¿Quién decides ser?

Un fragmento de La caída de los ángeles rebeldes (1660/1665) de Luca Giordano, justo a un lado de la puerta de mi cuarto

Recuerdo que ese día, en la app me salió esa pintura, era la pintura del día. Quedé enganchado de inmediato. La descargué y por mucho tiempo lo tuve como fondo de pantalla. Hay algo que me resulta fascinante de esa pintura. Ese algo tal vez sea el resplandor del arcángel Miguel, su gracia, su despreocupación, la sensación de que todo está bajo control, bajo su control. Su grandeza se ve enaltecida por las miradas de horror de los ángeles caídos. Miguel tiene porte, elegancia y parece acariciar el espacio que lo rodea, ¿o el espacio desea tocarlo a él? Su vestidura flotante sólo lo hace ver más etéreo, como si la escena quedara congelada y ante todo ese caos, su mirada es apacible, aún y cuando pareciera estar a punto de dar un golpe certero.

Cuando veía a Miguel, me decía “Yo quiero ser ese arcángel, quiero sobrellevar cada uno de mis propósitos y salir victorioso de mis obstáculos”, quería estar en la cima. Ahí, a esa altura, Miguel no se preocupa sobre tareas, si el amor verdadero llegará o no, si ya habrán depositado, si se va en bici o en camión a la escuela, si debería venderlo todo y escapar o si simplemente debería quedarse dormido todo el día. Esas cosas son preocupaciones terrenales. Pasado el tiempo, me di cuenta que había días en las que no me sentía como Miguel, sino más como ese ángel caído que está siendo pisado por él. A ratos simpatizo con ese ser aplastado. Cuando todo iba mal, deseaba con muchas ansias el ser ejecutado por una espada. Pero luego recordaba mis victorias, las veces en las que me caía una pizca de la gracia que porta Miguel en la pintura. Me daba cuenta que era una cuestión de perspectiva. Un día, imprimí la foto y de hecho a un amigo le regalé una igual. Hace un mes me mudé a un nuevo departamento, y luego de sentirme aplastado todo el mes de julio, para finales de septiembre le encontré un espacio clave en mi habitación. Lo pegué justo en la salida/entrada. La idea es que antes de salir a la calle, me pregunto “¿Quién decides ser hoy?” y hay días que me siento como ese ángel sentenciado, pero mi meta siempre será ser como el arcángel Miguel, porque la neta está cabrón que te anden aplastando a cada rato.


PD: Espero un día no sólo tener su porte, sino su físico también.


¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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