Las posibilidades de una prenda, más allá de la deconstrucción



Hace un par de meses, desde que me topé con el término gender fluid, me puse a investigar un poco más acerca de lo que es el género fluido. A continuación muestro algunos testimonios que tomé de infobae y la definición que aparece en Wikipedia.

Mariángel Magaquian, 29 años, define el término de género fluido como


“el género fluido es poder pasar de ser hombre a mujer y de mujer a hombre. Es poder fluctuar en ambos espacios” .

En el artículo se habla acerca de Sasa Testa:


[…]autor de la primera autobiografía de una persona de género fluido, Soy Sabrina, Soy Santiago. Género fluido y nuevas identidades,  sostiene que una persona con esa identificación “es alguien cuya identidad autopercibida no se ajusta únicamente al universo femenino o al masculino, sino que atraviesa varias vivencias personales de género”.


Se entiende que un individuo es de género fluido cuando no se identifica con una sola identidad de género, sino que circula entre varias. Comúnmente se manifiesta como transición entre masculino y femenino o como neutralidad, sin embargo puede comprender otros géneros, e incluso puede que se identifique con más de un género a la vez- Wikipedia

Ante esto, reflexioné acerca de las cargas semánticas e ideas que se ven resguardadas en las prendas, ya que vestir del género opuesto es común en las personas de género fluido. Al estar interesado por los temas de género, ser bisexual y mi interés en tópicos que involucren la dualidad, decidí acercarme un poco y a mi modo, a lo que es el género fluido.

¡Sorpresa! No eres gender fluid, sólo eres un posible activista

Me resultaba muy emocionante el término “fluido”, porque me remite a algo inasible Al leer un poco más a fondo, noté que mi intento de usar falda iba más allá de lo explorativo. Cuando le pedí a mi madre que me regalara un par de faldas, ella se rehusó, hasta que le expliqué el por qué. Le dije que realmente lo que a mí interesa es provocar, que se pongan los temas y la realidad sobre la mesa. Vivo en el norte de México, un espacio donde el machismo suele ser el pan de cada día, incluidos en miradas, chiflidos y comentarios innecesarios que mis amigas y compañeras me han narrado. Yo podría salir en la calle durante la madrugada, puedo andar en mi bicicleta a altas horas de la noche y estoy más que seguro que tal vez nunca llegue a sentir lo que siente una mujer en esas circunstancias. Cuando digo “las posibilidades” de una prenda, me refiero a las implicaciones y repercusiones que una prende puede ocasionar en alguien. Porque si algo tuve claro desde el inicio, es que no lo quería espectaculizar, no quería que fuera un show, sólo la trataría como una prenda más. Es aquí donde me doy cuenta que no encajo en lo de género fluido o por lo menos, no ahora. Seguí moviéndome, comportándome como siempre, sin explorar más allá de la vivencia femenina. La playera con la que complementé la falda de “BLAME SOCIETY”, esperaba que fuera una declaración explícita. Sin embargo, que no explore mi lado femenino en mi vida cotidiana, no significa que nunca lo haga, ya que la danza es un espacio en donde más he explorado ese lado. Digo exploración porque a veces cuando interpreto algo, las cosas se quedan en proyectar a cierta mujer a través de mí, pero sin apropiarme de ella, aunque a veces sí llego a buscar ese espacio intimo femenino a consciencia. De hecho, la falda hizo que surgiera en mí la curiosidad de cómo sería bailar con una puesta.

La falda en escena

Era de esperarse que notara lo bonito que se ve una falda mientras el aire la hace moverse, luego de caminar por la calle en días con ventosos. Sentía que la falda bailaba mientras yo caminaba y me puse a pensar acerca de cómo sería bailar junto a ella. Sólo era cuestión de semanas, ya que en unas horas me presento en un pequeño bazar en donde unas compañeras me invitaron para presentarme. Estoy nervioso porque no suelo ensayar el baile como tal, porque me suelo enfocar en los cambios de vestuario (si es que hay) y en hacer la mezcla musical. Me parece que este pequeño descubrimiento es sólo una de las múltiples percepciones de la prenda. Es curioso que dije no espectaculizar la falda y que luego la vaya usar en una presentación de danza, pero esta es una posibilidad que de no estar tan sumergido en lo escénico, no habría surgido.

La falda y el mito de la abuela

“Esa la mandó hacer tu abuela. Ella le ponía bolsillos a las faldas” Es una falda color caqui, muy bonita y con un bolsillo grande a un lado. Cuando me puse la falda negra de mi mamá, la que no tenía bolsillo, me di cuenta de que no había considerado los modos de ir al baño, los cuales son iguales (?), orinar parado y deslizar la falda hacia abajo (si tiene elástico) o subirla. Fue ahí donde reconocí lo mucho que uso los bolsillos y lo poco práctico que puede llegar a ser la ropa de mujer.

Hubo algo que pasó por mi mente, pensé en mi abuela y el mito que había detrás de ella. La mujer fuerte, la que cortaba leña aún a su avanzada edad, la señora Ramona, la mujer tosca y dura con sus hijos. Pensé en su fortaleza, en su virilidad y feminidad, pensé en el abuelo, en lo bueno que era para bailar. Pensé en que tal vez mi abuela era tan fuerte que por eso se separó de mi abuelo. Pensé que lo bailador no venía de mi abuela, sino del abuelo, del Mares. Reflexioné acerca de mi madre, al lavar los platos con la falda puesta y que por tantos años, a las mujeres se les construyera el cuenta de que ellas pertenecían en las cocinas, nada más.

Los comentarios

“Es como de esas cosas que usan para pelear…”, le contesté que no, que sólo era una falda, ambos reímos. Al salir a la universidad, las miradas oscilaban entre la sorpresa, el desaprobación, la aprobación o simplemente ignorarlo o hacer como si nada. Las generaciones que no podían evitar juzgar, eran las de los extremos, los niños pequeños y las personas mayores. Toda la generación intermedia parecía no asombrada. Caí en cuenta que la universidad es un espacio “seguro” (con seguro me refiero a una menor probabilidad a ser juzgado), así como lo es el día (no he intentado usar la falda por las noches, espero hacerlo pronto, porque se que ha de ser diferente que usarla de día). Por eso quise probar las calles y las cosas no iban más allá de una rica diversidad de miradas.

Entre los comentarios estaba el “¿Qué traes abajo?”, la primera vez me llevé un short. Una amiga me dijo que así no valía, ya que no era lo mismo. Así que a la próxima fui en ropa interior y sí, la verdad sí te sientes más expuesto. Esto tal vez se deba a que nunca había usado una falda, o por lo menos nada más allá de amarrarme una toalla en la cintura. Luego vinieron otras cosas como “¿Usarás vestido despues?” “Eso como sea, el verdadero reto es la minifalda”. Respecto a lo primero, tal vez sí use un vestido, siempre y cuando me agrade y sienta cómodo en ella respecto al color y diseño. Entre las faldas que mi mamá me proponía, había una falda rosa, pensé en traerla pero no lo hice porque pensé que obligarme a mí mismo a usar una falda que de principio no me agradaba, iría un poco en contra de lo que deseada exponer (la búsqueda de un yo a través de lo que suele ser exclusivo para el otro). Es decir, elegí las faldas con colores y diseños de ropa que me gustaban a mí y con las que me identificara con ellas de alguna forma.

Más allá de la deconstrucción

“Es un largo proceso”, algo así me dijo un compañero de la universidad que en ocasiones usa ropa “femenina” y asiste a fiestas de drags y cosas por el estilo. Pero no era un comentario amistoso de “me alegra”, o por lo menos no lo sentí así. Era más como un “pff, eso no es nada”, pero pensé ” y eso qué importa”, cada quien asimila un discurso a su modo, se apropia de él a su manera. Mi manera de hacerlo es explorativo y reflexivo, podría decir que hasta ingenuo. No pude evitar reírme como pequeñuelo al ponerme la falda frente a mi madre, verme al espejo y pensar que todos los niños deben tener esa oportunidad. Una prenda es sólo eso. Una prenda no puede cambiar tu orientación sexual o el género con el que te identifiques. Más que desconstruirme, busco analizarme, conocerme mejor, ver cómo soy y en qué puedo cambiar sin rechazar lo que fui, ya que eso me sirve para contrastar el antes y después. Hago esto para dialogar acerca de la discriminación hacia la comunidad lgbt, para hablar acerca de los feminicidios, el acoso, el machismo y de mis propios errores y aciertos.

El futuro

Ojalá que en el futuro, mi sobrines no tengan que agobiarse tanto al asumir su identidad, que la ropa no sea exclusiva de un género en particular y que salga una línea de ropa neutra o que la gente se anime explorar ropa de segunda mano o simplemente que manden a hacer algo que los haga ser ellos. Porque la búsqueda de una individualidad puede que sea banal, pero si de algo estoy seguro, así como el lenguaje inclusivo, me parece necesario y pertinente.

La risa nerviosa, la risa pícara, la risa que debe ser permitida porque aunque nunca lleguemos a usar aretes de dimensiones tan grandes, es bonito ponerse en la falda de los demás.


¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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Autor: Oscar Mares

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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