Novios de viaje [Parte II]

“Quiero conocerte” me dijo. Yo también lo quería conocer, aunque no estaba seguro. Las palabras del momento, las miradas y risas penosas, ahogaron cualquier duda y de mis labios brotaron sin control algunas palabras, “Me gusta la idea, ¿qué lugar te parece bien?”- Novios de viaje [Parte I]


 

Casi nos decidíamos por Guadalajara, pero a lo último optamos por viajar a la Ciudad de México durante el verano. No recuerdo los motivos, pero fue una decisión unánime. Mientras más planeábamos el viaje, más crecía algo dentro de nosotros además del cariño; a la par había algo que se escondía detrás de ese cariño, luego de unos días me di cuenta que era el miedo. Las dudas no eran más que la materialización de ese miedo ¿estábamos haciendo lo correcto? ¿por qué estamos alimentando un esperanza que no parece tener ninguna base? No lo sabía pero al mismo tiempo no tenía interés en contestar esas preguntas porque también le tenía miedo a las respuestas.

Comentamos acerca de los vuelos, de la estancia, del tiempo y el dinero. Decíamos cosas  con la mente hirviendo, cosas inciertas como los “te amo” prematuros de una relación, cosas frágiles. La imaginación se volvía fuerte y las conversaciones eran pequeños destellos de claridad que nos aseguraban que hacíamos lo correcto. O por lo menos nos daban seguridad de que no hacíamos nada malo. Teníamos trazado algunos métodos de ahorro. Un plan, un viaje donde él podría ser libre y ser quien es y donde yo podía acompañarlo en su libertad.

Hace unos días confesamos nuestros temores. No era sólo yo. Me dijo que no quería ilusionarse, que se molestaba con él mismo por dejar que nuestro plan siguiera adelante y me dijo que no me preocupara porque había probabilidades que nada de lo planeado sucediera, pero que él quería continuar con el plan; admito que su decisión me daba ánimos. “El tiempo dirá”, escribió.
Yo sólo  le dije que tenía miedo a vivir experiencias bonitas en el viaje, que tenía miedo a tatuarme recuerdos que luego extrañaría. Tenía miedo a extrañarlo a él una vez que todo terminara. Le compartí mi incertidumbre y al final ambos nos cobijamos en “El tiempo dirá”. Sonreímos.

Espero estar listo para conversar cuando el tiempo me diga algo.

Tocamos la pantalla y sólo sentíamos una superficie tibia. No era la calidez de la piel, pero ambos esperábamos que algún día lo fuera.

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PD: ¡Muchas gracias por leer! Hasta no ver lo que el tiempo vaya diciendo, no podré escribir más al respecto.

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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