Sugiero que esto lo bailemos lento

Tienes el vaivén del ritmo recorriendo tus caderas. Te he tocado las piernas y tu cuerpo me ha electrizado lo suficiente para necesitar un tacto constante. Esta energía que exhalas de tus labios semiabiertos, son el polo opuesto que me hace acercarme a ti. Tacto y exploro el sudor de tu cuerpo que se deshace sobre las yemas de mis dedos y se evapora cuando tu cuerpo cauteloso, va acariciando los sutiles bajeos de la música.

Nos hemos puesto frente a frente y siento los jadeos de tu respiración, a veces escucho como tarareas las melodías impuestas. El titiritero de este antro a decidido un nuevo ritmo y es cuando te sugiero que esto lo bailemos lento…

A veces tienes el cabello largo, a veces corto. En ocasiones eres una Dafne convertida en árbol rogándole a los dioses poder moverte y balancearte sobre tus pies en pistas de dioses y monstruos. Alguna vez fuiste sirena que se movía como huracán dispuesto a destruir puertos. Recuerdo cuando fuiste un testarudo que imploró el efecto dionisíaco en el alcohol y tus besos sabor tequila se volvían igual de fuertes que tu cuerpo inesperadamente salvaje. Personas con las que recorro caminos de música embriagante y con las que comparto el néctar prestado por el ecualizador.

El baile lento nos convierte en animales primitivos, nuestros cuerpos son híbridos silenciosos y violentos. Nuestros brazos sudados son serpientes tornasol que rebotan las luces de los reflectores. Víboras que desean devorar cuerpos, que se enredan y entrelazan compartiendo la hambruna de mano en mano. Las piernas tienen la ligereza de un colibrí y la fuerza de un toro en brama. Los labios se vuelven pichones deseando ser alimentados, aves con enredaderas como lenguas de perenne crecimiento. El pecho y el torso se vuelven terreno hostil de terremotos nocturnos. El lugar donde las enredaderas crean junglas, donde las serpientes susurran promesas, donde los toros se vuelven panteras que se esconden en oscuras sugerencias.

Tú decide si la lluvia cae sobre nuestro ecosistema, si lo quemamos, lo destruimos o civilizamos. Yo disfruto de la variedad de paisajes, pero la selva nos permitirá enredarnos, perdernos, encontrarnos, asustarnos, sorprendernos, infectarnos, enfermarnos, embriagarnos… Por eso te lo digo una vez más: sugiero que esto lo bailemos lento, porque este paraíso caótico es solo nuestro.

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PD: Me la he pasado bien escribiendo este post. El baile es una de las cosas que más disfruto además de escribir, es algo que puedo hacer sólo, que descubrí sólo y que me gusta explorarlo en mi soledad. Pero a veces hay una necesidad de gente, de bailar en pareja, sea hombre o mujer. Simplemente bailar/le con/a alguien en la intimidad o bailarles a muchos sobre escenarios y beber de las miradas ¿no les da ganas de salir hoy en la noche y aterrizar el caos sobre la pista? Si lo hacen, me invitan.

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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Foto. Pexels: Maurício Mascaro

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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