Me desesperas

DESESPERACIÓN
1. Pérdida total de la esperanza.
2. Pérdida de la paciencia o de la tranquilidad de ánimo, causada generalmente por la consideración de un mal irreparable o por la impotencia de lograr éxito.


Estoy sentado, tranquilo, pero con los hombros tensos. Sonrío y canto, pero me desespera.

Me desespera terminar y sentir que las cosas siguen. Me desespera pensar que sigues caminando en mi mente, en mis pensamientos y en los momentos vacíos, mientras espero que se enfríe un poco el café o mientras espero que se levante la cuarentena. Pero sobre todo, me desespera tu voz, tu cara, tus gustos, tu forma de enojarte, tu sonrisa, tus problemas, tus éxitos, tus altibajos, tu familia, tu gata, tus tres perros, más los dos que acaban de llegar. Me desesperan tus gustos musicales, tus temas de conversación, la forma en la que hablas y de lo que hablas. Me desespera pensar en las historias de nuestro joven pasado y nuestro inexistente futuro. Me desespera tener que recordar el momento en el que doblé las predicciones para que encajaras. Me desespera que ni borrando tus fotos pueda sacarte. Me desespera que no haya borrado todas. Y entre la desesperación, odio las voces que me sugieren marcarte e ir hacia ti, de la misma manera que odio las voces que me dicen que fue para bien y que así estoy, estás y estaremos mejor. Me desespera pensar, me desespera que pienses que no te quise o que no te quiero. Porque me desespera saber y admitir que te extraño. Me desespera tener que pararme y encerrarme en el baño para que no me vieran llorar mientras escribía. Me desespera creer que estoy mejor cuando claramente quisiera que estuvieras aquí. Me desespera haber tenido ese sueño que tanto esperaba, justo ahora que ya no estás. Me desespera que mi hermana me muestre tus fotos, me desespera no tener la voluntad suficiente para rechazar su oferta de verte. Me desespera pensar que tal vez sí estás mejor así y pensar que no quisiera arruinarlo al mandarte un mensaje. Me desespera que al regresar a casa, tus fotografías estén ahí y que las plantas que me regalaste, hagan ese paralelismo performativo de que ellas también ya no están, no como antes.

Me desesperan tus lunares, tus pies, tus manos y la cara que pones al dormir. Me desespera tu forma de abrazar y la forma en la que pronuncias ciertas palabras. Me desespera que no admitas que roncas, que no haya funcionado el videojuego que llevaste aquella noche. Me desespera que te guste Lady Gaga, me desespera que digas que “todo va a estar bien” y la manera en la que me hacías creer en ti y en lo que teníamos. Me desespera que el arroz te quede pegajoso, que me digas “provecho” cuando ya tengo la comida en la boca. Me desespera que quieras ver vídeos mientras comemos, que te sepas los diálogos de Shrek y que siempre quieras ver películas tontas. Me desespera que le hayas dicho a tu familia sobre lo nuestro, me desespera habértelo pedido. Me desespera la idea de que quieras tener tantas mascotas, me desespera no saber cómo ayudarte, me desespera no saber cómo ayudarme. Me desespera tu copete que siempre cae perfectamente sobre tu rostro, me desespera que tengas asma, que seas alérgico al aguacate y al plátano. Me desespera que hayamos empezado The Walking Dead y no poder terminarla juntos. Me desespera que no te haya llamado la atención The Office. Me desesperan tus brazos largos, esos que me envolvían cuando lloraba luego de un reconciliamiento. Me desespera que creas que tus labios son el mejor atributo en tu rostro, cuando claramente son tus orejas pequeñas las que resultan enternecedoras. Me desespera tu impaciencia. Me desespera saber que muchas discusiones pudieron haberse evitado. Me desespera que uno de los mejores momentos que recuerdo contigo sean la vez que me ayudaste a acomodar mis horarios y cuando bajo la lluvia íbas por mi en tu carro y yo iba a donde estabas tú, en mi bici para evitarte la molestia. Recuerdo cuando reímos juntos una vez que entré al carro y me desespera.

Me desespera que no hayamos leído Call Me by Your Name juntos, que no me compartas tus celos, que tengas la razón y que me ganes jugando al Uno. Me desespera esa botella de tequila que terminé tirando. Me desesperan tus post its, tus “recuerda que te amo” cuando iba a una fiesta sin ti. Me desespera tu risa de cuando me veías molesto. Me desespera que creas que mis “te amo” fueron en vano…

En fin, son muchas las cosas que me desesperan… pero sobre todo, me desespera seguir pensándote, deseando solo haberte dicho lo mucho que te quiero y de lo mucho que me desespera seguir queriéndote.

Sólo me queda seguir respirando hasta que mis hombros se destensen.


“Portrait of an artist (Pool with Two Figures)”, David Hockney, 1972

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