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No sabía que tenía un problema con mi bisexualidad hasta que un psicólogo me hizo las preguntas indicadas


El 05 de septiembre, mientras checaba Twitter, me topé con un tuit de Zachary Zane:

Traducción: Muy bien, hombres bi! Háblenme! Quiero saber qué les ayudó a salir (del clóset)! Mándenme mensaje!

Cabe señalar que Zachary Zane, es lo que se podría considerar como un ícono bisexual, ya que constantemente escribe artículos en diversas revistas y portales importantes en donde aboga por la visibilidad de la bisexualidad. La importancia de su labor radica en exponer y dialogar con una sexualidad que suele ser cuestionada tanto por personas homosexuales y heteros.
Cuando leí su pregunta me puse a pensar en mi propio trayecto de asumir y vivir mi sexualidad. Cuando por fin llegué a la respuesta de algo a lo que realmente no había pensado a detalle, supe que una pieza fundamental para salir al mundo como un hombre bisexual, fue un psicólogo.

Traducción de mi respuesta: Honestamente, fue a través de un psicólogo que me hizo ver lo obvio: Si alguien no es capaz de amar todo lo que eres, tal vez esa persona no sea la persona indicada.

Poco después de haberle contestado, me sorprendió ver un mensaje directo de Zane en mi bandeja de entrada en Twitter. Temía abrir el mensaje, le tomé un screenshot y lo compartí en mis historias de Instagram. En su mensaje me pedía si podía detallar y explicar un poco más mi respuesta. Obviamente le dediqué unas líneas de fanboy y de agradecimiento por la labor que hacia. Le dije que durante mi proceso de investigación acerca de la bisexualidad, me había apoyado en varios de sus artículos. Luego de haberle compartido mi nivel de admiración, le contesté le compartí el cómo llegué a saber que no me sentía cómodo en la manera que vivía mi sexualidad, y no solo eso, sino la idea de que yo mismo no sabía que estaba incómodo.

Imagen que compartí en mis historias cuando recibí el mensaje de Zane.

Ese día le escribí lo que yo veía como el camino que había recorrido para estar viviendo mi bisexualidad fuera del clóset. Me agradeció que le haya compartido mi historia y hasta ahí quedó. Los días pasaron y en un miércoles en la mañana cuando entré a Instagram, vi una historia de Zane, titulado: 9 Men Share What Helped Them Come Out as Bisexual. De inmediato recordé su tuit y dije “¿Será que habrá publicado las historias que le compartieron? ¿habrá publicado la mía?”. Con una velocidad impresionante, le di swipe up a la historia y vi el encabezado, bajé y bajé y me topé con el subtitulo: “Oscar (23)” ¡era mi historia! Habían compartido mi historia y lo había compartido una de las personas bisexuales que más admiro.

Obviamente lo que Zane publicó, fue un extracto de lo que yo le escribí. Pero el testimonio que apareció en el portal de Men’s Health, decía lo siguiente.

OSCAR (23)

El proceso de no solamente aceptar mi identidad sexual, sino también de asimilarlo fue algo lento. Realmente no hablaba mucho sobre mi sexualidad. Cuando ingresé a la universidad, en algún momento probé los servicios que la escuela le proporcionaba a los alumnos: dentista, nutriólogxs, y al final me dirigí con el psicólogo. Realmente no sabía que tenía problemas con aceptarme, hasta que platiqué al respecto. Resulta que era algo que me estaba afectando en mis interacciones sociales y mis relaciones personales. Le compartí [al psicólogo] que temía ser rechazado por mujeres y hombres. [Le dije] que no quería salir porque sentía que muy en el fondo, la voz de mi amigo en la secundaria —que me dijo que la bisexualidad no existía— estaba hablando.

Tuve un par de citas más y al final decidí que saldría ante el mundo. Hasta calendaricé mi salida de clóset para que fuera el día internacional de la bisexualidad [23 de septiembre]. Recuerdo que el psicólogo me dijo “Si a la gente no le gusta el hecho de que puedes tener sentimientos hacia hombres y mujeres, entonces no están dispuesto a quererte en tu totalidad, y pues, esa persona no es la indicada, porque habrá alguien más quien sea capaz de amarte por lo que eres”.

El apoyo psicológico como guía

Creo que a veces subestimamos el poder de las palabras. Así como por mucho tiempo creí las palabras de esa persona que yo consideraba mi amigo que me hizo dudar de mí mismo, fue a través de otras palabras que salí de dudas. Siempre pensé que lo que el psicólogo hizo a través de una plática, fue escuchar y hacer las preguntas indicadas que me inducían a una introspección para rastrear el posible origen de mis temores actuales. Nunca habría pensado que el comentario de un amigo era el motivo del por qué yo no terminaba de aceptarme. Y recuerdo que al llegar, yo venía con la idea de que tal vez era bipolar, pero no, simplemente no estaba aceptándome.
Hoy puedo escribir que mis temores eran absurdos, seguí saliendo con chicas y chicos, nadie me ha atacado, sino todo lo contrario, ha sido un camino ameno con el que me he podido relacionar con personas extraordinarias. Ese paso que di, ha hecho que hablar sobre la bisexualidad sea un tema común para mí y que no temo hablar de ello porque es algo que soy. Me parece que todo recae en el mayor de los clichés: “la fidelidad a uno mismo”. Ser fiel a lo que deseas y enfrentar el sentimiento de miedo y culpa. Porque no hay de qué sentirnos culpables, porque si acaso, una de las cosas que sucedió es que al abrirle la puerta a mi bisexualidad, me di cuenta que viene acompañado de nuevos retos pero también, de personas que seguirán apoyándome en esos retos.


¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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PD: Se fue el mes de septiembre (BiMonth o mes de la bisexualidad) y no escribí tanto en mi blog como me habría gustado, pero tengo todas las intenciones de entrarle al blogtober y escribir un post al día por todo el mes de octubre, así que aún hay mucha bisexualidad de qué discutir.

N. M. D. [Poema]

Este semestre estoy llevando una materia acerca de nuevas narrativas, en donde hemos visto formas narrativas, tipos de narradores y comparación de los tipos de cuentos. Analizamos cortometrajes, canciones, películas, cuentos, fotografías, ilustraciones y alguna que otra cosa más que estoy seguro se me está escapando en este momento. Entre uno de los trabajos finales que nos pidieron para la clase es hacer una adaptación. Podían ser reinterpretaciones de cuentos, o una obra de teatro a partir de una canción, o canción a partir de un cuento; el caso es que las posibilidades eran extensas. No sabía de qué lo iba a hacer, al final me decidí por una canción de un álbum que mi roommie me había compartido hace poco. La artista se llama Hope Tala y la canción se titula “D. T. M.”, abreviaturas de Don´t tell me. La canción explora una ruptura y como una de las partes recrimina a la otra al decirle que es insensible y que no le duele, cuando en realidad la voz narrativa asegura que el proceso también le duele y le está afectando. No soy bueno con la poesía pero quise escribir un pequeño texto para el vídeo que haría, ambos basados en la canción “D. T. M.”. Les adjunto la canción al final de este post y algunas de las fotos del día que grabé el vídeo con una amiga de teatro y su amigo. El clip ya casi lo termino de editar y en cuanto lo suba, se los comparto. Realmente me la he pasado muy bien al adaptarlo.


N. M. D.

No me digas que mi café se enfría,
que aquel globo voló alto.
que este sol no te quema,
que las lágrimas no arden o
que esa mordida no te envenena.

No me digas que aún tienes esa flor seca,
que la has dejado pudrirse entre páginas,
que las palabras te respiran al oído,
que se arrastran sobre el polvo,
que clavan sus colmillos y construyen nidos.

No me digas que los abrazos no terminan,
que las manos y los huesos crujen,
que los pies se doblan y tambalean,
que te secas sobre tu propio tallo
que baila y grita para que todos lo vean.

No me digas que el día es eterno,
que nuestras sombras alumbran la noche,
que los búhos y murciélagos aman el día,
que mis secretos vuelan y
que no escuchas lo que predice mi melodía.

No me digas que los profetas se equivocaron,
que podemos cambiar las cartas del Tarot,
que si la muerte, la torre y el diablo,
que el final ha llegado y
que mis palabras no te llegan cuando te hablo.


PD: Para la clase de literatura inglesa haremos un trabajo audiovisual también. Una amiga y yo adaptaremos el cuento de la escritora anglo-irlandesa Elizabeth Bowen “La amante del demonio”, contextualizado en México.


¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

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¿Existen las buenas maneras?

Las buenas maneras

El presente texto busca explorar una posibilidad interpretativa de lo que se desarrolla en la pieza dancística Las buenas maneras, partiendo de la premisa que propone su sinopsis: “El espectador completa lo que en escena sucede, crea junto al intérprete”. Las buenas maneras sigue el hilo conductor que define a Antares Danza Contemporánea, en donde propone hacer una (re)visita a la dimensión pasional y animalesca del “alma humana”. La pieza inicia desde que el público ingresa al auditorio: tres bailarines sentados sobre las braceras de las butacas, observan y parecen juzgar. Mientras la audiencia se acomoda, los tres parecen escanear la sala lentamente y en el escenario entran y salen otros bailarines que caminan tan rígidamente que parecen marchar. Llegado el momento, los que se encuentran entre la audiencia, se paran sobre las braceras de los asientos, misma mirada. Cuando los tres que se encuentran debajo suben al escenario, el espectador habrá visto ya una sinopsis de la obra, en donde los juicios del observador expondrá la supuesta moral del mismo. 

Para hacer la lectura de la obra, me apoyo en una referencia que me parece pertinente a la temática que Las buenas maneras explora. Me refiero al prefacio escrito por Oscar Wilde para su libro El retrato de Dorian Gray. Un texto atemporal que en su momento describió una realidad de finales del siglo XIX. Entre las muchas frases citables que tiene el prefacio, elijo el siguiente para conectarlo con la obra que Antares propone: “Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida”. Wilde al escribir sobre el artista, los críticos y el espectador, pone sobre la mesa que la moralidad no habita en la obra en sí, sino en quién lo observa. La vida es diversa y cada sociedad suele establecer lo que para ellos son “buenas maneras”, así como las conductas básicas para la interacción entre los individuos que la conforman. Pero hasta la fecha, la humanidad se sigue dando de golpes al ver que por más avances científicos y tecnológicos que haya conquistado o que esté en proceso de conquistar, aún no logra domar la animalidad intrínseca en sí mismos. 

Los bailarines en un inicio parecen seguir una rutina, un engranaje mecánico que debe seguir y cuando un bailarín tambalea, duda o cae, la estructura social no hará nada para readaptar a ese individuo, sino que el bailarín deberá ser quien por sí sólo se adhiera de nuevo. Esta rigidez no es tan fija como parece, nuevas tendencias y expresiones son adoptadas con el paso del tiempo de la obra, pasando de faldas y tacones a sacos, pantalones y zapatos. El vestuario resulta esencial porque finaliza en una individualización y mezclando las prendas protípicamente femeninos y masculinos, resultando en una serie de híbridos en donde el género pasa a un plano indistinguible. Algo importante de resaltar es que el color rojo que simboliza entre otras cosas, el erotismo y lo sexual, se encuentra en el interior de las faldas y sacos, y en la base de los tacones. El rojo es el instinto sexual que se esconde y se reprime, ya que la sociedad no te permitiría mostrarlo, por no ser un acto de “buenas maneras”. Una de las secuencias que ilustra esta vorágine social es cuando entre varios levantan a una bailarina que parece rehusarse a la transición de atuendo falda-tacones a pantalones-zapatos. Este fragmento de la obra muestra la nostalgia, negación, violencia y adoctrinamiento. La estructura social, a través de la fuerza, obliga a sus integrantes a la adaptación de la mayoría dominante. Las vestiduras de la bailarina son removidas y ante su mirada de angustia y lucha para no ceder, termina formando parte del tumulto.
Además de la represión, un elemento que se repite a lo largo de la obra y que conforma la parte climática de Las buenas maneras, es el instinto, lo carnal y primitivo. A pesar de que las estructuras dancísticas absorben a sus integrantes, había a lo largo de la obra, algún integrante intentando reprimir los movimientos que sugieren el acto sexual o salvajismo. No es hasta en la parte caótica del final en donde parece haber cierta liberación y en donde los atuendos cambian, los pasos militarizados quedan reemplazados por pasos extensos y saltos. Mientras esta hibridación del vestuario sucede en el fondo; en  el primer plano, sobre un área verde con pasto, que no había sido explorada en toda la obra, hay dos personas con sólo ropa interior y tacones. Cuando estos cuerpos ingresan al pasto, ambos quedan en un plano distinto, un espacio en donde las vestiduras no existen, donde las apariencias y las máscaras no están. Ahí en el pasto conviven dos cuerpos, dos animales que retratan lo primitivo del ser humano, que se retuercen, se tocan y exploran. Esta secuencia resulta cruda y crea un fuerte contraste con el inicio de la obra. Es ese el momento en el que se prueban las supuestas verdades y en donde el espectador queda aún más expuesto que los bailarines sobre el pasto, aunque todo desde la seguridad del imaginario propio, donde nadie ve lo que por nuestra mente pasa. Las buenas maneras cuestiona si realmente existen “las buenas maneras”. Una pieza que no concluye al apagarse las luces y cerrarse el telón, sino que sigue en el escenario mental. En un tiempo de censura y represión, a través del arte y el símbolo, Antares propone que el público visite sus propias censuras y represiones. Y ya para concluir, me apoyo una vez más del prefacio de Oscar Wilde para contestar a la pregunta que este texto lleva por título; Wilde anota que “La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar”.

Te lo mereces

Anoche me preguntaste si te quería y no supe responder.
Te vi a los ojos, porque mereces que te vean.
Me permití ver tu futuro a través de ellos, y pensé que merecías ese tiempo para recorrer el mundo.
Y en cada ciudad, en cada cuerpo de agua y tierra por caminar, me vi a tu lado queriendo contestar esa pregunta, porque mereces que te la conteste.
Te diste la vuelta y te llevaste la sábana. Ahora se que nunca lo sabré.
Cada vez descubro algo nuevo en qué y cómo quererte, te quiero en azul y verde, sobre viñedos y sal, en páginas y lágrimas, en las imágenes y los sonidos, entre polvo y sonrisas. Porque te mereces el mundo.
Y siempre habrá rincones por pisar, bestias por domar, brebajes por beber, dioses por adorar, círculos por romper, listones por amarrar, y enjaular todo ese infinito en un “sí”… créeme, amor, no te lo mereces.

No rechace su confusión, señora

El sábado 26 de octubre, a eso de las 6:40 pm, estaba repartiendo programas para la presentación que habría del grupo de Núcleos de Antares. Caminaba alrededor de la puerta y le decía a la gente que iba entrando “¡Hola! ¿viene al evento?… bien, aquí le doy el programa… bienvenido” y les sonreía, la combinación de palabras variaba pero las palabras en sí, eran las mismas. Seguía caminando, cuando a ratos notaba que empezaba a seguir a alguien de manera psicótica para ver si ya tenía un programa. Me di cuenta de lo ansioso que estaba. Seguía dando vueltas como perrito atrapado, cuando llegó la muchacha que me orientó hacia mi tarea como voluntario “Ya es hora, ven”, me dijo mientras me indicaba con un ademán de que me acercara a la entrada para recoger boletos.

La primera presentación se llevó a cabo en el lobby del teatro, los intérpretes iban con pantalones de mezclilla y camisas/playeras blancas. Los veía mejor desde el lugar en el que me habían movido. Mientras observo a la gente, tanto a los que bailan como a los que no, siento como una señora se me acerca y la oigo murmurar algo, me había dirigido la palabra pero no la había escuchado. Luego de haberle pedido que me repitiera, si no me falla la memoria dijo algo como “Qué raro, ¿verdad?”. Opté por decirle “¿Qué cosa?”, aunque sabía que tendría algo que ver con lo que estábamos viendo. “Pues la danza, este tipo de presentaciones sólo me confunden y no las entiendo”, dijo con un gesto entre molestia y reproche. Le dije que su confusión era válida, pero que no la diera por sentado, que al contrario, buscara y hurgara dentro de esa confusión. Le comenté que las interpretaciones pueden partir de los gestos faciales de lxs danzantes, de los movimientos, el vestuario, los colores y hasta del título de la pieza. “No rechace la confusión, yo por ejemplo, veo el mar con la mezcla de colores entre azul marino y blanco… sus movimientos me recuerdan a las olas. Pero eso es sólo una interpretación que parte de yo querer ver una imagen”. Recuerdo que le comenté que su interpretación es válida, que la confusión no tiene nada de malo, pero que si decide quedarse ahí, en lugar de explorar esas dudas, se podría estar perdiendo de mucho.


PD: Creo que este Blogtober no salió como lo esperaba, pero al menos tengo algunas notas interesantes sobre la dinámica que pienso compartir,

9 preguntas, 9 respuestas en 9 pasos

Hace unos días una amiga publicó una historia en Instagram preguntando si había algún(a) bailarín(a) que le pudiera ayudar a contestar unas preguntas. Le pregunté si era necesario tener una formación dancística, a lo que ella me contestó que no. Me ofrecía a ayudarle. Durante el día de hoy me mandó las preguntas y a penas hace un momento se las mandé de regreso. Se los comparto, ya que hubieron algunas preguntas que me hicieron pensar en el camino que he tenido con la danza.


¿A qué edad iniciaste en el baile?

Desde pequeño, tengo muy claro que a mi mamá le gustaba/daba risa cómo bailaba. En ese entonces me gustaba mucho bailar la de “Más que tu amigo” de Marco Antonio Solís (en ese entonces tendría entre 6 u 8  años), una canción que mi mamá escuchaba mucho. Yo bailaba por gusto. Un día me hizo que bailara esa canción en casa de un tío en donde me vieron mis primas, primos, tía, tíos y no se quién más. También les gustaba/daba risa. Si algo noté desde esa vez, es que siempre buscaba crear una imagen. Esa canción tiene una parte que dice “en esta noche no hay más luna”, recuerdo que con mis brazos y manos, hacia movimientos circulares, aludiendo a la luna. No pensaba en el movimiento, sino en la imagen, lo demás lo resolvía mi cuerpo.

¿Por qué bailas en la actualidad?

Lo sigo haciendo por gusto. Nunca he recibido una educación dancística, pero siempre he bailado. Aquella ocasión que bailé en casa de mis tíos, algunos primos se rieron de mí, yo seguía bailando en mi cuarto y en la casa. No fue hasta en mi primer año de secundaria, entre cuatro y cinco años después de haber bailado en casa de mi tío, que volví a bailar a mi manera (descartando los bailables escolares). En esa ocasión fue para una calificación para mi clase de artes (estaba en otra etapa y escuchaba otra música: en esa clase bailé “Pose” de Daddy Yankee). Sigo bailando porque la danza ha sido un espacio que considero íntimo, es en donde conecto con la variedad de personalidades que fui, soy y busco ser. Actualmente, esta semana ha sido mi primer semana en Núcleo Antares, porque estoy en otro momento y esta vez deseo juntar lo que he hecho desde chico, con algo de técnica para ya no lastimarme al bailar y así prolongar el tiempo de baile a mi cuerpo.Ha sido un proceso de conocer géneros y explorar los movimientos de mi cuerpo.

¿Crees que la danza tiene su propio lenguaje?

Sí, creo que es el movimiento. Su pincel o su pluma, es el cuerpo mismo, porque pues al final de cuentas es a través del cuerpo en donde se genera y proyecta el movimiento.

¿Expresas sentimientos al momento de bailar?

Prefiero decir que son imágenes. La imagen como algo que te provoca a pensar en una secuencia. Como el ver un fotograma o pintura e imaginar el movimiento, la situación y el querer interpretar qué siente la persona o que está sucediendo en la escena ahí retratada. Eventualmente estas imágenes serán catalizadores a ciertos sentimientos, así que yo creo que sí hay algo de expresar sentimientos.

¿Qué sentimientos crees que tienen más protagonismo en la danza?

Los mismos que se proyectan en otras disciplinas artísticas como la literatura, la pintura o el cine: el miedo, el amor, la angustia, la felicidad, el orgullo, el poder y la debilidad, la vida y la muerte.

¿Qué sentimiento te resulta más fácil de expresar al momento de bailar?

El sufrimiento, con la música indicada, ya que es algo tan cotidiano y algo con lo que todos nos podemos conectar. Es un sentimiento indiscriminatorio, algo de lo que nadie puede escapar.

¿Qué tipo de movimientos utilizas para expresar ese sentimiento?

El apretarme y querer arrancar algo de mi piel (o arrancarme la piel), algo que no quiero tener y que se pega a mí, y yo sólo intento quitarmelo. O a veces es el alcanzar algo que se me escapa. No había caído en cuenta que el sufrimiento surge del deseo a algo: deseo de quitarme algo, de alcanzar algo, y esto, al no ser cumplido, provoca sufrimiento. 

Cuando haces esos movimientos ¿piensas en algún color? Si es así ¿cuál es?
No exactamente, pero pienso que el color es un catalizador importante que influye en el movimiento. A veces sí tomo en consideración el color de lo que traigo puesto, porque a veces me apoyo en ello al momento de bailar. Nunca será lo mismo bailar de noche o de día, con una playera blanca que con una camisa negra. Veo al color como  un escalón que me acerca a generar la imagen, pero el color como algo explícito, que está ahí, a diferencia de la imagen, que es algo que yo debo dibujar y que a veces llega al espectador y otras no.


PD: La danza es algo que atesoro y que a través de ella he logrado accesar a ese lugar al que las personas dejan de visitar cuando crecen. Es un espacio en donde soy yo y no soy nadie.

PD II: Esto ha hecho que me den ganas de entrevistar a gente…

Aplaudiéndole a los peces

Estos últimos días han sido algo apresurados, y es que han acontecido tantas cosas en tan poco tiempo que hasta parece que este 2019 condensó todo para lo último del año. Cosas que no esperaba, como el que de mis labios salieron las palabras “mi novio” o que mi cuerpo pisara el aula de Núcleos Antares. Sin duda, es lo primero lo que ha ocupado la mayor parte de mi tiempo. A mediados de agosto, alguien me dijo “No le aplaudas al pez por nadar”, la misma persona a la que hoy le contesto sus “¿Me quieres?” con un “Siento que te puedo querer más”.


¿Por qué te sorprenderías del cariño de una madre? Es lo que ellas hacen, ¿no? ¿Por qué apreciar ese abrazo, ese apoyo y esas palabras de ánimo? Es normal, me dices, eso hacen las parejas. Y sigo pensando porque creo que sí es necesario aplaudirle a los peces, aplaudirte.

Como inexperto a la entrega, como niño ingenuo, demonio juguetón y ángel prejuicioso, te comento que entendería por qué los dioses clásicos descendían del Olimpo para tocarnos.

Había visto nadar a peces hermosos sobre el pequeño canal al que salía a jugar. Me alegraba cuando los veía saltar hacia la corriente, huir de ese estanque en donde los tenía e irse al río que los arrastraba, tal vez a un lugar mejor. Aplaudía. Claro que hubo peces con los que me habría gustado ver por siempre en mi pequeño charco. Cuando esos se iban, yo lloraba. Aplaudía entre lágrimas. Acostumbrado estaba a este proceso que había momentos en los que me metía al agua a patalear y hacer pequeños huracanes, los ahuyentaba y les mostraba el camino hacia la corriente que eventualmente los arrastraría.

Fue después de una rabieta tonta cuando la arena fina debajo del agua empezaba a calmarse, el agua se aclaró… ahí te vi. Tranquilo y sin presunción, nadabas a mi alrededor. Te veía a través del velo acuático, te pateaba y seguías ahí. Brillabas y quise ver tus colores de cerca. Tenía miedo, porque no sabía nadar ni respirar bajo el agua. Dudé. Preferí no acercarme tanto, y mientras otros peces seguían saltando, vi que seguías ahí. Más grande, más bello, tan peculiar. Empezaste a ser necesario y fue ahí cuando quise ser pez. Tu nado despreocupado me calmaba. Un día, sin esperarlo, seguí las ondas de tus aletas y asome mi cara al agua.


Dicen que ya no ven al niño llorar sobre su charco. Ya no lo ven saltar. Pero en el canal se ven dos peces nadar, los mismos que a veces se van a nadar en el río y en el mar. Siempre regresan a ese pequeño oasis.


PD: Por estar enseñándome a nadar, por eso te aplaudo, B.

Notas de un cumple

El otro día estaba pensando en el cumpleaños ideal. Para algunos esto tal vez implica reunirse en familia en una cálida cena y para otros es tener una peda/borrachera masiva en donde no sepas nada de ti al final de la noche. He tenido ambas experiencias y aunque me la paso bien en ambas situaciones, he pensado que no me ubico mucho en ninguna de las dos. Así que últimamente he reflexionado acerca de cómo sería la dinámica de festejo idónea.

Este bosquejo parte de mis gustos personales. Me da la impresión que los cumpleaños deberían condensar los múltiples gustos que tiene una persona. Está descripción está viva y podría cambiar según mi estado de humor, pero hasta ahorita, la noche de cumpleaños:

  • Tendría que ser en un espacio amplio
  • Deberá haber un equipo de sonido potente
  • No habría sillas ni mesas, sino un área con sábanas y cobijas para tirarse en el suelo
  • No habría comida (porque qué hueva lidear con comida)
  • Las bebidas tendrían un área reducida en donde más que alcohol, deberá haber bebidas hidratantes, sueros y agua
  • Habría un lugar especial para depositar las latas
  • Habrías muchas gomitas de ositos y gusanos
  • Habría luces, tal vez no de colores, pero la iluminación deberá ser tenue, lo suficiente para que esté oscuro pero que sirva para que salgan fotos bien
  • La playlist lo armaría yo
  • Es requisito que los invitados propongan y bailen lo que hayan propuesto
  • El regalo de cumpleaños será que todos bailen
  • Se podrá platicar en el área de almohadas y cobijas
  • Deberá haber registros de vídeo con filtros de videocasetera noventera
  • Se aceptará el consumo de alcohol sólo si esto es indispensable para que el asistente se anime a bailar

Wow, voy viendo que mi lista necesita mucho trabajo. Además ¿qué de los amigxs que no les gusta bailar? Tal vez esta lista de cosas sería para una fiesta destinada al fracaso… o tal vez no. Realmente no es algo que me quite el sueño, pero debo admitir que últimamente pienso en el cumpleaños y le voy modificando cosas.

Saben, se nota que sólo quiero celebrar mi cumpleaños mientras bailo. Tal vez quiera bailar con él, o con mis amigos, o sólo… porque cumplir años me pone nervioso y me emociona, pero a mi cuerpo le asusta.


PD: Por eso dicen que escribir es bueno, porque a veces muchas ideas parecen tener sentido y una vez sobre el papel, pierde toda forma. Tal vez yo hice que perdiera su forma, eso podría ser también.

Una charla queer disfrazada de “Teoría de la recepción”

¿Por qué los temas de mis compañeros van acorde a sus clubs de lectura y el mío no?

Hace dos días, Elvis me mandó la imagen del foro de las jornadas de lectura que organiza la Biblioteca Fernando Pesqueira en mi universidad. Anteriormente publiqué una entrada en donde escribía acerca de cómo mi club de lectura, por tratar temas LGBT+, fue reubicado a otra biblioteca, diciendo que “los de artes son más abiertos”. Tiempo después supe que en realidad, quien coordina los eventos de la Biblioteca Pesqueira, que es donde se llevan a cabo todos los demás clubs de lectura, no quería “Arruinar todo el trabajo que llevan hecho” por incorporar temas como la diversidad sexual. Esto me sorprendió y hasta la fecha no he discutido al respecto con la coordinadora. Siendo muy honesto, le tengo cariño y respeto a la coordinadora, y entiendo que su opinión parte de un conservadurismo que (perdonen la generalización) suele caracterizar a los de su generación. Listo, lo dije.

Debemos hacer todo parejo, ¿no?

La imagen del evento, muestra a otros dos de mis compañeros que tienen un club de lectura; el de Ramón, sobre etnias sonorenses y el de mi amiga Elvis, que es sobre mujeres cuentistas. El mío se trata sobre el cuento “Lucy y el monstruo” de Ricardo Bernal, que aparece en el libro de lecturas de quinto grado de primaria de la Secretaría de Educación Pública en México. A finales del año pasado, este texto se vió envuelto en una polémica a raíz de un tweet que lo juzgaba como “pederasta”.
Pero la pregunta aquí es ¿qué tiene que ver ese cuento con mi club de lectura LGBT+? La verdad: nada. O al menos, eso pensé. Recordé que ese proyecto lo hice en colaboración con otra compañera. Cuando le planteé la idea, ella se mostró muy entusiasmada. Ese semestre, nuestro trabajo nos aseguró una buena nota en esa clase. El caso es que para presentar ese texto, tomamos de la teoría de la recepción ¿De qué trata esta teoría? En muy grandes rasgos: sobre el papel que juega el lector al rellenar los huecos o rasgos implícitos que contiene un texto. Estos vacíos se verán complementados por parte del lector, mismo que tomará de sus lecturas previas, experiencias personales y todo el bagaje necesario para armar y completar la lectura. Esto implica una reflexión de cómo leemos, juzgamos y asimilamos un texto, o en este caso, ideologías y formas de vida diversas. Pero más que nada, este tema se presta a poner bajo el foco, los prejuicios basados en experiencias o adopciones de modos de pensar que pasan de generación en generación.

Despacito para que nadie se moleste

La realidad es que tuve suerte. El año pasado participé en una edición de este evento, sólo que en aquella ocasión había leído “El corazón delator” de Edgar Allan Poe. Recuerdo que la audiencia estaba fascinada y yo junto con ellos. Tal vez la coordinadora busca que replique algo así, y espero hacerlo. Mi deseo no es irrumpir sino buscar de la manera más amena, las preguntas que lleven a la reflexión. ¿Qué caso tiene seguir sacándole la vuelta a temas tan a flor de piel en nuestra sociedad? Los temas de género están a la orden del día o por lo menos, deberían estarlo. Temo que los prejuicios de los adultos, tenga repercusiones en los más pequeños y que esas creencias se prolonguen. Pero he visto casos que me hacen creer lo contrario, que ahora los niños crecen con una mayor gama de plataformas que promueven el respeto al otro. Es por eso que me parece crucial el llevar a padres e hijos, a dialogar sobre la diversidad sexual, temas de género, violencia y la importancia del respeto.

Entiendo que tomará tiempo, pero quiero pensar que esto sólo es un paso para que se abra más el espectro para que haya debates densos que sean generados en las bibliotecas ¿y saben que me da gusto? que todo este “diálogo” surja a través de la literatura, a través del arte. No es imposición política, ni ideológica, sino que lo veo más como un estímulo a conversar y visibilizar a eso que se empeñan por ignorar o reubicar.


PD: Espero tener la sabiduría de emplear bien mis palabras, las imágenes y todo lo necesario para que mi mensaje sea recibido de la mejor manera. Porque hace falta hablar de estos temas, no se puede seguir como si no estuviera pasando nada, como si mañana el 10 de octubre del 2019, no vaya a haber una protesta pacífica a favor del matrimonio igualitario. Porque hay movimientos diversos que la literatura puede introducir.

PD II: Una amiga que tiene el club de lectura de literatura erótica ni siquiera se presentará. This one is for you too, G.