El baile como un común denominador

IMG_20150531_215957

“…tú métete e improvisa, pero cuando te nazca claro.”

Eran como a las seis treinta de la tarde cuando le decía a un amigo, con un tono de pereza mortal: “Voy a salir… me voy a divertir, voy a llegar y me voy a dormir”. De acuerdo, fui, me divertí muchísimo, pero aun no me meto a dormir porque hoy conocí a unas personas súper geniales en Catedral que merecen unos minutos de mi tiempo para escribir acerca de ellos.

Antes de llegar con los jóvenes bailadores de catedral, anduve divagando por las diversas presentaciones programadas para las Fiestas del Pitic. Fui a “Buena Vibra Social Sound”, una banda merecedora del nombre que se carga, ya que la música llevaba una tonada que no invitaba a bailar al espectador, no, la música estaba tan buena que tu automáticamente movías el cuerpo. Disfrute mucho la presentación de éste grupo, todos los integrantes se cargaban una onda ligera, contagiadora y vibrante… simplemente genial.

De ahí fui a una presentación al aire libre de un grupo de danza/teatro muy graciosa. Los hombres vestían trajes con diseños de muchos cuadros y las mujeres unos vestidos con patrones similares a la tela de los trajes de los hombres. Fue algo muy agradable y chistoso de ver.

A lo que voy

Bueno, ahora lo que les vengo a compartir. Luego de haberme paseado un rato por presentaciones muy buenas, iba con toda la intensión de regresar a casa, cuando escuché una tonada rápida de música, la sigo y me encuentro con un círculo de mucha gente atenta al baile de jóvenes que ejecutaban unos pasos de bailes geniales. Me quedé a ver.

Yo solía bailar en casi todos los eventos escolares que había, ya que bailar frente a un público, lleva la sensación de bailar a un eslabón más alto. Tu cuerpo se aligera, lo controlas un poco más, te pierdes en la música, te alimentas de las miradas, se crea un anestésico paradójico que hace que no sientas el dolor hasta que terminas, pero extrañamente te cansas más rápido. El caso es que verlos bailar en cierta forma me recordaban a mi.

Una voz de inmediato me empezó a susurrar “Acércate, pídeles la bocina, baila y te vas a casa”, no era un mal plan, de hecho ya le había hecho caso a ésta voz antes y el plan salía bien, creo.

Me acerque con uno de ellos, le dije algo como: “Hola… eh, oye, ¿me prestarías la bocina? sólo la quiero para presentar algo… pues yo creo… no sé, pues la primera es medio rara… ¿con quién?, a OK, gracias”. El muchacho me había preguntado que si qué bailaba, le dije que no sabía, luego me dijo que sí me prestaría el sonido, que no más le dijera a Kevin, que era el que estaba a cargo de la bocina.Fui con Kevin, le pregunté lo mismo, me dijo que sí, que abriría la siguiente ronda de baile, ya que había anunciado un descanso. Era un descanso de diez minutos y lo que hacían mientras descansaban también se traían el sombrero donde la gente les dejaba una cooperación voluntaria, para contar cuánto había recabado. Ése día les cobraron el piso, normalmente no lo hacen me dijo Kevin, pero supuso que tal vez era por las Fiestas. En esa ronda habían juntado alrededor de setecientos pesos, como dato: habían empezado como a las seis de la tarde, eran aproximadamente las nueve cuando llegué y no sé si ya habían tenido una ronda pasada. Mientras contaban el dinero, mis nervios estaban volviéndome loco, los latidos como siempre comenzaban a acelerarse de alegría creo o de nervios, me mordía las uñas, me quedaba quieto y luego no dejaba de moverme, hasta que acabaron de contar el dinero y Kevin me dijo “Adelante, ocupas auxiliar o…” le dije que la canción lo traía en el celular, le di el teléfono y lo conecto. Temblaba… avancé “She´s the giggle at the funeral”, mis manos se elevaban y le proseguía la posesión… mi cuerpo traduciría la canción de Take Me To Church de Hozier en reacciones corporales. A media canción hubo algo que sentía más que nada… mis labios. Mi boca se había secado, en cierto punto toque mi boca y sentía como si tocara la tierra árida del desierto. Fue irónico que durante la interpretación, haya tenido la iglesia en frente de mi… no bailaba solo, el edificio sagrado lo hacía junto conmigo.

Los aplausos nacieron, pero mis oídos les cerraba la puerta, me retiré, ahora seguía irme. Pero antes de, los del grupo me felicitaron, me invitaron a que me quedará y que presentará la siguiente luego que tomara un poco de aire, asentí. Mi boca pedía a gritos un sorbo de agua. Producía saliva en exceso, mi corazón parecía salirse de mi  pecho, sentía mi cuerpo empapado, gotas de sudor caían de mi rostro… me sentía vivo.

Decisión: ¿Me voy o me quedo?

Me intentaba recuperar cuando me preguntaba eso: ¿me voy o me quedo?… me inclinaba por irme, pero yo mismo me decía “Oscar, estás muy cansado, no podrás recuperarte, ni siquiera te puedas parar bien”. La gente seguía pasando, en donde solía presentarme, cuando no era en la escuela (a veces), mi reacción inmediata al terminar era salir corriendo, recuperarme a solas. Pero aquí había mucha gente, de las que pasaban a mi lado tal vez me habían visto, tal vez no, nadie me conoce, entonces me decidí por regresar.
Los demás seguían bailando, no había pasado nada. Me acerque, me senté cerca del círculo y empecé a platicar con alguien del grupo. Estuve viendo, me emocionaba, aplaudía cuando me asombraba ante un paso, sonreía, como diría Charlie, en esos momentos me sentía infinito, me sentía parte del grupo. Uno de ellos me dijo, éntrale e improvisa, sin vergüenza, solo métete y baila… cuando te nazca claro. Lo hice, entré, está vez era un poco más consciente de lo que hacía, ya no era posesión, sino creación. La música establece mi actitud y eso es genial. Al terminar mi ronda me felicitaron de nuevo, alguien más entró y así hasta que terminaron. Seguía otra ronda de contar dinero, cuando lo hacían les tomé una foto mientras lo contaban y es la que viene en el inicio de la entrada.

Ven el siguiente domingo

Estaremos desde las siete acá. Fue lo que dijo Kevin cuando me despedía de el, obviamente acepté, me había divertido mucho. Eran varios los integrantes pero sólo recuerdo el nombre de cuatro de ellos: Kevin, Erica, Andrés y Lupita. Como estaré en Hermosillo hasta hacer el examen de admisión para la Universidad, tendré la oportunidad de compartir otro domingo con estás personas que me hicieron ver que el baile puede llegar a ser mejor cuando lo compartes, eso incluye ver a compañeros agotados por bailar y no pasa nada; compartimos un galón de agua todos y ya… esto me hace pensar que la empatía surgió de manera rápida porque el baile fue un común denominador entre ellos y yo.

Escrito por

Estudiante de literaturas hispánicas en la Universidad de Sonora. A ratos es maestro de inglés. Fan de Instagram y a la búsqueda constante de su verdadero yo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s