Cuento: Por poema

Por poema

El cuarto pequeño hacía que todo fuera más íntimo, como un club. El hecho de que todos estuviéramos sentados en el piso, atribuía al rasgo de hermandad. Me agradaba estar ahí, rodeado de personas, que a mi criterio, se me hacen interesantes. No recuerdo cómo entré al grupo de la revista, creo que fue por parte de un amigo, sí, estoy casi seguro que fue así… creo. Me preguntaba qué haríamos ese día, realmente no hacíamos mucho. En ese entonces no me sabía los nombres de los que conformaban el equipo de la revista, tengo muy mala memoria, así bien sarra. Me encontraba divagando, pensaba en cómo sería mi vida de viejo con alzhéimer, cuando entra el coordinador de la revista, Marcos, con un maletín de donde se asomaban varias hojas blancas.

-¿Imprimiste todos?- Miriam, sin querer, estaba otorgando respuesta a un pregunta que ni siquiera me había formulado.

-Sí

-¿Todos? – Miriam articuló la pregunta que temía hacer, luego de escuchar el sí anterior.

-Sí, todos- Marcos parecía orgulloso de haber impreso un chingo de hojas que eventualmente terminaría tirando.

Sabía lo que haríamos ese día, revisaríamos textos.

Me puse nervioso, había entre las hojas de ese maletín una que no debía estarlo, una que nunca debí crear, peor aun, una que ni siquiera debí haber mandado a la revista, una que no tenía ningún sustento de calidad que… bueno, un amigo dijo que era lo mejor que había escrito, pero no manches, ¡soy un novato en poesía!, soy un pendejo, sonreí cuando lo consideré. Estaba basando la calidad de mi texto en un elogio en alguien que sólo había leído dos escritos míos, de los cuales sólo les había puesto un empeño del tipo ocioso. Estaba nervioso, pero creo que mi sonrisa de “cómo estoy pendejo”, se interpretó como emoción ante los demás colaboradores, me resultaba conveniente que pensarán eso. Necesitaba que creyeran que todo estaba bien. Luego de discutir cómo escogeríamos los textos que se iban a publicar en la revista, Marco lo resumió en:

-Miren, así funcionará esto, cada quien tomará una cantidad de hojas, los leerán y pondrán detrás del trabajo un , un No o un Tal vez, según lo que les parezca. Ya luego discutimos los que se vayan a publicar en el nuevo número.

Los colaboradores era leones que exigían trabajos de calidad, estaban hambrientos, o por lo menos eso creía, es por eso que no quería que leyeran mi poema, iban a destrozar mi texto a mordidas con sus críticas. Por un momento pensé “Bueno, ¿qué tan malo puede ser? Podrían darme críticas constructivas para yo trabajar en ello, tal vez no sean tan acá”, ¡pero no! Eso no ayudaba, que se jodan con sus críticas, yo sé que no es tan bueno mi texto, así que a chingar a su madre con sus comentarios.

¿Por qué? ¿Cómo había llegado ese poema hasta ahí? Digo, nadie lo mando en mi nombre, recuerdo haberlo hecho yo mismo, pero ¿por qué?… ah, sí, porque soy un pendejo. Otra sonrisa.


Quince minutos, eso es más o menos el tiempo que tomo en bañarme, depende si uso el estropajo o no. No sé en dónde escuché que la creatividad suele llegar al momento de bañarte, pero creo que es mentira, la creatividad no parecía manifestarse, ni en el baño ni en el atardecer, en ninguna parte, ni siquiera en la música. Quería pensar que la pinche regadera eléctrica de la casa era lo que espantaba a la inspiración, de por sí arruina todas mis mañanas dándome toques eléctricos sobre las mordeduras que le hago a la piel de mis dedos, ahora también ahuyenta a la musa de la inspiración que ni cantando se aparecía. Estaba preocupado, quería mandar algo a la revista.

Hermosillo me abrumó, nada que ver con el pueblo de dónde vengo, es por eso que me involucré y me envolví con cuanto evento cultural se me cruzara, estaba extasiado. De todos los eventos y convocatorias, no dejaba de pensar en una convocatoria en especial, esa en la que pedían que mandaras un texto para que apareciera en una revista literaria.

Recuerdo estar sentado, la computadora enfrente, recién abatido por una tonta decepción; sí era algo tonto, no sarra, no chale, no feo, no grave, sólo tonto. En base a ese adjetivo de tonto, surgió un poema, el adjetivo parió y el bebé salió algo similar a su mamá, era un poema tontito, no tonto, puede que ni malo, sólo tontito.

Me sentí valiente en mandar mi pequeña abominación a la revista ¡ni siquiera remendé su escases de atributos o su deformación prosaica! Fui el peor padre y autor del mundo, ¿mandar algo así a la guerra contra otros cuentos y poemas?


Eso sucedió hace una semana, creo, el chiste es que ahora estaba aquí, observando cómo mi poema iba a ser destrozado por alguno de éstos… éstas, ¡ellos pues! Tenía que hacer algo, ese poema no es culpable de tener un padre pendejo y despiadado ¿Pero cómo extraer el poema sin que los demás se den cuenta?
No recuerdo haberle pedido ayuda al jefe máximo, realmente no sé si hubo súplica, o de haber habido, no sé hacia quién se dirigirían.

Empezó el reparto.

Éramos como ocho personas ¿cuáles eran las probabilidades? Una madre, confiaba en esa madre. Por si acaso, empecé a asimilar comentarios inexistentes por parte de los colaboradores en mi cabeza, “Pues no está tan mal” “Está muy cursi” “No podemos meter esto a la revista”, cosas así. Tomo las hojas que me pasa Miriam y que el azar me otorgó; los hojeo, no… no… no… valiendo… tampoco… no… sonrisa, no la sonrisa “qué pendejo estoy”, sino la sonrisa de “¡A la torre! Eres tú, pensé que no te iba encontrar”. Ahí estaba, frente a mí, la hija del adjetivo tonto. No contuve la emoción, me voltearon a ver, estoy seguro que los demás atribuyeron mi emoción en que yo era nuevo. Que piensen así.

Excelente, tengo mi poema en mano, la veo, ¿cómo te saco sin que se den cuenta? Volteo a ver a mi alrededor, sólo algunos giran la cabeza ocasionalmente para observar a los demás. Vamos, vamos, no lo puedes arruinar de nuevo. Pienso por un momento, todos volteaban las hojas y escribían su sentencia detrás. Parecen incómodos. Bueno, estar sentado en el suelo, en un cuarto pequeño, revisando textos sin tener dónde apoyar la plu- ¡una carpeta! Sé cómo sacarte de aquí, ocupo apoyarme en algo ¿verdad poema? Sí, necesito escribir detrás de ti que NO, que no estás lista para el mundo. Con cuidado, actuando normal, saco una carpeta de mi mochila, algunos voltean a verme, sólo sonrío, no sé cómo habrá salido la sonrisa pero parecían conformarse y simplemente regresaban la mirada hacia el texto que juzgaban. Coloco la carpeta debajo de todas las hojas. Simulo revisar un texto, voltearlo y ponerlo debajo de los demás, era una prueba, por el rabillo del ojo observé que mis movimientos no provocaron ningún movimiento. Repito el mismo gesto de nuevo hasta llegar a mi poema… escaneo el cuartito, los leones no muestran indicios de moverse hasta por unos dos o tres minutos más. Antes de seguir con mí hazaña observo mi texto, tal vez no estés tan mal, pero no estás lista, por última ocasión hago una observación general del cuarto, rápido, volteo la hoja y la coloco dentro de la carpeta, fui veloz, veo si nadie miró mi maniobra… nadie. Sonrío.


Fue una situación tonta, unos amigos me dijeron que me pasé de lanza, yo no lo creo.

Ahora, esta situación, no pasada de lanza, no estúpida, no fea, sólo tonta, me hizo padre de nuevo. De ella surgió una pequeña niña que heredó el adjetivo de su abuela, de aquella decepción, sólo que a esta puede que no la salve, no por cobarde, no por pendejo, no por malo, sólo por poema, como su mamá circunstancial.

FIN… creo.

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

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