12 cursos gratuitos sobre arte para sobrellevar la cuarentena

El día de ayer se diagnosticó el primer caso de coronavirus en la ciudad donde vivo. Realmente no fui consciente del pánico que se puede generar hasta que salí a comprar huevos a un supermercado cerca de mi casa. Las filas eran largas, la gente caminaba a prisa entre los pasillos y había un caos omnisciente en el lugar. Las clases se suspendieron antes del tiempo previsto. Las personas nos hemos quedado con algo de tiempo libre, y si bien el #QuédateEnCasa no es posible para todos los sectores sociales, es importante tomar precaución.


Ante esta problemática, muchos museos han hecho un excelente trabajo por brindar una mayor accesibilidad a recursos digitales de su acervo cultural, así como una mayor productividad de contenido para abastecer sus plataformas en redes sociales. Decidí concentrar los cursos que me he encontrado en internet en un solo post, de instituciones como la UNAM, el Museo del Prado y el MoMA. Es importante llevar un registro previo en las respectivas plataformas donde se ofrece el curso (Moodle, Coursera y Miriadax) y dar clic en inscribirte sin necesidad de pagar la certificación del curso para llevarlo de manera gratuita. Si sabes de otros cursos en línea disponibles, escríbelo en los comentarios y hagamos más llevadera nuestra espera.


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Si le bailo a Satán, si beso a Diana o a Alejandro… o si nos casamos

La noche anterior había leído:

Invitación abierta a la comunidad LGBTTTIQ+ y personas aliadas: El Congreso del Estado de Sonora está puesto para votar a favor del matrimonio igualitario, pero los grupos anti-derechos se están organizando para manifestarse en contra (…) ¡Manifestémos a favor de la igualdad y el amor!

El día jueves 23 de septiembre a las 9 de la mañana. “No puedo”, pensé, a esa hora ya debo ir al trabajo. Aunque la idea de estar presente en algo tan importante y en el día internacional de la bisexualidad, no sonaba mal. Más tarde, una alumna lo comentó en clase, ella estaba siguiendo la transmisión de los grupos activistas afuera del Congreso y aunque se me recomendó evitar entrar en diálogo sobre ese “tipo de temas”, desde la más profunda sinceridad dije “Ojalá lo aprueben”, como un deseo que se verbalizó sin mi consentimiento.

Continué con mis clases.

Llovió.

Terminaron las clases y me subí a mi bici.

Me mojé.

El aire corría en mi contra y tardé un poco más en llegar a casa que de costumbre.

Leí las notas, ¡se había aprobado!

Lo que tenía originalmente agendado se pospuso así que mi tarde la podía dedicar a mi clase de danza.

Estando ahí, el maestro puso la canción de Lil Nas X THATS WHAT I WANT, algo que intenté escuchar en una ocasión, pero que no podía porque su álbum aún no había salido.

Estaba estirando cuando la letra del mismo cantante que tiene un video donde desciende al infierno en un tubo para bailarle a Satanás, decía:

I want someone who loves me / Pero quiero que alguien me ame
I need someone who needs me / Pero necesito a alguien que me necesite
'Cause it don't feel right when it's late at night / Porque no se siente bien cuando es tarde en la noche
And it's just me in my dreams / Y solo soy yo en mis sueños
So I want someone to love, that's what I fucking want / Así que quiero alguien a quien amar, eso es lo que jodidamente quiero

Intenté concentrarme, no pensar en lo feliz que han de estar esas personas que sí tienen eso que Lil Nas X quiere, y que ahora podrán casarse. Por un momento, mientras sentía que mis corvas se romperían de tanto estirar, sonreí.

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Un zombi y 10 temporadas de The Walking Dead

Joel se acordaba de Cristina cada que se saltaba los diez segundos de diálogo que él ya predecía como aburrida. Iba en la temporada 6 de una serie que solo quería acabar porque estaba muy cerca de terminarla. Quién lo diría que terminaría con Cristina antes de concluir la serie, que en ese entonces iba en la temporada 9… hoy son 10, “la temporada final”. Cuando decidía ver los capítulos en una velocidad x1.5, se preguntaba a qué velocidad estaría corriendo su vida, porque hace un segundo Cristina estaba a su lado, anticipando sus reacciones de los capítulos que ella ya había visto. Todo se unificaba, ya no sabía distinguir los sucesos entre temporadas, así como ya no sabía el motivo del por qué esa noche decidió serle infiel a Cristina. Sí lo sabía, era cuestión de hacer una pequeña búsqueda, pero no quería buscar algo que le incomodaba creer.

Joel pensaba más en zombis que en Cristina. A ella la recordaba cuando estaba solo, completamente solo. Algo que pocas veces pasaba porque Joel siempre se acompañaba de un “pendiente”, “una meta”, “un monólogo”, “un chiste”. Cuando andaba por las calles, estuvieran vacías o llenas, Joel se preguntaba a qué lugares podría correr para estar a salvo, o comenzaba a medir su fuerza para estimar si tendría la suficiente fortaleza para romper el cráneo de un muerto. “Estas personas estarían frescas, sus cráneos estarían más duros que los que llevan rato pudriéndose en vida”, “Mi condición física tal vez me permita correr hasta el edificio sin menor interrupción”, “¿Qué tan difícil sería huir de estas 37 personas que hay aquí dentro?”. A veces terminaba preguntándose por Cristina, las cosas no terminaron como él le habría gustado… tal vez por eso seguía viendo The Walking Dead, esperando un final de su agrado.

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El acto creativo tiene que ver con su contexto (#1 PAAC 2021)

Hoy inició el Programa de Actualización de Arte Contemporáneo y las preguntas junto con las reflexiones, no se hicieron esperar. Entre los propósitos de este espacio está el complejizar el pensamiento crítico para poder explicar el propósito de nuestro trabajo. Coordinados por Octavio Avendaño Trujillo, curador y crítico de arte, se asentaron las primeras preguntas:

  1. ¿Por qué te consideras artista?
  2. ¿Por qué no generas otra cosa o por qué no te dedicas a otra cosa?
  3. ¿Se puede pensar el arte como una forma de filosofía?
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Luna llena en piscis y una vaca muerta

Este 20 de septiembre a 3 minutos para que se termine el día, la luna llena en piscis me dice que no deje que el exceso de sentimientos ciegue mi realidad. Medito acerca de esto y pienso en aquella vaca.

Hace ya algunos años mi mamá, mi hermana y mi padrastro, fuimos a visitar a una familia que vivía en un rancho a las afueras de la ciudad. El lugar estaba cerca de la carretera pero a excepción de los caballos y el paisaje que estaba más allá de los límites que me permitían andar, no había otra cosa interesante. Bueno, ahora que lo recuerdo, habían matado a una serpiente cascabel que luego rellenaron con piedras, era pequeño y algo así pudo haber sido “atractivo”, pero no lo fue. Creo que de no haber sido por aquella vaca, la serpiente rellena de piedras habría sido la historia destacada de ese viaje.

Antes de eso, no recuerdo haber visto a la vaca en otra parte. No era una vaca muy grande. Sigo pensando que los adultos involucrados, incluyendo a mi mamá, debieron ser un tanto cuidadosos para revisar que no hubiera niños alrededor. Como nadie lo consideró, pude ver cómo ataron a la vaca de las patas traseras y la manera en la que la elevaron. Se movía desesperada, yo no estaba boca abajo, pero aún recuerdo las pulsiones que sentía en el pecho, los latidos golpeando. Ahora pienso en esa vaquita, cuando le pasaron un enorme cuchillo, los ruidos guturales que emitía, sonidos ahogados de un dragón vencido o el último gemido de un bebé aplastado.

Para mi desgracia, hubo algo que un señor dijo, lo cual amarró mi mente a ese suceso que acababa de presenciar. Tal vez tenía los ojos muy abiertos, tal vez mi tristeza se desbordaba a través de ellos, solo lo escuché decir “Metan al niño porque la vaca no se está muriendo porque él le tiene lástima”. Segundos después sentí las manos de mi mamá, y aún recuerdo haber volteado, y encontré la mirada que se me quedaría grabada hasta la fecha. La vaca tenía los ojos brillosos, seguía gimiendo y girando boca abajo.

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Dos botellas y un termo

Recuerdo que esa tarde Juan C. tenía los ojos muy abiertos, con el tiempo descubriría que era su costumbre cuando platicaba sobre anécdotas que lo entusiasmaban. Aquella ocasión me decía sobre el cumpleaños de su mamá y lo que planeaba obsequiarle. Unos pastelillos… yo lo he dicho de una forma poco ilustrativa, pero Juan C. no lo dijo como lo he dicho yo, no, Juan C. podía describir cualquier platillo de una manera atractiva y exquisita. Sus ojos tan abiertos como siempre, describiendo el color del pastelillo, la textura de la cubierta, el sabor de cada elemento que lo componía, así como el motivo por el que eligió esa pastelería en particular. Tiempo después me di cuenta que no era su manera de describir platillos lo que era atractivo… era él.

La última vez que vi a Juan C. bebimos un par de cervezas, dos botellas retornables de caguamas y unos cuartitos. Bebimos, nadamos y compensamos el tiempo que no habíamos conversado. Su complexión había cambiado pero seguía hablando con ese entusiasmo magnético. Cedía a su proyección, yo no era más que una polilla atraída por su incandescencia. Lo escuchaba y me gustaba amarrar el hilo de su voz ya seca, con los sonidos mojados del mar en el que nadamos. Escuchaba palabras: La Prohibida, trabajo, fumar, música, pago, Guaymas, hermano, casa, renta, fruta, barco, pizza, rico, morro… supongo que a veces se me notaba que estaba buscando algo en su mirada mientras él hablaba porque de la nada soltaba un “¿qué?”. Me preguntaba con una sonrisa nerviosa. Yo solo inventaba algo coherente con las palabras y gestos que tenía registrados mientras lo veíescuchaba.

Ese último día, atrapé a Juan C. observándose en el espejo, algo común de él… es Leo. El caso es que era un espectáculo, como si se tratara de alguien moldeando el barro, pero el moldeaba su sonrisa. Me causaba cierta repulsión ver los malabares de sus gestos. Me burlaba, le pregunté “¿por qué haces esa cara cuando te ves al espejo o cuando te tomas selfies?”, siempre me decía “No se”, y yo le creía, porque siento que en ese performance de muecas, él solo se buscaba. No estaba tranquilo, tal vez. La mayoría de sus fotos tenían esa sonrisa performativa… hoy creo que sonríe de esa manera porque su sonrisa natural es melancólica y llena de pasillos. Creo que es ahí donde a veces Juan C. se pierde al verse en el espejo, y no lo culpo, a veces yo mismo me he perdido al querer acercarme.

Hace un mes que Juan C. dejó su termo, dos botellas que ahora son mías y un par de dudas que no se a quién le pertenecen.

Botella de Oporto y Vidrio 1919, Pablo Picasso (Museo de Arte de Dallas)

La “Botella de Oporto y Vidrio” de Picasso de 1919 ejemplifica al segundo periodo del cubismo—el cubismo sintético—que data de aproximadamente 1912, y en el caso de Picasso, duró hasta su estilo clásico monumental de los 1920s. En el cubismo sintético, los artistas buscaban la liberación del arte a partir de la imitación de la naturaleza, haciendo referencia a los elementos básicos de percepción y notación pictórica. El perfil de la copa de vidrio tiene una calidad parecida a la de un dibujo primitivo. La pipa y bolsa de tabaco están altamente simplificadas, casi esquematizadas. Las palabras y letras (una característica y elemento esencial de la exploración de la realidad y de creación de imágenes de los cubistas) se introducen en la composición en un pasaje central, un tanto pintoresco, que parece estar suspendido del lado central izquierdo. La forma tan compleja de Picasso de jugar con distintos niveles de la realidad es aparente en su introducción de algún marco color blanco o margen, que contiene su firma del lado inferior derecho.

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Miguel Ángel, el poeta. Más allá de lo plástico

El contenido que estoy por compartirles lo encontré en una revista de arte llamada “Saber Ver, Lo contemporáneo del arte” No. 31 Nov-Dic de 1996. Este número se lo dedican a Miguel Ángel, y no tanto al pintor, ni escultor, ni dibujante, sino al Miguel Ángel poeta. Es una revista que aprecio mucho ya que los poemas vienen acompañados de los dibujos y bocetos del artista. Aún no termino de dedicarle bien mi tiempo a cada poema, pero hasta ahora tengo estos cuatro sonetos de los cuales uno de ellos está inconcluso y un cuarteto. Los cinco poemas me han gustado mucho, espero que ustedes también.

“Saber Ver Lo Contemporáneo del Arte” No. 31 – 1996
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Vampiro

Querido Munch,

Hoy mientras observaba tu obra Vampiro (1893), recordé a una vieja amiga. Su nombre era (¿es?) Irania, era alta y muy blanca, de ojos almendrados… pero lo que más recuerdo de ella es su larga, larga cabellera negra. La punta de sus cabellos coquetaban con sus tobillos. Se decían muchas cosas sobre ella, y sobre su gusto por las jóvenes de la ciudad. Se escabullía en los antros, pero una vez adentro, pocos la habían podido encontrar. Una vez creí verla y recuerdo haberme preguntado, cómo es que todos en ese lugar no la rendían tributo, ante las luces de colores y el sonido estridente de las bocinas, parecía una aparición divina. Pero era como si no estuviera ahí, como si ella no se permitiera ser vista. Parecía como si las personas estuvieran en un trance que ella misma ejecutaba y en donde ella elegía quiénes la podían ver. Me sentí afortunado… aunque siempre que cuento esto olvido que ese día iba con mi novia. Fue la primera vez que vi a Irania y la última en la que vi a Mariana.

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En la jungla

Querido Henri,

Creo ser bueno soportando los cambios que a veces llegan de manera inesperada, claro que mi primera reacción suele ser una sensación de repulsión pero suelo agarrar el hilo a la brevedad (a veces con una rabieta incluida). Recientemente he tomado decisiones que han desestabilizado mi entorno. Estas decisiones surgen a partir de una insatisfacción con lo que estaba haciendo. Ya titulado, siento que estoy listo para nuevos retos y de redireccionar la manera en la que he venido haciendo las cosas. Me siento como ese tigre que has pintado en la jungla. Un animal conocido por su fiereza, se le ve encogido, resguardándose de la tormenta, asustado. Si bien hay momentos en los que el miedo parece nublar mis ideas, me ha quedado claro que solo debo ser paciente.

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Lo que debemos preguntar

Fragmento de Pintura contemporánea de Julián Gallego.

Comparto el siguiente fragmento del libro que terminé porque me sigue llamando la atención la manera en la que a veces nos aproximamos a una obra de arte y las preguntas que a veces nos hacemos al intentar “entenderla”.

Mark Rothko decía que no hay que preguntar: ¿Qué significan esas imágenes?, sino más bien: ¿Transmiten esas imágenes alguna verdad emotiva?

Julián Gallego p. 87
“Negro en rojo oscuro” (1957) de Mark Rothko

Morir en el «slasher»: Violencia y roles de género

¿Quién comete más crímenes violentos, los hombres o las mujeres? Las estadísticas confirman, año tras año, que los hombres (nueve de cada diez reclusos en España, por ejemplo, son hombres). Ahora bien, ¿quiénes son las víctimas más numerosas de dichos crímenes? Nuevamente, los hombres. En 2017, el 80% de las víctimas por homicidio fueron hombres, […]

Morir en el «slasher»: Violencia y roles de género