12 cursos gratuitos sobre arte para sobrellevar la cuarentena

El día de ayer se diagnosticó el primer caso de coronavirus en la ciudad donde vivo. Realmente no fui consciente del pánico que se puede generar hasta que salí a comprar huevos a un supermercado cerca de mi casa. Las filas eran largas, la gente caminaba a prisa entre los pasillos y había un caos omnisciente en el lugar. Las clases se suspendieron antes del tiempo previsto. Las personas nos hemos quedado con algo de tiempo libre, y si bien el #QuédateEnCasa no es posible para todos los sectores sociales, es importante tomar precaución.


Ante esta problemática, muchos museos han hecho un excelente trabajo por brindar una mayor accesibilidad a recursos digitales de su acervo cultural, así como una mayor productividad de contenido para abastecer sus plataformas en redes sociales. Decidí concentrar los cursos que me he encontrado en internet en un solo post, de instituciones como la UNAM, el Museo del Prado y el MoMA. Es importante llevar un registro previo en las respectivas plataformas donde se ofrece el curso (Moodle, Coursera y Miriadax) y dar clic en inscribirte sin necesidad de pagar la certificación del curso para llevarlo de manera gratuita. Si sabes de otros cursos en línea disponibles, escríbelo en los comentarios y hagamos más llevadera nuestra espera.


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*guiño, guiño* – No. 11

Admiro a las personas por las habilidades particulares que llegan a tener, y en muchas ocasiones me he enamorado de quienes suelen tener un atributo que deseo tener para mí. Es posible que siga confundiendo admiración y amor, pero creo que hay un terreno pequeño o grande, no sabría decirlo, en donde estos dos aspectos habitan. Hay un gesto que si bien no he analizado a profundidad, me parece una acción de la cual no cualquiera puede autodenominarse “bueno” o “buena” al hacerlo. Me refiero al guiño, ese pequeño pero poderoso gesto que puede invitar a la complicidad, la picardía o al coqueteo.

Puedo recordar a diferentes personas de las que admiré por la agilidad de sus guiños: la mamá de una amiga, una mentora, mi maestro de química, el maestro de español, la vecina y la señora que empacaba el jamón en la tienda departamental. Tal vez estas personas no piensen en el impacto de un guiño, es más, no creo que piensen que aquel chico al que le guiñaban, está escribiendo sobre ello en un pequeño espacio del internet.

Pienso en mis reacciones al ver ese minúsculo movimiento facial: sonrisa nerviosa, la idea de caerle bien a esa persona e inmediatamente pensar que yo no podría hacer algo así. Algunos años después, hoy considero que sí lo podría hacer. La intención de esto no tendría otra más que la idea de haber logrado dominar un pequeño gesto que me parecía divertido e inalcanzable.

Este gesto me hacía sentir que trataba con alguien de gran carisma, que en la mayoría de los casos, era cierto. Eran personas donde la sonrisa, era una constante.

La práctica de este gesto me hace pensar si mis ojos un tanto rasgados por mi ascendencia asiática, ayuden a hacer notorio este gesto ¿Debería añadir un ligero movimiento de cabeza? ¿No estaré cerrando mucho el ojo contrario? ¿Debería aprender a cerrar tanto el ojo derecho como el izquierdo? ¿En qué momentos sería indicado hacer este gesto? ¿Estoy listo para sentirme incómodo?

Tal vez el guiño tan espontáneo que admiré de estas personas, no me salga igual. También creo, justo ahorita mientras escribo esto: es probable que me tope con nuevos hilos narrativos. Espero que sean anécdotas agradables, supongo que el tiempo dirá:

Notas sobre la exploración de materiales en el arte – No. 10

Hoy tuve una sesión del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo (PAAC) en donde el artista invitado, Irak Morales, nos platicó acerca de sus procesos creativos. Esta entrada recopila notas dispersas de la charla. Algo que resalto de esta reunión fue la manera en la que se discutió el material que decide usar el artista al momento de crear su obra. Una compañera comentó sobre la posible transición a las artes digitales, a lo que Morales le respondió que aun en ese tipo de circunstancias, los minerales necesarios para un dispositivo electrónico, siguen extrayéndose de una mina y no puede haber una “mina digital”. Básicamente es aceptar que todxs estamos suscritos a un modelo de producción y que lo más sensato es ver cómo navegamos en él, y cuestionarnos el por qué elegimos ciertos medios y materiales.

Para relacionar la diversidad de medios en cuanto a la elección representativa de una idea, les dejo este video de una de residencia del artista Irak Morales.

Resultados de la primera edición de residencias L.I.C, en colaboración con irak morales, se muestra la exposición ELECTROLOC*S en donde hubo piezas, instalaciones, collage, diseño sonoro, performance y más.

Ver una obra creada con materiales con los que el artista está relacionado, me hace pensar sobre su visión de lo cotidiano. “Donde vivo, trabajo”, comenta Morales, y me parece que tener la cotidianidad de cerca te orilla a encontrar diversas asociaciones y discursos. El mismo artista dice que a él le funciona tener libretas pequeñas de 10 pesos que pueda tener en distintos puntos y con la facilidad de traerlas consigo. Gracias a esto surge la pregunta ¿De qué manera generamos nuestra producción artística?”. Algo que me llama la atención de la exposición ELECTROLOC*S, son los medios que Morales elige: hay collage, escultura, piezas sonoras, performance. El es consciente que las características de sus exposiciones “no se prestan para un museo”, pero tampoco niega que el artista entra a la dinámica de producción: me pagas-produzco (o viceversa). Creo que estas piezas terminan por generar un diálogo sobre la experiencia estética del arte y es ahí donde surgen las posibilidades del cuestionamiento.

Irak Morales tocó el tema de tener la libertad de explorar cualquier cosa, refiriéndose a materiales y medios. Considera que el arte genera demagogia sobre la misma idea de “lo artístico”. Propone explorar las diferentes salidas de la práctica artística, considerando cómo resolvemos nuestras obras desde aspectos como la edad, estatus socioeconómico y lugar de producción. Es como repensar la poesía más allá de las letras.

Cuestionamientos

Escuchar a Irak Morales fue como un movimiento oscilatorio entre la visión en la que a veces pienso y que él mencionó: la especialización. Desde mi bagaje actual, opino que sería genial aprender una técnica y especializarme, pero de manera que esto no implique un cierre explorativo de otros medios. No estoy seguro de qué tan pertinente es contrastar las ideas de Avelina Lesper con Irak Morales, pero es interesante cómo chocan en mi cabeza, porque si lo llevo más lejos, me parece que son ideas diferentes sobre el quehacer artístico (?). Desde hace unos meses estoy considerando el entrar a la escuela de artes plásticas, pero pienso en la nula producción visual que tengo, y las charlas como las de hoy me hacen repensar una postura artística a través de la exploración de materiales.

Avelina dice que el arte es inútil, Morales comenta sobre la idea de que el material de sus obras pasen a ser basura (que la pieza quedará luego de un registro de video o foto). Pienso en la pieza del año pasado que me da miedo enfrentar, que por ese motivo ni siquiera fui a recoger del museo. Eso me lleva a hacer la pregunta del cómo generé esa obra y como pienso generar obra en el futuro.

Otras preguntas:

¿He explorado suficientes medios para lo que quiero decir?

¿En qué me aportarían esas exploraciones? ¿Deben aportarme algo?

¿Estoy creando asociaciones entre mi realidad y mi obra? ¿Estoy siendo obvio con esas asociaciones?

¿En qué medida estoy condicionándome en pensar mi obra como algo adaptable para un espacio de museo? ¿Debe ser así? ¿Por qué?

Mi propuesta discursiva era mostrar ciertos oficios que suelen ser de “emergencia”, por ejemplo, mientras vendo mi pieza, pues también vendo jugos o tatúo en mi caso” comentó Irak.
Nota en zonadocsmx

Cartas y caminos – No. 9

Fue en mi cumpleaños 25, era una caja pequeña de la cual ya intuía lo que había dentro: Un juego de cartas, mi primer tarot. El diseño era algo anticuado y la impresión era muy austera, di las gracias. Las observé y leí el “manual” que venía con las cartas. El librito empieza con su primer apartado introductorio “¿Qué es el Tarot?”:

El tarot es una baraja de 78 cartas, que se emplea para la adivinación, para la meditación en la practica de la magia ritual, y además como poderoso agente psicoterapéutico en el análisis y consejos psicológicos.

Hay algo magnético y fascinador en el Tarot, No hay dos personas que reaccionan del mismo modo frente a estas extrañas cartas, pero lo que no cabe duda es que nadie olvida la primera vez que las ve, o que se sientan como consultante a la mesa de un intérprete experimentado. Sirven para analizar la mente, el espíritu. Sacan del subconsciente temores y angustias.

Me acerqué a las cartas por un mero juego. Alguna vez estaba sintiéndome como un payaso, así que tomé las cartas de la baraja española e hice como si le fuera a “leer” las cartas a mi mamá. Al terminar, ella pensó que mi lectura había sido acertada. Ahora que lo pienso, creo que es algo de esperarse, considerando que es mi mamá y que la conozco de cerca. El caso es que mi mensaje resonó en ella. A esto le siguieron otras ocasiones esporádicas de lectura, luego serían lecturas con mi hermana también. Entre juego y juego, en ese cumpleaños me regalaron mi primer tarot.

Quise escribir sobre esto porque ayer hice una lectura de cartas en donde posiblemente tenga una retribución económica. Algo que no planeaba que pasara. Antes de esto, había hecho lecturas por mera diversión, a mis familiares y amigxs. Recuerdo haberle hecho una lectura a mi ex. Una vez hasta leí las cartas en una cita.

No se si mi interés por las cartas de Yu-Gi-Oh sean un antecedente a la manera en la que me llama la atención el Tarot. Ni siquiera he pensado si habrá un recorrido de aprendizaje. Tal vez solo deba seguir adelante, para ver hasta dónde llega este caminito.

Ilustración: @glaciars

¿Qué estarían pensando mis maestrxs de secundaria? – No. 8

El mes pasado, los grupos a los que les doy clase participaron en un concurso de dibujo “infantil y juvenil”, y si no mal recuerdo, el rango de edades era de 8-24 años. La idea de que el año pasado aún tenía la posibilidad de participar en una convocatoria de ese tipo, me emocionó y lo compartí con mis estudiantes. Fue extraño porque de inmediato recordé cuando yo iba en la secundaria. Por eso días pensé si la edad en las que yo les veía realmente se acercaba a la realidad. Recordé lo bonitas que me parecían mis maestras de matemáticas e inglés, el maestro de biología y lo mal que me caía el de geografía ¿Habrán tenido más o menos mi edad? ¿Estarían en sus treintas? Claro que había cosas que en su momento no entendía y que ahora tienen más sentido, como por ejemplo, el hecho de que la mayoría de los docentes venían de Ciudad Obregón o Navojoa… mi ciudad está lejos de donde ellos eran. Hoy se que así es el sistema para el trabajo en escuelas públicas, a veces tú no tienes total libertad de elegir en dónde impartir clase.

Hace un par de días discutía el tema de las generaciones con dos amigxs. Hablamos de cómo el contenido que consumen las nuevas generaciones, se nos empezará a hacer más y más ajeno, a menos que convivamos de cerca con ellos.

Pensé en la vez que una persona me decía que le gustaban las películas clásicas, y que al preguntarle cuáles, contestó: “¿Y dónde están las rubias?”, la película del 2004. No me esperaba esa respuesta.

Hoy se me acercan estudiantes para mostrarme sus dibujos, y empiezo a hablar como un lunático que viene del futuro para advertirles “¡Eres muy buenx! No lo dejes de hacer. Yo tenía la costumbre de dibujar en las orillas de mis libros y en mis notas, hasta que un maestro me dijo que lo dejara de hacer. Tú no lo dejes, ¡sigue!”. Lo digo con desespero, y a veces siento que lo digo hacia mis adentros, con una pasión tan grande que desearía que mi voz dejara escapar un hilo audible de mi grito para que el Oscar que dibujaba en sus clases de Historia Universal en la secundaria, nunca lo deje de hacer.

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Resiliencia – No. 7

El abuelo

Visité a mi abuelo en el 2018, casi pierde su capacidad de escuchar y la vista ya la perdió desde hace un tiempo. Su piel es delicada como el pétalo que cuelga de una flor a la que no han regado en 17 días durante el verano. Aún así, no deja de tener una enorme sonrisa en su rostro, que a veces acompaña con una voz fuerte, grave y acogedora diciendo “Mírame, yo estoy bien, y de seguro también tú lo estás”. Me sentía tan fuerte y joven a su lado, pero emocionalmente, sabía que él era más sabio y grandioso. Una vez lo vi llorar, pero ya nadie sabe el motivo de su llanto. Admiro cómo no se rinde, siempre buscando estar limpio, pidiendo que le pongan perfume y su camisa favorita… “Es todo un coqueto ese don Juan”, decía mi tía mientras lo aseaba. Por el otro lado, también estoy en contacto con mi sobrino de cuatro años que sigue creciendo, y me resulta fascinante ver como aprende a sobrellevar sus miedos. Hay veces en la que yo puedo ser testigo de momentos de ese tipo, comparando las cosas a las que le temía y ahora no, o las palabras que no podía pronunciar. Supongo que a veces necesitamos de un pequeño empujón, un comentario, o alguien que crea en nosotros y que nos diga “Todo estará bien”. Mientras esa persona o situación llegue, deseo seguir creciendo, seguir cayendo, como lo hace mi sobrino, intentar sonreír en cada caída, tal y como lo hace mi abuelo.

Esbozo de varias figuras, flores y animal, 1887 Paul Gauguin

Descontentos con lo que consideraban que era el estilo de vida decadente de París, Paul Gauguin (1848 – 1903) and Charles Laval (1861 – 1894) viajaron a la isla francesa de Martinica. En el corto tiempo que permanecieron en la “exótica” isla caribeña, realizaron una serie de exquisitas obras de arte. El viaje tuvo un enorme impacto en sus posteriores desarrollos artísticos.

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Vampiro vaquero – No. 6

Hoy durante una clase, una alumna me preguntó de qué me vestiría en Halloween. Es una pregunta en la que me gusta divagar a pesar de que haya un 99.5% de probabilidad que no ejecute ninguna de esas ideas. Aunque la de disfrazarme de Ariana Grande me agradaba, luego pensé en una idea que haría feliz a mi yo actual, y a mi yo de primaria/secundaria. Sería un vampiro vaquero. Reflexiono en el sonido de la letra “V” en inglés, se pronuncia como /vi/, y así llega: Vivian, un “Vi” de Vampiro y el otro de Vaquero. El sonido de su nombre me conecta a la palabra vena en inglés, vein. Sería Vivian Vein, un vampiro vaquero que habita en el universo de Anne Rice, pero que vive en alguna parte de Sonora o Baja California.

Galoparía sobre un caballo color púrpura galáctico de ojos color blanco mármol. Vein montaría ese caballo proyectando una gran sombra, sin importarle que su capa no combine con su camisa y pantalones negros, sus botas camperas, sombrero negro y su hebilla que tiene una luna tallada sobre el metal… ah, y su amatista incrustada en la corbata de bolo. Vein a veces pasea con su caballo, quien lleva el nombre de la roca en su corbata, pero cuando no lo acompaña, le gusta visitar los parques, bibliotecas y las casas de los lugares que no llegan a los 1000 habitantes.

No lo conozco en persona pero estoy seguro que es alguien cool que baila canciones pop en las fiestas, que hace su mejor intento por bailar cumbias y reggaeton. Habita en las sombras y destellos de las luces de un antro y bajo el secreto de las velas de aceite.

Por alguna razón, siento que sería interesante ser Vivian Vein por un rato, una noche sería suficiente.

Vampyr II, 1895-1902 Edvard Munch

Edvard Munch creó un par de versiones de este tema. Otro título es Amor y dolor, pero fue llamado Vampiro por el amigo de Munch, el crítico Stanisław Przybyszewski. Przybyszewski vio la pintura en exhibición y la describió como “un hombre que se ha vuelto sumiso”, y en su cuello “una cara de vampiro mordaz”.

Munch pintó seis versiones diferentes del tema en el período 1893–95; tres versiones se encuentran en el Museo Munch en Oslo, una en el Museo de Arte de Gotemburgo, otra es propiedad de un coleccionista privado y la última no se cuenta. También pintó varias versiones y derivados en su carrera posterior.

En la litografía que presentamos hoy vemos a una mujer con el pelo largo color rojo fuego besando a un hombre en el cuello, mientras la pareja se abraza. Aunque otros han visto en ella “un hombre atrapado en el torturado abrazo de un vampiro, con el pelo rojo fundido que corre por su suave piel desnuda”, el propio Munch siempre afirmó que no mostraba más que “solo una mujer que besa a un hombre en el cuello”.

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Notas sobre el arte que nos hace pensar – No. 5

Este entrada se compone de una serie de notas que hice durante la charla del Programa de Actualización de Arte Contemporáneo (PAAC 2021), con la investigadora y curadora Helena Chávez Mac Gregor. Las intervenciones de Mac Gregor consistieron en compartir su trabajo como curadora y sus procesos de selección y armado de algunas de sus exposiciones. Empezó su charla mostrándonos una especie de marco teórico de lxs autorxs que ella toma en consideración. Desde el inicio nos plantea: ¿Cómo pensar la estética a partir de la política? o la estética como experiencia política. Se refirió a grandes teóricos y entre muchas de sus referencias, la necropolítica me llamó mucho la atención. Mac Gregor hace referencia al trabajo del filósofo camerunés, Achille Mbembe.

Mbembe ideó la noción de necropolítica como complemento crítico al concepto de biopolítica de Michel Foucault. La idea de que en los Estados contemporáneos el poder se ejerce a través de instituciones disciplinarias que intervienen de manera cada vez más intrusiva en los aspectos biológicos de la población, en tanto que especie, con el objetivo de aumentar la productividad y preservar la vida, claramente excluye la realidad de una buena parte del planeta. En lugares como Palestina o Sudáfrica, argumenta Mbembe, la soberanía se ha expresado no como gestión de la vida, sino como distribución de la muerte, e incluso como la creación de lo que el mismo autor llama poblaciones de muertos vivientes.

Fuente: Nexos

¿Cómo se codificaría la vida a partir de la producción de muerte? No pienso ahondar mucho en el tema porque realmente es algo nuevo para mí, pero aún así, me parece muy interesante. Comentó acerca de la necropolítica en México y su característica por no entender y no querer ver el racismo en el país, debido a que el racismo en México no se despliega de la misma manera que en otros países. Se nos olvida que el racismo fue intrínseco durante la época colonial y que se extiende hasta la estructura capitalista actual.

Helena Chávez Mac Gregor es investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene un doctorado en Filosofía por la UNAM y una maestría en Teoría del Arte Contemporáneo por la Universidad Autónoma de Barcelona. De 2009 a 2013 fue curadora académica del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), donde fundó el programa en Teoría Crítica, Campus Expandido. Actualmente da clases en el Posgrado de Historia del Arte de la UNAM y en el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

A continuación, resalto algunas de las exposiciones mencionadas en la charla.

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Luz verde – No. 4

Existen muchas cosas que siguen ritmos y patrones, son una manera de mantener un cierto “orden”. Hace poco me di cuenta de algo: al pasar por la misma calle y por el mismo semáforo que recorro en mi bicicleta cada que voy al trabajo, noté que si pedaleo a una cierta fuerza y velocidad, alcanzo a llegar al momento justo de mi próximo semáforo sin tener que detenerme. Este descubrimiento se fue ampliando hasta lograr predecir los próximos cuatro semáforos. Los días que le siguieron estuve pensando mucho en lo predecible. Hay muchas cosas que no son tan sencillas de descifrar, por ejemplo, las calles de una sonrisa pueden llevar a muchos destinos o las luces de los ojos tienen matices y una variedad de significados, sin tener que cambiar de color.

Una vez cuando nadaba con un piscis para aprendernos una coreografía, me dijeron “Estás pidiendo permiso en donde ya te lo dieron”. Me sonrojaba, porque ya lo sabía, pero era como esas veces en las que la luz es amarilla y puede que alcances a llegar… puede que no. Tal vez por eso me emociono y catalogo como un gran descubrimiento el saber qué semáforos en rojo me puedo pasar, debido a la distancia/tiempo que toman los autos del otro carril en avanzar en el cambio de luces. Pero debo recordar que las personas no son calles, porque de haber sido así, podría haber visto la luz verde en su expresión, para así acercarme más.

Tal vez la analogía calles-personas, funcione más si nos imaginamos las calles de un laberinto vivo, que está en constante movimiento, en donde las luces no son verde, amarillo y rojo… no, las luces son gris, azul marino, rosa pastel y lila. Me parece que en ese laberinto que ronca y murmulla, los “Altos” dicen “Espera” en un color oscuro de fondo. Las calles tienen luces neón que llevan a los agujeros negros que te tragan en los “hubiera” y te escupen en el “ya pasó”. Porque mientras tus ojos se claven en mis labios, seguiré preguntándome si eso será una luz verde o no.

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Dos clases de ballet y un dolor en las corvas – No. 3

La semana pasada tomé dos clases de ballet ya que mis maestrxs de contemporáneo estaría fuera debido a las presentaciones de la compañía de danza. Fue la primera vez que tomé una clase de ballet y fue genial (?). Mi cuerpo parecía reconocer algunas cosas gracias a las clases de danza contemporánea y aún así era algo completamente desconocido. Ubicaba algunos nombres como el plié, tendu o relevé. Pero había uno que solo conocía como tipo de presentación de un café frío: frappé. Ambos docentes que tuve en cada uno de esos dos días, tenían un carácter fuerte y me daba la impresión de un desespero constante. Tal vez querían encontrar algo o buscaban la manera de mostrarnos cómo encontrar el camino para lograr ejecutar un paso en particular.

Mi elasticidad es algo con lo que estoy trabajando, sobre todo la parte de mis corvas. Cuando uso la bici no suelo calentar ni enfriar, por eso mis corvas están contraídas y tiesas; y lo siento aún más cuando intento estirar. Pero hubo algo interesante en esas clases: sentí una presión estimulante, y no es como que no lo sienta con mis otros instructores, pero aquí fue diferente. Reconocí el largo trayecto que mi cuerpo caminará y que solo con disciplina puedo llegar a acercarme un poco.

Las pequeñas conversaciones con mi cuerpo al momento de estirar, suelen decir: “Muy bien, ya pudiste tocar tus dedos de los pies sin que te duelan tanto las corvas”
“Exhala…y… un… poco… más…adelan-te”
“Ahora, relájate y quédate así”
“Ella ya tiene rato en esto, se paciente contigo”
“A la próxima llega más temprano para que puedas estirar”
“Ándale, ya ves, por no estirar antes de usar la bici”

Intento ser amable conmigo y permitir que el cuerpo me vaya diciendo cómo apoyarlo sin dejar de exigirle un mejoramiento constante.

¿Cuándo podré recostar mi abdomen sobre el suelo al estar estirando?

Definitivamente no será en este Blogtober, pero ojalá sea el título de alguna entrada futura.

Ballet español, 1862, Édouard Manet

Ballet español refleja la fascinación por el arte y la cultura española manifiesta en la obra de Édouard Manet de fines de la década de 1850 y durante toda la de 1860. La exploración por parte del artista de estos estereotipos románticos reflejaba el exótico atractivo de las cosas españolas que resultaron tan populares en Francia hasta la década de 1830. En 1862, Manet quedó cautivado por la compañía de bailarines españoles del Teatro Real de Madrid, encabezada por el veterano bailarín principal Don Mariano Camprubí, que ya había entusiasmado por primera vez al público parisino en 1834, bailando boleros. Durante esta época, Manet consiguió que varios bailarines principales de la compañía posaran para él en el estudio de su amigo Alfred Stevens. Esto dio lugar a la realización de varias pinturas de temas y artistas españoles, incluyendo esta obra que muestra a los principales bailarines del Teatro Real de Madrid en el escenario, como si estuvieran en pleno acto.

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Una mariposa en la llanta de mi bici – No. 2

El sol de otoño se siente diferente, no es un grito, no es silencio, es más como la voz tímida que canta en el karaoke con las suficientes notas agradables como para decir que canta bien. Eso pensaba mientras sentía el calor a mis espaldas al pedalear rumbo a mi destino. También pienso en lo mucho que disfruto el otoño y el invierno, veo pasar una mariposa color naranja. Había visto varias mariposas últimamente, de varios colores: azules, amarillas, las mariposas monarcas y negras. La mariposa naranja volaba a mi velocidad y altura, con un par de gotas en mi frente, vi cómo se acercó volando a la llanta de mi bici y de repente ya no estaba. Pensé que tal vez la había matado con los giros de la llanta, porque cuando volteé para buscarla, no la podía visualizar. La idea de matar una mariposa con mi bici, sentía que demeritaba las capacidades de estos insectos, luego recordaba que yo no sé nada sobre mariposas. Tampoco se nada de física como para calcular que las dimensiones de una mariposa puedan ser afectadas en comparación con el tamaño y la velocidad de una bicicleta en movimiento. Curiosamente, no es la primera vez que una mariposa vuela a mi lado mientras voy en bici, me acompañan y de repente desaparecen. Solo sigo mi camino, pensando si fueron los giros de mis llantas la que la ahuyentaron o fue en un parpadear, tal vez un descuido en el que la mariposa tomó otro camino.

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