El amor de mi vida es un híbrido imaginario

Has llegado al punto donde los encantos de tus amantes se han tomado de la mano. Juegan a la rueda de San Miguel para luego tener una orgía de fusión. El amor platónico ha sido paganizado ante las miradas furtivas que le envías a esas personas extrañas que consideras bellas. Le dedicas tu llanto a este monstruo hermoso, de cabellos largos, senos erguidos, brazos fuertes, barba sin dos semanas de corte, de lentes oscuro y claro con una graduación de esfera siete. Detrás hay ojos color café, miel, verdes y en las pupilas miles de historias. Cuando el híbrido dice que te ama, escuchas muchas voces: agudas y graves.

La gentileza de esa creación oscila entre la ternura de un “tú también me gustas” y la blasfemia de un “pero por favor no le digas a nadie”. Has encendido tantas velas, que todas se han derretido en el molde del desprecio y la falsedad. Ya no sabes en quién pensar, ya no sabes a quién dedicarle tus pensamientos, a quién dedicarle tus poemas, a quién dedicarle tus tuits, a quién querer; peor aún: no sabes a quién amar. Has encendido tantas velas que te rodeaste de un pequeño infierno de relaciones que sólo te queman.

Sigues siendo creador de nuevas llamas, reciclando palabras, reutilizando sentimientos. Has perdido el motivo por el que deseas amar, por el que deseas ser amado. Te encuentras tejiendo el odio como si fuera amor, la felicidad como si eso fuera amor, el miedo como si fuera amor, el dolor como si eso fuera amor. Eres Víctor más que victorioso y lo que haz creado es más Frankenstein que amor verdadero. Por eso has llevado esa verdad a la chica que te sonrió y al chico que sostuvo tu mano en esa peda.

Te has enamorado tanto que tejiste los atributos de cada uno, tejiste la amabilidad de ella, la seguridad de él, la valentía de ella, la dulzura de él, los ojos de ella, los labios de él en un caótico mosaico de profecías de inminente fracaso. Has colocado piezas a la fuerza, las has humedecido con alcohol y promesas falsas. Las has desfigurado para que así encajen en tu fantasía idílica.

El explosivo movimiento de caderas de ella, junto a la pasividad incógnita de él. Todas esas personas han tenido el punto de reunión en un rincón de tus pensamientos depresivos. Tu platónico parece tan distante, parece juzgarte por tus acciones infames, por tu infidelidad. Buscabas construirla, buscarla en los demás y que en esa búsqueda te has perdido. Ahora observas a ese híbrido imaginario encadenado que te observa con esos ojos tornasol de lujuria y deseo; tú sólo le devuelves un mirada de amor, o lo que intentas hacerte creer que es amor. Le enciendes una nueva vela.

híbrido

PD: De nuevo un intento por esclarecer lo borroso y pausar por un momento la devaluación del amor ¡Muchas gracias por leer! 

 

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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