Shirtless y en pantalón de vestir

Y no es que no disfrute tu desnudez, pero hay algo profundamente provocativo en las sugerencias de un cuerpo vestido. Tu forma semidescubierta me causa angustia, una nostalgia que me excita. Conozco tus rincones, tus lunares, la dimensión de tu espacio erógeno, la fuerza con la que debo presionar mi lengua, los dibujos que debo trazar con las yemas de mis dedos, las palabras que te debo confesar, las pausas para satisfacer tu hambruna sin arrebatarte el apetito.

Ahora te confieso que de todas tus prendas, tus pantalones de vestir han sido mi objeto de estudio. He visto como llegas del trabajo y cuando te quitas la ropa. Como te desbotonas la camisa, como tus zapatos ruedan en el suelo, como las calcetas se compactan, y es en un punto del proceso en donde te veo con sólo el pantalón puesto. Es ahí, precisamente en ese fragmento en donde más te deseo, a veces ni siquiera se para qué. Tal vez ese deseo es verte así por largo rato, pero no lo creo, quiero hacer algo más que verte.

Créeme, ha sido tan minuciosa mi observación que se diferenciar tus pantalones de vestir con tan sólo bajar el zipper, desabrochar el botón o deslizar el seguro. Se la fuerza exacta que cada uno requiere y se cuales son las combinaciones de aquellos que suelen atorarse. Mis manos conocen ese espacio, mis dedos saben cuando doblarse, en qué momento juntarse. Ya de eso no me preocupo porque no quiero desnudarte. Mis manos sólo desean especializarse más, por eso te acaricio, para saber qué es eso que me enloquece cuando te veo en pantalones. Te beso desesperado para que no registres pista de lo que hago.

Hasta ahora conozco cómo la tela acaricia cada parte de tu cuerpo. Tal vez sea la forma en la que tu ropa interior se asoma en las orillas superiores del pantalón, o puede que sean tus oblicuos que ruegan ser recorridos. Tu cuerpo sabe algo que yo no. Me gusta no saberlo.

Entras a la recámara con los grises que te compraste en un tianguis cerca de la casa de tus padres. El relieve de la tela me dice que estás sin ropa interior. Lo demás es evidente: no traes nada que te cubra el pecho, vienes sin ligas que te sostengan el cabello, sin pulseras, sin aretes, sin cadenas, descalza… sólo en pantalones. Me siento expuesto, mi imaginación ha quedado desnuda y ahora sólo prende de tus caderas.


PD: Sssshhhhh

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¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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