La vida me regaló una rosa

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Luego de un largo día, corriendo de aquí para allá, de risas, de amigos, actividades y comida de flor de Jazmín; iba de regreso a casa en mi bici cuando a la orilla de la carretera me encontré una rosa. La rosa temblaba, tal como lo hacía en el poema de “Lo fugaz”.Era en ese momento la rosa que le daba vida a la bestia, la amada rosa del principito, era el símbolo y sólo una rosa tirada en la calle, todo a la vez. La tomé, decidí llevarla a casa; en el camino leí comentarios en las miradas de los que me veían. Tal vez creían que era para una princesa, bien se la pude prestar al joven del cuento de Oscar Wilde de “El ruiseñor y la rosa” para que así obtuviera el amor de su amada. Ojalá fuera así de fácil, de alguna manera ya tendría asegurado el amor de esa joven. Pero no estoy en el cuento de Wilde. Entonces se me hace una lástima mantener su belleza en un departamento de estudiante, entre javas y libros; algo que prácticamente me vuelve la bestia que resguarda la belleza de algo para hacerle compañía. La aprisiono entre las paredes de madera y las frontera de mis libros, tal vez para observarla en las mañanas y recordar que la vida manda señales, circunstancias, detalles y suspiros de apoyo.

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La rosa ahora le hace compañía a mis libros.

 

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