Año nuevo, ideologías viejas

Estaba debatiendo si pasar a saludar a mis primos y darles el abrazo de año nuevo o no. Me dirigía a casa de mi tío que está justo al frente de la casa del primo que quería saludar. Ahora que lo pienso, el debate en realidad era algo tonto. En mi familia, como la ha de pasar en muchas otras familias, hay una constante disputa que resulta en peleas y en una ocasión, hasta en disparos. Por eso y por otros motivos más es por el que algunos familiares estaban en casa de mi tío y otros en casa de mi primo. A veces siento como que debo serle fiel a las discusiones pasadas y no hablarles a los familiares que han discutido por X o Y razón con mi mamá ¿lo ven? algo medio tonto.

Suelo ir acompañado con mi mamá cuando hago visitas familiares, porque digamos que siento que cuando se trata de mi familia, aun no me siento con el derecho de lidiar con “los grandes”, con los “adultos”. Pero en ese momento pensé ya no como el familiar en constante discusión, sino como el adulto que razona y deja ir de las cosas malas del pasado, me dije “Al diablo, es año nuevo. Debo empezar el año con buenas acciones”. Me dirigí a la puerta de la casa y entré. Declaro que esa fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. Empecé el 2018 con el pie derecho.

Saludos y abrazos, uno a uno, primos, sobrinos y mi tía me recibieron con calidez. Curioso que al saludarlos, no tenía más referente que los constantes rumores que oía sobre cada uno. Decidí suspender esas ideas y disfrutar de las sonrisas y el cariño que recibía de ellos, mi familia. Comí, comenté y reí a lado de los “adultos”,  hasta escuché el primer “tío” de parte de algunos de mis sobrinos y descubrí que mi tía tiene catorce nietos. Era increíble que justo enfrente de la casa de mi primo, había más familiares y que el motivo de esta separación no era una calle, sino los rumores, falta de comunicación y el orgullo.

Iban a dar las tres de la mañana cuando me retiré. Intercambié números de teléfono con mi prima, miré lo rápido que han crecido mis sobrinos y conviví con familiares sin la presencia de mi madre. Hasta cierto punto, sentía que había desbloqueado un nivel de vida. A la puerta me despidió un primo que me dijo que no creyera en los rumores y que el no le guarda rencor a nadie (haciendo referencia a mi tío, que era a donde me dirigía). Le dije que sólo deseaba que las cosas cambiaran y que ojalá en las  próximas fiestas de diciembre, la familia estuviera unificada, como alguna vez lo estuvo.

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Ideologías viejas

Algo que debo incluir en esta entrada fueron los comentarios machistas y sexistas que creo que han de ser costumbre en algunas familias. Tal vez esto no lo pondría bajo la lupa si no fuera por mis sobrinos porque como dicen: “uno como sea, ¡pero las criaturas!”. Pensé también en mi bisexualidad y el evidente asombro que ocasiona el tópico cuando llega a surgir. Comentarios como “los hombres no comen ensaladas, los hombres no saben hacer el mandado, los hombres son muy secos (emocionalmente), los hombres no saben regalar, los hombres…” ¿por qué? ¿cuál es la necesidad de construir y moldear a un “hombre”? ¿qué ideas se están creando los niños de los que es ser hombre y mujer? Crítica a las formas de hablar, caminar, bailar ¡por Dios, cada quien baila como quiera! Son restricciones desde temprana edad que llevan a un eminente cierre de confianza entre familiares. Pensé en la incomodidad que siento al no tener una plena libertad de expresión cuando hablo de ” mis pretendientes” y luego pensé en mis sobrinos y como desde pequeños se les está obligando a creer que algo es como según les parece a sus padres. Ideologías hereditarias que pueden lastimar.

No quería quedar como el que sólo critica y me puse a pensar acerca del qué podría hacer yo, un elemento familiar más y el cómo dejar de ser uno más. Creo que compartir nuevas perspectivas eran sólo palabras y por más que crea en el poder de las palabras, soy devoto de las acciones y el ejemplo (aunque a veces no lo haga). Pienso que es momento de sacar las conversaciones familiares fuera de su zona de confort, creo que deben saber que no soy uno más y que esa distinción no reside en que sea de los pocos que están estudiando la universidad, sino que soy distinto porque propongo, por lo menos en mi círculo familiar inmediato, una nueva forma de ver las relaciones familiares. Es posible imaginar una vida familiar basada en la confianza y el estímulo por medio del cariño y la construcción de una sana autoestima que puede resultar en una mejor comunicación familiar.

Creo que es hora de decirles que sí hay hombres que comen ensaladas, hombres que hacen yoga, que saben hacer compras y que ser hombre no es sinónimo de insensibilidad emocional. Y el primer paso empieza con el ejemplo y ese ejemplo no avanzará hasta que pueda hablar libremente de mi sexualidad e ir construyendo un entorno familiar en donde mis 14+ sobrinos puedan tener esa misma confianza. Un entorno donde mi sobrina pueda practicar el deporte que le plazca, jugar con quien quiera, jugar los juguetes que ella quiera sin importar si “es de niño” o “es de niña” y en su momento, tener la pareja que ella quiera.

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¿A ustedes qué tal les fue en las cenas familiares?


 

PD: ¡Muchas gracias por leer! Sé que no todas las familias son  iguales, pero creo que nunca es tarde para ver si las cosas pueden cambiar. Como futuro literato y promotor cultural, qué mejor entorno para empezar a promover nuevas ideologías que mi propia familia.
Espero que la hayan pasado muy bien y de mi parte les deseo un EXCELENTE 2018 lleno de éxitos y nuevas experiencias. Muchas gracias por leerme en el 2017 y los invito a que me sigan acompañando en este año nuevo. De verdad agradezco cada lectura que hacen en mi blog y tengan por seguro que administrar este espacio y acercarme más a ustedes está incluido en mis metas para este 2018. Abrazos 🙂

Twitter: Oscar_SinAcento

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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