los primeros dos puntos, sino algo más afín al tercero. Pero aún así, el tercer punto anula mucho de los aspectos que me interesan: los aspectos emocionales, intereses, ¿cómo llegó a mí el gusto por la danza? ¿Dónde reside el lado místico de las tierras oaxaqueñas donde habitaban las brujas? ¿por qué hasta apenas hace dos años conecté con los aspectos fisiológicos que heredé de mi padre? ¿qué tanto me afecta el no conocer mi historial familiar? ¿tendré un interés por crear un punto de partida para mi futura descendencia?

Si tomo una postura deconstructivista al respecto, las posibilidades de indagar sobre lo desconocido pueden ampliarse. Podría ir más allá del discurso y el registro oral que pueda reunir, sino también incorporar la magia y los rincones sin respuesta de mi familia. Explorar los conceptos de género a partir de los gustos y las conductas de mis abuelas y abuelos. Esto me hace pensar que tal vez no es necesario empezar desde la historia conocida, sino incomodar para obtener esos registros que apenan, tal vez sobre los rituales que la abuela hacía o permitirme repensar por qué el día en el que la abuela falleció, dijo que se había peleado con el diablo. Esta aproximación me otorga nuevas posibilidades de acercamiento a estos registros familiares.

Notas que surgen durante las sesiones del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo 2020.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s