El crush del día #0

“Es que lo que te hace falta es enamorarte…”

Es lo que una chica de San Luis Potosí me dijo luego de escuchar la versión adaptada de mi vida amorosa (ppfff, insisto en el énfasis de las comillas). La música violaba tímpanos, mientras le narraba a gritos las historias. El entorno era oscuro, había música de no se qué banda en el fondo y de vez en cuando llegaba a nuestras manos la caguama colectiva, de vez en cuando le tomaba. Me regaló un cigarro, sería el segundo de la noche: yo no fumo, pero soy dramático y es dramático narrar entre humo las cosas que te queman por dentro.

“Es que creo que te enamoras de la persona..”, dijo.

Sí, así es [*inserta una reflexión aquí*], creo. A veces me encuentro buscando la palabra correcta ante los gustos cotidianos. De esas ocasiones en las que un “me gusta” es demasiado pero un “me atrae” no es suficiente. Ocasiones en las que no sabes que clase de amor es esa persona atractiva de la calle, del antro, del bar o del pasillo de la escuela, donde no es “amor a primera vista” pero tampoco es un “sí cogería contigo”.

Cuando se oye el CRUSH

“¿Y eso es malo?”, recuerdo la pregunta que me hizo el psicólogo hace unas semanas.

¿Sí ,qué no? Maldita sea, la pregunta del psicólogo era suficiente como para que yo me hiciera otra. A partir de ese momento y hasta la fecha, trabajo en adoptar una ideología. Caí en cuenta que tal vez no era malo querer a más de una persona. Solo que me seguía frustrando usar la palabra “querer”, porque esta palabra ya tiene cierta connotación de deseo o anhelo, que en parte creo que es viable porque al final de cuentas hay veces en las que me pregunto “¿cómo se sentirá la piel de su cuello? ¿cuántos lunares tendrá en el pecho?” o veces en las que me digo lo mucho que me gustaría deslizar mi dedo por el arco de su espalda o sólo tener su rostro cerca al mío, su cuerpo cerca al mío y acariciarle el cabello. Entonces llego a la conclusión que es creepy y raro pero no malo.

En el gym, la calle, en el camión, en la terraza del hostal, en la biblioteca, en la tertulia, en el parque, en el centro comercial, en la tiendita, en la librería, en la fila al banco, en una plática; en todos esos lugares escucho el crush de “esta persona es atractiva [atraer: Acercar y retener un cuerpo a otro en virtud de sus propiedades físicas (a esta definición le añadiría: y propiedades ‘sentimentales’]”.
Me remuerde la conciencia de sentirme superficial y esta nueva sección de diario es para encapsular la esencia verdadera y de valor que tienen estas conexiones efímeras. Es un intento de apología para esas miradas, para esas sonrisas con multitud de subtextos.

Diario: crush del día

Puede que esto sea un testimonio de degradación, de devaluación sentimental y eso es un riesgo que pienso tomar. El estado de decepción y desamor en la que me sumerjo es un sentimiento al que me he acostumbrado y al que le he tomado cariño. Y a pesar de que haya un persona que estableció su residencia (al parecer permanente) en mis pensamientos diarios, he decidido construir un hogar al enamoramiento superficial justo a un lado de esa persona. El remordimiento sigue ahí, pero eso ya es parte del paisaje del enamoramiento superficial.

PD: Escribo esto mientras pienso en el crush de ayer, en el de ahora y en el de mañana.

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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