3 cosas que te inhiben de hacer lo que quieres

Todos hemos estado en esa incómoda situación en la que se ponen en juego nuestros intereses, los de la familia, los del amigo, el de los jefes del trabajo, el vecino que te pidió que le ayudarás en algo; y las cosas se ponen peor cuando todo se junta. El caso es que al final atiendes las necesidades de todos ellos, excepto las tuyas. Aunque a veces queramos hacer pendejada y media, algunas no son tan “pendejada y media”. Un ejemplo de ello es el escribir como mimente se expresa de vez en vez. Realmente no se qué edad tengas, sólo te diré que por un momento, tuve intenciones de ser neutro en mi escritura, sin groserías. Pero cambiamos, y a pesar de que no suelo decir malas palabras, ahora me siento más cómodo al soltar una que otra cosa “altisonante” (pfff). Esto de aventarte tiene sus lados buenos y malos respecto a las consecuencias, pero lo chingón es que en ambos casos, aprendes algo.

Para que este pinche sistema no te trague, a veces es necesario hacer algo que tú quieres. Pequeñas acciones que te hagan sentir, por lo menos un rato, que eres tú quién está en control de su vida.

Hoy fue una de esas ocasiones. Quise hacerme un par de perforaciones en los lóbulos ¿tenía el dinero? sí ¿lo suficiente para solventar el gasto? no. Y bien, ese era el primer factor: el dinero. Pero no quisiera agregarlo a la lista porque hay otras cosas que llegan a influir más al momento de tomar una decisión sobre algo que nos da miedo. Porque podemos tener todo el dinero a nuestra disposición y aún así, no hacer nada. Las razones por las que no hacemos y somos lo que queremos:

1. Miedo al qué dirán

Este está cabrón. Es el número uno porque es el principal motivo por el que nos prohibimos hacer las cosas que nos gusta. Pero se entiende, no todos vivimos en una familia que nos apoye incondicionalmente, amigos que de verdad nos respalden o empleos en donde nos permitan ser quienes somos. Nos importa mucho lo que piensen esos presuntos “amigos” y peor, lo que piensan nuestros compañeros que les cae mal el mínimo destello de la persona que eres. Tu verdadero ser ni siquiera se puede asomar sin causar miradas incómodas, silencios incómodos o peor aún, comentarios estúpidos que a veces terminas aceptando: “qué pendejo estas”, “no seas puto”, “estas bien fea”, “no sirves para nada”, “pinche gorda”… bueno, un sin fin de idioteces que nos tatuamos en el cerebro. No es hasta que te valga madre lo que digan los demás, cuando puedes empezar a ser tú. Las personas se empezarán a alejar y eso es bueno, es la cosa más chingona que te puede pasar. No vale la pena estar con gente que te hace sentir menos. Cuando estas personas se vayan, otras vendrán. Ya tú decides si le sacas brillo a ese comentario, a esa prenda, a ese gusto musical, a ese gusto sexual y que ya nada sea “culposo”.

2. La flojera

Definitivamente es más fácil seguirle la corriente a la sociedad: así te evitas pedos, broncas innecesarias y te vuelves un infeliz. Cuesta mucho trabajo intentar manifestarte y declarar lo que eres días tras día. Pero esto es sólo al principio porque llega un punto en el que lo haces sin esfuerzo. Luego entran en juego otras cosas como la necesidad de retorno; que no te hayas sentido tan bien con el cambio y prefieres regresar, ¡y está bien! Nadie debe juzgarte por eso. El gran problema gira en que nos asusta lo desconocido, tememos explorar y preferimos no enfrentar nuestras verdades íntimas. Huimos de conocernos porque nos acostumbramos a llevar el rechazo externo e interiorizarlo. Se necesita de la acción para enfrentarte a ti mismo y para empezar a trazar el camino por el que andarás. Mucha gente no querrá seguirte y está bien, ni tú puedes obligar a nadie a que te siga, ni tú tienes por qué seguir a nadie.

3. El conformismo

Cuando ya llegas a lo que tanto habías trabajado en alcanzar ¿qué sigue? Ser más pinches etéreo e inalcanzable, ¡eso sigue! Si ya eres lo que quieres ser, surgirá una meta nueva, un reto nuevo por cumplir. Sabrás que estas listo para nuevos logros porque ya la cagaste un chingo, ya perdiste y ganaste. Ya ubicas quién te estima y te importa poco lo demás. Te cuidas y estás consciente de cuidarte y pasarla bien. Ya puedes decir “ya no quiero tomar” o “sírvame otra” sin tener que explicarle nada a nadie. Cuando te conformas, puede que estés impidiendo un crecimiento mayor al que ya tienes y eso no lo sabrás hasta que no te avientes.

Aviéntate

Disfruta tus fracasos, llora, ríe, y es más, no hagas caso de nada de lo que leí, si tu verdadero yo dice “qué mierda leí, no haré nada de esto”, adelante, ya estás empezando a ser tú por ti. Pero si no es el caso, te invito a que te atrevas a ponerte esa prenda, a que pongas esa rola frente a tus compas, a armar ese out fit, a decir ese comentario, a hablarle a esa persona y que seas tú, le duela a quien le duela.

Proceso de exploración de identidad.

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¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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